Notas de la revista

Santiago Ascacibar, el cinco del futuro

El capitán de la Sub 20, que es el sostén del mediocampo de Estudiantes, cuenta aquello que se desconoce sobre su vida. Habla, además, sobre cómo es amar a Maradona a través de YouTube, su estilo de juego y qué mira cuando observa fútbol. Verón, Mascherano y el Pincha, y el deseo de ser campeón del mundo juvenil este mes.

Fue olímpico en el 2016 y compitió en el Sudamericano Sub 20 2017. Este mes, afrontará el Mundial Sub20.

QUE LUJO le deparó la vida al pibe. Santiago Ascacibar, que deslumbra en apenas un año y tres meses en Primera y que capitanea a la Selección Sub 20, disputa su segundo partido por la Libertadores, copa tan mítica como inmaculada para la historia del Pincha. Pero ese no es el detalle para destacar. Tampoco que lo juega en La Plata, delante de su gente. El dato saliente es otro: se reparte la mitad de la cancha con Juan Sebastián Verón, un mito viviente del fútbol argentino, el presidente y el ídolo de Estudiantes.
El Rusito, apodo que se ligó desde chico por su pelo rubio, reconoce que no vio videos en YouTube de la dupla Braña-Verón, que hizo un canto del mediocampo en el León. “Los veo acá, en el Country de City Bell; los movimientos de ellos son de diez, se entienden clarito. Al mirarlos, trato de crecer junto a ellos –admite–. En ese sentido, me entiendo bárbaro con Bautista Cascini (el hijo de Raúl). Jugamos juntos desde los ocho años. Desde Novena, lo hacemos de doble 5; subimos juntos a Reserva y ahora compartimos el plantel de Primera. Nos conocemos mucho, como les debe pasar al Chapu y a Sebastián”.

-“Podría jugar en la Selección o en el Madrid y no le pesaría”, afirmó Verón sobre vos. ¿Exageró o no?
-No lo sé, no me quiero meter en esa. Me da vergüenza hablar sobre mí.

-“Individualiza los momentos del juego, maneja los dos perfiles y hasta puede gambetear”, la siguió Verón. ¿Todo eso es real?
-Sí, solo hay que animarse a hacerlo.

-¿Quién es Verón para vos: un compañero, un referente, el presidente del club?
-Es un compañero y un referente.

-¿Qué enseñanza te dejó?
-Me abrió la cabeza para que terminara el colegio. Mi papá –Javier– me insistía, pero Sebastián me entró por otro lado: “¿Qué vas a hacer cuando te toque irte a afuera? Mirá que haber estudiado te va a servir para el fútbol, te va a abrir los ojos”. Cuando me lo dijo, yo estaba en inferiores y lo vi bien. Entonces, terminé en la secundaria del club.

-¿Qué conocimientos futbolísticos te transmitió?
-Me enseñó a mejorar el pelotazo largo; lo entrenamos juntos. Me aconsejó cómo patear, qué tengo que buscar y qué debo mirar del movimiento de los rivales. Está bueno intercambiar conceptos con él; es un tipo con mucha experiencia y siempre trata de ayudarte.

-Se dice que tenés el ADN de Estudiantes. ¿Podrías explicar qué es?
-Estudiantes es un club con mística. El ADN es la humildad, el sacrificio y el respeto que uno debe tener adentro y afuera de la cancha. Cuando dicen que lo tengo, me hacen sentir bien.

-Te gusta la historia. ¿Qué sabés sobre el pasado del Pincha?
-Conozco bastante; me encanta charlar con la gente que lo ha ganado todo en el club: Juan Ramón Verón, Cacho Malbernat, el Bocha Flores, Poletti. Las historias que cuentan son buenísimas y distintas a lo que pasa en la actualidad. Ellos se concentraban tres meses en el Country de City Bell para intentar mejorar la pelota parada, entre otras cosas. Zubeldía era el técnico, y se entrenaban en doble turno, inusual para esa época. Además, salían a pescar y a cazar por acá, por el Country. Imaginate que cuando salieron campeones del mundo en el 68, habían viajado solo 17 jugadores. Hoy, es imposible, impensado que pase todo eso.

Maneja los dos perfiles y es recuperador y pasador. Tiene 20 años y un futuro bárbaro.

-Conocer la historia y la idiosincrasia del club, ¿qué le aporta al futbolista?
-Es una ayuda extra para conocer el entorno. Es importante, porque genera un compromiso del jugador hacia el club, y viceversa.

