ENTREVISTAS

Javier Pinola: “esta no me la iba a perder”

- por Diego Borinsky: 30/08/2017 -

Cuando dudaba entre Boca, Racing y Central, recibió el llamado del mismo DT que lo buscó hace 2 años, y ni lo dudó. La historia del pibe que pintaba todo de rojo y blanco, que tiene una tribuna con su nombre en Alemania y que se le plantó a Schweinsteiger.

Carapachay, en la casa de su cuñado, antes de ir a la pretemporada. Se crió en Olivos.

Una hora y media. Ese fue el tiempo que medió entre las dos llamadas. El tiempo que transcurrió entre el “perfecto, nos vemos mañana” de Marcelo Carracedo, representante de Pinola, al presidente de Boca, y el “hola, Javier, te quiero en River” de Marcelo Gallardo, directo al móvil del defensor de Central. A los bifes, como le gusta al Muñeco.
Revisemos antecedentes y pasemos en limpio.
Javier Horacio Pinola es hincha de River desde pibe. “Es” o “era”, eso va para largo debate. Su abuelo jugó de diez en River, hasta la Cuarta División; su papá atajó en clubes del ascenso pero le trasmitió el amor por los colores. De chico, en el colegio, Javier le ponía una franja roja a cualquier cosa que dibujara. Eso no lo cuenta ahora para sacar pecho ante los hinchas. Eso lo manifestó en 2004 en la revista Viva, cuando jugaba en Racing y esas palabras no eran políticamente correctas (ver recuadro). Hoy le da algo de pudor reconocerlo, como les pasa a tantos futbolistas que no quieren ser tildados de vendehumo, pero a cuentagotas admite que estuvo en la Sívori baja la noche de los dos goles de Crespo al América de Cali que le valieron a River su segunda Libertadores.
Después, Pinola defendió varias camisetas. Y cada vez que enfrentó a River (con Chacarita, Racing y Central) dejó el pellejo por ganarle, hasta hizo amonestar a Gallardo, exagerando una caída, en un 2-1 a favor de River en el Cilindro por el Clausura 04 (está en youtube). Incluso, cuando integraba las inferiores de Chaca (año 2000), fue al Monumental y empujó con su aliento a Chaca desde la popular visitante. Ahora, aunque se entregue de cuerpo entero a su actividad y, por ende, a la camiseta de turno, ¿en algún momento se extinguen del todo aquellas pasiones de la infancia? Va para largo debate.
Bien. Adelantemos la cinta. Después de 10 años en el fútbol alemán, Coudet metió un pleno total y repatrió a Pinola. Su nivel fue tan bueno que bastó apenas un semestre para que en diciembre de 2015 sonara su celular, después de un whatsapp que le anunciara: “Soy Marcelo Gallardo, ¿me atendés dos minutos?”. Fue antes del viaje de River a Japón. Hablaron. El Muñeco le manifestó que lo pretendía en sus filas. Pinola le pidió unos días para pensarlo, pero se dio cuenta de que más allá de la tentación que significaba concretar el sueño de la infancia y participar de un ciclo ultraganador, no podía aceptar: llevaba apenas 6 meses en Central y una ilusión grande de coronarlo con un título.
-No podía irme, por respeto a mis compañeros, al club y al Chacho, que me había traído, incluso lo comenté con él (explica hoy, ya jugador de River).
-A Coudet no le debe haber gustado nada que te llamaran…
-Y, sí, lógicamente, cada uno pelea por sus intereses. Me tomé unos días y después lo llamé a Marcelo y le agradecí, pero le comuniqué que me quedaba en Central.
-¿Se enojó Gallardo?
-No sé, quizás un poco se debe haber enojado, a nadie le gusta que le digan que no. Por eso, a los pocos meses, la noche del 3-3 en el Gigante, lo fui a saludar al banco para agradecerle.

