ENTREVISTAS

Carlos Randazzo, 100x100: “la cárcel es una fábrica de locos”

- por Diego Borinsky: 12/10/2017 -

Sólo ganó un torneo pero por ser extravertido su nombre se hizo muy popular, especialmente en sus etapas en Boca y River. Una vida a los tumbos y con mucho para contar.

En la Boca, donde se crió y aún vive, con su inseparable moto, a los 58 años.

1 Te gritan Carlos, ¿te das vuelta? No, siempre me dijeron Carli y sigue siendo así.
2 ¿Quién es Carlos Damián Randazzo? Me considero un buen amigo, desinteresado, poco materialista. Me gustan andar en buenas motos, eso sí, pero ante todo valoro a los amigos y a la familia.
3 ¿Seguís con la moto? Obvio. La primera la tuve a los 18 años, pero la usaba a escondidas de mi papá, del técnico y de los dirigentes. A poco de debutar en Boca, me fui a vivir a la casa de Guillermo (Coppola), que era mi representante. El no quería que saliera en moto, pero apenas se dormía, fussshh, me escapaba. Yo tenía plata desde pibe, porque a los 15 ya laburaba en la florería de mis viejos.
4 ¿Era florería o funeraria? Teníamos la florería, la cochería y la funeraria, el círculo completo (risas). La florería estaba en Almirante Brown y las otras a la vuelta, en Aristóbulo del Valle, todo en la Boca. Me crié adentro de la florería… y con los muertos, laburando ahí.
5 ¿Qué hacías? Polirrubro. Iba a buscar a los muertos, los vestía, los maquillaba, los llevaba en la ambulancia, hacía coronas de flores. Nunca me dio impresión. Los maquillaba si estaban un poquito golpeados, a veces los afeitaba, y mientras hacía eso, les hablaba. Para distender, un poco, ¿viste?: “Vamos, viejito, tranquilo, te pongo el traje para que estés elegante allá arriba”, ese tipo de cosas.
6 ¿Por qué trabajaste desde tan pibe? Porque mi papá se avivó de que me rateaba del cole. “No querés estudiar más, listo, no estudies, pero venís a laburar conmigo”, me dijo. Así gané mis primeros pesos y a los 16 años ya me había comprado un Peugeot 404. Desde los 12 años manejaba las camionetas con las coronas. Todos me conocían por el barrio, sabían que era el hijo del florista, no había problema, eran otras épocas.
7 ¿Cómo llegaste a las inferiores de Boca? Me sacaron de los picados de Catalinas, me vio Juan Evaristo, un viejito sabio que tenía Boca. Nos eligieron a mí y a Claudio Conde, que hoy es un cirujano plástico de la puta madre. Luego fui a una prueba en La Candela, y siempre hablo de la suerte, porque armaron dos equipos, a los 5 minutos peiné un centro en el primer palo y la clavé en el otro. Y eso que no era un gran cabeceador. Nano Gandulla dijo: “Venga para acá”. Fui al primero que ficharon.
8 El mejor maestro que tuviste. Ernesto Grillo, lejos. Fue el primero que me habló muy claro del fútbol, ofrecía una imagen paterna muy fuerte y me aferré mucho a él. En las prácticas nos decía: “Muchachos, aflojen con la puñeta”, ja, ja, parece que nos veía cansados.
9 ¿Sos de ir rápido en la moto? En la moto tenés que ir un poquito ligero para andar seguro, si vas paseando es peligroso, porque te puede tocar uno de atrás. No hay que ir a lo loco, pero siempre buscando hacia adelante, así te olvidás de los que vienen atrás. Acá es imposible andar en auto. Con Guillermo (Coppola) vamos para todos lados con la moto. Gracias a Dios nunca tuve un accidente.

Pura piel y hueso, en inferiores de Boca, con Juan Carlos Lorenzo, el entrenador que lo hizo debutar en primera.