-¿Conversaste sobre fútbol con Alejandro Sabella?
-No, no tuve la oportunidad de hablar mano a mano con él. Solo vino a dar una charla al colegio de Estudiantes. Cuando lo escuché, me sorprendió el bocho que tiene.

-En nuestra sociedad, los medios y la gente suelen endulzar al futbolista que anda bien y hasta lo tildan de famoso. ¿Ya te hicieron creer lo que no sos?
-No, no; es difícil que me lo hagan creer, me doy cuenta enseguida quién me quiere hacer sentir así. Sé quién soy, de dónde vengo. El día que me quieran hacer creer que soy famoso, voy a saber que no es verdad.

-¿Cómo te abstraés de la gratitud que ya generás en los hinchas de Estudiantes? 
-Estoy tranquilo y tengo los pies sobre la tierra. Repito: sé quién soy, de dónde vengo. Soy un ser humano, una persona, común y corriente.

ASCACIBAR NO MIENTE. Tiene tan claro quién es y de dónde viene que no precisa que su familia le baje decibeles. El adulto, que nació el 25 de febrero de 1997 en La Plata, se expresa y se desenvuelve como si sus 20 años fueran cuento. Le gusta la preparación física y la antropología. De hecho, se anotó para estudiar la segunda en la Universidad de La Plata, pero nunca comenzó por los tiempos que le demanda el fútbol profesional. No es amigo de las redes sociales: ni se creó una cuenta en Twitter ni en Instagram. Apenas, una en Facebook. Utiliza poco el teléfono celular y disfruta de jugar a la PlayStation y de la pesca. Ahora, lee más sobre fútbol y liderazgo que sobre historia. El último libro que le copó es la autobiografía de Martín Palermo.
Se muestra educado y disciplinado. A la hora pautada, con puntualidad suiza, está listo para la producción. Al principio de la charla, producto de su timidez, responde corto. Luego, se soltará. Sin embargo, hay un denominador que no varía: sus frases tienen contenido y fundamentos. 

-¿Qué cosa pocos saben sobre vos?
-Soy bastante impaciente. Creo que lo disimulo bien. Pero no puedo esperar, me causa molestia. Igualmente, en el club, trato de dejarlo de lado.

-¿Qué no se negocia?
-El amor por lo que uno hace. Eso no tiene precio.

-¿A qué le tenés miedo?
-A cruzar una barrera y no saber qué hay por delante en la vida; a pasar por una situación difícil de vida.

-¿Qué te sensibiliza?
-Ver tristes a mi mamá, Mariana, y a mi abuela, Mela.

-¿Qué te inspira?
-Las ganas, ese entusiasmo y ese disfrute por el fútbol. Hago esto por amor, sin que nadie me diga nada.

-¿Quién es tu guía?
-Mi papá, Javier, que me formó como persona. Lo que soy como hombre y lo que proyecto ser se los debo a él.

-¿Qué valores te inculcaron tus padres?
-El respeto. Cuando era chico, quería llevarme el mundo por delante y ellos estaban ahí para que eso no pasara. Después, me transmitieron valores vinculados a lo sentimental. Porque hay que ayudar al otro.

-Es sabida la historia: ustedes, los Ascacibar, les dieron techo y contención a dos amigos y compañeros tuyos de inferiores que vivían en la pensión. Para los que la ven desde afuera, ¿es difícil de entender?
-Sí; primero, surgió un vínculo con Rodrigo Marinelli. Pasaba mucho tiempo en casa y, cuando lo dejaron sin la pensión en el club, mis viejos me dieron el aval para que se viniera a vivir a casa. Después, se dio una situación similar con Emmanuel Sosa: había química, buena onda, y mis papás también le abrieron las puertas.  Hoy, que soy más grande, lo entiendo. El corazón debe ser generoso para ayudar y apoyar al prójimo. 

-Son siete varones: tus cuatro hermanos, Marinelli, Sosa y vos. ¿Todos tienen las mismas responsabilidades en tu casa?
-Sí; todos tenemos las mismas obligaciones: cocinar, lavar, juntar la mesa, hacer los mandados. También, todos nos comemos los retos de mis papás. En casa, nadie se salva; no hay ningún distinto.

-¿Quién es el mejor pescador?
-Mi viejo saca una ventaja por la experiencia, pero mi hermano Julián es muy bueno.

