ENTREVISTAS

“Toti” Veglio, 100x100: “Guillermo y Román eran los que más me preguntaban, los más informados del plantel”

- por Diego Borinsky: 08/05/2017 -

San Lorenzo, Boca, Zubeldía, Bilardo, Lorenzo, Bianchi, la Copa Libertadores, infinitas anécdotas que comparte un hombre que respira fútbol.

En su casa, con la réplica de la Intercontinental 78 que le regaló Armando, y una sonrisa que lo asemeja a su querido Toto Lorenzo.

1 Su hija se llama Libertad, por la primera Libertadores que ganó con Boca. ¿Verdadero o falso? Verdadero. Fue en 1977, el 11 de septiembre. Estábamos por salir a la cancha a jugar la segunda final contra Cruzeiro, en Belo Horizonte, y en la entrada en calor me avisó el Gordo Muñoz: “Toti, fuiste papá de una nena”. Yo ya tenía un varón. Y pensé: “Uy, tenemos que salir campeones, esta piba viene con el pan debajo del brazo”. Y ahí mismo hice una promesa: “Si llegamos a salir campeones, le pongo de nombre Libertad”. Fue una promesa para adentro, a mí mismo.

2 ¿Cómo se lo dijo a su mujer? Perdimos en Brasil 1-0 y fuimos campeones por penales a los tres días en Montevideo, en el desempate. Cuando llegamos a Ezeiza era una locura de gente, lo único que quería era llegar a mi casa para conocer a mi hija: la vi recién a los cuatro días de nacida. Era un bomboncito… Nos abrazamos con mi mujer y un rato después le dije: “Mirá, Lidia, hice una promesa, elegí un nombre, es Libertad, pero se lo ponemos de segundo cualquier cosa”. Y ella me dijo: “¿Te parece?”. Y… sí, era una promesa. Tampoco había demasiadas variantes: era América o Libertad. Mi hija se llama Luciana Libertad y hoy tiene 39 años.

3 ¿A su hija le gusta el nombre? Me carga: “Menos mal que no ganaste la Copa FIFA, ¿si no me hubieras puesto Luciana Fifa?” (risas). Fuera de eso, es muy bostera. Durante muchos años fue a la Doce. De hecho, cuando era ayudante de Carlitos, a mí me daban plateas. “¿Qué platea ni platea? Voy a la Doce, ahí se vive el partido”, me decía, y se iba con amigos y amigas a la tribuna. Mi hijo, en cambio, me agarraba las plateas y lo iba a ver tranquilo.

4 ¿Nunca tuvo problemas ahí con la Doce? Un día, contra Independiente, se armó un quilombo de la puta madre, y empezaron a las trompadas para arriba y para abajo. Yo estaba en el banco. “Tota, ¿Luli está ahí?”, me preguntó Carlitos (le imita la voz a Bianchi, bien finita, le sale bien). “Sí”, le digo. “La puta que lo parió”, me sigue. “Pelado, vos ocupate del partido, y dejame a mí a ver si la puedo localizar a esta loca”, le contesté. En un momento entraron los bomberos y tiraron agua con todo. Cuando llegué a casa, entra mi hija y me dice: “¡Espectacular, espectacular, no sabés cómo me bañaron!” (se levanta, hace la mímica). Después se fue a vivir por trabajo siete años a Europa, anduvo por todo el mundo y tiene fotos arriba del camello con la camiseta de Boca, en la Torre Eiffel con la camiseta de Boca, en todos lados…

5 ¿Quién es Carlos José Veglio? Creo que una buena persona. Un ex jugador que gracias a Dios y a los equipos en los que participó, pudo conseguir varios títulos y que, aún después de dejar, trabajando con Carlos Bianchi, pude agregar varios más.

6 ¿Por qué “Toti”? Es un apodo de la infancia pero nadie sabe bien el porqué. En su momento le pregunté a mi viejo y tampoco lo tenía claro. Eso sí: todos me dicen Toti. Lo hacían mis ex compañeros, también mis ex dirigidos, y hasta mi nieto, que me llama “Abu Toti” (risas). A mí, me decís "Carlos" y no me doy vuelta.

7 ¿Dónde empezó a jugar? Jugaba en cualquier lado. En el seminario de curas, que tenía un cancha de 9, de césped, espetacular (sic), con un equipo que se llamaba El Rayo. Jugaba en El Ciclón de Pueyrredón, el equipo de mi barrio, Villa Pueyrredón, y más que nada lo hacía en la calle, en el cruce de las esquinas.

El terceto recordadísimo que logró el ascenso con Deportivo Español en 1966: Christian Rudzky, Veglio (con la pelota) y Daniel Valledor.

8 Ahí mejoraba la técnica. Exacto: en el adoquinado y con la pulpo chiquita, que picaba para cualquier lado. Así ganabas los fundamentos técnicos: aprendías a pararla, a dominarla, a que no se te vaya, hacía pared con la pared, pared con los cordones... En mi casa dormía con la pelota en la cama.

9 ¿De quién era hincha de pibe y quién era su ídolo? De Boca, por mi viejo, que era muy muy hincha y siguió a Boca durante 25 años, en la Bombonera o a donde jugara. Mi ídolo era Iseo Fausto Roselló, un uruguayo gambeteador que jugó en Boca con Pepino Borello en los 50. En mi barrio había una sola casa con televisión, la de Doña Guillermina, y le pedía permiso para ir a ver los partidos de Boca, y me encantaba cómo gambeteaba Roselló. A la Bombonera sólo pude ir un par de veces.

10 ¿Su padre lo vio jugar en Boca? Solamente por TV, porque ya estaba enfermo, por el cigarrillo, y apenas se podía mover. “Veinticinco años seguí esta camiseta y ahora no te puedo ir a ver a vos”, se lamentaba, pero al menos me vio por la tele. Se murió 10 días después de la primera Libertadores que ganamos, en el 77. Cáncer de pulmón, a los 62 años, muy joven.