10 Si los para la policía, Guillote debe arreglar todo con una sonrisa.
Olvidate. Por ahí nos mandamos una macana, algún retome si hay piquetes, pero Guillermo se saca el casco y se acabó todo, termina sacándose fotos y abrazado con los policías. Más de una vez lo salvé yo a él, cuando Randazzo era ministro de Interior, o sea, el jefe de toda la policía, y me paraban. Al ver mi documento, me preguntaban si tenía algo que ver con el ministro. “Somos parientes”, contestaba. Y me largaban. No lo vi nunca a Florencio.
11 ¿Cómo hace Coppola para estar siempre pum para arriba? Guillermo se levanta temprano, ora, se sube a una cinta. Camina una hora y dice: “Bienvenido este día, ¿a dónde vamos hoy?”. Es un tipo que pasó por muy muy buenas, llegó a lo más alto, y también pasó por muuuuy malas. Hoy vive su mejor momento, lo veo en la cancha: jugadores, presidentes de clubes, políticos, nadie roba más fotos y abrazos que él. Está rodeado siempre de amigos.
12 ¿Cómo lo conociste? Los jugadores de Boca paraban en un boliche llamado Pericot, en Medrano y Corrientes. Un día, los más grandes me invitaron a ir con ellos, el primero fue el Chino Benítez. Y una noche conocí ahí a Guillermo, que ya tenía a Tarantini y Pernía. Yo había sacado una coupé Taunus, y Guillermo me dijo: “Tengo cuatro llantas bien anchas, te las doy”. Y esa misma madrugada las fuimos a buscar. Al otro día lo fui a visitar al Banco Federal, donde Guillermo era gerente. Y a la noche salimos, y a la siguiente también, y me dijo de quedarme a dormir, y después me fui a vivir con él. Todo el plantel de Boca entraba y salía de la casa de Guillermo, en realidad.
13 También entraban y salían mujeres… Siempre había mujeres en la casa de Guillermo, era un continuo: cambio, cambio y cambio, era otra época, viste, no había celulares ni redes sociales. Al ser Guillermo soltero y amigo nuestro, eso era un bulín, la verdad. Marito Zanabria, que se cuidaba mucho y no salía nunca, nos decía que esa casa era Sodoma y Gomorra, las islas donde iban todos los pecadores. Ahí también se hacían las reuniones del plantel. Eso sí: en ese departamento nunca se comió.
14 Hay un viejo refrán que dice que donde se c… no se come Ja, ja, ni una cena. Desayunos, miles, porque abajo había una confitería, El Adriático se llamaba. Cuando Guillermo quería desayunar salía al balcón y tiraba una moneda que pegaba en el aire acondicionado, plim, y se asomaba el tipo a recibir el pedido. “Traeme dos café con leche con masitas, sanguchitos”, le gritaba Guillermo.
15 ¿Qué pasó con todos tus rulos? En algún momento se volaron. Yo me había copiado del Conejo Tarantini, en realidad. En general, ya no me reconocen por la calle, aunque alguno que pase los 50 por ahí se me queda mirando y me dice: “A vos te conozco de algún lado” y entonces les sigo el juego, los vuelvo locos: “¿De qué barrio sos?” o “¿A qué colegio ibas?”, y les digo “sí, sí, yo también” (risas). Los de Boca me saludan con cariño; los de River, no tanto.
16 Raro, porque de pibe eras de River. Toda la familia era de River. De hecho, terminaba de jugar en la Tercera de Boca y mi viejo me esperaba en el auto para ir a ver a River. En el 75 fui a casi todos los partidos, incluso el día que salió campeón en cancha de Vélez salimos a festejar a la calle, tenía 15 años.
17 ¿En Boca no te decían nada? Era más tranqui que ahora. Nunca escondí nada; después de debutar en Primera, venían los periodistas a mi casa a hacerme notas y tenía colgado un poster del Beto Alonso. No me decían nada porque cada vez que jugaba contra River le metía goles. Hoy es imposible que pase algo así. Mis hijos más grandes son de Boca, los más chicos me salieron gallinas porque mi suegro es de River, así que todo bien…
18 ¿Quiénes eran tus compañeros de inferiores? Siempre se dijo que mi camada fue de las mejores que sacó Boca en muchos años: Perotti, Husillos, Hugo Alves, Rotondi, el Potro Domínguez…
19 Para los que no te vieron, ¿cómo jugabas? En inferiores era volante, un 8 o un 10 con llegada, y en el 79, cuando Boca jugaba la Libertadores, sacaron a 4 o 5 figuritas de las inferiores para sumarnos y ahí subimos con el Flaco Gareca y un par más. El que nos ayudó fue Carlos Román, un maestro. Gareca era de una categoría más grande, y como era número 10, a mí me mandaban más de punta, y así empecé a meter goles. Tenía mucho despliegue y al arrancar de atrás, se hacía difícil marcarme. Después se me complicó cuando me creí que era nueve, me quedaba arriba esperando y ya no metí tantos goles.

Con la camiseta celeste y blanca, durante el torneo Preolímpico.

20 Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir…
Los goles de Randazzo que ya va a venir. ¡Cómo no me voy a acordar! Tuve la suerte de agarrar una época en la que Boca traía y traía nueves y no se afirmaba ninguno: Pavón, Saldaño, Alvarez, Palacios… Debuté en el 78 contra San Lorenzo, perdimos 3-1 y al otro día me mandé un moco tremendo.
21 ¿Qué hiciste? Como había entrado solo unos minutos, el día siguiente me fui a la cancha de Platense a jugar con la Quinta. Grillo me preguntó qué hacía, y le mentí, le dije que me habían dado permiso, pero al no haber celulares no pudo chequearlo. Jugué, me dieron una patada en el ojo y de caliente respondí con un codazo: me expulsaron y me dieron 6 fechas. Lorenzo me quería matar, después se la jugó conmigo de titular en el Nacional 79 y ahí empecé a meterla en todos los partidos.
22 Contame alguna del Toto. Era muy personaje. Una vuelta me vino a despertar a la 1 de la mañana el profe Castelli: “Juan Carlos quiere hablar con usted”. Fui a su pieza, estaba en piyama. Me hizo sentar en la cama, empezó a mover papelitos en la mesa de luz. “Viejo, escúcheme una cosa, mañana vamos a jugar contra Estudiantes. Usted viene como la estrellita, pero para ellos juega Artico, que es defensor central y se viene todos los tiros al ataque. Lo único que quiero de usted es que donde vaya Artico, vaya usted”, me decía, mientras movía los papelitos. “¿Entendió viejo?... Si Artico saca un lateral, usted se va con Artico… Ah, y no se haga problemas por el gol, porque como Artico siempre va a estar cerca del área rival, en cualquier momento agarra un rebote y mete un gol”.
23 ¿Y? En una de las primeras jugadas, la perdió Pernía y lo empecé a correr a Artico desde atrás. “Bajalo, bajalo”, me gritaba el Tano. Le toqué un poquito el talón a semejante ropero y se fue al demonio. Artico me quería matar, pero lo que tenía ese Boca es que cuando se te venían encima, saltaban todos los grandes, te cubrían y no dejaban ni que se te acercaran. Era una táctica de Lorenzo. Ese día perdíamos 1-0, empató Perotti y sobre la hora, gambeteé al arquero y metí el 2-1. En la revancha, a Artico lo pusieron de 8, entonces Lorenzo me mandó de 10, para seguirlo. El tipo no se había olvidado y en la primera que lo fui a marcar, me pegó una piña corta, disimulada, que no la olvido más: fue la primera vez que vi las estrellas.
24 ¿Te apretó alguna vez la barra? Con la barra de Boca siempre tuve la mejor, me cuidaban porque me conocían del barrio, me tenían cariño, aún sabiendo que era hincha de River. Alguna vez vinieron a hablar con el plantel porque andábamos mal, pero en esa época no se pedía plata. “¿Qué pasa acá, muchachos? Hay que ganar, eh, hay que meter”, esas cosas nos decían.
25 ¿Cómo conociste a Maradona? Con Diego nos cruzábamos en algún boliche, pero no nos saludábamos, hasta que un día hicimos juntos la publicidad de Flipper Jet, unos juegos electrónicos. Me contó que tenía un departamento en Avenida Las Heras, arriba de un boliche, y me dijo de salir esa noche. Pasé a la noche por su casa y cuando subí ya era… en ese momento ya había chicas, muchas chicas. A partir de ahí empezamos a salir juntos muy seguido y nos hicimos amigos.
26 ¿Te quedaste con las ganas de jugar con Diego en Boca? Cuando se negociaba el pase, se hablaba de los 5 o 6 jugadores que iban a ir a Argentinos como parte de pago, y el Zurdo López, que era el DT del Bicho, me quería a mí sí o sí. “No me quiero ir de Boca”, le comenté a Diego. “Desaparecé unos días que el pase se hace igual”, me decía. No podía desaparecer, así que pedí un vagón de guita para que no me aceptaran ¡y me la dieron! Diego me preguntó cuánto me pagaban, lo llamó a Cyterszpiler y le dijo: “Jorge, la mitad dásela vos y la otra mitad se la gana de taquito jugando al lado mío”. Me metió en un quilombo bárbaro. Me terminé yendo. “De última después vuelvo”, pensé. Y eso pasó, aunque Diego ya no estaba.
27 ¿Se enojó Diego? Me reputeó, estuvo un año sin darme bola. Ahí empezó un poco mi caída futbolística, porque mi motivación era Boca. Al otro día de hacerse el pase, fui a la concesionaria Mercedes Benz de la Avenida Montes de Oca, entré y pregunté cuánto valía la coupé 280. “Está el precio en el vidrio, 80.000 dólares”. Pregunté: “Si la pago cash cash, ¿cuánto?”. Me respondió: “Si la traés antes de dos horas, te la dejo en 70 lucas”. Yo estaba en ojotas y musculosa, me fui volando a la oficina y le pedí a Guillermo: “Dame 70.000 dólares que vi una Mercedes”. Guillermo siempre tuvo mi plata. Estaban el Toti Veglio, Zanabria y alguno más. “No, Carlitos, pará, si no tenés departamento”, me trataban de calmar.
28 No les diste bola. Estaba empacado, así que Guillermo me dio la guita, la puse en un sobre de papel madera, la llevé, me prepararon la coupé y hasta salió Juan Manuel Fangio a felicitarme. Fui a la florería con el autito. “¿De quién es?”, me preguntó mi viejo. “Mía, me la compré recién”, le contesté. “Noooo, andá a devolver eso, Carli, estás loco”. A la noche concentrábamos con Argentinos, teníamos un boliche ahí cerca, en Juan B. Justo y San Martín, pero esa noche preferí ir a correr picadas por Juan B. Justo con la Mercedes.
29 ¿Estaba claro cuáles eran los boliches donde paraban los futbolistas? Seeee, los boliches donde parábamos los jugadores de fútbol eran donde más minas había. Una fija, pero al no haber celulares ni chismes, estaba todo bien. Había un circuito de boliches: lunes tal, martes tal otro, y así.

