ENTREVISTAS

Leonardo Mainoldi volvió para ganar

- por Martín Estévez: 11/07/2017 -

Se fue del país a los 17 años, pero nunca se alejó de la Selección. Regresó a los 29 y, en su debut en la Liga Nacional, fue campeón. Después del sueño olímpico, busca otro título con San Martín de Corrientes.

Se sumó a San Martín en esta temporada y el equipo fue uno de los dos mejores de la fase regular.

Desde su debut en la Selección, en el Sudamericano 2006, Leo Mainoldi jugó numerosos torneos con la celeste y blanca: Panamericanos 2007, Sudamericano 2008, Premundial 2009, Sudamericano 2010, Premundial 2013, Preolímpico 2015, Sudamericano 2016… Pero ser parte de la más luminosa generación de basquetbolistas argentinos tiene su lado malo: en un plantel de 12, no hay lugar para todos. Por eso, el santafesino se quedaba siempre afuera de los principales torneos: Mundial 2006, 2010 y 2014; Juegos Olímpicos 2008 y 2012. Diez años de esfuerzo tuvieron sentido cuando Sergio Hernández dio la lista para competir en Río de Janeiro 2016. “Mainoldi, Leonardo”. Ahí estaba, por fin.
“No lo podía creer. Hasta el día de la citación, no tenía certezas de que iba a estar –recuerda Leo–. Hay que partir de la base de que representar a tu país es algo único, no se compara con jugar para un equipo. Es algo increíble, difícil de expresar con palabras. Estar tan cerca de un Mundial o un Juego Olímpico y quedarte afuera duele, pero no molesta, porque veía a los jugadores que iban y entendía la decisión. Yo estoy agradecido por cada chance que he tenido, todos fueron importantes para mí: Sudamericanos, Preolímpicos, Premundiales. Soy consciente de que esta es una camada histórica, que le dio mucho al básquet y se lo sigue dando. Hasta compartir entrenamientos con ellos es lindo. Sería muy egoísta enojarse por quedarse afuera”.
-¿Tenés algún recuerdo especial de los Juegos de Río 2016?
-Fue la frutilla del postre, algo único, increíble, y con el plus de los jugadores que tuve al lado y con los que conviví. El retiro de Manu, de Chapu Nocioni, que Carlitos Delfino haya vuelto a jugar… Son cosas históricas que les voy a contar a mis hijos, fotos que voy a guardar, es algo que valoro muchísimo. En cuanto a los partidos, además del triple de Nocioni, me quedo con el rebote de Facu Campazzo, también contra Brasil: el más chiquito saltando entre los grandotes fue un símbolo del esfuerzo de todos. Lo que se vivió en el vestuario, la alegría que había… Me acuerdo de todo. Es muy difícil explicar todo lo que vivimos.


Pese a su altura (2.02 metros) su fuerte son los tiros externos.