11 ¿Por qué se inició en Deportivo Español? Me la pasaba jugando pero no tenía la idea de ser futbolista. Había un delegado de Español que me veía jugar y me iba a buscar todos los días. Una vez, mi viejo me pidió: “Toti, por favor, tené la atención de irte a probar, este muchacho viene siempre; después si querés irte, te vas”. Tendría 16 años. Fui con tres amigos y quedamos. Jugué el campeonato de Sexta, un poquito en Quinta y salté a Reserva, a entrenarme con el plantel superior. Y enseguida conseguimos el ascenso a la A.

12 ¿Bilardo ya estaba medio loco en aquel Deportivo Español en el que jugó usted? Yo debuté en la cancha de San Lorenzo con Roberto Saporiti de un lado y el Narigón Bilardo del otro. En la pretemporada que hicimos en Mar de Ajó me pusieron con los dos en la habitación. Bilardo se llevó una pila de libros de medicina y ni los tocó en los 25 días. Pero era un jugador más, creo que cambió bastante cuando pasó a Estudiantes.

13 ¿Usted lo hizo echar al Toto Lorenzo de River? Ja, increíble, lo cargaba al Loco: “Yo lo hice echar, Maestro”. Es que tras ascender con Español, al poco tiempo fuimos al Monumental y le ganamos 3-1 a River, dirigido por Lorenzo. Yo le metí un gol a Amadeo. Estaba haciendo la colimba ese año, así que al otro día me agarró el capitán, que era hincha de River, ¡el baile que me pegó! Fue un año muy jodido para mí: entraba al cuartel a las 6 de la mañana, a las 9 me dejaban ir a entrenar, volvía 12.30 y me quedaba hasta las 12 de la noche. Muy duro. Tuve la suerte de que me tocara cerca, en la Escuela Superior de Guerra, en Belgrano.

14 ¿El Toto lo pidió para San Lorenzo? No, a mí me pidió Barreiro, pero antes casi voy a River, porque Español no me quería dar a San Lorenzo. “Ahí son todos locos, está el Bambino, Doval y el Manco Casa”, me decían. “Hay que esperar que Kent gane las elecciones en River y vas ahí, porque te quieren”. Pero faltaban dos meses para las elecciones, entonces me puse duro: “Aprovechen la oferta que haya porque no vengo más”. Y fui para San Lorenzo.

15 ¿Cómo jugaban los Matadores? Ese equipo tenía un técnico que estaba hecho a la medida de esos jugadores. Tim era un brasilero que dentro de lo táctico te daba una gran la libertad para crear. Es decir: dentro de un orden, podías improvisar, y con la categoría de jugadores que había… Ese de los Matadores del 68 era un equipazo, ofensivo totalmente. A veces pienso: ¿con quién defendíamos? Albrecht era 6 pero se metía al mediocampo, el Sapo Villar arrancaba de 4 pero iba para arriba todos los tiros; en el medio Rendo, Telch y Cocco, de los cuales sólo Telch marcaba un poco. Le decíamos La Araña, porque cortaba todo. Y arriba era Pedro González, Fischer y yo. Pedro metió 10 goles, yo 12 y Fischer 14, una cosa así.

En los comienzos en San Lorenzo, con una hermosa camisa de época. Fue la camiseta que defendió durante más años (1968-1975) y con la que conquistó 4 títulos locales.

16 ¿Cómo era Tim? Muy buena persona. Andaba siempre con botones en los bolsillos y cuando te quería explicar algo sacaba los botones y los tiraba en la camilla. Además, el sábado te agarraba y te decía: “Toti, vocé mañana, dois goles”, y se daba nomás. “Este es mago”, pensábamos.

17 Patentó la frase: “El fútbol es una manta corta”. Tal cual, y todavía hoy se usa: te tapás los pies, te destapás la cabeza. Atacás mucho, te desprotegés atrás. Y viceversa. Era muy bueno para cambiar el rumbo de los partidos en el entretiempo.

18 Para quienes no lo vieron, ¿cómo jugaba Veglio? Era un creador de juego con alma de delantero, un 9 con facilidad para el gol al que le gustaba tirarse atrás para juntarse con los del medio y colaborar en la creación. Mis puntos fuertes eran la habilidad, la gambeta, y la velocidad mental para decidir.

19 ¿Quiénes fueron sus grandes socios? El Heber (Mastrángelo), en Boca: era vivísimo para ganar la posición en el arranque, no lo agarraban más, y le metía el pase. Por izquierda, tenía a Felman. En San Lorenzo, me pasó lo mismo con Scotta y Ortiz. Y Los Matadores fue una cosa espectacular: arrancamos Veira, Fischer y yo arriba, y luego se lesionó el Bambino y entró Pedrito González y no salió más.

20 Pero Fischer también era 9, ¿cómo se arreglaban? Vino Tim y me preguntó si podía usar la 11, porque Fischer quería ponerse la 9. Yo venía de Español, así que si me decían “está la 132”, me la ponía igual (risas). “Mire, Tim, me dé el número que me dé, mientras juegue de lo que sé, no tengo problemas; ahora si me da la 11 para que esté sobre la línea, busque otro muchacho”, le dije. Y salió todo bien.

21 ¿Por qué lo definieron como “El Perfumo de adelante”? ¡Uhhh, cómo me comprometió Juvenal con esas palabras! Roberto era el mariscal, una cosa espectacular, el mejor de atrás, y Juvenal creyó que yo podía ser el mejor de adelante, por ahí iba el tema.

22 ¿Por qué lo sancionaron en San Lorenzo? A Victorio (Cocco) y a mí, por unas declaraciones que habían hecho otros. Rogelio Domínguez era el técnico, y venía de Europa con no sé qué ideas, entonces los martes no se cambiaba y los miércoles miraba de afuera. Lo estoy viendo: sentadito en el mástil del Viejo Gasómetro, con los anteojos y el faso. “Dale un poquito más”, le gritaba al profe. Fuimos capitán y subcapitán, Victorio y yo, a tomar un café y a decirle que los muchachos pretendíamos que estuviera más cerca. Y a los pocos días sale en la revista Goles, pero ahí hablaron otros muchachos con los periodistas y nos suspendieron 6 meses. No jugábamos ni cobrábamos ni nos dejaban entrar al club.