Levantando el trofeo con el tucumano Juan José Meza, en su único título ganado.

30 De los 7 días de la semana, ¿cuántos salías vos?
Los siete, ooooobvio. Guillermo me pedía que aflojara, pero no podía quedarme en mi casa.
31 ¿Te escapabas de las concentraciones? Sí, en los hoteles era más fácil. Una vez, el Chueco Alves se fracturó el metatarso, no podía caminar, y habíamos arreglado con dos pibas. Estábamos en el Hotel República, enfrente del Obelisco. Me lo cargué a caballito, paré un taxi y nos escapamos. No me preguntes cómo, pero nos fuimos y a la madrugada me lo traje, todo a babucha. El jugador es muy pillo. Una vez, en Mendoza con Argentinos, me tiré del balcón desde un segundo piso. Noooo, muy loco…
32 ¿En qué consistían esas salidas? Ir al boliche, bailar, conocer a alguna chica, ir al telo. Nunca tomé alcohol, es el día de hoy que no tomo. Donde me crié sí se fumaba marihuana, después con Diego conocimos el tema de la cocaína, lamentablemente, pero por suerte un día pude decir “basta”. Son elecciones de vida, uno se equivoca a veces, pero por suerte pude corregir. La gente me ve y dice: “Hijo de puta, estás impecable, ¿cómo hacés?”. Y sí: ahora que no juego, me entreno, y antes que jugaba no me cuidaba un carajo. Veo un montón de gente de mi edad con lesiones en las rodillas y de mil cosas y yo no tengo nada.
33 ¿La plata rápida le vuela la cabeza al que recién arranca? Sumale la fama: que todo el mundo te quiere ver, que todo el mundo te busca, y tenés 18 o 19 años… es un cimbronazo. En mi caso, sí, me voló la cabeza.
34 ¿Cómo te fue en Argentinos? Duré menos de un año, no había onda, estaba medio loquito, de mal humor. Jugué el día que mandamos al descenso a San Lorenzo. Después, me hablaron los dirigentes para volver a Boca, pero el Polaco Cap, que era el DT, dijo: “No, este sale mucho de noche”. Me hablaron de Loma Negra y de Racing, no sabía qué hacer. Lo charlé con un amigo: “Andá a Racing, que a Loma Negra no lo conoce nadie”. Le hice caso: Loma Negra anduvo bárbaro y pagaban una fortuna; Racing fue un desastre y no cobré nunca.
35 ¿Cómo llegaste a River? Un día me llamó Di Stéfano: “Me hablaron de usted, me dijeron que es metedor allá adelante, ¿tendría problemas en que le tome una prueba?”. Se venía la Libertadores y quería un delantero guapo. Era raro lo de la prueba, porque ya había jugado en la Primera de Boca. Se armó un partido con Español, no anduve bien, pero era mentira lo de la prueba, ya cuando acepté, Di Stéfano dijo “adentro”.
36 ¿En River te miraron de reojo por venir de Boca? El primer partido en el Monumental, estaba en el túnel y cuando la voz del estadio dio la formación, escuché el chiflido del estadio… Después, en los partidos no me puteaban. Metí apenas dos goles, y uno de penal, contra Sarmiento. Passarella no estaba, el elegido era Jorge García pero había salido. La agarró Pedro Vega, un 8 morochito, un pibe, tenía una cara de susto… Le pregunté si lo pateaba. “¿Lo querés patear vos?”, me contestó. Agarré la pelota, la acomodé y se levantó Di Stéfano a los gritos: “Randazzo no, Mostaza, Randazzo no”. Se me acercó Merlo, me preguntó: “¿Vos lo querés patear?”. Le dije que sí. “Dale, entonces”, me dijo Mostaza. Pateé y fue gol, pero esos gritos de Di Stéfano no los olvido más: “Randazzo no, Mostaza, Randazzo no…” (risas).
37 ¿En River también te escapabas de la concentración? No, ahí era más complicado, pero en la semana salía con el Coloradito Vieta y con el Chino Tapia. Se concentraba los sábados hasta que un día Di Stéfano avisó: “Ahora lo haremos los viernes porque Randazzo y otros muchachos salen demasiado”. ¡Para qué! Fillol y otros monstruos me querían matar.
38 De River volviste a Boca, ¡un caso único en la historia! Así es, no hubo otro, se ve que mi representante era muy bueno, ¿no? En el 83 estaba en River, ¿y quién viene como DT? El Polaco Cap, que ya me tenía apuntado en Boca por vago y salidor, así que me tuve que ir. Carmelo Faraone me llevó de nuevo a Boca, y después asumió el Zurdo López, que fue el que me quería sí o sí en Argentinos. Yo andaba más o menos, no me puso en unos partidos y entonces le falté uno o dos días en un par de semanas pero un jueves, el Galleguito Vázquez, que era un gran amigo, me comentó: “Boludo, estuve al lado del Zurdo en la práctica y me dijo: ‘este hijo de puta, cuando quiere te pinta la cara’, así que por ahí te pone”.