Pinola siguió en altísimo nivel a tal punto que, 9 años después de su última citación a la Selección, fue convocado nuevamente para un partido de verdad, por Eliminatorias (fue titular en el 2-0 a Bolivia en Córdoba, con Bauza). Más tarde debió parar casi un año por una fractura de tibia, pero volvió intacto. La prueba contundente fue una nueva convocatoria a la Selección, esta vez con Sampaoli, aunque al final no pudo viajar por un cuadro gripal y por una medicación que le habían dado en el club. El 18 de mayo fue la figura en el 0-0 logrado por Central en el Monumental, que le cortó a River el envión ganador para llegar a la punta del campeonato. Con una cláusula de rescisión baja, los interesados comenzaron a golpear la puerta. Central aspiraba a retenerlo, el presidente de Racing habló con el jugador, el de Boca, con el representante (dos veces; la segunda para apurar), pero Pinola tenía un deseo íntimo. El resto fue obra del sexto sentido de Gallardo. De su sentido de la oportunidad: llamar una hora y media después que Angelici, un día antes de la reunión que podría haber definido otro rumbo.
“Claro que me interesa, Marcelo, me hablaron de Boca y Racing, pero estaba esperando este llamado, yo quiero ir a River, esta vez no la dejo pasar”, escuchó el DT de su interlocutor y se le dibujó una mueca de satisfacción. Eso es lo que espera escuchar cada vez que llama a un posible refuerzo.
Unos minutos después, Marcelo Carracedo se comunicaba con Angelici para notificarle el cambio de planes. No habría cita al día siguiente. Luego, el presidente de Boca bromearía con el alto promedio de edad de los refuerzos de la contra.

Se entrenó una semana y fue titular ante Guaraní en Asunción. Buen debut y 2-0 a favor.

Javier Pinola llega agitado a la casa de su cuñado, en Carapachay, y lo primero que hace es ofrecer café y gaseosa. Enseguida prende la tele para ver de reojo a Federer en la semifinal de Wimbledon. Nadie quiere perderse al gran Roger. Es viernes por la tarde, y anda a las corridas porque todavía no encontró casa para vivir, porque debe completar los trámites del colegio alemán para sus tres hijos y resolver un problemita con la visa para Estados Unidos, su próximo destino de pretemporada.
-¿Por qué elegiste River?
-Quería dar este paso ante la segunda oportunidad de formar parte de ese proyecto. Di todo por Central, si no, este tipo de ofertas no le llegan a uno por segunda vez, a nadie le regalan nada. Me atraía el proyecto que viene desarrollando Gallardo con un estilo de juego ofensivo. Me gusta jugar con las líneas adelantadas, defender bien arriba, intentar salir jugando, que lo que se genere arriba no sea casualidad, sino causalidad. Central juega parecido y entendí que no me iba a costar la adaptación. Además, está la Libertadores, que es un objetivo muy grande y muy lindo. Y repito: Gallardo ya me había querido una vez y no podía perderme esta segunda oportunidad.
-Te tocó debutar en Paraguay y ni se notó que recién llegabas.
-Paraguay siempre es un escenario complicado, en el primer partido lo único que uno no quiere es equivocarse y eso puede llegar a jugarte en contra. Tuve un partido aceptable pero lo importante es que ganamos y quedamos bien posicionados para la vuelta.
-¿Qué fue lo que más te llamó la atención en estos primeros días?
-Se dio muy rápido, uno no llega a caer en el lugar que está, no llega a absorber todo lo que representa un cambio así, pero me recibieron muy bien. Me encontré con un grupo muy bueno, lo notás en la convivencia, no hay ninguno que se crea más que nadie.
-Cuando la rompiste en el 0-0 que privó a River de llegar a la punta, ¿no pensaste que podías sentenciar tu futuro?
-Jamás se me cruzó eso: quería ganar y sabía a qué clase de jugadores enfrentaba, y siendo el hombre más experimentado de la defensa, debía tratar de apuntalar a mis compañeros. Además, quería sacarme la espina del 3-3 del 2016, esa noche me fue bastante mal.
-Te gusta anticipar lejos, marcás bien y no la revoleás, en eso te parecés a Funes Mori.
-Puede ser, compartí entrenamientos con Ramiro en la Selección y es un jugador que me encanta, es un grandísimo central.

Ser hincha de River no le impedía cruzarle el brazo en la cara a Ortega.

-Vos también jugaste de lateral y de central  como el Melli, ¿qué puesto te gusta más?