EL CAMINO INVERSO
Claro que antes de “la frutilla del postre” hubo una larga historia que se inició en Cañada de Gómez el 4 de marzo de 1985, siguió en España entre 2002 y 2014, y continúa en la Argentina hasta la actualidad. Atípico caso el de Mainoldi: a diferencia de la mayoría de los basquetbolistas locales, que se forman en la Liga Nacional y, ya maduros, intentan llegar a Europa, él se formó como jugador en el Valencia español y recién debutó en su país a los 29 años.
-¿Qué recuerdos tenés de tu infancia?
-Hacía mucho deporte, igual que la mayoría de mis amigos. Como mi hermano Carlos jugaba, empecé en el básquet; y después, cuando fui a tres o cuatro prácticas de fútbol, me di cuenta de que no me sentía a gusto, no me atraía tanto. Así que a los 5, 6 años ya estaba jugando al básquet en clubes: Everton (que después se convirtió en ADEO), Sport Club, Sarmiento… Con mis amigos íbamos cambiando, he jugado en todos los clubes de Cañada y también en Carcarañá, que queda a 25 kilómetros. Tengo recuerdos muy lindos de mis amistades, las reuniones familiares, de comer en el club…
-¿Con quién vivías?
-Con mis padres (Graciela y Carlos) y mi hermano, que jugó muchos años en la Liga Nacional y en Italia. Los cuatro siempre estuvimos muy unidos. Aunque mi padre trabajaba mucho, cada vez que podían viajaban a vernos jugar, han estado cerca, nos han apoyado en todo. El momento más importante fue cuando me dejaron ir a España: yo tenía 17 años y no fue nada fácil para ellos, pero lo aceptaron porque era algo que yo quería y porque la oportunidad podía ser única. Ahora que volví al país, voy más seguido a verlos o viajan ellos para verme a mí, porque mi padre está jubilado y tiene más tiempo libre. Me fueron a ver contra Boca en Buenos Aires, en Junín, en Córdoba… Además les gusta el básquet, así que son de seguirme mucho.
-A tu hermano lo seguís teniendo cerca, porque es tu representante.
-Sí, él había comenzado a ser agente algunos años antes, y cuando volví a la Argentina, no tuve dudas de pedirle que trabajáramos juntos. Siempre fue un apoyo importante en mi carrera, en la toma de decisiones, así que nadie mejor que él para ocupar ese lugar. Mi hermano fue un ejemplo para mí, siempre traté de parecerme a él.
-¿Jugaban uno contra uno en tu casa, o solo en el club?
-No, más que nada en el club. Vivíamos en un departamento, así que era complicado (risas). Igual, poníamos un macetero como aro, y jugábamos con una pelota chiquita en el pasillito de la cocina. Pero hacíamos vida de club, algo que en los últimos años se perdió. Ahora los chicos pasan más tiempo en la calle, estaría bueno que eso cambie.
-¿Qué entrenadores marcaron tu carrera?
-Muchos. Puedo nombrar a Alejandro Cupulutti, que lo tuve en Carcarañá. También a Hugo Cremona, a muchos… Cada vez que veo a Alejandro o a Hugo nos ponemos a hablar de aquellos momentos. Ellos siempre se pusieron contentos con mis logros. Por suerte, hoy siguen ligados al básquet.
-¿Cómo apareció la chance de irte a jugar a España a los 17 años?
-Durante una preselección. Eduardo Pascual, dirigente de Valencia, estaba en Buenos Aires y preguntó por varios jugadores. Yo era el único que no formaba parte de un equipo de liga, así que me ofreció un contrato de tres años. Fue una decisión importante de la que no me arrepiento, fueron tres años increíbles y los primeros pasos fuera de mi casa. La primera semana me acompañó mi papá, pero cuando él se fue, hubo momentos en los que me sentí mal. De estar todo el tiempo con amigos y familia pasé a no tener nada. Fueron semanas duras, pero por suerte aguanté y no pegué la vuelta.
-¿Pudiste terminar el colegio?
-Lo terminé a distancia. Estudiaba allá y, en los recesos, volvía y rendía las materias. Cuarto y quinto año los hice así. La secundaria era una de las cosas que no quería perder, porque aunque quería vivir del básquet, nunca se sabe lo que puede pasar.
-En España jugaste en juveniles, en Cuarta División, en Tercera, en Segunda y en Primera. ¿Eso ayudó a que te formaras mejor, o fue tiempo perdido?
-Me sirvió para darme cuenta de lo difícil que era progresar. Cuando llegué a Primera, en la Liga ACB, dije: “Después de tanto sacrificio, lo conseguí”. Y quise quedarme, porque después de la NBA es una de las mejores ligas del mundo. Antes de retirarme, me gustaría volver a jugar en España.
-Extrañamente, debutaste en la ACB en tu primer año allá. ¿Cómo fue?
-Fue increíble. Yo tenía 17 o 18 años, justo había varios lesionados y, como entrenaba con el equipo principal, me citaron para completar el plantel. Obviamente no estaba preparado, pero igual entré algunos segundos. ¡Tenía cada monstruo al lado!

El numero 19. Promedio 13 puntos por juego en la fase regular.

-¿Llegaste a tocar la pelota?