Con la camiseta de Boca en el clásico, en la Bombonera, junto a Ramón díaz.

39 ¿Te puso?
Jugábamos contra Racing, era la revancha del partido de la bengala en el que había muerto el hincha de Racing. Muy picante. Racing, además, se estaba por ir al descenso. El día anterior, el Zurdo me habló: “Carlitos, ¿tenés ganas de jugar mañana? Bueno, no le digas nada a nadie, mañana arrancás de titular. Voy a tener quilombo con el grupo, porque no te lo merecés, pero sé que mañana vas a andar bien, hijo de puta”. Y fue tal cual. Metí dos goles, la rompí y ganamos 3-1 (ver foto bajo la lluvia). Debe haber sido mi última gran actuación en el fútbol de Primera.
40 ¿Por qué te fuiste de Boca? Por la huelga. Vino Agremiados un día y nos dijo: “muchachos, si mandan un telegrama y no pagan, a las 48 horas quedan libres”. Eso hicimos, pero después muchos se tiraron atrás porque no querían irse de Boca; solo 7 jugadores terminamos yendo al frente y quedando libres. Y ahí dije: “No juego más, esto me cansó”. Ya venía en decadencia, así que largué, me casé con Claudia, que fue la única mujer con la que me casé y con la única que no tuve hijos.
41 Después jugaste en un par de equipos. Un tiempo después me vino a buscar Pancho Sa, que había sido mi compañero, para jugar en Guaraní Antonio Franco de Misiones. No quería saber nada, pero me insistió. Y viví el otro gran momento de mi carrera: anduve bárbaro, me adoraban. Y después de eso, el profe Castelli me llevó a Defensa y Justicia, que estaba gerenciado. Ahí me lesioné la rodilla y me retiré definitivamente.
42 ¿No jugaste en Barracas Central? Eso fue bastante después, cuando salí de Caseros, porque en la cárcel me entrenaba muchísimo, todo lo contrario que cuando era futbolista (risas), así que salí muy bien físicamente y jugué un campeonato en la C.
43 ¿Cómo fue tu paso por la Selección juvenil? Menotti me llevó a un par de prácticas con los chicos del 79, pero yo era de junio del 59 y solo entraban los nacidos a partir de agosto, me pasé por dos meses. “Quédese tranquilo que a la vuelta del Mundial, en enero nos vamos a Colombia a jugar el Preolímpico y usted viene con nosotros”, me dijo. Y así fue: jugué unos amistosos y viajé al Preolímpico, que ganamos, con jugadores del interior, de Talleres, Instituto y Atlético Tucumán. Pero después, Argentina adhirió al boicot y nos perdimos los Juegos Olímpicos de Moscú, me quería matar, fue una decepción muy grande.
44 ¿Vos presentaste a Guillermo con Diego? Un día, Diego me comentó: “¿Por qué nunca me dijiste que Jorge (Cyterszpiler) me choreaba?”. Y le contesté: “Para mí Jorge nunca te choreó”. Jorge rompía la plata con Diego, la gastaba, pero no le robaba, entonces le sugerí: “Agarralo a Guillermo, es un pibe simpático, capaz”. Y un día, estando de vacaciones acá, Diego ya en Nápoles, me dice: “Bueno, tomá esta carpeta, decile que empiece con esto”. Era una casa en Esquina, Corrientes, para que hiciera algo. Y ahí arrancaron.
45 ¿Por qué después se enojó tanto con Guillermo? Porque era una época muy negra de Diego, donde no hacía ningún negocio, donde arreglaba para ir a tal lugar, cobraba antes, y después decía “no vamos”, y caía un juicio, y otro juicio. Guillermo no lo cagó, incluso se autodenunció y Diego terminó reconociendo que no hubo nada. Fue un desgaste, como en las parejas. ¡Porque había que aguantarlo a Diego días y días y días encerrado en Cuba! Yo fui a Cuba por 10 días y me tuve que volver a los 4, se hacía muy denso todo. Guillermo muy sano y entrenado lo aguantó y aguantó hasta que se pudrió todo.
46 El día que murió Don Diego, vos los juntaste. Guillermo tenía ganas de saludarlo, lo quería mucho a Don Diego. Estábamos en la puerta del velorio y no dejaban entrar a nadie del fútbol, hasta que vi pasar a un familiar. “Decile a Diego que estoy; si no quiere, me voy, todo bien”. Me hizo pasar y me quedé con él. Con Diego nos vemos poco pero donde nos vemos, recordamos todo, se pone a llorar cuando me ve. Le dije que estaba Guillermo. Me abrazó y me dijo que lo hiciera entrar. Y llevó una de las manijas del ataúd.
47 Surgiste como gran promesa, ¿por qué no llegaste a dar lo que se esperaba de vos? Condiciones creo que tenía, no fue casualidad ese comienzo explosivo, pero era muy vago, me gustaba la noche, salía todos los días. Fue una elección de vida; cuando sos joven no te das cuenta, pensás que está todo bien.
48 Clarín te juntó en una nota con Ramón Díaz en el 79: mirá dónde llegó él y dónde llegaste vos. Se ve que el Pelado se cuidó (risas). Lo único que me acuerdo de esa nota fue lo de Mirtha legrand, un hecho que tuvo muchísima repercusión y fue tapa de Gente.
49 Quisiste cobrar por sentarte a su mesa. Me invitaron para un martes, el programa se grababa para el día siguiente. Un rato antes, hice la nota con Ramón para Clarín, enfrente de ATC. El periodista era Julio Blanck. Toda la plata que ganaba en publicidad o por notas, yo la donaba a los pibes de La Candela, porque no es como ahora, que las marcas vestían a los chicos del club. Con la plata de los reportajes pensaba hacer lo mismo. Yo le daba todo lo extra a Carlos Román para que él comprara comida a los pibes. A raíz de todo eso, Alberto J. Armando me entregó una plaqueta en una comida para 200 personas: “A Carlos Randazzo, por su desinteresada colaboración con los planteles juveniles”.

