ENTREVISTAS

Pipa Benedetto: “Soy un goleador creativo”

- por Darío Gurevich: 01/08/2017 -

Charla exclusiva con la figura del fútbol argentino. El temible definidor. Su momento mágico. La sociedad con Pavón. La amistad y la banca a Centurión. Boca y la clave para entender su línea de tiempo. La sugerencia de Guillermo. Su madre, Alicia, como pilar.

Se consagró campeón en su primera temporada en Boca; metió 21 goles y fue goleador del torneo.

Pipa, el rey. A una hora del partido decorativo ante Unión, del último triunfo azul y oro en el certamen, los campeones del fútbol argentino ingresan al césped de la Bombonera para dar la vuelta olímpica junto a sus familias. A Darío Benedetto se lo detecta rápido: el 9 en la espalda y en el short, los botines anaranjados con los que luego se lucirá, las medias bajas… El goleador busca a su mujer, Noelia, y a sus hijos; los encuentra y los abraza con una felicidad que lo desborda. Ahí mismo levanta con una mano a su beba. Ahí mismo lo alza a Felipe, el mayor de sus niños, y canta y gesticula al igual que los hinchas. Ahí mismo dan una vuelta olímpica inolvidable. De repente, la Bombonera se rinde a los pies de la figura del fútbol argentino. “Olé, olé, olé, olé, Pipaaa, Pipaaa”, se escucha.
Un buen rato más tarde, la secuencia prosigue. Junto a Pablo Pérez, encabeza la doble hilera del equipo y sale a la cancha. Enseguida, empieza la función de su unipersonal, que tuvo cuatro segmentos brillantes.
- A los 12 minutos, cumplió otra vez con su ritual: abrir el juego, desempolvar el marcador. Cristian Pavón rechazó de cabeza en pleno retroceso, y el 9, que nunca se desentendió de la jugada, se la tiró larga al arquero Matías Castro y, con poco ángulo, cerca de la línea de fondo y sobre la derecha del área grande, la mandó a guardar, de derecha, de cara a La 12. Era una jugada en espacio reducido difícil de resolver, pero Pipa tiró encima su jerarquía y clavó el 1-0, la primera daga.
- A los 4 minutos del complemento, le puso el moño a una salida rápida: Fernando Tobio recuperó, Ricardo Centurión condujo y, en tres toques, habilitó a Pavón que, de primera, lo puso en posición de gol. Pipa no falló: le pegó de derecha y de primera, fuerte, rasante, abajo, al medio del arco. Las gargantas de los bosteros explotan en la cálida tarde de invierno de Buenos Aires. El Xeneize gana 2-0, y Benedetto es líder, amo y genio.
- A los 15, Centurión lo abasteció, y Pipa estrelló su cabezazo en el travesaño. Si hubiera convertido, habría hecho el gol número 100 en su carrera. La gente -que lo aplaudía a más no poder-, la prensa -que lo endulzaba en vivo-, quizá no se habían percatado del dato; Benedetto tal vez sí. Sin embargo, a esa altura, ya se sentaba en el trono y se ajustaba la corona: campeón, goleador del campeonato y figura del fútbol argentino.
- A los 25, la Bombonera lo volvió a mimar. Mientras el 9 dejaba la cancha y Walter Bou se preparaba para reemplazarlo, los xeneizes lo ovacionaron y se expresaron una vez más: “El Pipa es de Boca, y de Boca no se va”.

Levanta la copa al lado de su amigo Centurión. Es su tercer título en el fútbol argentino.

