ENTREVISTAS

Hugo Tocalli: “La docencia genera mucho estrés”

- por Darío Gurevich: 10/04/2017 -

Charla profunda con un formador exitoso: la AFA y un rumbo a seguir, su mirada sobre inferiores desde lo estructural, la presión social y lo futbolístico, Maradona, el Indio Gómez, Messi y Riquelme, y los objetivos como co-coordinador de juveniles de San Lorenzo.

En julio pasado, volvió al CASLA para amplificar y jerarquizar la buena base de juveniles. Hugo conoce el club por haber hecho inferiores ahí.

San Lorenzo no es una isla en el mapa del fútbol argentino. Pero se le parece. Se nota fácil que hay sinergia. Se percibe rápido que existe un proyecto que se respalda a través de un proceso.

Hugo Tocalli no solo observa la práctica de la Primera por curiosidad. El hombre, que respira fútbol hace 69 años, es el co-coordinador de las inferiores del club. Se ocupa de reclutar jugadores, de aconsejar a entrenadores y, también, de interactuar con la Tercera, la Primera y el manager –Bernardo Romeo–, por pedido de Fernando Kuyumchoglu, el coordinador de juveniles. El cordobés aplica el bagaje que incorporó al trabajar con éxito –en especial en las categorías formativas– bajo la órbita de la Asociación del Fútbol Argentino durante 13 años seguidos. Su desafío tiene, entre las cuestiones primordiales, un fin superador: amplificar y jerarquizar una base ya consolidada en Boedo.

En la estructura de la AFA, sucede lo contrario. Ante las intensas disputas dirigenciales de poder y el océano de dudas que se genera, la planificación escasea, solo surgen arrebatos individuales, y los procesos duran una primavera: nacen y mueren jóvenes. Por eso, Tocalli expresa, como si le saliera desde el alma, su deseo: “Ojalá se solucione el tema del fútbol argentino. Quiero que vuelva a ser lo que fue, lo que me tocó vivir no hace tanto tiempo. Porque nuestro fútbol era admirado en el mundo”.

A Hugo no le interesa referirse ni a hombres ni a decisiones puntuales de la AFA. Tampoco pretende opinar sobre la actual conducción de los seleccionados juveniles. Solo le preocupa reconstruir para el bien común y propone un disparador: “Los juveniles deben proveer a la Selección Mayor. Los jugadores tienen que seguir apareciendo, y no me gusta que los chicos tengan tan pocos partidos encima. Por ejemplo: Santiago Ascacibar lleva un año en Primera División y, antes del último Sudamericano Sub 20 de Ecuador, no alcanzaba los 10 partidos en los seleccionados juveniles. Esto no debe pasar porque después lo vamos a sentir en la Mayor. De hecho, Ascacibar ya debería acumular 40 o 50 partidos en las juveniles para adaptarse mejor cuando le toque subir a la Mayor. Marcelo Bielsa hizo debutar a Mascherano en la Selección, y Javier, que no había jugado en Primera, ya sumaba 60 partidos en las juveniles y otros tantos como sparring de la Mayor. Entonces, esos partidos en las juveniles hacen crecer y darles más categoría a los jugadores”.

-¿Fueron refundadores, junto a José Pekerman –al que acompañaste como colaborador principal–, de los seleccionados juveniles argentinos?
-No lo sé… Pachamé hizo un trabajo y no se le dieron los resultados; Mostaza Merlo también desarrolló su trabajo, y Pekerman presentó un proyecto en la AFA y se lo tomaron. Me pareció acertado que se haya considerado a un entrenador con experiencia en divisiones inferiores. Porque para dirigir a las juveniles se necesita conocer, haber trabajado ahí.

-¿Son tan válidos los títulos que ganaron como la plataforma que generaron?
-Sí; la mayoría de los países no trabajaba a los juveniles. Cuando vieron qué pasó con Argentina, empezaron. Hoy, casi todos los entrenan de manera permanente.

Dedos de acero para Hugo en sus inicios en Quilmes.

-¿Qué medidas tomarías para cumplir con tu deseo: que el fútbol argentino resurja y vuelva a brillar en el mundo?
-Podría hablar sobre la parte técnica y táctica… Pero debemos definir un camino. El problema es que hoy no hay camino, no se sabe para dónde va el fútbol argentino. Por eso, la AFA tiene que establecer un rumbo: ¿habrá un presidente, se hará la Superliga? Hace dos años, los dirigentes la dilatan; es un error esperar. Se deben tomar medidas urgentes a favor de un proyecto. Este bendito país es visto y querido en el mundo. Nuestros jugadores son valorados en el exterior. Entonces, ¿por qué no usamos ese poderío para crecer? Nos preocupamos por formar un equipo, pero en realidad hay que ocuparse de formar una estructura grandísima en juveniles para avanzar.