En el monumental, dejando en el piso al Pato Fillol, para convertir su gol.

50 ¿Qué pasó con Mirtha?
Después de la nota con Ramón, le pedí a Blanck que me acompañara al programa porque iba a pedir plata. En la oficina de producción, antes de entrar, pedí 5000 dólares. No entendían nada. Llamaron a Mirtha y pidió hablar conmigo: “Escuchame, querido, ¿qué estás pidiendo? Acá no se le paga a nadie, apurate que te estamos esperando todos sentados”. Le expliqué que era para las inferiores. “¡Qué donación ni donación! No des más vueltas, que te están esperando”. Y ahí decidí irme a mi casa. Mirtha mostró mi silla vacía y explicó que había pedido plata. El día que salió el programa, yo estaba en casa y mi vieja pegó un grito desde la cocina: “¿Qué hiciste, maleducado?”. Me quería matar, me obligó a llamarla a Mirtha y pedirle disculpas.
51 ¿Por qué te retiraste a los 24 años? Me retiré joven, entero físicamente aunque un poquito desviado de la cabeza, por elegir un ritmo de vida que no era el de un deportista. Me sentía débil, había ganado muy buena plata, y justo vino la huelga del 84 que me pegó mal, y me retiré.
52 Tu día más feliz y tu día más triste en el fútbol. El más triste, cuando nos dijeron que no íbamos a las Olimpíadas. Los más felices fueron esos primeros partidos en los que metí muchos goles, porque títulos no pude ganar ninguno, salvo el Preolímpico.
53 Tus mejores amigos del fútbol. Guillermo, primero; después el Flaco Gareca, el Galleguito Vázquez, que se murió en un accidente de auto, pobre.
54 ¿Te costó el día después? Mis amigos que siguieron como técnicos la fueron piloteando, pero los que no se dedicaron a nada es como que sufrieron un golpe muy duro. Yo tuve una ventaja: no me di cuenta ni lo que pasó, se dio todo tan rápido…
55 Después de retirado dirigiste la Selección femenina, ¿era porque no podías estar lejos de las mujeres? Me llamaron de la Secretaría de la mujer, querían entrar en AFA, pero duré un año. No tuve historias con ninguna, son bravas las pibas, eh, no les cabía ninguna. Había bastante lesbianismo.
56 ¿Se puede decir que en tu carrera ganaste más afuera de las canchas que adentro? Tengo más trofeos afuera que adentro, es verdad. Ya te dije: adentro gané solo un Preolímpico y afuera: 18 años, la Mercedes, la tapa de El Gráfico, la fama… Igual, hace 14 años estoy con la misma piba, La Negra, y muy bien.
57 Mónica Guido te iba a buscar a la Candela y Lorenzo se volvía loco. ¿Verdadero o falso? Falso. No estaba Lorenzo en esa época… pero sí novié con Mónica Guido, que estaba en su plenitud, era la número 1. Yo andaba de teatro en teatro... a la puerta de los teatros, eh, porque en mi vida vi una obra (risas). En esa época estaba con Silvia Peyrou, pero la conocí a Mónica y fue un enganche fuerte.
58 ¿Cuánto duró? Dos años. Una vez se vino a la pretemporada de Boca en Mar del Plata. Alquilamos una casa con Guillermo: él estaba con la Yuyito y yo con Mónica, ellas eran amigas además. Todavía estaba de novio con la que me casé, pero al no haber celulares ni nada, por ahí faltaba a un entrenamiento y con la Mercedes rajaba a Mar del Plata, estaba con Mónica y fummmm me volvía para acá esa misma noche. Mi novia me decía: “Sabés que a mi mamá le dijeron que te vieron en Mar del Plata, ¡qué loco, no!”. Y yo le decía: “Sí, qué loco, ¿viste cómo es la gente, no?”.
59 ¿En tu época había tantas botineras como hoy? Obvio que había botineras, pero no estaban los teléfonos, las cámaras, los programas de chimentos, las redes sociales… Si hubieran existido en mi época, hubiera volado por los aires. O qué sé yo, quizás me hubiera cuidado, no sé…

En Argentinos jugó un campeonato, el Metro 81.