-Son dos puestos muy lindos, de central tengo la cancha bien de frente, y eso me gusta para ordenar a mis compañeros y tener más opciones; como lateral me da la posibilidad de ir más al ataque, y eso me gusta.
-¿Es cierto que en Alemania mandaste a Robben a jugar a la otra punta?
-Ja, ja, gracias a Dios contra Robben tuve partidos muy buenos, nos habremos enfrentado unas 8 veces, yo como lateral izquierdo y él por la derecha. Como Nuremberg-Bayern es un clásico, por la cercanía geográfica y porque el Nuremberg es el segundo club con más títulos detrás del Bayern, me preparaba de una forma especial. Yo estudiaba mucho los movimientos de Robben y sabía que la derecha la tenía solo para correr, entonces me preparaba para llevarlo contra la raya, contra su pierna inhábil, aunque a veces salía para adentro y me eludía. A veces se cansaba y se iba para la otra punta
-¿Lo chamuyabas?
-Siempre hablábamos, pero con buena onda. El problema es que cuando él se iba, venía Ribery, así que seguía teniéndola brava.
-¿Hablás alemán?
-Sí, lo aprendí sin profesor ni nada, charlando con mis compañeros, largándome solo, leyendo los diarios. Ahora sigo hablando con muchos amigos alemanes, también leyendo, para no perderlo.
-¡Hay que estar 10 años en Alemania, eh!
-Todos valoran eso, estar 10 años en un mismo equipo. Es un país que me encanta y en el que me gustaría vivir en el futuro. Por el respeto, por la educación, porque todo funciona. Amo a mi país, y no reniego, pero allá funciona todo y siento que mis hijos pueden tener un mejor futuro.
-¿Por qué decidiste volver?
-En Nuremberg, después de no poder ascender, decidieron bajarme el contrato y en ese momento el Chacho (Coudet), que fue compañero de Marcelo (Carracedo) y sabía de mi profesionalismo y actualidad, me empezó a llamar con insistencia. Ya me había querido llevar en enero, cuando asumió, pero en ese momento estábamos peleando por ascender y sentí que me debía quedar. Dudaba de volver, porque mi intención era quedarme a vivir en Alemania, pero hablé con Juan Carlos Docabo, el ex arquero que es mi primo y estaba trabajando en la Reserva de River, y me dijo: “Central es un club ideal para vos, te vas a sentir bárbaro”. Y fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.
-¿Por qué?
-Porque había un grupo bárbaro, porque había momentos en que entrabas y te sentías invencible, porque nos divertíamos, porque la cancha siempre estaba llena y nos empujaba y porque sabíamos que en algún momento nos íbamos  a llevar por delante al rival.
-Una injusticia que no se les diera al menos un título.
-Estaba todo dado, pero, por cosas extras que pasaron, no se nos dio. Estuvimos cerca en el campeonato del 2015, en la Libertadores 2016 nos eliminó el futuro campeón en el descuento, pero pese a todo, el equipo se fue reinventado de cada traspié.
-Vos te fracturaste con Nacional de Medellín, te perdiste la definición y la Selección, ¿cómo la llevaste?
-Al principio pensaba en todas las cosas que me perdía, incluso me sentía cerca de la Copa América, pero una vez que me operaron, me dije a mí mismo: “Ya está, ahora a mirar para adelante y tratar de volver lo más rápido posible”. Pasé momentos de bajón, pero de golpe veía a mis hijos y pensaba: “Les tengo que mostrar que uno tiene que superar las barreras que se le ponen por delante”. Y eso hice.
-¿Creés que los bombearon adrede...?
-(Interrumpe) Ya está, no quiero volver a resolver esa basura porque no vamos a encontrar ninguna solución. Las cosas estuvieron siempre a la vista, esa final con Boca no te la van a hacer jugar de nuevo, fuimos los primeros dolidos porque veíamos que nos sacaban el partido de la mano de una manera brutal.
-La final con River no la jugaste.
-Estaba en Alemania en la fase final de mi recuperación, necesitaba consultar a otro médico de confianza que tenía allá. El partido lo vi por computadora con un amigo que me había acompañado y fue un gran dolor.

La sonrisa de haber cumplido a los 35 años el sueño que tenía de chico, cuando era socio e iba al Monumental. Su abuelo jugó hasta la Cuarta.

