Fútbol

Las duplas: Perinetti y Ochoa

Natalio Perinetti, un 7 vertiginoso, Pedro Ochoa, un 8 gambeteador. Juntos formaron uno de los mejores binomios de la historia. En Racing fueron campeones en 1919, 1921 y 1925.

El viernes 5 de abril de 1946, casi 20 años después que se retiraran estos cracks, El Gráfico abría su edición Nro. 1395 con la siguiente nota:

FIGURAS INOLVIDABLES: PERINETTI-OCHOA.

Ha quedado en el recuerdo. Y cuando una cosa perdura es porque vale. No entremos a comparar épocas: cada figura deportiva de relieve es de su momento, como lo son los records. Puede asegurarse una cosa, que el ala derecho de Racing estuvo integrada por dos jugadores de calidad: Natalio Perinetti y Pedro Ochoa. Que los centros académicos del puntero hoy servirían para que a los arqueros les tomaran buenas fotos; que el gambeteo de Ochoíta no encajaría en el fútbol moderno y estaría lejos de la característica profesional, nada de eso interesa. Lo único inobjetable es la calidad. Y bien: el hombre de la clase lo sería de cualquier época, de aquella a que perteneciera, porque la clase no tiene época. Más atrás o más adelante en el tiempo, Perinetti-Ochoa habrían sido igualmente grandes.

Pocos binomios se entendieron tanto con tan escasas palabras. Hablando poco, se comprendían. Mostraron siempre caracteres opuestos. Pero jugando, encontraban el lenguaje afín. Se advertía en ellos tal intuición que se adivinaban los pensamientos. O los conocían. Un pase del winger al insider, éste se desplazaba hacia el centro y el puntero que corría, al parecer, sin ninguna razón. De pronto, media vuelta del entreala y el pase medido calibrado. A veces, Natalio hacía “la calesita”: se ponía a dar vueltitas en un trotecito escarceador. Causaba gracia al verlo. Solía detenerse bruscamente, iniciar un arranque, hacer carreritas cortadas, a piques... y llegar justo al pase. ¿Lo ordenaba Perinetti mentalmente o lo intuía Ochoa? El insider la llevaba atada a los pies. Si el half venía de la derecha, la pasaba a la izquierda; o viceversa. Con cara huraña, con gesto de enojo, daba la sensación de que no quería jugar. Sin embargo, sentía el placer del aficionado, la pasión del muchacho portero que viene apilando gente. Hace veinte años la admirábamos: hace mucho que la recordamos. Cuando se cita el ala de Racing, o quiere fechas. Parece que hubo una sola. Es la inolvidable, la que cerrando los párpados, todavía la vemos jugar...

Se habla de la velocidad actual, del estado físico que requiere, de que los arqueros salen y cortarían los centros bombeados de antes... Nada interesa. El tiempo ha respetado una calidad. Y la calidad se impone en todo tiempo.

(El Gráfico 5 de abril de 1946)