60 ¿Qué estás haciendo ahora, a qué te dedicás?
Tengo unos campitos lindos, sobre la ruta 2, laburo con eso, y colaboro con Guillermo en la Copa Argentina. Hago de todo: llevo las pelotas, las bebidas, espero a los referís, acerco los banners, con Guillermo vamos de un lado para el otro. Y, después, por mis contactos en el fútbol, les doy una mano a mis amigos. A Juan Ramón (Carrasco), por ejemplo, le armé una reunión con el presidente de Argentinos a ver si podía ser el entrenador o al Chueco Alves lo ayudo contactando a ex compañeros para armar partidos de veteranos.
61 ¿Cuántos hijos tenés? Siete, con cuatro mujeres diferentes: Gadi, Azul, Hyras, Matilda, la única mujer, Tao, León y Rocco, de 6 meses.
62 No te gustan los nombres convencionales, parece. Es que cuando arrancás con uno raro, después tenés que seguir. “Uh, Rocco, igual que mi perro”, me dicen muchos. Los últimos tres los tuve con la Negra. Lo más curioso es que con todas mis ex me llevo de primera. Cuando me piden, si tengo, les doy.
63 ¿Alguno de tus hijos siguió en el fútbol? Gadi Damián, el más grande. Se fue a los 5 años con la mamá a vivir a Ibiza. En un momento salió mejor jugador de la isla y quiso probar aquí. Un número 5, metedor, prolijo. El Chueco Alves lo vio, le gustó y lo dejó en Boca. Fue campeón en Séptima, pero al segundo año ya no había campeonato de Liga, solo de AFA, y se le iba a complicar jugar, entonces mi consejo fue que se subiera a un colectivo a buscar club. Notaba que le faltaba algo, y es el día de hoy que el pibe me lo agradece. Jugó en Huracán, Chicago, fue a Formosa, a Talleres y en un momento se volvió a Ibiza.
64 ¿Sigue jugando? Juega en un equipo de la isla, un campeonato regional muy tranquilo, tiene 26 años, ahora el club le puso una escuelita de fútbol. Y en el verano, en la temporada, trabaja de mesero en Pachá.
65 ¿Pachá de la Costanera? Ja, ja, ja, no, Pachá de Ibiza, el original. Ahí no se gasta menos de 10.000 o 20.000 euros por mesa una noche y Gadi saca entre 500 y 1000 euros de propina por noche. Eso sí: no parás hasta las 7 de la mañana. Y una o dos veces por año viene para acá. Yo tengo una casa grande, y mis hijos entran y salen, se quedan a dormir, los veo seguido a todos.
66 ¿Messi alcanzó a Diego? Yo pensaba que después de Diego nunca más iba a ver algo similar, pero apareció este pibe y sí, hace cosas muy parecidas. El tema es que Diego no se cuidó nunca, no sé cómo hizo, yo le decía: “Sos el tipo más fuerte del mundo”. Mirá que yo conozco gente que toma, eh, pero lo de Diego era increíble…
67 ¿Cuánto tiempo viviste en San Bernardo? Unos meses. Había abandonado el fútbol, tenía un departamento en San Bernardo y me agarró la loca y dije: “Me voy a vivir de la pesca”. Me compré un gomón, me fui con dos amigos y con la mamá de Gadi, que quedó embarazada con 16 años, era una pendeja, hoy es una empresaria que vive en Ibiza, una cabeza tremenda. Como en la playa había casillas de madera, me gustaba quedarme ahí. Salía a las 5 de la mañana con el gomón con mis amigos, los tres con caña, y a la tarde vendíamos el pescado por la zona.

Otra vez en el Monumental, pero esta vez con Argentinos.

68 ¿Por qué te fuiste a vivir a La Angostura?
Fue al poco tiempo de salir de Caseros, acá estaba medio aburrido, había tenido mi segundo hijo y buscaba una vida más sana, más tranquila. El padre de mi mujer iba seguido a La Angostura, nos invitó un par de veces, se quería hacer una casa grande y me pidió que fuera allá a controlar todo. Y una vez allá, compramos un aserradero portátil, aprendí a manejarlo y me puse a construir yo mismo. Siempre me gustó experimentar diferentes cosas, y me terminé quedando 14 años.
69 Te fuiste escapándote de tus vicios, ¿o no? Ahí ya estaba bien. Sí recuerdo que a los 6 meses de estar ahí, me llamó Diego y me dijo: “¿Carli, cómo está La Angostura?”. Era pleno otoño, no había nadie. “Tengo ganas de hacer la pretemporada ahí, ¿hay canchitas?”, me preguntó. Y me cayó nomás e hizo su última pretemporada ahí, en 1997.
70 ¿Te llegó a faltar la plata en algún momento? Nunca me faltó, ni en ese momento ni cuando viví en San Bernardo. Hubo tiempos en los que tuve más y otros menos, pero siempre me arreglé, no tuve problemas para laburar de lo que hiciera falta. Vivir en La Angostura no es sencillo: los paisajes son hermosos pero corrés riesgos de separarte; tenés que tener tu laburo, tu hobby, entrenar y tu mujer, lo mismo, porque el tiempo no pasa nunca. Yo hacía de todo: construía casas, salía a cazar furtivo, hacía windsurf, nadaba, entrenaba…
71 ¿Cómo es “cazar furtivo”? Salía un par de veces por semana, me bajaba en la ruta y entraba a caminar un día entero por la montaña. Con amigos que conocían el lugar. Cazábamos ciervos y chanchos, lo viví a fondo, pero en un momento se acabó y me fui a vivir 2 años a Pinamar, a hacer parquizaciones.
72 ¿Por qué volviste a Buenos Aires? En un momento se me rompió la camioneta, vine a arreglarla, me encontré con Guillermo, que había quedado muy mal después de separarse de Diego, pelado mal quedó, me propuso arrancar de cero con él y le dije que sí, con una condición: “Lo primero que necesito es una moto, acá solo me muevo en moto”. Me compró una y arrancamos de a poquito.
73 “En mi época se daban todos”. ¡Cómo no me voy a acordar! La nota que me hiciste para El Gráfico en La Angostura. Muchos ex compañeros se enojaron porque creían que los mandaba en cana, pero no fue esa la intención. Cada vez que se hablaba de drogas, siempre era “Maradona y Randazzo; Randazzo y Maradona” y yo quise plantear por qué siempre nos apuntaban a Diego y a mí, pero nadie decía que con 17 o 18 años, a nosotros y a muchos otros, los médicos de los planteles nos metían inyecciones para tener un ayudín en los partidos. Y entonces el día que nos ofrecieron la cocaína dije: “Esto es una boludez al lado de las inyecciones”, por eso nos enganchamos.
74 ¿Qué eran esas inyecciones? Anfetaminas. Las usaban todos los planteles, eso expresé. No fue una acusación, sino contar lo que pasaba. Era “si el de enfrente tiene una ayuda, vamos nosotros también”. Por algo, por esa época se implementó el control antidoping, para terminar con todo eso, que tenía sus consecuencias también.