Hasta en la celebración del título, Benedetto resulta un distinto; se muestra con la camiseta alternativa de básquetbol del club, que lleva el número 12. Es, sin dudas, un tipo pintoresco que salta y grita como un hincha más. Porque es un hincha más, uno de los miles que no paran de delirar por la consagración.
-Completá la oración: salir campeón en Boca es…
-Una locura, inexplicable.
-Retrocedamos un año. Cuando mirás la temporada por el espejo retrovisor, cuando la repasás, ¿qué imágenes encontrás?
-Lo primero que se me viene a la cabeza son las críticas que hubo; no puedo creer cómo hice para poder aguantarlas, para poder salir adelante. Estaba tranquilo, pero las tenía en mi cabeza y, a veces, me jugaban un poco en contra. Por suerte, puede superar todas esas cosas y, por sobre todo, el momento. Me acuerdo del esfuerzo que hice para que todo saliera a la perfección. Al final, salió.
-En Boca, todo tiende a magnificarse. ¿El grueso de la prensa exageró al criticarte por una rachita de partidos sin goles?
-Yo respeto el trabajo de cada uno y, obviamente, lo entiendo. Nada más me quedó concentrarme en el día tras día, seguir trabajando, tratar de superarme y de sobreponerme a la situación. De a poco, cambié la racha, empezó a entrar la pelota y me encontré tranquilo conmigo mismo, y eso fue lo más importante. A la gente de Boca le voy a estar eternamente agradecido, por el cariño y el apoyo que me brindó. A mí no me tocó convertir en mis primeros partidos, me llovían las críticas, y la gente siempre me bancó. Por eso, le agradezco mucho. 
-Vos eras un 9 con gol hasta esta temporada. ¿Por qué nació el goleador?
-Hubo de todo un poco. El equipo me dio muchas oportunidades, creó un montón de situaciones de gol para que pudiera convertir, y, en lo individual, trabajé muchísimo para que eso sucediera. Por suerte, la pelota entró durante la mayoría del campeonato. Estoy contento por eso y por el rendimiento que el equipo tuvo. 
-¿Te sonó el despertador en Boca?
-Y no sé si me sonó el despertador o no (se ríe); por suerte, me tocó meter 21 goles en el campeonato… En lo personal, ser el goleador del torneo es un logro importantísimo porque no me lo imaginé; tampoco me imaginé pasar este momento grupal, y mucho menos con la camiseta de Boca. Así que estoy contento y disfrutándolo.
-¿La vida te encuentra en una etapa de madurez? Intuyo que habrá sido vital para construir tu notable rendimiento.
-Sí, creo que sí. A medida que pasa el tiempo, uno madura cada vez más y se perfecciona. Trato de seguir trabajando y mejorando, que es lo más importante.

Infalible: Derechazo fuerte y esquinado para poner a Boca ganador ante Independiente. Aquel fue su único gol de penal en el torneo.

-¿Esta, la que te vimos, es la mejor versión en tu carrera?

-Sí, sin dudas; esta es mi mejor versión, este es mi mejor momento. Es difícil vestir la camiseta de Boca y, en lo individual, nunca había metido tantos goles en un torneo. Haber logrado un título con Boca es único.
-¿Qué aprendiste, sea desde lo futbolístico o lo personal, en Boca?
-Todos los días aprendí cosas distintas, de todo un poco: cómo moverme adentro de la cancha… Te das cuenta de los errores que cometés y después los corregís mucho más fácil… Se aprenden un montón de cuestiones: tácticamente, la presión. El entrenador tiene un estilo de juego y, en base a eso, te enseña distintas cosas.
-¿Qué le incorporaste a tu juego en esta temporada?
-Mucha confianza, mucho juego en equipo, asociado, y mucha tranquilidad al momento de definir.
-¿Diste el salto de calidad?
-No sé si lo di; simplemente, me siento con muchísima confianza. El cuerpo técnico me ha dado muchísima confianza, y los compañeros aún más. El grupo se hizo fuerte adentro del vestuario, y eso después se notó en lo individual por la manera en la que jugamos durante todo el campeonato.

Otra rareza: su único gol de zurda en el campeonato, fue el 3-0 ante Independiente. ¿Cómo lo festejó? A puro baile con Centurión.

