Notas de la revista

Germán Lux: si diez años después, te vuelvo a encontrar…

La canción de Los Rodríguez le cae justo al arquero de River: iba a firmar un contrato por una década pero su exilito terminó durando ese mismo tiempo. A los 35 vino a ofrecer su experiencia a un arco sometido a debate permanente aunque sabe que así seguirá siendo. “Barovero es admirable”, define.

En el mismo vestuario de Ezeiza donde Passarella le anunció que no seguiría en el club. Conceptos claros.

Es difícil que de niño uno se ponga por iniciativa propia los guantes de arquero. Salvo aquellos con espíritu masoquista, por lo general a ningún chico le agrada que le llenen la cara de pelotazos, las piernas de raspaduras y las derrotas de responsabilidades. Por eso, una de las frases célebres que pasó a engrosar las sagradas escrituras del fútbol fue “El gordo va al arco”. O sea: sos de madera para jugar arriba, no te da el físico, andá al arco.

Germán Darío Lux no era el típico gordito del barrio, pero tenía dos hermanos mayores. Y cuando uno tiene dos hermanos mayores, no le quedan demasiadas opciones más que resignarse a cumplir el papel que le asignan. Javier y Sebastián solían divertirse con una pelota en el fondo de la casa familiar, en Carcarañá, en el sur de la provincia de Santa Fe, mientras daban sus primeros pasos en el Club Cremería. Y tanto si jugás un marea-marea como si te querés entretener haciendo pases para que después uno defina, necesitás un arquero para que el juego tenga algo de sentido. Y no le quedó otra que ir hacia allí, resignado, al menor de los hermanos Lux, Poroto, según había definido el tío Miguel, por la forma de su nariz.

Se ve que le gustó, porque hoy, casi 30 años después, Germán Darío Lux disfruta posando en su hábitat, el área chica de la cancha principal de Rivercamp, en Ezeiza, y con deseos de prolongar su permanencia allí por algunos años más, aunque ya tenga 35 y su puesto sea el más ingrato de una actividad que día tras día se nutre de un resultadismo cada vez más descarnado.

-¿A River le faltó un líder? ¿Le falta todavía?
-Y… (piensa, se oye un suspiro) el último líder de River fue Gallardo. Después de él, la verdad, yo no conocí otro referente que se cargara al hombro lo que se cargaba Gallardo.                                                             

Momento. Acá hay pequeño truco, un salto temporal. La pregunta (y su correspondiente respuesta) no es de hoy, sino del 13 de diciembre de 2007, entrevista del diario Olé al, por entonces, arquero del Mallorca. No se lo puede acusar a Lux de demagogo ni de estar alabando a su ex compañero y futuro entrenador para proyectar su regreso a River, porque la nota tiene casi 10 años. Poroto recibe el recorte y lo lee con atención. El título (“A Passarella no lo voy a perdonar nunca”) ha sido premonitorio. Lo podrían repetir millones de hinchas de River, que jamás exonerarán al ex capitán de la Selección Nacional de haberlos conducido al oprobio.

-¿Te acordabas de esas palabras?
-La verdad que no, pasaron tantos años, son muchas temporadas, pero ahora que lo leo, sí, algo me acuerdo.
-¿Qué se cargaba al hombro Gallardo?
-Me refería más que nada a sus virtudes dentro de la cancha, era un jugador que llevaba el peso del equipo, el típico conductor de River que le daba juego al resto. Obviamente que para nosotros también era un referente adentro del vestuario. Se veía que era una persona que le gustaba enseñar, que tenía al entrenador adentro. Para mí, fue un placer tenerlo de compañero, tanto a él como a otros grandísimos jugadores. Y ahora, como entrenador, es algo nuevo, uno ya lo mira y lo respeta desde otro lugar.
-A vos y a Gallardo, los limpiaron al mismo tiempo, a fines de 2006.
-Recuerdo que un día, después del entrenamiento, Passarella me llamó para decirme que no me iba a tener en cuenta para la siguiente temporada. Yo había salido del equipo hacía varios meses, ya no era el titular, pero no me esperaba algo así, una cosa es que un entrenador te saque del equipo y otra, que te diga que tenés que buscarte club. Pero bueno, siempre digo que de lo malo hay que mirar lo positivo, y tratar de rescatar algo, y en su momento rescaté que me pude entrenar seis meses con el Flaco Saccone, que me ayudó mucho, y después tuve la oportunidad de jugar 10 años en Europa.
-¿Qué recordás de ese día del anuncio?
-Fue después de un entrenamiento acá, en Ezeiza, en estos vestuarios donde estamos ahora, porque nuestro vestuario era el de la otra punta y acá se cambiaba el cuerpo técnico. Me llamó acá y me lo comunicó.