En Racing, contra Belgrano. Lo mira su amigo Juan Ramón Carrasco.

75 ¿Qué consecuencias?
Y… te costaba dormir a la noche, las anfetaminas te llevaban bien arriba. Después había baños de inmersión, saunas para desintoxicarse y todo eso. Ojo: era una elección de cada uno, había algunos jugadores que no tocaban nada, pero la mayoría sí. Era una pequeña ventaja para correr más, un extra que se descubrió en ese momento. Por suerte vino el antidoping…
76 ¿Cuántas veces estuviste preso? Dos veces: 11 meses en Caseros y un año en el sur, entre Neuquén y Zapala. La primera, por un asesinato que ocurrió en mi casa. Y la segunda, por tenencia de marihuana: la agarraron a mi mujer, pero yo la llevaba en el auto. Me mandé muchas cagadas en mi vida, pero en esas dos no tuve nada que ver.
77 Por el asesinato de Virgilio Escobar en tu casa llegaste a estar prófugo y luego te entregaste, ¿qué pasó? Eran dos amigos con un problema de polleras, quedaron en encontrarse en mi casa y uno mató al otro. Me quedé tranquilo porque no tenía nada que ver, pero después la policía de la provincia me armó una causa, no me preguntes por qué, y una de las testigos terminó declarando que me había visto a mí, pero sin especificar, y un día veo en Crónica: “Randazzo buscado por homicidio”. Fui a ver a un juez amigo, y me dijo: “Carli, desaparecé que tenés captura y te van a meter en cana”. Me fueron a buscar a la puerta de casa, vi a toda la policía afuera, y me escondí dentro de un tanque de agua.
78 ¡¿En un tanque de agua?! ¿Cómo respirabas? Me quedé con la boquita así afuera (hace el gesto inclinando la nunca hacia atrás). Subí rajando, entré al tanque por la tapita, con la espalda apoyada sobre este lado (hace el dibujo), la policía revisó todo y no me encontraron. Estuve tres horas ahí metido y al poco tiempo me agarró hepatitis, no sé si por el frío, por el cagazo o por el estado del agua. De ahí me fui al campo de un amigo, estuve un mes prófugo.
79 Hasta que te entregaste. Quería estar bien y sabía que no tenía nada que ver. Enganché a un abogado, fui preso, pensé que eran un par de días y terminó siendo un año, ufff.
80 ¿Viste la miniserie El Marginal? Sí, sí, pero eso es en la vieja cárcel de Caseros, yo estuve en la otra. Hay cosas que están bien reflejadas, otras se exageran y algunas no se muestran.
81 ¿Intentaron violarte o eso es mito? A mí no me pasó, pero tenés que saber caminar algo también, eh, y yo tenía mucha calle. A piñas sí me agarré un par de veces. Al principio, te mandan uno a ver quién sos, cómo venís, hasta dónde aguantás; con el primero siempre agarrate a piñas porque te suelen mandar a un perejil. De última, es mayor el respeto ahí que afuera, pero es rígido, donde diste un pasito medio al costado, se te complica…

Con azul, uno de sus siete hijos, a caballito.