23 ¿Se fue de San Lorenzo? No, eso fue en el 71, después vino otro presidente y seguimos, pero estuve cuatro años con el mismo contrato, entonces un día fui a la AFA con un escribano y labré un acta con la cifra de mis contratos entre 1972 y 1975. En esa época, nadie tenía representante y te hacían sentar con seis tipos del otro lado y era pum, pam, pum, terminabas discutiendo con este y puteándote con el otro, y eso desgasta la relación. Terminé el Nacional 75 y bajé de la sede de Avenida La Plata con un nudo en la garganta, y de la bronca que tenía, le dije a mi mujer de irnos a Mar del Plata, quería olvidarme de todo.

24 Y ahí lo fue a buscar Lorenzo. Mandó a un amigo. Yo lo había tenido en San Lorenzo, donde fuimos bicampeones en el 72, ganamos Metro y Nacional, algo que repetiríamos en el 76 con Boca. Este amigo me comentó que el Loco me quería urgente para Boca, así que salí rajando para Buenos Aires. Boca jugaba un amistoso con Banfield por el pase de Juanchi Taverna. Lorenzo me vio y me dijo: “Te espero en el Carrito 34 de la Costanera después del partido”. Ahí nos juntamos, me preguntó cómo estaba, le contesté que perfecto y me dijo que necesitaba verme entrenar. “No tengo ningún problema, Maestro, me entreno una semana, más no, y ahí decide”, le aclaré.

Producción con ropa y auto de época.

25 Y en esa semana lo vio bien… Me entrené una semana en La Candela, todo perfecto. Entonces me vinieron a hablar tres dirigentes para arreglar el contrato y no nos pusimos de acuerdo. El Loco me dijo: “Si te combino una cita con Armando, ¿vas?”. Y fui a su concesionaria. Y ahí conocí a un tipo sensacional.

26 ¿Por qué? Le expliqué que tenía una muy buena oferta de México y que por la plata que me ofrecían le jugaba un campeonato, no un año entero. “Te lo acepto, vení mañana que preparo el contrato y jugás un campeonato”, me dijo. Cuando fui a firmar, el contrato era por un año. Le recalqué que no habíamos charlado eso. “¿Vos creés más en la palabra o en lo escrito?”, me dijo, y me tiró la mano. “Te doy mi palabra: termina el Metro y sos jugador libre”.

27 ¿Cumplió? Jugamos el Metro, salimos campeones, anduve muy bien, y pensé: “Listo, ahora perdí”. Se hizo una fiesta y Armando fue diciendo algo de cada jugador, y cuando llegó a mí, afirmó: “Quiero decirles que Veglio es jugador libre”, y todos “no, no, pero cómo puede ser”. Es-pec-ta-cular.

28 Pero no se fue. Yo me quería quedar en Boca, mi viejo me insistía, aunque la plata de México era mejor, así que ahí arreglé una suma por el pase y por el contrato para quedarme en Boca. Menos mal que me quedé, con semejantes títulos que ganamos, y más con esa hinchada de Boca, fue tremendo…

29 ¿Era muy difícil Armando para negociar? Conmigo fue siempre muy cálido. La primera vez que fui, lo veía medio echado para atrás, en el escritorio, pero se movía, y me llamó la atención. Ya la segunda, me hizo dar la vuelta y lo vi: el tipo apoyaba las piernas en una pelota, la pisaba. Y me dijo: “Pisá la pelota que te va a dar suerte”. Se fue, y me dejó con los tres dirigentes, que se sentaron donde antes estaba yo, para que me arreglaran el contrato (risas). Y me trajo suerte, porque arreglé un buen contrato.

30 ¿Qué recuerda de la final del Nacional 76 contra River? Jugué de 8, era un equipo totalmente ofensivo: Suñé, Ribolzi y yo en el medio con Mastrángelo, Taverna y Felman arriba. Yo les decía: “Muchachos, ganemos porque se nos cagan las vacaciones, no podemos salir a la calle”. Fue el 22 de diciembre, la cancha de Racing reventaba: le dieron el anillo de abajo a River y el de arriba a Boca.

31 ¿Cuál era el cantito más común? Mi preferido era: “Boca, Boca, Boca / Boca corazón / esta es tu hinchada que te quiere ver campeón”. Mirá: se me pone la piel de gallina (muestra el brazo, entre risas).

32 ¿Qué les dijo Lorenzo en la charla previa? Noooo, esa fue mundial (risas). Estábamos todos sentados, en los bancos, y al frente el pizarrón. El Loco viene así, caminando (se para, lo imita como si jugara a “Dígalo con mímica”) como si llevara una valija, y la apoya en el piso. “Bueno, ¿saben qué tengo ahí?”, nos pregunta (imita muy bien la voz de Lorenzo). Nosotros nos codeábamos: ¿qué le pasa a este? ¿se volvió loco? No tenía nada en la mano: “Ahí está la platita. La platita para comprar el departamento y cambiar el autito, eh, pero si le ganamos a River, hay que defender la platita con uñas y dientes, eh”. Nosotros no lo podíamos creer. “A ver, vamos a empezar… Zanabria, ¿por su lugar quién viene?”. Y contesta: “El Negro López”. Y el Loco la sigue: “Así, Zanabria, así (imita a un boxeador en guardia), López, ¿vos querés agarrar la valija con plata? Me vas a tener que matar antes, López, la platita no la tocan, eh”. Desopilante.

33 ¿Les comentó que River se dormía en los tiros libres? Antes de empezar, Iturralde, el referí, llamó a los dos capitanes a su vestuario: al Chueco (Perfumo) y a Rubén (Suñé) y les explicó que no era necesario esperar el silbato para patear, así el juego se hacía rápido. El Chapa nos contó eso en el vestuario y después, en el partido, Passarella me cruzó, me caí, un poco también fabriqué el foul, fue medio foul (risas), me levanté, agarré la pelota, la puse para patear y de atrás me gritó Suñé: “Correte, Toti, correte que le pego”. El Pato estaba yendo para un palo armando la barrera y cuando giró la cabeza ya estaba adentro.

Postal de Los Matadores, el histórico San Lorenzo de 1968, el primer campeón invicto del fútbol argentino. Desde la izquierda: Rendo, Tojo, Veglio, Pedro González, Fischer y Cocco.

34 O sea que fue clave en esa victoria: le hicieron el foul y se corrió a tiempo. Digamos que tuve doble participación en el gol.