-¿Te considerás un docente?
-Sí; me interesa estar cerca de los jóvenes. En 2007, volvimos con la Copa del Mundo Sub 20 de Canadá, competimos en el Mundial Sub 17 de Corea, y empecé a trabajar en Primera División en Vélez. Después, me fui a Colo Colo, logramos un título, asumí en Quilmes, dirigí tres meses al primer equipo, y volví a dedicarme a las inferiores. Me gusta la docencia, la enseñanza. Todas las mañanas voy a trabajar con la ilusión de descubrir un talento y de que los chicos de San Lorenzo sobresalgan.

-¿La docencia aplicada al fútbol genera estrés?
-La docencia genera mucho estrés. Al no tener potreros, se deben fichar a los chicos con condiciones y talento, y formarlos en todo. Antes, si los pibes tenían potrero, se los ponía bien físicamente para largarlos en Primera División. Hoy, uno debe ser docente para todo: cómo tirar un centro, cómo cabecear, cómo buscar los perfiles, cómo pararse en diferentes puestos y cómo desenvolverse en la vida privada. A los jóvenes hay que ayudarlos en un montón de cuestiones.

-¿Cuáles son las tres claves para desarrollar un buen trabajo en inferiores?
-Primero, respetar a los jugadores para ser respetado. Segundo, desvivirse por la enseñanza, por querer hacer crecer a cada jugador. Yo vivía para el fútbol y dejaba todo de lado. Por eso, les tengo que agradecer a mi señora y a mis hijos. Tercero, la constancia para progresar junto a los futbolistas. Nunca me creí lo que logré y siempre quise más para pensar en el futuro de cada jugador, en el futuro de cada trabajo que hacía. Repito: me levanto todos los días con la ilusión de detectar un talento.

-¿Cómo se explica que aún salgan buenos jugadores en este país?
-Adonde vas, hay buenos valores. El futbolista argentino tiene un plus: aparece más en los momentos difíciles. Igualmente, tenemos un gran problema en el fútbol juvenil: los proyectos; cómo todo está organizado, hasta los campeonatos. En la Argentina, todos se preocupan por el hoy, por cómo se salió el sábado. Y no, esto se extiende a mucho más: a pensar qué nos falta en el fútbol juvenil para crecer todavía más, para no perder a la gallina de los huevos de oro. Un ejemplo: tenemos que apoyar al Interior del país, porque ahí se consiguen a los jugadores. También, hay que respaldar a la provincia de Buenos Aires, a la Capital Federal, al baby. ¿Por qué los chicos de ocho años piensan en ganar y tiran la pelota para arriba para que uno la cabecee y sea gol? ¿Por qué se olvidan de jugar y de tirar un caño? Entonces, hay que corregir todo eso. Durante nuestros años de trabajo en la Selección, nos decían en el exterior que trataban de buscar a los jugadores argentinos porque rompían los esquemas cerrados con inventiva. Lamentablemente, nosotros nos olvidamos de eso para ir a la parte física y de fuerza.

-¿Desde qué lugar hay que contener a los chicos de hoy?
-Los tiempos cambiaron, la sociedad también. A veces, tenés que decir que no. Todo no es sí. No hay que darles la facilidad que ellos creen que deben tener; hay límites, hay que enseñárselos, y eso es fundamental. Más allá de la técnica, tenemos que trabajar en el apoyo, en tratar de ayudarlos, pero con determinados límites. Igual, en la Argentina, la conducta es buena por parte de los chicos.

Ya más hecho, con la 1 del Cervecero.

-¿La derrota es tan traumática como nos inculcaron desde chicos?
-Nosotros generamos que perder sea traumático. Si nos embarcamos en un proyecto, si crecemos a partir de ahí, ¿qué problema hay si el sábado pierden las seis categorías? Si el trabajo es a futuro… Ahora, si no se hace nada, si lo único que se busca es el resultado, entonces sí: la derrota es traumática. El problema es que lo único que interesa es cómo salimos el sábado. Y no es así en el fútbol juvenil, porque lo que debe interesar es el futuro del club, hacia dónde se apunta, a través de los proyectos de los dirigentes. Por suerte, esto lo encontré en San Lorenzo.

