JUGADORAZOS

Carlos Cecconato, el quinto elemento

- por Redacción EG: 19/04/2017 -

Surgió como un polifuncional volante de contención en El Porvenir, pero con su prestancia se convirtió en el termómetro de una de las delanteras más recordadas de Independiente. También jugó en la Selección y lo obligaron a retirarse a los 28 años, en la cúspide de su carrera.

Pose típica de crack para una producción especial de El Gráfico realizada en septiembre de 1951.

“Don Alfredo, dígales a estos argentinos que se detengan o nos van a aplastar”. Con las manos en las rodillas y recuperando el aire perdido, Paco Gento, el extremo estrella del Real Madrid de los cincuenta, se acercó a Di Stéfano y le pidió que intercediera ante sus compatriotas para rogar clemencia. Era el 8 de diciembre de 1953 e Independiente, que estaba iniciando su primera gira por Europa, estaba goleando 6-0 al Real Madrid en el viejo Chamartín. Fue la primera y única vez que el Merengue encajó un resultado semejante como local, y todo el estadio se puso de pie para despedir, entre aplausos, a la delantera del Rojo que acababa de firmar su obra cumbre.

El comandante de aquel Quinteto de Oro, que maravilló al fútbol argentino, era Carlos Cecconato, autor de un doblete ante el Real Madrid. Surgido de El Porvenir como volante de contención, llegó a Independiente en 1947 por recomendación de Ernesto Grillo, a quien conocía desde chico, y a cambio de cuatro mil pesos de la época y la cesión de dos jugadores de Tercera División. Su debut oficial llegaría en 1950, contra Rosario Central en Arroyito, y la simbiosis sería inmediata: Cecconato anotó dos goles para el 4-2 de esa tarde. Desde entonces, se convirtió en el cerebro de un equipo brillante que plasmó su dominio a través de su delantera, compuesta también por Rodolfo Micheli, Carlos Lacasia, Grillo y Osvaldo Cruz. 

Claro que esa arquitectura perfecta se gestó a su tiempo, porque el primero en debutar fue Grillo, en 1949. Un año después, se sumó Cecconato y en 1952 subieron desde las inferiores Cruz y Micheli. El último en acoplarse fue Lacasia, un jugador cordobés tildado de “obeso” que llegó desde General Paz Juniors y que se destacó por su lucidez mental y su voz de mando.

Junto a Romay y Lacasia, compañeros en el Independiente de 1951.

En ese cuadro de situación, Cecconato, heredero de Vicente De La Mata tras su partida a Newell’s, no tardó en convertirse en el director de orquesta. No solo era el jugador que manejaba los hilos del ataque, sino que también descollaba por su visión de juego y su notable capacidad tiempista. Desde su puesto de interior derecho hacía las veces de carrilero, una función que en esos años se conocía como émbolo o peón de brega. Además, por sus inicios como volante de marca, también conocía el puesto de centrojás y podía cumplir funciones defensivas si el equipo lo necesitaba. Junto a Angel Perucca, de Newell’s, fue uno de los primeros jugadores del fútbol argentino que empezaron a distinguirse por el control orientado. Siempre bien parado, siempre perfilado, siempre buscando el hueco para habilitar a un compañero, porque Cecconato hizo historia con sus goles, pero más se destacó por sus asistencias.

Así fue que, tras el tercer lugar de 1952, Independiente abrió el Campeonato de 1953 como el gran candidato. Empezó arrasando y llegó a golear 3-0 a Racing, pero ese partido terminó en escándalo y fue el principio del fin. Luego de la trifulca entre los jugadores, Cecconato y Grillo fueron suspendidos por diez fechas, y el Rojo, que marchaba primero, se cayó. Cerró el año en el cuarto lugar con 35 puntos, lejos de los 39 de Racing y Vélez, y de los 43 del campeón River.

No obstante, en 1953 se daría un hecho inédito en el fútbol argentino, ya que por primera vez fueron llamados a la Selección y formaron como titulares los cinco delanteros de un mismo equipo. Para jugar el 14 de mayo ante Inglaterra en el estadio de River, el entrenador Guillermo Stábile convocó al Quinteto de Oro, y el resultado fue inmejorable. Argentina venció a los británicos, y Grillo, que hizo un doblete, marcó el “gol imposible”: tras un pase de Lacasia, entró al área por la izquierda y casi en la línea final, sin ángulo, la metió entre el palo y el arquero. También Micheli anotó un tanto en el histórico 3-1 que definiría por años la mayor hazaña del fútbol argentino. Tal fue el impacto de aquella victoria, que el 14 de mayo quedó marcado en el calendario como el Día del Futbolista. También en el Monumental y una vez más con gol de Grillo, la delantera del Rojo repitió formación y resultado en otro triunfo de la Selección, 1-0 sobre España.

Otra toma de la producción para El Gráfico en 1951, para la cámara de un prócer de la fotografía: Ricardo Alfieri.

A pesar de la decepción por el tropiezo final en el Campeonato de 1953, el buen nivel futbolístico de Independiente posibilitó que el club saldara una antigua deuda cuando fue convocado para una extensa gira por Europa. Fue el último de los denominados equipos grandes en llegar al Viejo Continente y, al margen del triunfo ante el Real Madrid, acumuló también victorias contra Valencia, Sporting de Gijón, Atlético de Madrid, Celta y Benfica. También jugó partidos en Francia, Austria, Bélgica, Holanda e Inglaterra. En total,  disputó doce amistosos, ganó ocho, empató uno y perdió tres, con 39 goles a favor y 19 en contra.