35 ¿Lorenzo le dio mucho valor de entrada a la Copa del 77? “Boca es Sportivo Ganar Siempre. Acá, cuando salís a la cancha, ya tenés a los francotiradores que te siguen y te matan en cualquier momento”, nos decía. En un primer momento, le costó al Loco, porque era jodido, viste, pero yo les decía a mis compañeros: “Dénle pelota a este tipo, porque nos va a hacer ganar, yo ya lo tuve en San Lorenzo y nos hizo ganar a pesar de las dificultades del comienzo”. Era duro el Loco.

36 ¿En qué era duro? En el trato. Por ejemplo: en La Candela comíamos albóndigas con polenta, y por ahí venía un directivo y decía: “A mí, háganme un churrasquito” y él lo sacaba cagando: “Acá se come albóndigas con polenta; si no, vaya a un restaurante”. Ese tipo de salidas tenía.

37 Si tiene que elegir un gol en su carrera, imagino que se queda con el que le metió a Cruzeiro en la final del 77. Es el más significativo, sin dudas, aunque mucho no me gustó. Vino un centro, se armó un borbollón y la pelota quedó boyando. Pensé: “Si hago el recorrido con la pierna, me la sacan”, así que le pegué de puntín y lo maté al arquero, porque no la esperaba. Esa noche, salí a la cancha y se me pararon los pelos como nunca. Miraba las tribunas y parecía que se te caían los tipos encima. “Se caen, se caen”, pensaba todo el tiempo.

38 La revancha en Brasil la perdieron 1-0 y fueron derecho al desempate en Montevideo… Sí, en un vuelo que no se cayó de pedo, había una tormenta terrible. Yo venía aferrado al asiento y ¡no sabés lo que era Pernía! En cualquier viaje, el Tano agarraba la medallita, se la ponía entre los dientes, bajaba la cortinita y viajaba así, apoyado como en posición fetal, no se movía (lo imita). Así cuatro horas, seis, ocho, lo que fuera… La Fiera Pernía: jugaba y te arrancaba las muelas, corre en autos a 300 por hora, ¡y en el avión cerraba los ojos!

39 Ese desempate se postergó un día… Por la niebla, sí. Y eso le vino bien a la hinchada de Boca, que venía en micro desde Brasil; si no, no hubieran llegado. Me lo contaron varios hinchas. Allá, los uruguayos estaban con los brasileros.

40 ¿Quién dominó el partido? Debimos haber ganado en los 90, ni siquiera ir al alargue.

41 ¿Por qué no pateó penales en la definición? Es que yo los pateaba a colocar y el Loco me decía: “Le tenés que dar un fierrazo”. Le explicaba que no sabía pegarle así. “Entonces no pateás”, me decía. Esa noche, igual, era el sexto en la lista. Si Gatti no atajaba el último, hubiera tenido que patear yo, me salvó Hugo.

42 ¿Lo hubiera pateado a colocar? Por supuesto, era como me sentía más seguro. Ya sabía el palo, pero por suerte no llegamos a eso y ganamos 5-4.

Gol matador en la final del Metropolitano 68, para el 1-1 ante Estudiantes (Bilardo, al fondo), en el Monumental. Ganaría 2-1 en el suplementario.

43 A River lo eliminó con Boca en semifinales del 78 y 2004, ambas en el Monumental… En el 78 tenía problemas de pubalgia y por eso no fui titular, entré al final. En 2004, sin público de Boca, ¡cómo estaba ese día la cancha! Cuando llegaron los penales, Carlos preguntó quién quería patear y los semblanteaba. Si alguno se escondía o se ataba los botines, afuera. Les preguntó a Pablo Ledesma y a Pablito Alvarez, que eran dos pibes. Dijeron que sí. “Lo único que les pido es que le peguen fuerte y seco”, les comentó Bianchi.

44 ¿Usted le pasaba la data de los pateadores al arquero? Teníamos todo estudiado. Miraba los partidos de acá, pero también de Europa, porque después nos podíamos cruzar en la Intercontinental, como pasó con el Milan, en 2003. Al Pato (Abbondanzieri) le dije: “Sedorf pateó dos a la derecha y los metió, y uno a la izquierda y lo erró”. Se lo recordé antes de los penales. “Me tiro a la derecha, porque si patea a la izquierda, lo va a errar otra vez”, me dijo. Y fue así, tal cual, se le fue por arriba. De Costacurta le dije: “Te patea al medio o un poco a la derecha”. Se quedó en el medio y lo atajó. Lo mismo de Pirlo, a la derecha. Y a Rui Costa se lo adivinó pero no llegó. Contra River, fijate que acertó el palo en 4 de los 5 penales.

45 Vuelvo a las primeras Libertadores: la final del 78, Bilardo vs Lorenzo, un duelo de titanes, ¿no? Uyyy, terrible. Allá, en el Hotel Intercontinental está el edificio con las habitaciones adelante, una piscina tremenda atrás, y bungalows en el fondo. En cada bungalow había una mina. Salían y te llamaban las hijas de puta, pero el Loco estaba en todos los detalles, ya lo sabía. También llevó toda la bebida desde Argentina y nos dijo que cualquier cosa que tomáramos, que nos abrieran la botella en la mesa, ante nuestra mirada, porque se enteró de que unos jugadores que habían jugado unas semanas antes habían tenido tremenda cagadera.

46 ¿Y qué les dijo de las chicas? “Cuidado, cuidado, que ahí están las nenas”, ja, ja. Nosotros no éramos tontos, sabíamos que teníamos por delante un partido trascendente. Cuando fuimos a hacer el reconocimiento del campo había como 80 tipos tirando cascotes, tuvimos que meternos todos para adentro y esperar a la policía. También nos cortaron la luz, y en el partido, el Pecoso Castro le metió vick vaporub, que era como un alcohol, a Mastrángelo en los ojos, no veía nada, pobre.