En el arco, su hábitat natural, en la cancha principal de Rivercamp, en Ezeiza.

Las vueltas del destino. Mismo vestuario, mismos asientos. Hoy aquí ya no se cambian ni el cuerpo técnico de la Primera, ni tampoco los jugadores de la Primera, ni siquiera los de la Reserva de River, que ahora ocupan el recinto que antes utilizaban los grandes, quienes a su vez se fueron al fondo, a las nuevas instalaciones inauguradas el año pasado. Y aquí está Lux, diez años y medio después, más maduro, con una familia conformada, con dos hijos pequeños que quieren verlo en el Monumental, porque aunque todavía no entiendan demasiado ya son hinchas de River. Poroto está en su casa, aquí se crió, hay vivencias y aprendizajes que nos quedan marcados para siempre; hoy está en un club con otras ambiciones, con otros horizontes, soñando despierto con esta posibilidad de ser partícipe del destino de su querido club, un destino que le truncaron brutalmente en el año más negro de su vida.
-¿Cuál fue tu reacción cuando Passarella te comunicó que tenías que irte de River?
-Ya está, ya pasó mucho tiempo, la verdad que no siento rencor hacia nadie. Sí me pasó que durante los años de su mandato como presidente no quise ni aparecer por el club; después, gracias a Dios, el que dio un paso al costado fue él y con esta nueva dirigencia sentí que era como volver a empezar, y pude venir con mi hijo mayor al Monumental y recorrer los pasillos. Tomás tiene 7 años y nació en Mallorca, y Francisco tiene 4 y es de La Coruña. En ese momento hablé con la nueva dirigencia y me hizo sentir otra vez que esta era mi casa y vinimos a ver dos partidos contra Central: en 2015 cuando volvió Pablito Aimar y ya este año, el 0-0.
-¿Hablaste con Gallardo entonces?
-Sí, y Marcelo me preguntó si quería volver para pelear el puesto con Barovero. Le agradecí muchísimo, pero a mí me quedaba un año de contrato en el Depor y pretendía cumplirlo. Finalmente lo renové por uno más y ahora se pudo dar.
-¿Cómo se dio esta vez?
-Ahí ya entramos en una intimidad que prefiero no contar. Te puedo decir que estaba de vacaciones en Carcarañá, que Marcelo me llamó por teléfono y me propuso lo mismo que la vez anterior: volver a River para pelear el puesto con Augusto (Batalla) y con Beto (Bologna). Le contesté que para mí era un sueño regresar, pero que me diera dos días para hablarlo con la familia, porque eran 10 años afuera del país y en Europa uno se acostumbra a que todo funcione, tenés una estructura armada, los chicos con sus colegios y sus amigos, es un cambio grande. Mi mujer siempre me bancó, para mí es el pilar número 1. “Si vos sos feliz y querés que volvamos, volvemos”, me dijo. Marcelo me habló un sábado y el lunes le di el “sí”.
-¿Pensabas que ya no se iba a dar la chance?
-No había llegado a planteármelo, por el puesto que ocupo tengo todavía unos años más de carrera, y la verdad que me siento muy bien físicamente, gracias a Dios no tuve ninguna lesión de larga duración, que son un poco las que te merman el estado físico, y las últimas temporadas en el Depor me sentí muy bien. No me puse metas, no sé hasta cuándo voy a atajar, intentaré hacerlo hasta donde pueda, lo máximo posible, porque es un privilegio jugar al fútbol, es mi pasión.
