¡HABLA MEMORIA!

Sangre, sudor y diamantes

- por Martín Mazur: 18/07/2017 -

Con grandes campeones que participan en sus 16 disciplinas, la Fórmula 1 del atletismo gana rating y fanáticos, en un año marcado por el Mundial que se disputará en Londres. Un periodista de El Gráfico pasó un día en la intimidad de la competencia insignia de la IAAF.

Akani Simbine sorprendió a los favoritos Asafa Powel y Justin Gatlin y ganó los 100 metros. Usain Bolt puede sumarse antes del Mundial.

“¿Sabe lo que me gusta de la Diamond League? La sensación de que no estamos más solos. El atleta se hace de a poco, con sus entrenadores, con sus amigos y su familia, con su país… pero el mundo recién nos ve competir mucho tiempo después, y durante segundos. Mientras tanto, el esfuerzo que hacemos se paga con un centímetro, o quizás dos. Cuando empieza esta temporada, también comienza un viaje. Sabemos que nos veremos en alguna ciudad o en otra. Y que ya no estaremos más solos, porque la competencia se ve en todo el mundo, como por ejemplo, en su país”, cuenta Mutaz Essa Barshim, estrella del salto en alto, en la futurista sala de conferencias del Comité Olímpico de Qatar. A días del inicio de la temporada de atletismo, el aeropuerto de Doha puede dar fe.
A medida que se aproxima el inicio de la Diamond League 2017, la competencia organizada por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) va tomando color. Las filas en migraciones ya no son solamente de grandes contingentes de trabajadores nepaleses, indios y bengalíes, sino que también aparecen los etíopes, keniatas, jamaiquinos preparados para competir. Sucederá todo en una noche, en una noche con una temperatura cerca de los 35 grados.
La Diamond League reúne a los mejores atletas a lo largo de todo el año: son 14 jornadas en total, en distintas partes del mundo, en un circuito muy parecido al circo de la Fórmula 1. Se corre con frío y con calor, con lluvia, viento y humedad. Los ganadores van sumando puntos. Hay distintas estrategias para llegar a tope al momento definitorio, las dos pruebas finales. Pero el espíritu olímpico que uno imagina no sólo es fraternal. También hay rivalidades, dentro y fuera de las pistas. Algunas de ellas, muy grandes.
“No me interesa a quién tengo al lado. Cuando corro, lo único que hago es competir contra mí misma”, dice Elaine Thompson, la corredora estrella de Jamaica, en la zona mixta luego de una tensa conferencia de prensa en un centro comercial en el centro de Doha. A su lado se había sentado la holandesa y rival Dafne Schippers, a quien ni siquiera miró. El clima se parecía mucho más al de la previa de un combate de pesos pesado, y no al de una competencia de atletismo. “No estoy acostumbrada a tener este tipo de fricción en este deporte, nunca me había pasado, pero a mí tampoco me interesa nada más que correr por mi andarivel, sin mirar a los costados. Lo único que quiero es ser la mejor, y sé que lo soy”, respondió Schippers, sin esquivar las chispas. La rivalidad entre ambas en los 200 metros llegó a límites insospechados, con victorias repartidas: Schippers venció en el Mundial de Beijing en 2015 y en los dos mano a mano de la Diamond League durante 2016, pero Thompson se quedó con la medalla de oro en los Juegos de Río. Al final, la prueba quedará en manos de Thompson, pero Schippers, la segunda, será también la primera en acercarse. El saludo de cortesía se esfumará al instante. “Tuvo un sprint muy bueno y me di cuenta de que no tenía sentido, que ya me había ganado”, explicaría Schippers después, como encogiéndose de hombros hasta la próxima batalla.

Demoledora. La campeona olímpica Caster Semenya se impone sobre Margaret Wambui en los 800 femeninos.

Las disciplinas de la Diamond League, 16 en total, se reparten a lo largo del calendario. Son 9 para los varones y 6 para las mujeres, durante las 14 citas anuales, todas ellas, con transmisión en vivo por TyC Sports y los comentarios de Gonzalo Bonadeo. La de Doha es la primera del año, y las expectativas son variadas.
Por ejemplo, por un lado está la etíope Genzebe Dibaba, que tras especializarse en los 5000 metros bajó a los 1500 (plata en Río) y ahora incursionó en los 800, para toparse con la favorita, Caster Semenya. “Me gusta cuando aparece alguien a quien no conozco en términos de rival, porque claramente a Dibaba la identifico como una corredora de larga distancia. Pero es lo bueno de la competencia: testearse y ver”, desafió Semenya, quien se quedó con la prueba casi sin transpirar. Detrás suyo apareció Margaret Wambui, keniata de 21 años, con otro físico masculino. Tanto Semenya como Wambui tuvieron que soportar rumores y exámenes respecto de su sexo.
Pero también aparecen hombres experimentados como Asafa Powell, quien a sus 34 años, llega con el objetivo de sumar 100 competiciones por debajo de los 10 segundos. Hasta el cierre de la temporada 2016, tenía 98. “Este es un año muy importante, con el Mundial, y competiré en algunas de las citas en Diamond League con vistas a Londres, y también a entrar en las 100. Pero oficialmente, después de no sentirme bien en Bahamas, la considero la primera carrera de la temporada”, explicaba el jamaiquino, quien no pudo quedarse con la prueba de los 100 metros ni tampoco bajar los 10 segundos. “Así son las cosas, ahora hay que seguir pensando en lo que viene”, dirá sin más una vez terminada la prueba más esperada, que quedó en manos del sudafricano Akani Simbine (9,99), que dejó a Powell segundo (10,08) y que tuvo a una bandera local en el tercer lugar: por encima de los favoritos Justin Gatlin y Andre de Grasse se entremezcló Femi Ogunode (10,13). Con algo de viento en contra, casi todos tenían en claro que no iba a ser una noche de récords ni de grandes marcas personales en las pruebas de velocidad.