Boca protagonizó siempre; se impuso en cuatro de los cinco clásicos y lideró el torneo durante más de seis meses. Al final, la justicia existe en el fútbol. “Cuando este equipo ataca, mata”, resumió Guillermo Barros Schelotto, el entrenador. El campeón hizo del ancho de la cancha, de la profundidad, del vértigo, de las transiciones cortas, de la presión alta y del ataque directo un arte. No resulta casual que el equipo haya metido en los últimos cuatro partidos goles a raíz de la voracidad, de la intensidad y del ordenamiento escalonado en la presión alta. Tampoco es una casualidad que Benedetto haya convertido 19 de sus 21 goles en el torneo en la boca o adentro del área grande (solo dos fueron de larga distancia, uno a Quilmes y otro a Newell’s). Es tan cierto que Pipa estuvo fino como que sus compañeros lo alimentaron de maravilla. “El equipo hizo un esfuerzo importante para que yo sea el goleador”, acota. La catarata de goles del 9 desprende algunas curiosidades que detallamos a continuación.
- Metió 18 de derecha, 2 de cabeza y 1 de zurda (su segundo ante Independiente).
- Convirtió 3 solo una vez y en 25 minutos: frente a Quilmes, en la cuarta fecha.
- Metió 1 de penal (el primero ante Independiente). Además, denotó un repertorio de recursos variados para definir: lo hizo de taco, al picarla, al pegarle con violencia, al empujarla, al tirar sutilezas, al aprovechar un rebote, al cabecear. Fue un animal del gol.
- Se autogestionó. Fabricó 7; Quilmes, Rosario Central, San Lorenzo, Newell’s, Huracán, Olimpo y Unión sufrieron su ingenio.
- Destrabó el 0, abrió el resultado, en 13 de los 30 partidos que Boca disputó. Pipa Benedetto convirtió en 14.
- Clavó los 21 goles en 24 partidos como titular (jugó 25 en total).
- Pavón es el que más lo abasteció: 4 asistencias. Lo siguen Wilmar Barrios (3), Carlos Tevez (2), Nazareno Solís (2), Frank Fabra (1), Gino Peruzzi (1) y Junior Benítez (1). 
-Miralo a Barrios, Darío. ¿Sabías que el colombiano es el segundo que más veces te asistió? 
-No sabía que está tan arriba en la lista… Wilmar es otro jugador importantísimo que, en los últimos partidos, se ganó la titularidad indiscutida y el cariño de la gente.
-¿Pavón es tu mejor socio?
-Sí, porque fue el que me dio más asistencias. Después, todos los muchachos que jugaron fueron importantísimos en este campeonato logrado. Pero, si nos fijamos en lo personal, en lo individual, el que más me asistió es Cristian. Entonces, obviamente, el socio es Pavón.
-¿Cuáles son los tres goles tuyos que te encantaron?
-El segundo que le hice a Quilmes: le pegué desde afuera del área, desde larga distancia, y la puse bien arrinconada en un ángulo; fue un hermoso gol. Después, elijo el que le metí a Central porque vino de una presión mía: recuperé la pelota, me fui abajo del arco y se la piqué al arquero. Y el que le convertí a San Lorenzo por la jugada, porque estuvo buenísima, porque nos movimos muy bien: Carlitos Tevez me puso una pelota muy linda a la espalda de los defensores, y también la terminé picando.
-¿Combinaste potencia, definición y fantasía en la temporada?
-No sé si potencia (se ríe), y mucho menos fantasía… No tengo tanta fantasía. Sí, tuve la oportunidad, como dije antes, de meter muchos goles y estoy contento, más que nada, por lo grupal; porque conseguimos un objetivo que nos habíamos propuesto hace un año. Eso es lo más importante.
-¿Sos un goleador creativo?
-Sí, soy un goleador creativo, ¿por qué no? Me gusta tirarme a jugar, crearme mis propias situaciones o crearles situaciones a mis compañeros. Me gusta salir a jugar y no quedarme tan posicionado de 9. Pero, bueno, hubo partidos que me tocó hacerlo así y estar bien de 9. Yo juego en base a lo que el equipo necesite en cada partido.