-¿Cómo se les saca a los jóvenes el miedo a la frustración?
-El progreso de los chicos está ligado a que jueguen bien, crezcan como futbolistas y a que ganen. Pero perder no es ni el abismo ni que esos jugadores no sirven más. Hay que apoyar, porque el proyecto es a futuro. De todas maneras, tienen que sentir la derrota; no los debe derrumbar, pero sí doler. Porque si no, se van a estancar. También, hay que enseñarles a festejar lo justo, lo necesario. Cuando se logra un título, hay que saber que lo que viene será más exigente. Porque, si sos el campeón, te van a exigir más.

-¿Es bueno o es malo que haya presión hasta en el baby?
-Es bueno. Los problemas son otros: olvidarse de jugar y excluir a los que juegan bien porque o no corren tanto o no recuperan la pelota. Hay que buscarles el puesto, porque los buenos deben estar siempre. Nosotros tuvimos la suerte de contar con Juan Román Riquelme, Pablo Aimar, Andrés D’Alessandro… En general, nuestros equipos en las selecciones juveniles han tenido enganche. En el último Sub 20 que nos tocó conducir en 2007, Ever Banega y Maxi Moralez se transformaron en un doble enganche. En San Lorenzo, me gustaría encontrar dos enganches por categoría.

-Muchos dicen que al fútbol se juega con enganche. ¿Coincidís?
-Si se dejaran de lado a los enganches, estaríamos jodidos. No sé si el fútbol argentino se moriría… Pero no sería el mismo; perderíamos nuestra esencia. Si en la mitad de la cancha tenés buen fútbol, la pelota les va a llegar prolija a los delanteros. Así es más fácil que sean goleadores. Para mí, los talentos, los que juegan bien, tienen que estar en el mediocampo. Creo en ese fútbol.

-¿Qué es lo que más les cuesta a los juveniles de hoy?
-Tener actitud, para ir a entrenarse, patear una pelota… Por ejemplo, si les enseñamos a tirar centros, en especial a los que van por afuera, tenés que estarles arriba. Porque si te das vuelta para explicarles a los que van por adentro dónde se tienen que parar, los otros ya no hacen el trabajo como se pretende. Es claro: como se entrena, se juega el fin de semana.

-¿El dirigente argentino comprende que la sustentabilidad de la mayoría de los clubes se logra a través del fútbol juvenil?
-Al hablar con los dirigentes, aseguran que lo entienden. El problema es llevarlo a cabo. Aquellos que no apunten a los juveniles se les hará muy difícil en un futuro. Las épocas han cambiado, y las divisiones inferiores generan mucho dinero. Entonces, sin ese ingreso, se les va a complicar a los clubes para contratar a tantos jugadores para la Primera.

En la Mayor, como colaborador de Pekerman, antes del Mundial de Alemania 2006.

Si un tic conserva de su etapa como futbolista, es el sacrificio. El arquero, que nació el 21 de enero de 1948 en Monte Buey –provincia de Córdoba–, progresó a base de estar atento y bien parado, a partir de su fuerza de trabajo.

A Hugo no le cuenten qué significa la vuelta a Boedo. Tocalli lo sabe desde adentro al iniciarse en las inferiores de San Lorenzo. Allí gastó suela por las viejas instalaciones de Avenida La Plata, por el recordado Gasómetro; convivió con Los Matadores y se las rebuscó para adaptarse a la vida en Buenos Aires. De hecho, hasta se bancó estar tres meses sin hablar con sus padres, que vivían en su pueblo. “Era caro llamar por teléfono”, acota.    

-¿Cuándo se produjo tu interés por la dirección técnica?
-Era jugador y ya estaba preocupado por dirigir, por la formación de jugadores. En Quilmes, club en el que más tiempo estuve en Primera, iba a ver las inferiores y, cuando los chicos subían, me acercaba y los aconsejaba. Siempre me gustó ver a las categorías formativas; siempre quise ser un formador. Tuve a grandes entrenadores como el Piojo Yudica y Roberto Rogel. Ellos me marcaron sobre qué había que hacer y qué no.