-¿Quién manda en la PlayStation?
-Uh: está peleado. Los tres del podio somos Rodrigo, mi hermano Mariano y yo.

-Cuando ellos se elijen a Estudiantes, ¿te ponen?
-Sí; encima, no me sacan. Eso es bueno.

-¿Sos mejor en la realidad o en la realidad virtual?
-Depende de quién lo maneje (se ríe). Por suerte, en la cancha, decido yo.

-¿Jugar al FIFA o al PES en la Play colabora con el futbolista para entender aún más los conceptos tácticos?
-Jugar a la Play parece tonto, pero los movimientos son similares a la realidad, en especial cuando los jugadores entran y salen. A veces, trato de copiar esas cosas. Al margen de que miro fútbol, la Play también ayuda.

-¿Qué observás cuando mirás fútbol?
-Me fijo en los detalles y no en lo táctico en general. Elijo a un jugador, según el partido del fútbol argentino, y lo sigo. Miro cómo son sus controles orientados, qué apoyos y qué gestos técnicos tiene, cómo descarga, cómo resuelve de espalda, cómo es su manera de jugar. Esto también me sirve para cuando lo enfrente. Igualmente, miro 10 o 15 minutos del partido, me paro, me doy una vueltita, me tomo unos mates y me vuelvo a ver otros 10 o 15 minutos. Es difícil que me vea un partido entero, excepto el de Estudiantes. De todas maneras, a nuestro partido lo voy adelantando porque no me aguanto.

Desmiente que ya esté vendido al exterior. Santiago es feliz en Estudiantes.

-¿Qué líderes te despertaron interés?
-Diego Maradona y Javier Mascherano. Maradona es un gran líder del fútbol argentino; a Mascherano lo seguí desde chico.

-¿Qué gestos te conmovieron de ellos?
-Mascherano tiene entrega, sacrificio y el deseo de hacer siempre lo mejor. Hasta deja todo lo que se puede adentro de la cancha. Lo admiré, quizás por la posición en la que yo juego. Y a Maradona, por todo lo que le brindó al fútbol. Creo que está de más explicarlo.

-¿Cómo es amar a Diego a través de YouTube?
-Es que lo veo en los videos y se me pone la piel de gallina. Nunca me pasó con otro jugador. Yo no lo pude disfrutar en vivo. Porque, cuando nací, él se retiraba.

-¿Qué es lo que más te impacta al repasar sus partidos?
-La manera que Maradona tenía de comportarse adentro de la cancha. Es impresionante ver cómo gambeteaba y la velocidad mental que tenía para decidir bien.

-Si tuvieras que elegir una jugada imposible que Maradona generó, ¿cuál sería?
-Está difícil, porque casi todas las que hizo fueron imposibles. Me quedo con el segundo gol a Inglaterra en el Mundial 86.

-¿Qué historia te contaron sobre Diego que te sorprendió?
-Uh: me han comentado un montón. Me causó mucha gracia cuando fue a entrenarse a Boca arriba de un camión Scania. 

-Te lo tatuaste en tu pierna derecha durante tu adolescencia. Si lo tuvieras enfrente, ¿qué le dirías?
-No tengo idea; no sé si reaccionaría, si me saldrían las palabras. Ojalá pueda tener la posibilidad de saludarlo alguna vez.

-Cambiemos de tema. ¿Qué es jugar en Primera?
-Es que para cada uno puede ser diferente. Yo lo disfruto, pero otro quizás lo toma con nerviosismo y se divierte más en un picado con los amigos.

-¿Te divierte jugar en Primera?
-Sí, mucho; me pone feliz jugar delante de un montón de gente.

-¿Ya te cayó la ficha de que lo tuyo es un trabajo?
-Siempre lo supe y trato de manejarlo de la mejor manera posible. Es más, intento hacer lo mismo que cuando era chico, cuando me decían: “Entrá y divertite”.

-¿Qué le agregaste a tu juego en Primera?
-Soltarme más con la pelota. Antes, quería jugar a uno o a dos toques para agarrar el ritmo. Después, me di cuenta de que ya estaba en ritmo y podía hacer algo más. Por otro lado, empecé a ver algunas jugadas de otra manera. Hubo veces, por ejemplo, que me obligaba a tener que cruzar al rival, pero entendí que no siempre es necesario porque cierra un compañero. Los partidos me ayudaron a mejorar.