El xenieze atraviesa su línea de tiempo. El hombre de 27 años –que nació el 17 de mayo de 1990 en La Plata, pero que se crió en El Pato–, heredó la sangre azul y amarilla a través de su familia. “Era imposible ser hincha de otro club. Me acuerdo de que mi familia se juntaba todos los domingos para comer asado y mirar a Boca”, dice. De chico, cuando iba a la Bombonera, se metía en la popular de La 12. Todavía se acuerda de aquella noche inolvidable –a pura neblina– ante Cúcuta, por la Copa Libertadores 2007, en la que no se veía nada. Apenas se podía espiar un poco.
Hizo su debut como profesional ante Boca el 9 de noviembre de 2008. Ingresó por Luciano Leguizamón a falta de un minuto para el final. Fue derrota de Arsenal por 1-0, con gol de Juan Román Riquelme, de tiro libre, sobre la hora. “Cuando terminó el partido, se me cruzó de todo por la cabeza. A mí me costó muchísimo; todo lo logré en base al sacrificio. Pensé en mi mamá y en lo que había vivido en El Pato cuando jugaba con mis amigos. En la cancha, yo miré a mis compañeros, pero también a la hinchada de Boca, a Riquelme, a Schiavi y a Clemente Rodríguez. Pasé de verlos por televisión a tenerlos ahí”, reveló en la edición de septiembre de 2016 de El Gráfico.
Frente a Boca, el 7 de diciembre de 2011, regresó a las canchas tras haber superado su peor lesión. Al promediar aquel año, se rompió el quinto metatarsiano y soportó cinco meses de inactividad. Después, en el Clausura 2012, se consagró campeón por primera vez. En la antesala al título, se enfrentó ante el club de sus amores en la Bombonera. Aquella vez fue triunfo de Arsenal por 3-0. Sin embargo, Pipa no convirtió. Dispuso de una chance, incluso calibró la mira para ajusticiar, pero la pelota no entró (nunca le hizo un gol a Boca).
Fanático de los tatuajes, pidió que le hicieran el escudo de su club y, por debajo, la inscripción “Esto es Boca”. Ocurrió en el 2015, mientras jugaba en el América, de México. Se lo tatuaron ese año por un motivo particular. “En el fútbol argentino, no te perdonan tener un escudo de otro club. Por eso, no me lo tatué antes”, argumenta.
Después de tres temporadas en México –en las que quemó redes al marcar 49 goles–, firmó con Boca en junio del año pasado. Sin embargo, la operación retorno resultó muchísimo más compleja de lo que se conoce en los medios. El hombre clave para destrabarla y efectivizarla fue Bocha Valeri. “Bocha, aparte de ser mi representante, es un amigo e hizo todo el esfuerzo posible para que yo vistiera la camiseta de Boca. Sabía de mis ganas por jugar en este club, y discutió con dirigentes del América; incluso Bocha tiene dos socios y hasta discutió con ellos, que no estaban tan convencidos de que yo volviera a la Argentina. Así que le estoy muy agradecido”, apunta.
Sus primeros pasos con la camiseta del lingote de oro en el pecho tuvieron más espinas que rosas. La primera imagen que asoma es la dolorosa eliminación ante Independiente del Valle, por las semifinales de la Copa Libertadores 2016. La segunda es el mar de críticas, en especial del grueso de la prensa, que se fumó mientras no convertía y se adaptaba a sus compañeros, al equipo y a la vida en el país. Sin miedo al ridículo, con el atrevimiento de un fundamentalista, trabajó para demostrar por qué Boca había invertido en él, para aprovechar la oportunidad en un club tan grande como monstruoso. La última imagen, la que quedará en la retina de todos, lo tiene como protagonista del póster. Pipa es campeón, goleador y héroe; elogiado por bosteros y por futboleros.
El festejo se inició en la intimidad del hotel Argos, en Bahía Blanca. Estuvo demasiado orientado hacia el clásico rival. Incluso, hubo futbolistas, Benedetto entre ellos, que salieron vestidos de fantasmas para celebrar con los hinchas. Era una locura, un carnaval, un fiestón popular azul y amarillo. Al día siguiente, horas previas al partido ante Olimpo, el 9 la siguió a través de su cuenta de Twitter (@PipaBenedetto), ya con un matiz más tenue. Ahí posteó dos fotos: una con Centurión y la otra con Insaurralde. Junto a Ricky, acompañaba una pregunta socarrona al lado de una copa: “¿No vale nada?”. Junto a Chaco, brotaba la felicidad entre los compañeros de habitación en las concentraciones, una dupla que se forjó desde la pretemporada.
Darío se dio el lujo de compartir la cancha durante esta temporada con dos monstruos, dos fuera de serie: Carlos Tevez y Fernando Gago. Incluso, soñaba con convertirse en el complemento que Carlitos necesitaba en la delantera. El deseo, sin embargo, se sostuvo apenas durante seis meses. Con el capitán Fernando, sintonizó de maravilla tanto adentro como afuera del campo de juego. “Se inventó que estábamos peleados. Somos conscientes de que quisieron perjudicarnos. Pero, adentro del vestuario, estábamos muy tranquilos en ese sentido; el grupo tiró para el mismo lado, todos sabíamos qué nos jugábamos. Realmente, con Fernando, tengo una excelente relación”, había adelantado el goleador en conferencia de prensa días después del empate ante Huracán. Es más, hasta reafirmó aquellas palabras en la cancha. En el triunfo frente Independiente, le pidió patear el penal a Gago y el 5 se lo cedió. En la victoria contra Aldosivi, ocurrió a la inversa. “¿Por qué no pateaste el penal? ¿Sos boludo o te hacés?”, le recriminó Gustavo Barros Schelotto, ayudante de Guillermo, después de haber dejado la cancha y de haberse sumado al banco de suplentes en Mar del Plata. “Por sobre todas las cosas, soy compañero. Fernando me lo pidió y ya está. No nos fijamos quién lo patea, tampoco nos vamos a pelear. A la larga, lo festejamos todos”, reconoció Pipa.
Uno de sus íntimos en el plantel xeneize, uno al que respaldó hasta en las situaciones personales más delicadas y adversas, es Ricardo Centurión. El heredero de la 10 y el 9 transformaron el compañerismo en una amistad inoxidable. Quizá se produjo por el gusto por la cumbia. Bueno, Benedetto tocó el timbal en el grupo “Los del Pato” hasta que lo subieron a la Reserva de Arsenal; incluso, si no hubiera sido futbolista, se habría dedicado a la música. Tal vez se dio por compartir una filosofía de vida similar, mismos códigos, un idéntico lenguaje, porque ambos son tipos que se hicieron de abajo, que supieron desarrollarse dentro del barro. “Tenemos una excelente relación por todo eso; porque los dos somos pibes de barrio y nos parecemos en cuanto al trato, a las risas, a los chistes, a las bromas; él es un poco más chico que yo, pero vivimos las mismas cosas”, agrega Pipa.