-¿Qué significó haber sido compañero de Maradona en Argentinos?
-Un aprendizaje. Después de un año en el América de Cali, que me permitió entender más el fútbol, llegué a Argentinos en 1977 y fui compañero de Diego, que había debutado en octubre de 1976. Una vuelta, en la cancha de Huracán, Maradona se gambeteó a todos; le amagó a Baley, le tiró la pelota por el otro lado y convirtió. Fue un fuera de serie. Pero aquello de Diego no es casualidad. Tres veces por semana, al terminar los entrenamientos, pedía la bolsa de pelotas y se quedaba una hora pateándome. “La voy a colocar allá”, me decía. “No me digas que llego”, le respondía. Y yo no llegaba. Era una cosa de locos. Cuando jugaba lo miraba siempre: veía dónde se ubicaba para recibir, para dónde corría… Porque no solo se corre para recuperar la pelota, también se corre para recibir, para que el compañero que conduce tenga dos o tres opciones de pase. Entonces, eso lo aprendí en ese Argentinos de Diego, de Lucho Giordano. Era un equipo que tenía una técnica… En Quilmes, también aprendí esto. Tuve de compañero al Indio Gómez, un volante que siempre estaba libre y que era buenísimo. Incluso, en la Argentina, no trascendió porque se fue a jugar a Estados Unidos. En definitiva, haber sido compañero de Diego, conocer al Indio Gómez y haber traído a Messi a la Selección son mis campeonatos del silencio, de satisfacción.

-¿Sabías de antemano que Lionel Messi se transformaría en el monstruo que es?
-No, no. Si afirmara eso, mentiría. Nuestra idea, con José, era que cada Selección, sea Sub 15, Sub 17, Sub 20, tuviera un jugador rápido, que cambiara el ritmo con la pelota en los pies. Y, cuando lo vimos a Messi, resultaba el ideal. Incluso, la primera vez que jugó para el seleccionado en la cancha de Argentinos, agarró una pelota en tres cuartos y terminó adentro del arco. Entonces, nos dimos cuenta de que tenía algo diferente. Supimos que contábamos con un jugador que podía hacer algo muy diferente con la pelota en los pies. Haberse transformado en el mejor del mundo es un mérito de él. A mí me duele muchísimo cuando lo critican y dicen que no quiere a la Selección. Messi tuvo la posibilidad económica más grande que podía tener. La gente de España le ofreció cualquier cosa, y él podría haberse convertido en un rico mucho antes. Y dijo que no, que quería jugar para Argentina. Entonces, ¿cómo no va a querer a la Selección? Quizá no se le han dado las cosas como soñó. Pero estoy seguro de lo que siente, del deseo tan grande que tiene por lograr un Mundial, una Copa América. Creo que él, como Mascherano y esa camada de jugadores, cambiarían mucho dinero por lograr un título con la Selección Mayor.

"Para un formador, no hay una alegría mayor que descubrir un talento", afirma.

-¿El Riquelme que ustedes dirigieron está apenas medio pasito por debajo de Messi?
-A Riquelme lo tuvimos siempre, prácticamente. Cuando lo llevamos por primera vez desde Argentinos hasta los seleccionados juveniles, creíamos que iba a ser un jugador brillante. Era un estratega, manejaba los partidos al ritmo que él creía que tenían que ser. Al no jugar en la Primera de Boca, José lo citó para un campeonato de Toulon, se consagró campeón, empezó a jugar en Primera y no salió más. Aparte de las juveniles, lo tuvimos en el Mundial de la Mayor, en Alemania 2006. Nosotros contamos con un Riquelme extraordinario. Para mí, no podemos compararlo con Messi. Porque Riquelme resultó un estratega más tirando a lo que fue Maradona; se paraba en el medio de la cancha, administraba la pelota y hacía jugar al equipo. En cambio, Messi puede ganar un partido solo con la pelota en los pies. Porque puede hacer un jugada recontra diferente.

-Volvamos a tu presente para conversar sobre tu tarea como co-coordinador en las inferiores de San Lorenzo. ¿Qué objetivo te propusiste?
-En el término de dos años, debemos tener no menos de tres o cuatro jugadores diferentes por categoría para que, en un futuro, puedan pelear por un puesto en la Primera. Hoy, estamos encaminados: contamos con tres o cuatro jugadores, que creemos que van a ser de Primera, en cuatro de las seis categorías. Mi deseo es que la Primera de San Lorenzo esté compuesta en su mayoría por chicos surgidos en el club. 

-Bueno, pusiste la vara alta, ¿o no?
-No, no creo; tiene que ser así en un tiempo no muy lejano. Si no, el trabajo en inferiores no será el que proyectamos. Para un formador, no hay una alegría mayor que descubrir un talento. Ese sueño no se me termina nunca.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de marzo de 2017 de El Gráfico

 

Por Darío Gurevich: 10/04/2017

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