-¿Qué frase de Nelson Vivas, el técnico de Estudiantes, te marcó?
-“Jugá sin amarilla”, me remarca. A veces, ando muy bien, pero termino con amarilla. Entonces, siento que no hice un gran partido. Mi triunfo interno es terminar sin una tarjeta encima.

Maradona es una de las contadas personalidades en el universo que genera que alguien que no lo vio jugar en vivo se muera de amor por él. Aquí, su tatuaje.

-¿Qué aspectos vinculados al juego te ocupan hoy?
-Me focalizo en jugar bien de primera. Parece fácil, pero es difícil. Uno debe estar concentrado para no errar. También, son muy importantes los controles orientados, más en el fútbol argentino porque se gana un tiempo. Además, me parece valioso tener la capacidad de reaccionar ante una pérdida para recuperar rápido la pelota.

-En los partidos, intentás salirte de tu zona confortable para quitar y, cuando podés, asistís a través de una pelota larga y profunda. ¿Te considerás cazador y pasador?
-Qué sé yo… Me gusta hacerlo; trato de animarme, de soltarme. Me encanta que tengamos la pelota, y más cuando vamos ganando porque al rival se le generan muchísimas dudas y, si nos salen a buscar, podríamos liquidar el partido.

-¿Te sentís más cómodo de 5 o de doble 5?
-Es indistinto; en el lugar que el entrenador me ponga, debo cumplir. Siempre fui volante central; en inferiores, también jugué de doble 5 y, muy pocas veces, de interno, de conector de líneas, con el compromiso de ayudar en la marca. 

-¿Sos de preguntarles los porqués a los entrenadores?
-No, no; soy tímido y me cuesta hasta que entro en confianza. Si no entiendo alguna cuestión táctica, se la pregunto a un compañero o, de última, la asimilo como me parece.

-¿Te identificás con un estilo de juego en particular?
-Me gusta el estilo de posesión, pero de ahí a hacerlo… Porque uno se debe adaptar a los momentos de los partidos. Por eso, hay que estar preparado para jugar de contra, defender, manejar la pelota.

-¿Qué aprendizaje te dejó este inicio de carrera profesional?
-El hecho de ser responsable. Creo que sin responsabilidad, uno no puede llegar a lo que quiere.

-Más allá de algún resultado puntual, Estudiantes demuestra que es competitivo. ¿Eso te genera tranquilidad?
-Sí; hay que jugar, estar a la altura en los partidos y ganar, que es lo que nos proponemos. Estamos comprometidos para dejar al club en lo más alto.

-¿Qué es lo que más te gusta y te disgusta del equipo?
-La intensidad, la fuerza, que tiene para buscar rápido el primer gol. No me gusta que, después de abrir el marcador, nos aferremos al resultado. Pero es una cosa que vamos a mejorar.   

-Vas a competir en el Mundial Sub 20, que empezará el 20 de este mes y que terminará el 11 de junio. ¿Estudiantes pierde a un jugador clave para su estructura?
-No, no es así, hay compañeros que juegan muy bien: Braña, Bautista Cascini e Iván Gómez. 

-Comparten el grupo con Inglaterra, Corea del Sur -el local- y Guinea. ¿Qué errores no deben repetir adentro de la cancha?
-En el Sudamericano de este año, nos complicó la altura y nos faltó tiempo de trabajo. Ahora, esas cosas no nos van a pasar. Nosotros tenemos que mantener el juego con pelota y asociarnos bien; también, ser ordenados en lo táctico. Porque, cuando defendamos, debemos ser versátiles para salir de contra y dañar al rival. Contamos con jugadores de una gran capacidad técnica.

-¿Qué significaría redondear un buen Mundial?
-Tenemos que apuntar a lo más alto: ser campeones del mundo. Y, más que nada, por lo que Argentina representa. Defender nuestros colores es diferente a todo.

SU PROYECCION es imposible de decretar con exactitud. Se olfatea que recorrerá un camino exitoso en Europa. Santiago, por las dudas, se prepara: al margen de crecer a pasos agigantados en Estudiantes, ya tramitó la ciudadanía italiana. En el presente, el eje temporal que manda, surge una certeza: Ascacibar es el 5 del futuro, el que pinta para aferrarse a ese número en la Selección Mayor en un mañana.

Por Dario Gurevich / Fotos: Pablo Busti

Nota publicada en la edición de Mayo de 2017 de El Gráfico