HISTORIAS VERDADERAS

Eurocopa Femenina: Fútbol Para Todas

- por Redacción EG: 11/10/2017 -
Las chicas de Holanda festejan el triunfo en la Euro, organizada en su país. Detrás, una multitud.

Viaje al corazón del torneo que conmovió a Holanda y logró récords de audiencia y un arraigo monumental en el público. Lleno de historias inspiradoras, metas y desafíos para un deporte que no para de crecer.

La selfie de Lieke con los hinchas, una postal del buen clima.

¿Quién necesita a Neymar? ¡Tenemos a Lieke! La bandera naranja, con la firma y el escudo del Fútbol Club Barcelona, estuvo presente en todos los partidos, pero de repente cobraba una inusitada dosis de actualidad.

Mientras el brasileño se preparaba para su despedida rumbo a París, una chica con el número 11, nacida el mismo año que él –1992– la rompía en todos los partidos de la selección femenina holandesa. Esa chica, Lieke Martens, también es jugadora del Barcelona. NeyMartens, le dicen en broma sus compañeras. Juega en su misma posición, delantera sobre la izquierda, picando y metiendo diagonales. Y provoca que la gente se pare para aplaudirla. Y no cualquiera.

El equipo de gala de Holanda, que venció en la final a Dinamarca por 4-2.

“¡Lieke es verdaderamente fantástica!”, se emociona Louis van Gaal en la tribuna, junto a su mujer. Unas filas más atrás, exulta Marco van Basten. Todos están vestidos de gala, con traje azul y corbata naranja para homenajear a la Oranje, que se hizo camino rumbo a la final de la Eurocopa femenina. Estamos en el estadio del FC Twente, Enschede. Y hay 30.000 personas para presenciar a la selección holandesa contra Dinamarca.

Detrás de Van Gaal y Van Basten están otros ex futbolistas famosos: Hans van Breukelen y Pierre van Hooijdonk. También estuvo presente Ruud van Nistelrooy. En la cancha, Lieke sigue pidiendo la pelota y encarando a toda velocidad. La ajustada cola de caballo al viento parece darle más vértigo a cada corrida.

El récord de público ya no es novedad: son un poco más que las presentes en el partido inaugural, en el Galgenwaard de Utrecht, con el rey Guillermo Alejandro y la reina Máxima presentes en el palco, unos días antes de que el Utrecht recibiera al Lech Poznan por la previa de la Europa League en ese mismo escenario.

Fútbol masculino y fútbol femenino convivieron sin problemas durante la Euro, que la UEFA organiza cada cuatro años desde 1991, y que había tenido abrumadora supremacía alemana hasta 2017: seis torneos consecutivos con Alemania campeona.

Dinamarca dejó afuera a Alemania, que había ganado seis Euros en forma consecutiva.

Como para aggiornar la famosa frase de Gary Lineker: “El fútbol es simple, 22 hombres corren detrás de una pelota y al final, siempre gana Alemania”. No son solamente hombres: por eso, en la Eurocopa femenina ya no se habla de Man of the Match, sino de Player of the Match. Hay otros términos que llevará tiempo reconvertir: expulsión por último hombre o marca hombre a hombre, como la que hizo Noruega en el partido inaugural.

Para entender que el fútbol ya no es cosa de hombres, solamente hace falta ver un partido femenino. Y si puede ser de Holanda, mejor. Será cuestión de minutos desear que su equipo tenga a un volante central como la holandesa Jackie Groenen, que recuerda al mejor Xavi del Barcelona de Guardiola. Groenen dejó el judo para focalizarse en el fútbol: pasó por el Duisburg y el Chelsea, hasta que recaló en el Frankfurt.

El esfuerzo descomunal de Jackie Groenen, el alma de Holanda.

Las carreras, las historias y las transferencias no difieren en lo más mínimo del mundo del fútbol de varones. Es un caleidoscopio que cambia de forma, pero mantiene la esencia. Por un lado, se trata de un fútbol más romántico, casi un viaje a los años 40, porque las cifras que se manejan poco tienen que ver con las del masculino, porque la pelota pasa más (¡mucho más!) tiempo en juego y hay menos protestas a las árbitras.

Pero por otro lado, los métodos de entrenamiento y la intensidad de juego dejan en claro que se trata de un deporte de elite, con íconos, como Lieke Martens, que son capaces de aparecer en gigantografías en los negocios de deportes sin necesidad de aclarar quiénes son.

El festejo Oranje tras una de las 6 victorias consecutivas. Ahora, el palmarés con los varones está igualado: una Euro para cada uno.

“Acepté ser embajador del torneo porque tenemos la mala costumbre de criticar al fútbol femenino y compararlo con el masculino, sin saber y sin mirar. Pero son dos cosas totalmente distintas. Además, las mujeres han tenido el éxito que los varones no han tenido en bastante tiempo”, cuenta Pierre van Hooijdonk, ex jugador del Feyenoord.

