MáS QUE MIL PALABRAS

El depredador: #MásQueMilPalabras sobre el crecimiento del fútbol chino

- por Martín Mazur: 03/05/2017 -

¿El Occidente está colonizando a la liga China? ¿O es al revés? Un texto de Martín Mazur.

A lo lejos, la foto es la de un equipo más. Un plantel de inferiores de La Masía, la academia ahora mundialmente famosa del Barcelona, desde que Xavi, Iniesta, Messi y Césc ayudaron a expandir su nombre y convertirlo en sinónimo de excelencia educativa y valores deportivos y humanos.

En la fila de arriba de la foto, entre otros, aparece el presidente actual del Barcelona, Josep Bartomeu, y también está Ronaldinho, en su segundo acto oficial como embajador global del club. Hasta ahí, ninguna novedad. Pero son las dos filas de abajo las que sorprenden: son los nenes del Barcelona chino.

El FCB Escola apunta a los niños y niñas de 6 a 12 años (en Barcelona) y llega hasta los de 18 en el resto del mundo. Y el resto del mundo hoy tiene mucho que ver con China.

Mientras la liga china rompe récords y destroza los parámetros de mercado, quedándose con jugadores que privilegian ganar 6 o 7 veces más a cambio de resignar virtualmente sus carreras, algunos de los magnates chinos ya apuntan a la expansión puertas afuera: el Inter y el Milan pueden dar fe. Pero el Barcelona también encara el camino inverso: el que primero logra hacer un puente con China tendrá una ventaja innata por sobre los que lleguen después. Y en ese sentido, la decisión política del club catalán es más que una carta de intenciones: ya abrió dos escuelas, una en Qingdao y la otra (la de esta foto) en Haikou. Y ya anunció la tercera, en Chengdu. Banderitas que se plantan en el mapa y que tienen un criterioso análisis en términos de llegada a la población, potencial deportivo y de marketing.

La de Haikou es la primera escuela que será manejada íntegramente por el FCB, en otra clara declaración de principios: asociar la marca con un developer local para tener un beneficio económico podría significar una parte interesante a nivel financiero, pero el Barcelona va más allá. Busca talentos. Por la escuela de Haikou pasarán mil chicos.

China es el país más poblado del mundo, con más de 1350 millones de personas. Y contando. Los valores demográficos invitan a suponer que, con un plan sustentable, su potencial futbolístico será demoledor. Sin embargo, mientras el fútbol occidental se transformó masivamente en los últimos 20 años, China quedó más a la deriva que con un rumbo definido.

“Hay mas de mil millones, lo único que necesito es encontrar a 11”, describía confiado el simpático Bora Milutinovic cuando se hizo cargo de la selección en el año 2000. Fue la única vez que China se clasificó a una Copa del Mundo: jugó tres partidos y perdió los tres. Cero goles a favor, nueve en contra. El 0-2 contra Costa Rica todavía ronda en la cabeza del experimentado entrenador serbio, que sabía que los partidos contra Brasil y Turquía eran prácticamente imposibles de ganar. Fue la única vez que Bora no logró pasar de ronda en un Mundial, después de haberlo hecho con México, Costa Rica, Estados Unidos y Nigeria. Hoy a la selección la dirige Marcello Lippi, quien se vio sorprendido por una invasión de periodistas durante uno de sus primeros entrenamientos. Literal invasión de campo. Los reporteros saltaron al campo y se entremezclaron con los jugadores. Fotos, videos, micrófonos. Lippi no podía entender qué pasaba. “No ven que necesito trabajar”, aducía boquiabierto. Le llevó lo que duró esa práctica darse cuenta de que necesitaba con urgencia un jefe de prensa, alguien que tratara de ordenar a los periodistas. Fue su fichaje estelar.

Hasta el año pasado, no volvimos a saber mucho más de China a nivel futbolístico. Siempre debajo del radar, apenas llamaron la atención algunas adquisiciones invertebradas del Guangzhou Evergrande: los 10 millones de dólares que se pagaron por el volante nacido en Pacheco, Darío Conca, en 2011, récord de transferencia que al año siguiente rompió un delantero de San Fernando, Lucas Barrios, quien llegaba del Borussia Dortmund.

La vía china siempre se asoció como una opción deportiva a contramano, pero nunca un pase generó tanto shock como el de Didier Drogba al Shanghai Shenua, a mediados de 2012. El marfileño jugó la final de la Champions League con el Chelsea, empató el partido contra el Manchester United en el minuto 88 y luego marcó el penal decisivo para que los Bleus fueran campeones de Europa por primera vez. Y desde ahí, tras ocho años en el Chelsea, tomó un viaje al ostracismo de Lejano Oriente, para jugar al lado de su ex compañero Nicholas Anelka, a cambio de 300.000 dólares semanales.