El dolor de ayer es la esperanza de hoy. Las vueltas de la vida depositaron a Javier Pinola en los octavos de final de la Copa Libertadores, a la que River accedió por haber ganado, precisamente, aquella final de Copa Argentina ante Rosario Central.
-¿Tu abuelo jugó en River?
-Mi abuelo paterno, Horacio Pedro Pinola. Era un típico diez, zurdo, según me contó mi papá, porque falleció cuando yo tenía 8 años. En esa época se le daba mucha importancia al estudio, y por eso llegó hasta la Cuarta. Mi papá, Jorge Horacio, fue arquero y atajó en Colegiales, Platense y Merlo, siempre en el ascenso.
-Vos contaste que de chico pintabas todo de rojo y blanco (ver recuadro)…
-Ja, ja, no sé dónde habrá salido eso, pero después jugué en otros equipos y quise ganarle siempre a River. Uno es profesional y se compromete con el equipo en el que está.
-¿Hasta qué edad fuiste fanático?
-Hasta los 13 o 14 años, hasta 1996, 1997.
-¿Ibas al Monumental?
-Claro, en su momento también fui socio. Iba con mi viejo, con mi tío o con mis amigos.
-Si tenés que elegir un partido…
-La final de la Libertadores, estaba en el arco donde Crespo metió el 2-0 de cabeza, todo el partido lo vi parado, sin poder moverme. A fin de año, cuando jugó contra la Juve, me dejaron faltar al colegio y lo vi por tele.
-¿Quién era tu ídolo?
-Era fanático de Ronaldo, a pesar de la rivalidad con Brasil, me gustaba Batistuta y un jugador en el que me fijé mucho fue Berizzo. Porque jugaba en mi posición, porque era zurdo y porque tenía un muy buen pibe, mucha tranquilidad para jugar. Me encantaba.

Marcelo Carracedo tiene 47 años y un pasado como mediocampista talentoso y gambeteador, iniciado en Atlanta y con pasos por el fútbol español, alemán, mexicano, japonés y chileno. Tuvo breves estadías en Estudiantes, Platense y Central, donde es recordado por la gran sociedad que armó con Coudet, en especial en la goleada por 4-0 a Newell’s de 1997 (bautizada como “día del abandono”). Esa tarde metió un golazo. Convertido en intermediario, participó en varias transferencias al fútbol alemán, entre ellas la de Pinola. Luego fue su representante y más tarde, su amigo. Y nos ofrece una mirada interesante de nuestro hombre.

- “Lo de Javier allá fue impresionante, es raro convertirse en ídolo sin ser el 10 o el goleador, sino un simple lateral. Tiene que ver con lo que transmite en la cancha, con su entrega. Vi pocos jugadores tan profesionales como él: en la alimentación, en el cuidado, en el hecho de ir siempre una hora antes al gimnasio para hacer trabajos de fortalecimiento y prevención. Eso lo aprendió en Alemania, no en vano está impecable físicamente a los 34 años”.
- “Tiene una cabeza distinta. Al poco tiempo de estar en Alemania, enfrentaba a un delantero picantito por su lado, de un equipo chico, creo que el Mainz, y me dijo “sé que es zurdo y engancha mejor para tal lado”. Sabía todo y apenas llevaba 2 meses en la Bundesliga. Mira todo. El manager del club me llamó varias veces para pedirme que lo frenara, porque era muy vehemente en las prácticas, le había pegado varias patadas a Gundogan  y lo tenían que vender”.
- “Otra que recuerdo fue en 2007 con Hans Meyer, un técnico que venía de la Alemania del Este, tipo sargento. Lo amaba a Javier, incluso terminaron ganando la Copa Alemania, pero en un partido con el Bayern se venía matando con Salihamidzic, lo amonestaron, y lo sacó a los 20 del primer tiempo. Javier le dijo de todo y tiró la camiseta. Ganaron 3-0, pero al otro día, el manager me pidió que viajara para arreglar el tema. Pensé que lo iban a limpiar. Nos juntamos los cuatro: el manager, el técnico, Javier y yo. ‘Estoy feliz de tener un jugador como vos, le das otro carácter al equipo, pero te saqué para protegerte porque te iban a echar, estabas ciego’, arrancó. Y luego: ‘Te voy a poner una multa simbólica de 10.000 euros, porque no puedo permitir ese gesto, pero si en los próximos partidos no te sacan amarilla, queda en suspenso’. Y cerró con una frase buenísima: ‘Estoy feliz de tenerte porque aquí la mayoría son schlaftabletten y vos sos todo lo contrario’. Schlaftabletten significa ‘pastillas para dormir’. Genial”.
(El Nüremberg ganó la Copa de Alemania en 2007 tras vencer al campeón de liga Stuttgart en la final, 39 años después de su última conquista. Sigue siéndola hasta hoy).
- “Lo mejor de Javier es el carácter, la personalidad. Y que entiende el juego, tiene una gran intuición para ver todo antes, para solucionar el problema antes de que ocurra. A eso le agregó buen pie para salir con un pase firme y fuerte por abajo. Allá tuvo un DT holandés (Gertjan Verbeek) que amenazaba con sacarlo si la revoleaba. ‘Este tipo está loco, pero sabe un montón’, me decía Javier. Con él jugó de central y aprendió muchísimo”.
- “Cuando Chacho se enteró de que lo dejaban libre, empezó a llamarlo. Javier tenía ofertas de Alemania, pero yo creía que necesitaba otro desafío, y se lo dije. Estaba convencido de que le iba a ir bien, aunque uno nunca sabe cómo se podrá adaptar al fútbol argentino”.
-Ahora tenía varias ofertas, ¿creés que pesó el hecho de ser hincha de River de chico?
-Sí, obviamente que pesa, jugar en River era su sueño de chiquito. Después, está el presente del club, así que cuando Javier me avisó que lo había llamado Gallardo le tuve que hablar a Angelici para comentarle la decisión. Me agradeció, se portó como un señor.
Después, las declaraciones ruidosas, ya sabemos, muchas veces son pour la galerie.