“No podemos hacernos cargo de las derrotas de los varones”, bromeó la entrenadora, Sarina Wiegman. Tras haber jugado 107 veces con los colores de Holanda, Wiegman se recibió de DT y consiguió la licencia UEFA Pro, que le permite dirigir a cualquier club europeo. Además, es la única mujer en el país que llegó a entrenar a varones: fue en el Sparta Rotterdam B. “Cuando yo era jugadora, todo era totalmente amateur. Ahora tengo futbolistas que son profesionales, y yo mismo lo soy. El cambio en el último tiempo ha sido abismal. Y el desarrollo continúa”, se entusiasma Wiegman.

Lieke Martens, la mejor jugadora del torneo y refuerzo del Barcelona.

A su discurso se suma una dirigente famosa: “Existe una tendencia a tratar de separar, pero la clave es unir. Cuando llegué a la federación holandesa (KNVB), querían darme un edificio separado, con una estructura separada, para el fútbol femenino. Y seguramente con las paredes pintadas de rosa. Pero me senté delante de dirigentes que podían tener una mentalidad anticuada, y les expliqué que las cosas tenían que ser distintas: hay gente que se encarga de la organización, de los torneos, del marketing, de la medicina, y que ya están trabajando… todos ellos tenían que colaborar. El mundo cambió”, le cuenta a El Gráfico Minke Booij, medallista de oro en Beijing con la selección de hockey y una de las deportistas más conocidas en la historia de Holanda.

“Cuando voy a Argentina, a ver a mi amiga Vanina Oneto, disfruto porque tengo más tranquilidad que caminando por una calle en Holanda. Nadie me conoce. De hecho, jugar tanto tiempo al hockey contra Las Leonas también contribuyó a que hoy este equipo se llame así, por la fuerza y el arraigo que generan”, agrega Booij.

Físicos en riesgo. Choque en el área de Austria-Dinamarca.

Pero al contrario del hockey, el fútbol tiene un grado de popularidad abrumador. “Venir del hockey sobre césped me permitió ofrecer una visión más periférica, al igual que cuando jugaba: en el hockey, una no quiere acercarse a la pelota, necesita tenerla a cierta distancia, para poder llevarla. En el fútbol, todas quieren estar al lado de la pelota, abajo del pie. Yo no sé qué hacer con una pelota en el pie, necesito mantener la distancia", detalla.

Y amplía: "Siendo dirigente de la KNVB, lo hice del mismo modo, sin subirme a la pelota. Y la verdad es que miro al fútbol con cierta envidia, porque el margen de crecimiento es tan grande. Jugar con 30.000 personas, así de un año para el otro... ¡ojalá nosotras hubiéramos tenido algo así! El fútbol femenino hoy se juega en toda Holanda, en cualquier lugar, todos los fines de semana. El hockey todavía se juega en ciertos clubes, no más. Es otro mundo. Hoy es tiempo de Lieke Martens, de Jackie Groenen, de estas jugadoras. Este tren no se detiene más”.

Así de seria es la mirada de Spitse después de que su compañera Danielle van de Donk sufriera un fuerte foul.

El hashtag #WePlayStrong, que se convirtió en el lema de la competencia, no solo quería decir que se juega fuerte, sino que el fútbol femenino va en serio. Hubo 16 millones de interacciones solamente con ese hashtag. El rating televisivo creció a razón de 50 millones de telespectadores respecto de la Euro 2013, mientras que la final Holanda-Dinamarca se convirtió en el evento más visto en el año en Holanda, por encima de cualquiera de los partidos de fútbol de la selección masculina, y también de la final de la Champions League: el rating fue de 83%.

Nike preparó una camiseta especial, con el león del escudo de la federación holandesa transformado en una leona, emblema que se adoptará oficialmente a partir del año próximo. En la cancha, con un clima netamente familiar, cuesta divisar a alguien que tenga una camiseta con el nombre de un futbolista: todas las espaldas llevan el nombre de las chicas, sean de Holanda o de Alemania, de Dinamarca o de España. El mercado es tan grande como inexplorado.

El vestuario de España antes de jugar.

Algunos lo vieron venir antes que otros, y por haber sido visionarios hoy recogen los frutos. Como el Ajax, que presentó a su equipo femenino cuando nadie pensaba que esa área pudiera ser fructífera. Manchester City, Chelsea y Arsenal, en Inglaterra, sacan ventaja respecto del resto. En Alemania, el buque insignia es el Wolfsburg. Francia tiene al Olympique Lyon. España tiene al Barcelona y al Atlético de Madrid.

“Cuando estuve en el Atlético, lo bueno es que se compartían los sitios de entrenamiento con los varones, y entonces se generan amistades, también por cuestión de edad, y una se acostumbra también al mundo profesional. Separar no está bien”, sostiene la andaluza Paula Serrano, quien en su época en el Aleti se hizo muy amiga de David De Gea, luego jugó en Italia y en Suiza y ahora se prepara para el desembarco del Real Madrid en el fútbol femenino.

“No quieren comprar un equipo y ponerlo en cancha de un día para el otro, quieren hacer algo que nazca con una academia”, agrega Serrano.

Nadia Nadim, de escapar de los Talibán a jugar para Dinamarca.

