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El balance negativo de Montevideo

Tras el empate con Uruguay en el Centenario, nos brotan las cuestiones negativas que mostró la Selección la noche del debut oficial de Jorge Sampaoli. Una puesta en escena en un contexto de emergencia extrema, pero que no invalida la valoración futbolera de los puntos oscuros. Esto es lo que nos pareció…

 + El equipo careció de dinámica ofensiva para complicar a un rival experto en defender con dos líneas de cuatro en su propio campo. Cuando las individualidades no rotan, cuando permanecen estancadas en sus “quintas”, cuando nadie ensaya una diagonal ni se esfuerza por mostrarse como opción de pase, los espacios no aparecen y los avances no prosperan.

+ No funcionó la sociedad Dybala-Messi. Leo asumió un unipersonal para llevar al equipo a la rastra, pero el diálogo con La Joya apenas funcionó en una combinación que terminó en un remate de Messi tapado por Muslera. Después, poco y nada.

Uno de los pocos momentos calientes del equipo estuvo relacionado con protestas y discusiones, no con su actitud ofensiva.

+ Muy  mala utilización de la pelota parada. Tal vez por temor al poderío aéreo d Uruguay, se desestimaron los lanzamientos directos desde el corner o los costados, priorizando la puesta en escena de jugadas diseñadas sin ingenio ni eficiencia. Ni hablar de la exasperante tendencia a tirarla sistemáticamente para atrás en los últimos veinte minutos, cuando se corporizaba el negocio del empate.

+ Los dos carrileros por afuera fracasaron estrepitosamente. Di María no pudo capitalizar ninguno de sus 15 lanzamientos desde los costados. La tiró larga o corta, floja o pesada, demasiado alta o muy baja, pero nunca bien. Acuña, en cambio, pagó carísimo el cambio de perfil. Por la derecha se neutralizó solo.

+ La línea de tres funcionó aceptablemente ante un adversario que no atacó casi nunca. Pero cabe evaluar la conveniencia de utilizar marcadores de punta en una línea de cuatro, sobre todo si se pretende ser un equipo profundo por las bandas. Cuando por afuera solo van los carrileros, el rival tiene una sola preocupación. Cuando el que ataca por afuera cuenta con el desdoble que puede darle un marcador de punta que lo acompaña, se duplican las opciones de ataque, aparecen los espacios y se agregan preocupaciones para el adversario.

Dybala tuvo un mal partido ante Uruguay. Apenas le contabilizamos un buen encuentro con Messi.

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La anemia ofensiva no tiene cura. Argentina jugó 15 partidos con tres técnicos diferentes y solo convirtió 15 goles. Una herejía si consideramos que en esas 15 presentaciones puso en cancha a los mejores delanteros del mundo: Messi, Higuain, Dybala, Icardi… Falencia de los entrenadores, que no lograron potenciarlos. Y falencia de los propios jugadores, que no son capaces de llevar a la Selección las virtudes individuales que los destacan en sus equipos.

+ Con cualquiera de los tres entrenadores que comandaron las Eliminatorias (Martino, Bauza y Sampaoli), el centrodelantero argentino de turno quedó condenado al aislamiento. Esta vez le tocó a Icardi.  Un nueve sin asistencia, es un cero a la izquierda. Así se llame Higuain, Icardi o Benedetto. Desde lo estructural, el equipo tampoco se pudo desatar de esa maraña frente a Uruguay.

+ Llamó la atención la mediana intensidad con la que jugó el equipo. Da para imaginar que eso fue pensado. La mayoría de los futbolistas (salvo Messi) mostraron una actitud por debajo de la línea de flotación que muestran habitualmente. ¿Atados por la importancia del partido? Tal vez. Pero sin redoblar la actitud y sin rebeldía será muy difícil resolver el jeroglífico de estas Eliminatorias.