-Deber ser una sensación fuerte que te digan de volver después de cómo se había dado tu salida, ¿o no?
-Claro, sentí mucha felicidad y a la vez mucha responsabilidad. Todo esto es un sueño cumplido, estoy donde quiero estar, disfruto de jugar en River, de entrenarme en Ezeiza. El regreso, contra Guaraní, fue muy emocionante. Yo no soy ídolo de River, pero me formé acá y siempre sentí el cariño de la gente.
-Hasta trabajaste en el club…
-Sí, sí, en las oficinas del primer piso, con Micho (Demichelis), Javier Gandolfi y Lucas Ischuk. Llevábamos papeles de un lado para el otro, cajas, estábamos bastante en el sector de prensa. Eran dos horas por día, más que nada para ocupar el tiempo, para no extrañar tanto y tener la cabeza ocupada. El club nos daba una beca que a nosotros nos servía, pero lo más importante era darnos una actividad dentro del club para mantenernos ocupados. Lo habremos hecho dos años, después empezaron a remodelar la pensión del club y nos tuvimos que ir a otra, en Saavedra, y después al hotel Quesada y nos terminaron ubicando en departamentos y ahí se acabó.
-¿Te reencontraste con mucha gente del club en estas semanas?
-Sííí, lo que me sorprendió es que están casi todos los mismos empleados de hace 10 años: utileros, la gente de la cocina, los médicos, los fisio, todos. Ver a Pichi y a Tula, los utileros, que en ese período tan oscuro del club la pasaron tan mal, porque los mandaron a hacer otras cosas, fue gratificante, gracias a Dios el tiempo pone a cada uno en su lugar.
-No podés creer lo que es Ezeiza, ¿no?
-Lo puedo creer, sí, ¡esto tendría que haber pasado antes! Pero bueno, nunca es tarde. Hoy el club está en una situación espectacular, no nos podemos quejar, somos unos privilegiados. Desayunar y almorzar acá, por ejemplo, es una ventaja enorme: estar controlados, comer más o menos todos igual, hasta es una ventaja para nuestras familias.
-¿Qué relación tenías con Gallardo de compañero?
-No éramos íntimos amigos, por la diferencia de edad, pero compartíamos cosas más allá de los entrenamientos: algunos asados, o íbamos a jugar al golf.
-Ganaba Marcelo, imagino…
-El y el Rolfi eran los que solían ganar.
-¿Y qué Gallardo encontraste ahora?
-Uno tiene compañeros y amigos, entonces, aún estando afuera, te comunicás y te vas enterando más o menos de cómo es todo. Mirá: las cosas, en el fútbol, en un porcentaje muy alto se consiguen por la dedicación, el trabajo y la seriedad, y River ha ganado muchos títulos en estos años justamente porque el cuerpo técnico es muy exigente y muy serio, acá juega el que está mejor. O sea que no me sorprendió encontrarme con este Gallardo, porque era lo que me contaban mis amigos. Sí me sorprendí por los entrenamientos, que son muy intensos y largos, sinceramente me entreno más acá que en Europa.
-¿Le sigue pegando tan bien a la pelota como antes?
-Igual, igual, tenía una pegada particular y la sigue manteniendo.
-¿A qué te referís con “particular”?
-A que le pega y la pelota baja muy rápido. Hay entrenamientos en los que está realmente intratable y no le sacamos una y otros en que más o menos nos arreglamos.