Nació el 17 de mayo de 1990, en La Plata. Tiene 27 años. Su pierna hábil es la derecha.

El tándem, entonces, funcionó en la cancha, y ni hablar afuera. La muestra pública surgió cuando Darío clavó el 3-0 ante Independiente, encarriló el campeonato y salió disparado a festejar con Centurión que lo veía desde la boca del túnel de la Bombonera. Ahí, ya cara a cara, pie a pie, ensayaron un bailecito con cierto ritmo, con aroma a cumbia.
-¿Centurión es un revulsivo adentro de la cancha?
-Creo que sí… Es un jugador importantísimo, muy desequilibrante, demasiado desequilibrante. Está más que claro que, en poquitos metros, gambetea fácilmente y genera chances de gol.
-¿Ricardo en qué favoreció a tu juego?
-Además de ser desequilibrante, me saca marcas y eso me favoreció muchísimo.
Pavón es otro que también me parece desequilibrante y me saca marcas. Los defensores se van encima del 9 por lo general, y, como decía, ellos me sacan muchas marcas. Porque los rivales no pueden descuidar a jugadores completísimos como son Ricky y Cristian. 
-¿Ya te agradeció por las dos asistencias exquisitas que le regalaste: una de taco frente a Quilmes y otra de tres dedos contra San Martín de San Juan?
-Sí, sí; siempre uno le agradece al otro cuando lo asiste. Ricky me agradeció. Igual, lo más importante fue que sirvieron para que el equipo haya ganado.
-¿Está bien afirmar que vos fuiste el más determinante en la temporada, y Centurión, el más desequilibrante?
-No lo sé… Creo que los tres de arriba, Cristian, Ricky y yo, fuimos determinantes y desequilibrantes.

Guillermo Barro Schelotto ya le habló al oído; le sugirió que no se fuera del club solo por dinero, le aconsejó que, si emigra, lo haga a un equipo de primera línea de Europa. Hasta el lunes 26 de junio, fecha en que se cerró esta edición, al 9 solo lo habían tentado desde la dadivosa MLS, la liga de los Estados Unidos. “Guillermo sabe muy bien lo que pretendo, cuál es mi idea; los dirigentes también. Fui claro. Ahora, toca disfrutar del momento, del campeonato, y descansar con la familia, porque nos volvimos demasiados locos durante el año”, explica.
Si su madre hubiera vivido su desarrollo y su esplendor futbolístico, saltaría de alegría y hasta se emocionaría. Alicia lo acompañó siempre de chico, cuando Pipa todavía era Darío; Alicia falleció de un paro cardiorrespiratorio cuando lo observaba jugar al fútbol en una final de los Juegos Nacionales Evita, en Berazategui. Alicia debe sonreír desde algún rincón; quizá esté desparramada entre las 66 estrellas que asoman en el cielo de la Bombonera. Porque uno de sus pibes la descosió y se transformó en la figura del fútbol argentino. 
-Si tuvieras a tu mamá enfrente, ¿qué le dirías?
-Ufff: qué no le diría. Al perder a mi mamá tan joven, a los 12 años, no pude disfrutar de muchísimas cosas; tampoco pude decirle muchísimas cosas. Por eso, qué no le diría… Por supuesto que la abrazaría y le repetiría que la amo mucho. Sé que debe estar feliz porque era bostera, igual que toda mi familia. Desde el cielo, debe disfrutar de este campeonato. Ella sabe muy bien que, parte de lo que es mi carrera, se lo debo por ser el pilar día tras día en mi vida.

Nivel selección
Diego Maradona lo elogió y reveló que, si fuera por él, ya lo habría llevado a la Selección. El notable nivel de Benedetto, sostenido durante la temporada (fue el más regular del campeón), amerita una revisión, un asterisco, al menos, en la consideración futura de Jorge Sampaoli, el seleccionador argentino. “No sé si me falta algo para jugar en la Selección. Yo sigo trabajando para mí, y, obviamente, si el día de mañana se da una convocatoria, bienvenida sea”, aseguró Pipa.

Por Dario Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de Julio de 2017 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 01/08/2017

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