¿Iba en serio lo de China, entonces? Sólo el año pasado hubo una respuesta oficial: sí.

Los golpes de efecto ocasionales se transformaron en un auténtico dominó. Ya no eran sólo nombres como el de Carlos Tevez, a quien los chinos habían querido llevarse antes de que firmara con Boca, por 20 millones al año, los que decidían orientar el final de su carrera allí. También empezaron a haber casos como el de Axel Witsel, el volante belga que a los 27 años le dijo no a la Juventus para irse al Tianjin Quanjian. Por ahora no lograron seducir a uno de los top 10 del mundo del fútbol, pero están apuntando a la segunda camada: Hulk, Pato, Oscar, Graziano Pellé, todos hombres de selección. El personaje de tapa de esta edición, Lucas Alario, eligió el camino inverso: privilegió lo deportivo a lo económico, soñando todavía con jugar en el “pobre” fútbol europeo. Pero desde China por ahora siguen estudiando el comportamiento de las estrellas, midiendo cuál es el verdadero valor por el que transformarán una negativa en un rotundo sí. Si, como dice el viejo chiste, lo que faltan son inversionistas, en el caso de China ese tema no es un problema.

Tal es la distancia en cifras, que los clubes de Europa comenzaron a reescribir los contratos con una doble cláusula de rescisión: un valor para el mercado occidental y otro para el resto del mundo. Es una medida defensiva: con una ola más agresiva desde China, el fútbol europeo tal como lo conocemos podría destruirse en un par de temporadas.

Uno de los expertos occidentales del mercado futbolístico chino es el inglés Stephen Perry, quien en 1978 llevó al West Bromwich Albion a una gira por Shangai, mientras presidía una firma de comercio exterior con capitales ingleses y chinos. “Basta con ver los números de audiencia de los chinos para darse cuenta de que muestran un interés mucho mayor al de los ingleses y la mayoría de los países de Europa. La pasión existe, sólo que va canalizada a las estructuras existentes, y el plan es que se traslade a una estructura nueva”, le dijo al sitio aipsmedia.com.

Ahí es donde empieza la verdadera batalla por un cambio de rumbo: una superliga con peso específico propio y con una extraordinaria penetración en el mercado local. Un negocio para el que 100 millones por un pase significan apenas un vuelto. Cuando los jugadores más importantes vayan a jugar la temporada de liga en Asia, cuando China logre transformarse en el buque insignia del continente, su poder de fuego será tan grande que el campeonato estará entre los top del mundo. Eso es lo que opina Perry y a lo que apunta el gobierno chino, con una meta realizable: el año 2050.

El desembarco del Barcelona, con la sonrisa icónica y magnética de Ronaldinho, bien puede verse como el del colonizador que llega a plantar bandera, con su innegable rol de líder en la cadena alimentaria, pero también es la imagen del accionista que viene a negociar las pérdidas, antes de que sean demasiado grandes. “El mercado de China es un peligro para todos, no sólo para el Chelsea, sino para todo el mundo del fútbol”, declaró Antonio Conte luego de perder al brasileño Oscar a cambio de 60 millones de libras. Aunque la foto sugiera lo contrario, el superdepredador podría ser China. La misma estrategia que usó para convertirse en uno de los reyes de la economía mundial ahora se aplica en el fútbol: que vengan todos; cuando no tengan otra opción, los engulliremos. El presidente Xi Jinping, un fanático que iba a ver al Beijing Guo’an en bicicleta en los años 90, ya decidió invertir 700 mil millones de dólares a lo largo de los próximos 10 años. Cincuenta mil nuevas escuelas de fútbol funcionarán a todo vapor en el año 2025, con 50 millones de federados. El fútbol, además, será materia obligatoria en todos los colegios. Y los mejores tendrán privilegios para acceder a la universidad. Por ahora, la selección está por debajo de países como Islas Feroe o Curaçao. Pero no por mucho tiempo.

Dentro de algunos años, aquella frase de Bora Milutinovic seguirá pareciendo risueña, pero acaso por los motivos equivocados: ¿Y si en lugar de encontrar once, el problema de China fuera elegir sólo a once?

Por Martín Mazur

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Nota publicada en la edición de abril de 2017 de El Gráfico

Por Martín Mazur: 03/05/2017

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