Para los lanzadores de jabalina, la situación era más favorable: el viento, en lugar de jugar contra ellos, jugaba a favor, ya que tiraban desde uno de los arcos rumbo a la mitad de la cancha, en sentido contrario al de las carreras. Y Thomas Röhler, el campeón olímpico de Alemania, logró lanzar 93,9 metros, récord nacional, récord de Diamond League (el anterior, 90,13 había sido establecido en 2006) y sorpresa personal. En los Juegos de Río, para el oro le había alcanzado con 90,30. “Lo que pasó es que hice un lanzamiento demasiado bueno”, se ríe su compatriota Johannes Vetter en la zona mixta. “Y con eso lo obligué a que diera lo mejor. Si no, aquí no habría habido récord”. Vetter está en lo cierto: Röhler había empezado con 82,8, hasta que Vetter clavó un 89,68. En el cuarto lanzamiento, Röhler llegó a la cima. “Ahora viene el momento de seguir entrenándome y tomando las decisiones justas, porque en agosto está el Mundial. Pero por supuesto que me gustaría batir los 98,48 metros del récord mundial de Jan Zelezny”, dice Röhler.
Además de banderas locales y muchos neutrales hinchas de Jamaica, en las tribunas se ve un nutrido grupo de hinchas de Etiopía. Pero su canto no es el de una hinchada: “Renuncien, renuncien!”, gritan los etíopes, y por cierto no están hablando a los atletas que forman parte de la competición. “Estamos tratando de hacer lo que Feyissa Iellisa, nuestra medallista de plata en Río, hizo en Brasil: debe saberse que hay una crisis en Etiopía y que hay un genocidio a nuestro pueblo, los oromo, la mayoría de la población, por parte del partido gobernante”, explica Kassin Solomon, uno de los activistas. “Mucha de la gente que huyó del país está refugiada aquí en Qatar. La situación es terrible”, añade. El país vive en estado de excepción desde hace 10 meses, cuando las protestas callejeras llevaron a declarar la emergencia. De los siete participantes de Etiopía, cuatro son de la comunidad oromo.

Sin la serbia Ivana Spanovic, quien no logró llegar en forma para participar, el salto con garrocha quedaba con Ekaterini Stefanidi y la cubana Yaresley Silva como grandes candidatas. Se terminó imponiendo la griega, campeona olímpica en Río de Janeiro. Hasta ahí, ninguna sorpresa. Pero la charla al terminar el evento sí provoca conmoción: “Es hora de que lo reconozca: le tengo miedo a las alturas”, cuenta la griega sin que se le escape siquiera una sonrisa. La mujer que acaba de saltar 4,80 metros de altura, elevándose y cayendo sin problemas, asegura que no puede tolerar subirse al segundo escalón de una escalera. “Mi marido trabaja en la construcción y yo tengo esas escaleras por toda la casa. Y más del segundo escalón es difícil para mí, me da vértigo. Volar con la garrocha siempre fue distinto, porque tengo el control y porque lo hago desde que tengo 10 años. Pero estar parada en un lugar alto provoca en mí un miedo irracional. Lo estoy superando, pero de a poco. Ya llegué al quinto escalón”, admite. En casa de herrero…
@fotoI@Mientras Stefanidi rozaba los 5 metros sin problemas, Barshim, niño mimado y apoyado por las seis mil personas que se hicieron presentes en el estadio, se quedaba sin problemas con el primer puesto de su disciplina, el salto en alto, 5 centímetros por encima de su perseguidor. Una vez consumada la victoria, correrá envuelto en la bandera de Qatar, con el privilegio de ser uno de los pocos atletas de renombre nacidos allí. Qatar tiene apenas 300.000 ciudadanos y unos 3 millones de trabajadores. Para los Juegos de Río, 23 de los 38 integrantes del plantel olímpico habían nacido fuera del país. Academias dedicadas a los atletas locales, como la Aspire, intentan que el número de talento local crezca sin pausa. Nombres como el de Mariam Farid, una corredora de 19 años, son una novedad para romper barreras de siglos en cuanto a inserción de las mujeres en el deporte y en la vida cotidiana. “Estoy para demostrar que las mujeres qataríes podemos competir y destacarnos, no sólo aquí, sino en el mundo. Usar hijab en la cabeza no nos hace distintas al resto”, declaró Farid, quien terminó quinta en la prueba preliminar de 100 metros, con 8 mujeres qataríes en acción. Toda una auténtica y saludable novedad. 
“Sabemos que esta es la competencia atlética más importante en Medio Oriente. Y nos estamos preparando para el Mundial de 2019”, cuenta Thani Al-Kuwari, presidente de la federación atlética de Qatar. Fue él quien intentó tener a Usain Bolt en la apertura de la Diamond League, pero no hubo caso. “Hemos tenido conversaciones, pero su entrenador consideró que era demasiado pronto para una temporada que será muy larga e intensa”, destacó Al-Kuwari.
Así y todo, 16 campeones olímpicos o del mundo y 44 medallistas globales estuvieron presentes en la Diamond League de Doha. Para competir y para medirse contra sus rivales y sus propios fantasmas. Para crecer y para mejorar. Los diamantes se hacen bajo presión extrema. Y los atletas, también.

Por Martín Mazur, desde Doha, Qatar /fotos: AFP

Nota publicada en la edición de Junio de 2017 de El Gráfico

Por Martín Mazur: 18/07/2017

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