47 ¿Le dio mucha bronca cuando Lorenzo lo mandó al banco contra el Borussia, en Alemania, en la Intercontinental 78? Y… a nadie le gusta salir. Acá empatamos 2-2 y para la revancha, que se jugó unos meses después, nos sacó a Sa, a Mouzo y a mí, tres titulares. Puso a Tesare y a Bordón atrás. “Estos son aviones, necesito tipos rápidos, y ustedes no lo son”, les dijo. Y a mí: “Los dos centrales de ellos miden 1,90, lo voy a mandar a Saldaño para que los choque y los choque y los choque y vos vas a entrar en el segundo tiempo”. Jugó con tres puntas. Los primeros 10 minutos se venían todos los tanques, pero aguantamos, el Heber metió un gol de contra, después otro Salinas y se murieron. Ganamos 3-0.

48 ¿En qué era distinto Lorenzo? En que estudiaba todo y estaba en los detalles. Iba por los pasillos con dos radios pegadas en la oreja, escuchando todo.

49 ¿Cuál era la clave de ese Boca? Formó un equipo espetacular (sic), porque cuando nadie jugaba en 30 metros, nosotros sí lo hacíamos. Tirábamos el offside, que lo manejaba muy bien Pancho Sa atrás, y con Gatti de líbero. Teníamos jugadas preparadas, algo que pocos tenían. Ese Boca te metía un gol y no le empataban más, era brillante tácticamente. Cada uno sabía bien lo que tenía que hacer y la mentalidad era de hierro, con un grupo de jugadores muy fuertes. La Fiera Pernía, Pancho con cuatro Libertadores ganadas, el Gordo (Mouzo), que era joven pero te mataba, Tarantini, el Chino Benítez, el Chapa Suñé, el Ruso Ribolzi, Marito Zanabria, yo que venía de cierta trayectoria...

50 ¿Se jugaba muy fuerte en esa época? Valía todo, aparte no había cámaras que te filmaran. A mí me escupían, me metían codazos, me rompieron acá y acá (muestra cicatrices en su rostro). Ojo: yo también metía como un caballo, eh.

51 ¿Se parecían en algo Lorenzo y Bianchi? Carlos también estaba en el mínimo detalle pero con otra forma de ser. La mirada de Carlos encantaba al jugador, era como un padre; Lorenzo era más duro. Vos estabas en la cama, en La Candela, mirando una película espectacular con tus compañeros y de golpe entraba el Loco y pum. Yo me metía debajo de la frazada, me hacía el dormido. “Dale, hacete el dormido vos, que el martes sos el primero en ir a cobrar el premio por boletería”, me decía (risas). “Basta de películas, acá, vamos a hablar del partido”, seguía, y nos tenía una hora con cosas de los rivales, y nos cagaba la película.

Sonriendo frente a la torta con velitas que sopla el increíble Toto Lorenzo, en la concentración de Boca, entre Ribolzi, Gatti y Sa, y ante la mirada del profe Castelli, en la otra punta.

52 En su época, ¿jugar en la Selección era un desprestigio? Totalmente. Me tocó ir con Minella, Pizzuti y Maschio. Ay Dios, era una desorganización total, no quería ir nadie, porque ibas a la Selección y cuando volvías, por ahí perdías el lugar en tu equipo. En el 69 viajamos en grupos de tres jugadores a La Paz durante 20 días para hacernos estudios en la altura, porque había que jugar contra Bolivia por las Eliminatorias. El Lobo Fischer fue el que mejor respondió, yo fui el 5º, pero a la vuelta del viaje rajaron a Maschio, vino Pedernera y cambió medio equipo de un plumazo, entre ellos a Fischer. Y a mí. Al menos me ahorré el tramo amargo de quedar eliminados con Perú.

53 ¿Qué le enseñó Zubeldía? Osvaldo era un señorazo, y no hacía nada raro de lo que después se decía que hacía en Estudiantes, así que no era él quien inculcaba esas cosas, me parece que era el que jugaba de ocho (risas). Osvaldo era un tipo con el que hablabas mucho de fútbol, y que te vivía mangando cigarrillos, eso lo recuerdo muy bien.

54 El mejor y el peor DT que tuvo. Y… entre los mejores están Lorenzo y Elba de Padua Lima, Tim. Otro que me llegó mucho y me hacía sentir muy bien era el Pulpa Etchamendi, un uruguayo que me dirigió en Español. Y el peor fue Rogelio Domínguez.

55 ¿Le costó el retiro? Me retiré a los 37, porque la rodilla se me hinchaba, no podía aguantar dos entrenamientos, tenía que estar con hielo e inyecciones, y en un momento decís “ya está”. Cambié hasta el olor de la transpiración, al retirarme. Es jodido, se te termina el día a día que tuviste durante tantos años. Me puse una farmacia, las cosas no fueron bien y nos tuvimos que desprender de todo. Me costó, pero en un momento apareció el Ruso Rezza y me pidió que lo acompañara de ayudante a San Lorenzo en el 91. Después fuimos a Platense, Banfield, Colón… En ese momento, el curso de técnico se hacía solo en AFA y cada 4 años.

56 ¿Nunca intentó ser DT principal? ¡Sabés que no se me dio! Una vez lo intenté en Atlanta: entré y así como entré, salí. Me hablaba el presidente con tres tipos al lado. “¿Quiénes son?”, le pregunté. “De la hinchada”, me dijo. Listo. Le agradecí y me fui. También me pasó que me sentí muy a gusto con la persona que tenía como entrenador: Rezza, Zanabria, Bianchi.

57 ¿Cómo nació la amistad con Bianchi? Al poco tiempo de aparecer en Vélez, en un momento en que no lo ponían, me preguntaron qué jugador joven veía con futuro, y declaré: “Hay uno en Vélez que se llama Bianchi y cada vez que entra, hace uno o dos goles”. Unos años después, coincidimos en la Selección de Pizzuti, en el 71, y ahí se me presentó y me dijo: “Hola, Toti, soy Bianchi y te quería agradecer porque hace unos años hablaste bien de mí”. Me llamó la atención. “Ahora, ¿qué hacés vos, te leés todos los diarios?”. Y me contestó: “Sí, porque mi viejo es canillita”.

58 ¿Ahí se hicieron amigos? Sí, a tal punto que fue testigo de mi casamiento y luego padrino de mi hijo. Salíamos con nuestras mujeres, cuidándonos los dos del viento, por la pelada (risas). Después se fue a Francia y no nos escribíamos nunca, pero sí nuestras mujeres, y nos mandábamos saludos por ellas. Cuando venía para las fiestas, nos veíamos siempre.