Aunque comparar con los varones sea uno de los verbos para desterrar desde el núcleo duro del fútbol femenino, la comparación no siempre es negativa, sino que también permite tender puentes para entender que el fútbol es uno solo. Y que deja historias de vida inspiradoras como la de Nadia Nadim, la niña afgana que debió huir de su país luego de que los Talibán mataran a su padre. Vivió en un campo de refugiados en la frontera y finalmente logró llegar a Dinamarca, con su madre, donde empezó a jugar al fútbol, un deporte que había aprendido en el campo de refugiados. Hoy Nadim, incansable número 9, es una de las estrellas de la selección danesa (marcó un gol en la final), juega en Portland, Estados Unidos, y es la primera atleta de Dinamarca en tener un contrato profesional con Nike. Junto a ella juega en ataque Pernille Harder, otra de las grandes estrellas del torneo. 

En la Euro hubo también jugadoras que habían sido madres, como el caso de la islandesa Harpa Thorsteinsdóttir, que paseaba por las zonas mixtas con su bebé, Ymir, de apenas cinco meses. Es su segundo hijo, pero la maternidad nunca la obligó a dejar el fútbol: “Es un vestuario lleno de mujeres y todas me apoyan muchísimo. Tengo a mi familia a 10 minutos del hotel, así que no fue tan complicado estar aquí”, asegura.

La locura de los hinchas islandeses, como en la Euro de Francia.

Islandia tiene apenas 330.000 habitantes, pero a lo largo de la Euro tuvo cinco mil hinchas presentes en todos los partidos, ensayando el canto vikingo que se hizo famoso en la Eurocopa en Francia, el año pasado. Islandia fue uno de los pocos equipos que tuvo un hombre en el banco de suplentes: Freyr Alexandersson. El otro fue Italia, con un nombre bastante más conocido: Antonio Cabrini.

El ex lateral de la Juventus, que jugó en Argentina 78 y fue campeón mundial en España 82, se hizo cargo de la selección italiana en 2012. De ser conocido como “el novio de Italia” en los años 80 a dirigir a las mujeres de su país, 30 años más tarde. “Es un mundo donde hay menos portadas de diarios y menos dinero, pero el trabajo que hacen estas chicas en los entrenamientos es durísimo y pocos lo saben, por culpa del machismo que hay en Italia. Si están motivadas, el grado de concentración que tienen las mujeres es superior al de los hombres”, dice Cabrini, contento con haber cumplido un papel digno.

Antonio Cabrini, campeón del mundo con Italia en 1982, dirigió a la azzurra femenina.

En su plantel estaba Melania Gabbiadini (34), la hermana mayor de Manolo Gabbiadini, el delantero del Southampton que antes pasó por Sampdoria y Napoli.

En la Euro también hubo “hijas de”. Por ejemplo, Laura Feiersinger, del equipo revelación, Austria. Su papá es Wolfgang Feiersinger, líbero del Borussia Dortmund que ganó la Champions League y la Intercontinental en 1997. Ahora, Feiersinger cuida vacas en los Alpes, por eso no pudo estar presente.

La camiseta de Gemma Fay, la arquera escocesa que es un ejemplo.

No todas tienen los flashes y la fama de Lieke Martens. Muchas han vivido en mundos subterráneos y han luchado por llegar a ser futbolistas, una actividad que todavía puede ser vista como tabú. Pero el fútbol también ha logrado salvar a muchas de estas mujeres, tal como es el caso de Gemma Fay, la arquera de Escocia, que llegó a 200 presencias internacionales. Fay fue víctima de bullying en su adolescencia, y no tiene problemas en explicar que se pasó casi dos años sin salir de su casa. El fútbol, el pertenecer a un equipo, fue lo que gradualmente la empujó a superar sus temores.

El vals de las danesas en el calentamiento precompetitivo.

Cada una de estas historias tiene el poder de inspirar a muchas chicas que quieren ser futbolistas. Nina Burger, la delantera de Austria, llegó a romper el récord de goles de Toni Polster. Hoy es la número 1 en cantidad de goles marcados para la selección austriaca. Burger todavía recuerda cuando fue a pedir la visa de trabajo para poder jugar en Estados Unidos. Sin representantes, ni intermediarios, ni clubes. El sacrificio está presente en la mayoría de las jugadoras, pero algo está cambiando. Mientras Burger siempre admiró al brasileño Ronaldo, hoy muchas chicas pueden decir que admiran a Burger.

Lieke Martens y el beso al trofeo individual. Ya es ídola.

Las mujeres también dieron un paso adelante y hoy son parte del juego. Antes, mirar un partido era un milagro. Ahora, hay streaming, hay transmisiones televisivas, hay cuentas de redes sociales que siguen minuto a minuto lo que pasa en el fútbol femenino. Los espejos ya no son solamente los varones. Y como dice aquella bandera, ¿quién necesita a Neymar cuando uno tiene a Lieke Martens? 

Por Martín Mazur

Nota publicada en la edición de Septiembre de 2017 de El Gráfico 

Por Redacción EG: 11/10/2017

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