En River, año 2006, compartiendo equipo con el capitán Gallardo (campeones en el Clausura 04).

En Europa, Poroto terminó de consolidarse como titular recién en las dos últimas temporadas. Estuvo 4 años en Mallorca y 6 en el Deportivo La Coruña, a donde llegó en junio de 2011, con el equipo recién descendido tras 20 temporadas en Primera. Tremendo desafío. Subió, luego bajó y otra vez volvió a ascender, para mantenerse durante las últimas tres temporadas. Tras acordar el vínculo con River, retornó al club para despedirse de la gente en conferencia de prensa. Y lo hizo al borde del llanto en varios pasajes.
-¿Qué fue lo que te emocionó tanto en esa conferencia?
-Soy una persona que se aferra mucho a lo sentimental y poco a lo material, y el hecho de haber sufrido bastante en esas seis temporadas, con dos descensos y luchando por ascender y luego por mantener la categoría, conlleva angustia y estrés. Pensaba también mucho en mis hijos, en verlos tan felices ahí y sentía angustia por saber si se podrían adaptar, y al final los chicos son los que más rápido lo logran.
-Acá también recuperás muchas cosas, como el vínculo de tus hijos con los abuelos y tíos…
-Sin dudas, estamos con nuestra gente, con nuestra sangre, podemos vernos todos los días, algo que antes no pasaba, estar en los cumpleaños y otros eventos, son muchas cosas que recuperás.
-Describime sintéticamente tus 10 años en Europa.
-Me ha costado ganarme un lugar, siempre la peleé, es la verdad. Cuando cruzás el charco, dejás de ser lo que eras en tu país y tenés que rendir todos los días y uno pasa a ser extranjero. Y a veces te lo hacen sentir. Nunca me regalaron nada, siempre fui humilde y trabajador, me ha tocado jugar y no jugar, es un puesto complicado, ya lo sabemos. No llegué a ser en Europa lo que yo esperaba: no ser indiscutible, porque no existen los indiscutibles, pero sí afianzarme y tener regularidad, tampoco me quejo, eh.
-¿Cuántos goles te metió Messi?
-Uhhh, no sé, tengo mala memoria, tres me metió seguro.
-¿Era un sufrimiento en la previa tener que enfrentarlo?
-No, ahí lo disfrutaba más, acá no disfruto tanto. Es difícil pero muy lindo a su vez enfrentarse a todos esos jugadores, no solo a Messi, también a Cristiano, Suárez, Benzema, Neymar, Griezmann...
-¿Tenés camisetas de Messi?
-Claro, cambié camiseta los primeros años con él, con Masche, hemos conversado un rato antes de los partidos. Tengo una anécdota: antes de la última vez que enfrentamos al Barça, mi hijo con sus amigos del colegio me decían que nos iban a hacer 6 o 7 goles, y yo les contestaba: “van a ver que les ganaremos”. Fue 2-1 a favor y al terminar, lo señalaba en la tribuna y le decía: “¿Viste que nada es imposible, que todo se puede dar?”.
-¿Con Bielsa volviste a hablar?
-Una vez jugamos contra el Bilbao y me acerqué a saludarlo, me dijo que se ponía contento de verme. ¿Qué te puedo decir de Bielsa? Soy un agradecido, ganamos una medalla dorada, estuve en partidos de Eliminatoria gracias a él, es un entrenador del que nunca escuché a alguien decir algo malo. Te exprimía al máximo, tanto él como su cuerpo técnico.

Con Abbondanzieri, en la Selección Mayor.

-Cuando Pekerman te dejó afuera del Mundial dijiste que el fútbol tiene cosas poco transparentes, ¿a qué te referías?