Cecconato fue la gran figura del plantel durante la gira y generó la admiración de los posicionales jugadores europeos. Su recorrido de ida y vuelta y su despliegue desde la mitad de la cancha para hacer sinapsis con sus compañeros pusieron su nombre en el radar de los principales equipos. Real Madrid y Milan preguntaron por las condiciones para su traspaso, pero fue declarado intransferible. Sin embargo, la publicidad que se había ganado el equipo en general y él en particular era arrolladora.

En 1954, Independiente volvió a arrancar el campeonato con el cartel de candidato, pero la histórica delantera había empezado a cambiar. Lacasia alternaba buenas y malas, y a fin de año dejaría el equipo para jugar en Tigre, mientras que Ricardo Bonelli empezaba a ganar terreno como su reemplazante. El Rojo volvió a hacer una buena campaña y estuvo muy cerca del título, pero sucumbió en el tramo final ante el poderío de Boca, que, dirigido por Ernesto Lazzatti, se consagró de nuevo campeón tras una década de sequía y con récord de recaudación y de asistencia de público.

Abrazado por Mouriño, al término de un partido del Sudamericano de Chile 55, donde logró el único título de su carrera.

No obstante, el Quinteto de Oro volvió a reencontrarse para una última función. Fue en Santiago para disputar el Sudamericano de 1955, que la Selección ganaría de punta a punta tras superar, en el todos contra todos, a Paraguay, Ecuador, Perú (Cecconato marcó un gol en este partido), Uruguay y Chile. La definición contra los locales, que fue trágica porque la falta de organización generó una avalancha y el derrumbe de una tribuna que terminó con un saldo de ocho muertos, vino a liquidar una cuenta pendiente de la delantera, que a pesar de las buenas actuaciones y del fútbol desplegado nunca había podido gritar campeón. En ese Sudamericano, Micheli fue el goleador con ocho tantos.

En tanto, en el campeonato local, Independiente volvió a quedarse en la puerta, con un cuarto lugar con gusto a poco, a nueve puntos del River que iniciaba el camino de su primer tricampeonato. Sin embargo, en 1955, Cecconato acaparó las tapas de los diarios con un golazo de palomita ante Boca, el día del regreso del Atómico Mario Boye al Xeneize: “Ese cabezazo fue raro –aclaró el protagonista–, yo fui para ver si podía agarrar la pelota, porque faltaba un minuto y estábamos perdiendo. En esos momentos, cuando faltaban cinco minutos y el equipo iba ganando, las hinchadas agitaban un pañuelo blanco. Cuando vi que los de Boca empezaron con eso dije ‘ya está’. Para colmo ellos ganaban poco en la cancha de Independiente. Así que en medio de todo eso me metí en el área, tiraron el centro y me zambullí de cabeza para hacer el gol. A veces, cuando me piden que lo narre, digo que me tiré por el cansancio y listo”.

En 1956, el Rojo volvió a cumplir una campaña regular (séptima posición) y al año siguiente hizo la que fue, hasta ese momento, la peor campaña en el Profesionalismo (octavo puesto).

Con el Pardo Abbadie, delantero de la selección uruguaya.

En 1957, la partida de Grillo al Milan descabezó al Quinteto de Oro, y la sorpresa mayor llegó cuando Cecconato discutió con los dirigentes de Independiente, que tenían fama de tacaños, y se negó a renovar su contrato. En medio del conflicto, el jugador no aceptó ir a una gira por Brasil, y el club recurrió a la AFA logrando que lo sancionaran por dos temporadas. Cecconato tenía 28 años, estaba en la cúspide de su carrera e increíblemente la sanción lo obligó a retirarse.

La mejor delantera de la historia de Independiente, y una de las más recordadas del fútbol argentino, se desarmó sin haberle podido dar un título al Rojo. “Creo que no se dio el campeonato porque otros cuadros con menos potencial tenían más suplentes –declaró Cecconato–. Nosotros éramos pocos y yo no voy a acusar a nadie, pero con otros directivos, o si hubiesen traído refuerzos, los títulos habrían aparecido. También nos costaba cerrar los partidos: íbamos 3-0 y seguíamos jugando y jugando, queríamos hacer más. Al final, muchas veces nos empataban. Perdimos muchos puntos así”.

En total, Grillo hizo 90 goles en Independiente, Lacasia 61, Bonelli 55, Micheli 53, Cecconato 51 y Cruz 45. Dejando de lado a la Selección y a los partidos amistosos, llegaron a 355 tantos. Ninguna delantera, ni siquiera La Máquina de River, logró un récord semejante.

Tras su retiro forzoso, Cecconato se mudó a Mendoza y despuntó el vicio en ligas regionales. Tiempo después, puso un kiosco de diarios en Bernal, una inversión a la que los futbolistas apelaban bastante. Sin embargo, la sensación de vacío quedó flotando en el ambiente: a Cecconato, justo a él que hizo jugar a tantos, lo sacaron de juego demasiado rápido y cuando tenía mucho más para dar. La pérdida mayor radicó en todas las asistencias que no pudieron ser y en la deuda eterna, el título que nunca llegó.

Por Matías Rodríguez / Fotos: Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de marzo de 2017 de El Gráfico

Por Redacción EG: 19/04/2017

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