Entrenándose en la Bombonera, saltando unas vallas caseras, linda postal de los años 70.

59 ¿Por qué no fue su ayudante en Vélez? Cuando agarró Vélez, en el 93, me propuso ir con él, pero yo estaba en Platense con Rezza, y no podía dejarlo, entonces llevó a Piazza, además de Ischia, que ya estaba. Cuando se fue Piazza, me volvió a hablar, pero estaba con trabajo y no podía dejar en banda a Rezza. En 1998, un tiempo antes del Mundial, vino a cenar a casa. Me contó que iba a ir como periodista al Mundial. Y no sé a cuento de qué, le hice un comentario: “Si alguna vez vas a Boca y ganás la mitad de lo que ganaste en Vélez, no vas a poder salir a la calle”. El me miraba, decía que exageraba: “No sabés lo que es, Pelado, los de Boca están en todos lados, son hormigas”.

60 Fue premonitorio… Increíble. A los 10 días me llamó Marito Zanabria para ir a Unión. “Me juego la vida con el descenso, ¿venís?”. Y yo pensaba: “¡Otra vez el descenso! Y bueno, vamos”. Zafamos, y durante el Mundial, en plena pretemporada, me llamó Carlitos, desde Francia. Yo estaba sentado al lado de Zanabria. “¡Tota, tenés que venir conmigo a Boca, hijo de puta, te llamé dos veces y me dijiste que no, esta es la tercera y la vencida, si no, no te llamo nunca más”, me apuró (imita la voz finita de Bianchi). “Bueno, dejame ver qué hago”, le contesté. Marito, que es un señorazo, se dio cuenta enseguida: “Era Bianchi, ¿no? ¿Qué quiere?”. Cuando le dije que me quería en Boca, fue directo: “¿Qué estás esperando, Toti? No podés perderte esa oportunidad”.

61 Además de la amistad, conocía bien el mundo Boca, también lo quería por eso, ¿o no? Sin dudas. En Boca, lo que yo no preguntaba, me lo venían a contar, si conocía a todo el mundo... El tema es que al principio no quería sentarme en el banco, no quería aparecer porque en Unión argumenté problemas personales para rescindir, y se portaron diez puntos conmigo, entonces llegué a Boca empecé a analizar a los rivales, haciendo informes.

62 ¿Qué anotaba? De todo. Me acuerdo que el primer informe que le hice, me dijo: “¡Pero me pusiste hasta a qué hora van a cagar el 2 y el 6!”. Estaba sorprendido. “¿Sabés que pasa, Carloncho, que siempre estuve en equipos chicos peleando por no descender y tenía que hacer lo más completo posible”, le expliqué. “Yo lo quiero más simple –me respondió-, somos Boca y los demás deben pensar más en nosotros que nosotros en ellos”.

63 ¿Qué ponía en esos informes? La característica de cada jugador, titulares y suplentes. Cómo movían de entrada, si el arquero sacaba largo o corto, si era flojo de manos, si tal defensor cerraba bien con la derecha o con la izquierda, si los laterales se proyectaban, la pelota parada, todas esas cosas. En la Copa, por ahí me iba una mañana a Brasil, veía el partido a la noche y me volvía al día siguiente, con el informe armadito. La gente de Boca me tenía todo bien preparado: llegaba al hotel y ya tenía las tres entradas para ir al partido, todo organizado perfecto.

64 ¿Para qué tres entradas? Escuchá, yo tenía que ir a ver un partido del Palmeiras, entonces me acercaba a la zona de los tacheros, en el hotel, y preguntaba: “¿Quién gosta de futebol acá? ¿Quién es corinthiano?”. Buscaba uno de la contra. A los que me respondían que sí, los consultaba si conocían a los jugadores. “Bueno, ¿querés venir a la cancha hoy? No solo a la cancha, si me ayudás con los jugadores, después te invito a cenar”. Tenía todo pago por Boca (risas). Y hasta había una entrada de más por si quería llevar a dos. Allá en Brasil los jugadores tienen todos el mismo apodo, aparece una cosa en la planilla y se llaman de otro modo, entonces los locales me daban una mano importantísima. Después de la cancha íbamos a cenar, llegaba al hotel a la noche, ahí mismo armaba el informe y al otro día al mediodía ya estaba en Casa Amarilla. La de Paysandú fue mundial…

65 El equipo de Iarley… Ese, claro. En el partido previo jugaba contra Cerro Porteño, pero no en Asunción, sino en Ciudad del Este, en la triple frontera. Esa vez fui con dos tipos en el taxi, porque se afanaban los taxis, entonces uno entraba a la cancha conmigo y el otro se quedaba cuidando el taxi.

Imágenes de la final que le dio a Boca la primera Copa Libertadores de su historia, en 1977. En el partido de ida disputado en la Bombonera, su gol más emblemático y más trascendente, el 1-0, a los 3 minutos de juego.

66 ¿Iba con libreta? Anotador, cuatro biromes por las dudas y un grabadorcito, como vos, por si tenía que registrar algo más largo y no me daba el tiempo. Siempre lejos del palco de prensa para que no me vieran. Nunca tuve problemas en la cancha.

67 ¿También entrenaba a la Reserva? Exacto, ahí surgieron Burdisso, Battaglia, Tevez... Un día vino Griffa y me dijo: “Hay un chico al que nos gustaría premiarlo, Toti, ¿podés venir a verlo?”. Fui a ver la Séptima, estaban Cángele, que jugaba de wing derecho y con la zurda se los limpiaba a todos, y Carlitos, una bestia. Ese mismo día le dije a Bianchi: “Hay dos abajo que hay que subirlos ya”. Nosotros solíamos subir unos 10 chicos a entrenar con la Primera para que se fueran haciendo. Durante dos meses veíamos cómo respondían, y después bajábamos a algunos y otros se quedaban.