-Sí, creo que sí, ¡pero quería que terminara el partido! (risas). Lo disfruté, pero tenía muchos nervios. Me sirvió como un premio y una motivación para seguir trabajando.
-Cuando jugabas en la LEB Plata (Tercera), con el Burgos, fuiste importante para conseguir el ascenso a la LEB Oro en 2006. ¿Qué relevancia le das a ese logro?
-Lo valoré muchísimo en ese momento y también ahora. Tal vez en los últimos años la LEB Oro perdió un poco de fuerza, pero en esos años era un torneo muy importante, y la ciudad valoró mucho llegar ahí.
Mainoldi salto de equipo en equipo (Valencia y sus filiales, Burgos, Lleida) hasta que en 2008 llegó a Fuenlabrada, donde jugaría durante cinco años y se convertiría en el tercer jugador con más partidos en la historia del club (177). “El entrenador me había pedido y confiaba en mí, eso ayudó al principio. A esa altura, yo me sentía con confianza, maduro, pero nunca pensé en todo lo que pasaría después. Cuando me llegó la opción de irme al Baskonia, en 2013, la tomé porque era una gran chance para seguir creciendo, pero siempre le voy a estar agradecido a Fuenlabrada”.
-En España dominan Real Madrid y Barcelona (ganaron 51 de las 60 ligas). ¿Al final te acostumbrás a jugar por el tercer puesto o termina siendo frustrante?
-La afición sabe que, por una cuestión de presupuesto, la lucha no es por ser campeones, sino por salvarse del descenso y, después, terminar lo más arriba posible. Al Barcelona o al Real se le intenta ganar de local, para disfrutarlo, pero se sabe que los rivales no son ellos, sino todos los demás.
-En 2015, ¿volviste a la Argentina por falta de ofertas de afuera, o porque tenías ganas de jugar acá alguna vez?
-Un poco de todo. Al principio, quería seguir en España y decidí esperar una buena oferta, pero fue pasando el tiempo, estuve siete meses parado y sentí el deseo de jugar. Durante las primeras semanas, el descanso me sirvió, porque en mi carrera nunca había parado mucho, así que me vino bien despejar la cabeza. Pero después quería sumarme a un grupo, jugar. Había aparecido una posibilidad en Gimnasia de Comodoro y preferí esperar, pero cuando surgió lo de Quimsa ya estaba ansioso por volver, me gustó el proyecto y acepté. Fueron cuatro meses muy buenos y fuimos campeones, así que no me puedo arrepentir.
-¿Qué lugar ocupó ese título con Quimsa en tu carrera?
-Después de los logros con la Selección, como el subcampeonato en el Preolímpico 2015 o la Copa Stankovic, es uno de los más importantes, porque la Liga Nacional no es para nada fácil. No sé si en algún momento podré salir campeón de nuevo, así que lo valoro muchísimo.
-¿Te gusta que San Martín de Corrientes haya sido candidado al título durante toda la temporada, o preferías llegar a los playoffs con perfil más bajo?
-En realidad, lo que se diga no cambia el trabajo que tiene que hacer el equipo. Lo importante era llegar fuertes al inicio de los playoffs, y lo logramos. Si somos favoritos, es porque hicimos bien las cosas.
-¿Qué cambiarías y qué mantendrías de la estructura de la Liga Nacional?
-Este año quedó claro que es difícil jugar con muchos extranjeros en un equipo. Hay algunos que le dan jerarquía a la liga pero, cuando son demasiados, se achica la posibilidad de formar nuevos jugadores. En cuanto a lo bueno, la liga se ha hecho más vistosa en el exterior, por ejemplo, con el regreso de Carlos (Delfino). Eso me parece muy positivo.
-En la Argentina te teníamos catalogado como un muy buen tirador externo, pero volviste con un juego interno más trabajado. ¿Sentís lo mismo o siempre jugaste parecido?
-Yo tengo mi virtud, mi arma, que es el tiro de tres. Pero fui consciente de que tenía que sumar cosas: no intentar hacer todo bien, porque es imposible, pero sumarle al tiro abierto algunas cositas, como rebotear un poco más. Es algo que me cuesta, pero a veces sale bien y hay que aprovecharlo.
-La técnica de tiro, ¿es posible enseñarla o cada jugador tiene que mecanizar la suya hasta darle mayor eficacia?
-Se puede hablar de cómo debería ser la técnica, pero creo que cada uno trae una forma de tirar desde chico. Con ese tiro nos sentimos cómodos y, cuando intentamos cambiarlo, es difícil que funcione. En Europa se intenta mucho modificarlo, pero cuando un jugador encuentra una forma cómoda de tirar, no tiene que dejarla.
-La Generación Dorada, además de resultados, consiguió resolver sus diferencias internas sin ventilarlas, dando imagen de coherencia. ¿Cómo se logró?
-En el tiempo que he estado, y en las reuniones en las que he estado, no he visto grandes conflictos. Siempre se habla de temas deportivos. Hubo muchas estrellas, pero todos siempre dejaron el egoísmo para ayudar el equipo. Hemos ido todos por el mismo camino, y ellos han enseñado que lo primero es el bien común. Eso los ha hecho grandes. Ojalá que las camadas que vengan no pierdan esa esencia.
-¿Qué objetivos le quedan a tu carrera?
-Jugar un Mundial es algo que siempre tuve ahí, sería algo espectacular. También me gustaría volver a Europa, a mi mujer, Verónica, le gustó mucho la vida en España. Después del básquet no sé qué haré, hoy no me imagino como entrenador. Me gustaría ayudar a difundir el básquet en Santa Fe, pero todavía me quedan algunos años de carrera, ojalá que pueda jugar mucho más. Cuando deje de disfrutar, me retiraré, pero todavía me encanta jugar al básquet.

Le dicen "coco" porque era el apodo de su hermano mayor, que también jugó al básquet.

Pequeñas confesiones
• “Mis hijos, Pía y Renato, son la alegría de la casa. Y mi mujer, Verónica, es un gran sostén, siempre me siguió a todos lados”.
• “Ahora que Pía es más grande (tiene 7 años) quisiera cambiar menos de ciudad, para que tenga su grupo de amigos y su colegio”.
• “¿Algo que me perdí por el básquet? ¡Ir a una despedida de soltero! Con mis amigos vimos una película que se llama así y planeábamos hacer una, pero nunca pudimos”.
• “Soy hincha de Newell’s y me encantaría que vuelva Messi, aunque sea a los 35 años”.
• “Me vuelve loco el desorden, me saca. No soporto ver cosas tiradas. Tampoco dejar platos sucios: no puedo dormirme sin antes lavarlos. Tiene que estar todo ordenado”.

Por Martín Estevez / Fotos: Emiliano Lasalvia.

Nota publicada en la edición de Junio de 2017 de El Gráfico

Por Martín Estévez: 11/07/2017

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