Tribuna con nombre propio
El 25 de mayo de 2015, al cumplir 10 años en el FC Nuremberg, el club homenajeó a Pinola con banderas gigantes (y con el tema “No me arrepiento de este amor” de Ataque 77; foto de arriba, se puede googlear). Seis meses después, ya jugando en Central, viajó a Alemania para presenciar el bautismo de un sector de una tribuna (foto de abajo) con su nombre. “Para darle el nombre a una tribuna –explica– se deben cumplir 2 de 3 requisitos: ser campeón de Liga, haber jugado más de 400 partidos en el club y estado en la Selección de tu país. Yo cumplía con los dos últimos. Le pusieron mi nombre al block 31, porque es el lugar donde van las familias y ellos saben que soy una persona muy familiera. Ese día empezaron a corear mi nombre para que bajara al campo de juego y dijera unas palabras. Lo hice con mis hijos. Fue muy emocionante, un reconocimiento a mi entrega por el club, a la Copa alemana que ganamos tras tantos años y a la gran cantidad de ofertas que rechacé para seguir ahí”.

Pintado rojo y  blanco
En 2004 la revista Viva consultó a deportistas para que contaran historias de sus días iniciales en el colegio. Javier Pinola, por entonces con 21 años y jugando en Racing, se remontó a 1991, cuando tenía 8. Y dijo: “Iba al Colegio Asunción de la Virgen, en Olivos, a 15 cuadras de casa. Armábamos partidos en los recreos. De chiquito era fanático de River, y todo lo que pintaba era con una franja roja. Si hacía una casa, un árbol o un sol, todo tenía la banda roja. El primer día de clase me pidieron que hiciera un dibujo. Y yo lo hice como siempre, con la franja de River. La maestra se sorprendió. Luego, con el tiempo, los maestros me fueron diciendo que utilizara otros colores y que no relacionara todo con el fútbol, pero yo era un fana total”. Foto actual con su amigo del colegio Javier López, arquero de futsal de River.

Pollo alemán
En noviembre de 2010, durante un Nuremberg-Bayern Munich, Pinola no se anduvo con chiquitas: escupió a un peso pesado como Bastian Schweinsteiger. “No debí hacerlo, pasó que en 15 minutos me metió tres codazos a propósito en la cara –relata–. Le hablé al árbitro y no me dio bolilla, le dije algo a él y me miraba con soberbia, entonces me saqué, nos cruzamos unas palabras, se me cerró la persiana y, cuando se dio vuelta, lo escupí. Ni se enteró, porque fue a la espalda, pero alguien le comentó y luego dijo a las cámaras: ‘Miren lo que hizo Pinola’. No comulgo con eso: lo que pasa en la cancha, debe quedar en la cancha. Se decía que me darían de 3 fechas a 6 meses, aunque no me habían expulsado, fue todo por videos. Por pedido del club, tuve que llamar a Schweinsteiger para ofrecerle mis disculpas y que no me liquidaran. ‘Eso no se hace’, me dijo. ‘Bueno, no lo haré de nuevo, te pido disculpas’, insistí. ‘Pero eso no se hace’, repetía. Insoportable. Siempre habló mal de los argentinos. Me dieron 4 fechas”.

Por Diego Borinsky /Fotos Maximiliano Didari, AFP y Archivo El Gráfico.

Nota publicada en la edición de Agosto de 2017 de El Gráfico 

Por Diego Borinsky: 30/08/2017

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