68 Tevez subió y se quedó para siempre, imagino. Sí, claro. En la primera práctica, Cángele se mandó un golazo, se la picó al Pato; Carlitos también la rompió. “Juegan bien estos dos, hijo de puta”, me comentó Bianchi. Al poco tiempo, los llevamos a jugar a la Reserva contra Unión, en Santa Fe. Le dije a Tevez: “Yo laburé acá hace un tiempo, conozco a los dos centrales que te van a marcar, miden 1,90”. Y ahí me contestó: “Toti, en Fuerte Apache jugaba contra los paraguayos de 35 años por guita, ¿les voy a tener miedo a estos dos?”. La rompió, ganamos 4-1, hizo dos goles... Bianchi siempre miraba algo de la Reserva, porque jugaba antes de la Primera. El enano metía el lomo terrible, enseguida nos dimos cuenta de lo que calzaba el enano, era bravísimo.

69 ¿Alguna vez discutió feo con Bianchi? Jamás. No podés discutir nada con Carlos porque está adelantado a todos. Los sábados nos sentábamos los dos en el medio de la cancha y me decía: “Hablame de lo que viste y lo que te parece. De nuestro equipo y del adversario”. El decía lo suyo y después decidía, pero jamás discutimos.

70 ¿Imaginaba que tan rápido iban a ganar todo en Boca? Empezamos a practicar y laburaban todos. Y muy fuerte. “Profe, se van a romper”, le decía a Santella, un fenómeno, que les daba durísimo. “No, Toti, quedate tranquilo”, me respondía, pero los jugadores se mataban. Macri estaba mal. “Ya le erré con Bilardo y con el Bambino, no le puedo errar otra vez”, me decía. “Quédese tranquilo, Mauricio, este es un equipo espectacular, es un equipo que tiene todo para salir campeón”, le explicaba.

Nótese la cantidad de fotógrafos en el campo de juego (hasta el borde del área grande parece que podían entrar), para tener el festejo de cerca.

71 ¿Cuál era la clave de ese quipo? La personalidad de los jugadores. Si alguno se corría un poco, vos lo mirabas a Jorge Bermúdez y él te decía: “Tranquilo, Toti, yo lo agarro”, y entre ellos lo cazaban y lo metían en caja.

72 Armaron una sociedad casi perfecta Riquelme-Guillermo-Palermo… Espectacular, sí, y no te olvides del Chicho (Serna), que cortaba y tocaba rápido, un 5 de los que le gustaban a Carlos. Había sido enganche, tenía todas las condiciones de buen jugador.

73 ¿El 3-0 a River por la Libertadores 2000 fue un partido bisagra? Sí, ¡qué alegría! Por el triunfo, pero mucho más por Martín, por lo que sufrió y lo que estuvimos encima para que mejorara. Las lesiones son jodidas, uno que las tuvo: estás en una incertidumbre, te pasan mil cosas por la cabeza. Son 6 meses en los que convivís con la incertidumbre del jugador, le vivís hablando, pidiéndole que no afloje, y se te hacen carne todas esas cosas.

74 Contra América, en semifinales, la pasaron mal… Vos sabés que acá íbamos 4-0, nos metieron el 4-1 y Carlos me codeó y me dijo: “Cagamos”. Le contesté: “¡¿Cómo cagamos si ganamos 4-1, Pelado?!”. Y él: “Ojo en la altura con el 4-1”. Mirá cómo la sabía el hijo de puta, nos salvó Samuel con ese cabezazo cuando perdíamos 3-0.

75 ¿Cómo surgió la cábala de usar la camiseta 9 de la final de 1977? Son cosas que te ayudan. Me la puse en la final con el Palmeiras, en el Morumbí, año 2000. La llevaba abajo y en el vestuario se la mostré a los jugadores: “Miren que con esta salimos campeones por primera vez, no podemos errar hoy, eh, somos campeones”. Esa sola vez la usé.

76 ¿Contra el Madrid en el 2000 la veía imposible? Para nada. Yo me quedé acá con los que no viajaron, porque estábamos por salir campeones y no podíamos descuidar nada.

77 ¿Y con el Bayern? Viajé a Munich a ver un partido de Champions entre el Bayern y el Manchester United, con Verón, y de ahí me fui directamente a Japón. Cuando terminó el partido, Carlitos me dijo: “Anotá el nombre del árbitro, que este dirige la final del Mundial”. Nos había expulsado al Chelo Delgado en el primer tiempo. Kim Nielsen. Dirigió la semifinal del Mundial 2002, se equivocó el Pelado (risas).

78 ¿Notaban el poco feeling que había entre Palermo y Riquelme? Estando ahí, nunca noté nada.

79 ¿Por qué no llegaron a dirigir la Selección? Porque había una desavenencia en la forma de pensar con Grondona, había que aceptar algunas cosas que Carlos no las iba a aceptar de ningún modo, esto de que te paguen una parte del sueldo con un sponsor, o que te organicen partidos sin consultarte. No sé si Carlos habló directamente con Grondona, pero sí lo hizo con allegados.

Tras caer 1-0 en la revancha, Boca se impuso 5-4 por penales en Montevideo (0-0 en los 120´), jugando con una curiosa camiseta blanca, en un campo barroso.

80 Quizás si bajaban los dos un poco el orgullo… Y… son esas cosas que por ahí vos decís “acepto esto”, y después te arrepentís. Una pena, porque era un momento espectacular para que Carlitos se hiciera cargo de la Selección.

81 ¿Por qué les fue mal en el Atlético de Madrid? Es algo de lo que está pasando ahora acá también. Todo era “¿por qué?”, “¿para qué?”. Los jugadores vivían cuestionándote. Para qué vamos a concentrar, que mucho salto, que las cargas, Míster. Tenías que explicar todo; en mi época, la palabra del técnico era sagrada.

82 ¿Por qué no lo acompañó en su tercera etapa en Boca? Porque estaba como coordinador de juveniles en San Lorenzo. En un momento, cuando se fue Ramón Díaz, nos hicimos cargo de la primera con Miguel (Tojo) durante 5 fechas. “Carlitos, ¿sabés cómo cambiaron los jugadores? Acá quieren saber todo, como en España”, le dije a Bianchi, que todavía no había agarrado en Boca. “¿Para tanto es?”, me preguntó. Y sí, era para tanto. Después lo comprobó él mismo…

83 ¿Pensó que le podía ir mal? Pensé que le iba a ir bien, porque Carlitos fue siempre un desafiante de todo. No sé qué pasó, pero a veces vos lográs armar un grupo que no es tanto en lo futbolístico pero sí en moral y en personalidad y con eso suplís un montón de cosas. Y a veces no conseguís eso.