82 ¿Alguna vez tuviste miedo?
Miedo no, la pasaba mal cuando había requisas o iba al gimnasio y se armaba alguna podrida. En las requisas entran de golpe al pabellón, y a lo loco, y es jodido. En las cárceles hay distintos pabellones: de conducta, otros donde hay más cachivaches, y salvo el primer tiempo en Caseros que me tocó medio un cachivacherío, en general estuve en buenos lugares. En un momento pedí el VIP, y con el tema de haber sido jugador de fútbol, de que vinieran Guillermo y Diego a visitarme, te imaginás, ¿no? Guillermo les conseguía entradas para la cancha a los jefes y me fui acomodando.
83 ¿Cómo fue el día que te visitó Diego? ¡Uhhh, un quilombo! Diego jugaba en Sevilla y le hicieron una nota antes de venir. “Lo primero que haré apenas llegue a mi país es ir a visitar a mi amigo Carli, que la está pasando mal”, declaró. Lo estaba viendo y no lo podía creer. Y de golpe un día, pum, pum, todo rápido, me mandaron para abajo y ahí me encontré con Diego, nos dimos un abrazo y nos quedamos charlando. El director, el vice, todos, querían fotos con Diego y Guillermo. Un día me llamó Pappo a la cárcel: “Anoche estuve con Diego, y me pidió que vaya a cantarte unos temas”. Al final no se dio, ¡pero qué grande Pappo!
84 ¿Alguna vez la pasaste mal mal ahí adentro? Mal mal, no, pero sí tuve que ir arriba a aclarar un par de cosas. Arriba era un gimnasio donde se resuelven los conflictos de los que están en todos los pisos. Ahí te dan con palos, con lo que haya. Los tipos iban todos con pullovers y camperas, al principio no entendía por qué, después lo vi: para protegerse.
85 Lo de las duchas… Noooo, eso es un mito. Lo que no había era agua caliente, eso sí, siempre a bañarse con agua fría.
86 ¿Qué hacías en la cárcel? La cárcel es una fábrica de locos. Mucha gente entra normal y termina muy mal, entonces lo mejor que podés hacer es tener actividad, cansarte para que pase el tiempo y después puedas descansar bien. Yo buscaba laburos en la cárcel. Fui fajinero, de los que lavaban los pisos. Cuando vino Diego, aproveché y le dije a uno de los jefes: “¿Por qué no me bajan acá, que hay laburo?”. Así que bajaba a las 6 de la mañana y era el único preso que andaba suelto por todo Caseros, laburaba de seguridad interna: iba a la carnicería, a la panadería, a los talleres que arreglan las cosas, me ponía a tomar mate, en la carnicería me ligaba un pedazo de carne para el mediodía, se hizo llevadero.
87 ¿La cárcel del sur no era tan brava como Caseros? Era picante, también, ojo. Caímos porque mi mujer tenía marihuana en la mochila, y nos agarró la policía en San Martín de los Andes, yo manejaba. Me tendría que haber ido al otro día, y me terminé quedando un año hasta el juicio, como partícipe. Teníamos a nuestra hija de 6 meses, entonces le dije a mi mujer: “Dejá, yo me hago cargo”, pero salió todo mal.
88 ¿Por qué? El abogado nos dijo: “Niéguense los dos a declarar, ella con la nena se va, vos te quedás y en un par de meses te saco”. Eso hice, pero mi mujer, no: “mi abogado nos dijo que nos neguemos a declarar pero yo nunca mentí y esto era mío, Carli no tiene nada que ver”. Y terminamos los tres adentro.
89 ¿Cómo hacían con tu hija? Estábamos en dos pabellones distintos y un par de veces por semana las veía. Matilda aprendió a hablar y a caminar en la cárcel, ¡es muy loco! En el juicio oral, a mi mujer le dieron 3 años y se fue en libertad y cuando pasamos por Neuquén a buscar sus cosas, fue tremendo: todas las presas se vinieron contra el alambrado a ver a Matilda, se ve que era la benjamina del penal.
90 ¿Por qué empezaste con la droga? Como una diversión, vivíamos de joda y, como te contaba, estaba esto de pensar: “Más fuerte que las inyecciones que nos dan para correr no hay nada”. Era el boom del momento, probar algo distinto.
91 ¿Lo disfrutabas? Muy poco, porque la cocaína es traicionera. Cuando uno arranca por ahí disfrutás algo, pero después siempre necesitás más y más y más. Te lastima el alma, no la pasás bien, no podés ser vos, no podés reírte, no podés divertirte, gastás mucha plata. La cocaína es una enfermedad que te deja así (hace el gesto de quedarse congelado), es tremendo. Todo esto se lo cuento a la gente que está en esto para que salgan.
92 ¿En tu peor época tomabas todos los días? Mucho, porque en ese sentido, cuanto más plata tenés, peor la pasás, porque seguís, que es el caso de Diego. Un pibe de la calle se toma un papelito, se le acabó la plata y se tiene que ir a dormir. El que tiene plata se compra 5, después 10, cada vez es peor, cada vez es más fuerte lo mal que te pone, el cuerpo te pide no terminar, y en un momento volcás.

"En mi época se daban todos" fue el título de la nota que le dio a El Gráfico en 1998, en Villa La Angostura, que generó muchas reacciones.

93 ¿Cómo dejaste?
Hice el clic. Hablando en la cárcel con uno, me dijo: “Cuando arrancan todos, vos no arranqués, andate un poquito de ahí y miralos a la distancia”. Y eso hice, quedan inmóviles, ahí lo vi clarito. La droga te lleva a tener malos pensamientos, no vivís. Si vos hoy me decís: “Hay tanta plata por un saque”, yo te digo: “Antes, matame”.
94 ¿Tus hijos te preguntan por tu pasado? Mis hijos saben todo todo todo de mi vida, todo todo, no les escondo nada. Y les explico que fue una equivocación, claro.
95 Si pudieras ir para atrás en el tiempo, ¿qué cambiarías de tu vida? Lo único que cambiaría de mi vida es este tema de la droga, no aprendí nada y me hizo mal. De lo demás, no me arrepiento de nada. Experimenté cosas, estuve arriba, estuve abajo...
96 ¿No te lamentás no haber podido aprovechar más tu carrera? No. Dejé el fútbol joven, está bien, por ahí relegué fama, bienestar, pero las vueltas de la vida me llevaron a tener 7 hijos y estoy de primera con todos, los disfruto, así que no hay reproches.
97 Viviste un montón de cosas difíciles, pero siempre te vi “pum para arriba”, ¿nunca tuviste bajones? Me pone mal cuando confiás en alguien y te falla. Soy de confiar mucho en la gente; si no te conozco, ¿cómo te voy a desconfiar? Entonces cuando hacés una relación y te das cuenta de que le sacaste mal la ficha, eso me tira un poquito para abajo.
98 ¿Pero nunca estuviste deprimido? Cuando caés preso, obviamente te querés matar, pero enseguida la fui piloteando.
99 ¿Cómo es la historia de tu única tapa en El Gráfico? Guillermo siempre me jode, dice que esa tapa fue el comienzo de mi caída. Porque en esa foto se notaba mucho el bulto, viste, pero hubo algo raro en la foto, un efecto casual que agrandó todo…
100 Pero eso debía potenciarte más que iniciar tu caída… Es que ya venía con la fama de salir mucho y eso me hizo fama de hombre bien calzado, viste, y entonces empecé a salir más que antes porque las chicas me buscaban todavía más y ya no pude remontar mi carrera, se me hizo cuesta arriba (risas).

Por Diego Borinsky / Fotos: Maximiliano Didari y Archivo El Gráfico.

Nota publicada en la edición de Septiembre de 2017 de El Gráfico 

Por Diego Borinsky: 12/10/2017

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