-No lo entendí en su momento, me pareció algo extraño, pero tampoco quiero revolver demasiado el pasado. Fue algo muy feo que me tocó vivir. Para sintetizarlo, Aguilar me dijo un sábado que estaba adentro de la lista del Mundial, no jugué contra Quilmes para no arriesgar y el domingo me llamaron de la Selección para anunciarme que no iba y que en mi lugar llamaban a Ustari. No tenía ni tengo nada contra Oscar, pero nunca había ido a una preselección, tampoco había estado en Eliminatorias, por eso me pareció raro, pero las decisiones son siempre del entrenador y uno las debe aceptar.
-¿Qué fue lo que más extrañaste de River en estos 10 años?
-En principio, llegué a España y la meta pasó a ser mantener la categoría, para mí fue un cambio muy grande, acostumbrarme a otro sistema de juego, a tener otros objetivos.
-Si hubieras firmado contrato en River por 10 años, se hubiera terminado hace poquito…
-Fue una de las posibilidades que tenía sobre la mesa. Aguilar hasta me propuso firmar por 10 años e irme a préstamo a otro club, cuando Passarella me sacó del equipo.
-¿Cómo viviste el descenso?
-Un momento durísimo, de esos que a nadie le gusta recordar ni hablar, pero también fue un momento para crecer. River hizo un cambio muy grande después de ese día.
-¿Extrañabas la crítica cruel de acá? Tuviste una falla contra Guaraní y otra con Boca y ya algunos dicen que no podés atajar en River…
-Uno se tiene que acostumbrar. Gracias a Dios, nunca tuve redes sociales, jamás me llamó la atención y vivo tranquilo así.
-Pero las críticas también se escuchan en radio y TV…
-Veo y escucho poco. La crítica siempre está, acá y allá, después a veces son las formas y que no sean objetivos con vos, eso nunca te puede gustar.
-¿Qué te pasó en el gol de Boca en San Juan?
-Cometí un error y ganó Boca, y eso me dolió. Cuando te equivocás y perdés un partido, te duele, porque otras veces te equivocás y ganás, y no es tan grave. Fue una pelota que me vino muy cerca del pie y mi característica fue siempre que si lo puedo hacer con las manos, lo hago con las manos, y en este caso a lo mejor era para sacarla con el pie. Con Tato (Montes, entrenador de arqueros) trabajamos mucho sobre los errores, es cuestión de aprender y seguir creciendo.
-¿Te pareció desmedida la crítica?
-La semana anterior saqué dos pelotas con Temperley y dijeron “ah, Lux salvó a River”, es así, la sociedad es así. Yo ya tengo 35 años y la verdad que no me afecta. Obviamente siempre querés que se hable bien de vos, no te voy a mentir, pero como te contaba, no soy de ver ni escuchar mucho.
-¿Tu familia no se pone mal?
-La familia del futbolista suele sufrir más que el futbolista, más si es arquero, pero tengo la cabeza puesta en entrenar, trabajar como lo hago y poder rendir, ser regular, es lo que voy a buscar, poder jugar varios partidos seguidos, y ojalá que tenga la oportunidad de seguir haciéndolo, eso te da confianza y ritmo de competición, que es lo que en definitiva necesito.
-En el Depor te peloteaban tupido, acá son poquitas y hay que sacarlas, ¿qué es mejor, para vos?
-No sé qué es mejor o peor, pero uno se tiene que acostumbrar y adaptar al momento. Quizás prefiero que me lleguen mil veces y sacar las mil, porque uno va agarrando ese ritmo y esa confianza, pero sé en qué club estoy, qué arco defiendo y que a los equipos grandes no les llegan muchas veces.
-Ya le pasó a Batalla, está claro que cualquier arquero sufrirá la comparación con Barovero, que dejó la vara alta.
-Sin dudas. Siento una gran admiración por Marcelo, porque acá todo lo miden por resultados y bueno, él, aparte de ser una persona carismática y gran arquero, le dio muchos títulos a River. Para mí, Barovero es admirable. Lo conocí el día que volví al Monumental, el 2-0 a Central. Pasé por el vestuario antes y después del partido y le pedí el buzo. El verde, claro. Lo tengo en casa.

Exigido a fondo por Tato Montes, el entrenador de arqueros, en la entrada en calor previa al partido ante Banfield. Vuela Poroto.

“Gordo, ayudame”
Desde que no lo tiene más a su lado físicamente, Germán invoca en momentos difíciles a Sebastián, el Gordo, su hermano del medio. Nadie se prepara para una muerte inesperada. Mucho menos para un suicidio. Aquel 2006 fue un año espantoso para Poroto: primero perdió a su hermano, luego la titularidad en River y más tarde, su lugar en el Mundial de Alemania, aunque la primera pérdida no pueda compararse con las dos siguientes.
-¿Te recuperaste de la muerte de tu hermano?
-Nunca te terminás de recuperar de esas cosas. Seguís viviendo, pero un día lo tenés más presente que otro, sí pasa el tiempo y uno va formando su familia y pensando hacia adelante. En ese sentido, para mis viejos es más complicado, porque se rompe la ley natural, que los hijos entierren a los padres. Fue algo traumático que uno no le encuentra explicación.
-Seguís diciendo “Gordo, ayudame”…
-Sí, en algún momento tiro esa frase, no solo cuando las cosas van mal, también en momentos lindos. Cuando ascendimos con el Depor, por ejemplo, tenía una remera debajo del buzo con las caras de mis hijos en el frente y con una frase dedicada a mi hermano en el dorso (“Sebita, estás en mi corazón”). El Gordo tenía un corazón enorme. Me hubiera gustado poder compartir más cosas con él, porque yo me fui muy joven del pueblo para venir acá, apenas tenía 15 años. Además, Seba era muy fanático de River, por eso me hubiese encantado que estuviera ahora, disfrutando este regreso mío al club. El día que volví, contra Guaraní, se me cruzaba su imagen, lo buscaba en las tribunas. Sé que me ayuda, desde donde esté, el Gordo me ayuda.

Por Diego Borinsky / Fotos: Maxi Didari y Archivo El Gráfico.

Nota publicada en la edición de Octubre de 2017 de El Gráfico