84 ¿Ya no dirige más Bianchi? No sé, ojalá haya otra vuelta, porque no se puede desperdiciar a un tipo que sabe todo lo que sabe Carlos.

85 ¿Quién ganaría un triangular entre Los Matadores, el Boca de Lorenzo y el Boca de Bianchi? Uhhhh ¡qué peleado que estaría! Muy difícil de saber, porque fueron 3 equipazos.

Un saludo, antes de empezar un San Lorenzo-Vélez, con estadio a reventar, como se observa de fondo.

86 Su día más feliz en el fútbol. Como jugador, la primera Libertadores que ganamos con Boca, en el Centenario, y como ayudante, también la primera Libertadores, porque era llegar al mismo lugar, al que te da más prestigio, en 2000, en Morumbí.

87 Y el más triste… Ehhhh, como jugador no recuerdo. Como ayudante, la final con el Bayern Munich del 2001.

88 ¿Cómo lo ve a Guillermo como DT de Boca? Bien, Guille siempre sabía todo, estaba muy informado. Los primeros que me agarraban en el hotel para saber cosas del rival eran Guillermo y Román. “¿Qué viste, Toti?”, me preguntaban los dos, estaban todo el tiempo pensando en fútbol.

89 ¿No le juega en contra que proteste y se queje tanto? Pero no es el único, eh, está de moda ahora que los técnicos corran y salten. Viste, aparte pienso que acá, el que no llora, no mama; si te quedás callado, el otro te pasa por arriba.

90 ¿Ve puntos de contacto entre el River de Gallardo y el Boca de Bianchi? Le veo un buen trabajo a este pibe Gallardo, el equipo está muy rápido, ataca por todos los frentes, tiene gente que maneja bien la pelota, pero no lo veo parecido a los equipos de Bianchi para nada.

91 ¿Este River de Gallardo gana con las armas históricas de Boca? No me parece, el único que se puede asemejar en estilo al juego histórico de Boca es Ponzio, y Maidana atrás, pero los demás no tanto, son más livianitos y rapiditos.

Veglio es el único hombre en la historia de Boca en haber obtenido 5 de las 6 Libertadores que tiene el club y las 3 intercontinentales.

92 ¿Cuántos nietos tiene? Por ahora, uno solo: León, el hijo de Luciana Libertad. Tiene 3 años y ya se viste con la camiseta y el pantalón de Boca. De Matías Martín, mi hijo mayor, aún no han venido.

93 ¿Qué hace en el día a día? Hoy no estoy trabajando, pero voy seguido a la cancha a ver partidos. Lo llamo a Miguel (Tojo) y por ahí arrancamos para la de Argentinos Juniors. Nosotros tenemos un carnet de la Asociación de Técnicos y con eso podemos entrar; si no, con la caripela (risas).

94 ¿A Boca no va? A Boca no voy porque tuve problemas alguna vez para entrar y pasé un momento desagradable. Los de las puertas son muchachos jóvenes y no te conocen. Yo le decía: “Jugué acá muchos años, fui ayudante de Bianchi”, y me respondían que espere, que por acá no, que vaya por allá, hasta que me vio uno y le dijo “¿cómo no lo vas a dejar pasar?”. También me ocurrió algo parecido en 2012, cuando fui a La Candela.

95 Su segunda casa… Claro, ahí concentrábamos con el Loco Lorenzo, pero en esta ocasión iba como coordinador de inferiores de San Lorenzo a ver los partidos de las inferiores. Un pibe metió un gol, me lo vino a dedicar al alambrado y uno de seguridad me quiso echar. Justo apareció el Heber y le dijo al de la guardia: “¡Vos estás loco, salí de acá!”.

96 ¿Ese fue su último trabajo en el fútbol? Sí, fueron dos años con Miguel Tojo, el Cabezón Piris, el Gallego González, el Pampa Biaggio, Yaya Rossi, Carotti y el Toscano Rendo, entre otros. Cuando ganaron Lammens y Tinelli nos dijeron que iban a traer gente de ellos. Una pena.

97 ¿Se sigue viendo con ex compañeros? Sí, claro. Con Marito Zanabria, Panchito Sa, el Chino Benítez y el Ruso Ribolzi charlamos bastante por WhatsApp, tenemos un grupo del 76; con el Heber y con Felman también. Con Miguel Tojo, Pedrito González, el Cabezón Piris, y el Chango Cárdenas nos vemos seguido porque viven cerca de casa, también con Toscanito Rendo y Sapo Villar cada tanto, con Victorio Cocco, y con todo aquel que me cruce me tomo un café…

98 ¿Mantiene contacto con ex dirigidos? Donde los veo, nos saludamos; si no, no, porque son de otra generación. Estuvimos charlando en el partido homenaje a Battaglia, acordándonos y riéndonos, ahora espero que me invite Riquelme para el suyo en diciembre…

Con mucho entusiasmo y buena memoria, el Toti en su hogar, repasando vivencias.

99 Estuvo en 5 de las 6 Libertadores ganadas por Boca y en las 3 Intercontinentales, ¿es consciente de ese dato? Sí, sí, a veces me hago lío con los años. Tengo una caja de medallas y de golpe me pregunto: “¿Y está de cuándo es?”. Mirando esa caja, me recuerdo…

100 Vio a Boca como hincha en los 50 y 60, fue jugador en los 70, ayudante de Bianchi en los 2000, ¿Quién es el máximo ídolo de la historia de Boca? Es difícil… De pibe, yo lo veía a Angelito Rojas, y era una cosa espectacular. Y… te diría que Rojitas y Riquelme; Palermo era tremendamente efectivo, una fiera dentro del área, pero lo que queda en los ojos es el juego, y estos dos, Rojitas y Román, te atrapaban por el juego.

Por Diego Borinsky / Fotos: Maxi Didari y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de abril de 2017 de El Gráfico

 

 

Por Diego Borinsky: 08/05/2017

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