ENTREVISTAS

Fabra, Barrios y Pérez, bien chévere

- por Darío Gurevich: 01/04/2017 -

Los colombianos comparten más que la camiseta de Boca. La intimidad sobre cómo viven en Buenos Aires, sus orígenes que tienen a la humildad y al esfuerzo como denominadores, el equipo de Guillermo y las ansias de ser titulares juntos, José Pekerman y la selección de Colombia, y la alegría como elemento para la vida.

Frank, Wilmar y Sebastián están a la altura de Boca. Se sorprendieron con la vista desde la tercera bandeja de la Bombonera.

La puerta 17 de la Bombonera no está ligada a la desgracia. Por ahí, por donde la prensa acreditada ingresa los domingos futboleros, tres colombianos asoman su humanidad. Frank Fabra, Sebastián Pérez y Wilmar Barrios comienzan a desandar el camino que los conduce al vestuario de la Reserva de Boca. A no confundirse: Guillermo Barros Schelotto, el técnico de la Primera, ni los multó ni los separó del plantel profesional. Solo se dirigen hacia allí por comodidad, para cambiarse y afrontar la sesión fotográfica como corresponde.

“Sebastián, tú administras el balón y pones pelotas a la espalda de los laterales. Wilmar, te quiero con ese ida y vuelta, como siempre; despliega tu potencia física”. El más chistoso del tridente no tarda en salirse con una ocurrencia. Fabra, que resulta tan divertido como un humorista, que viste tan parecido como un cantante de reguetón, les habla a sus amigos como si fuera el entrenador. Pérez y Barrios, tímidos hasta ahí, solo esbozan una sonrisa. Frank sigue en su rol de showman; se siente un tanto más impune por haber sido entrevistado una vez por este periodista, y entonces continúa con la función.

Tras las variantes de las fotos de tapa, Sebastián se plantea un desafío: hace jueguitos, mientras camina de área a área por el césped de la Bombonera. Casi sin despeinarse, lo cumple. “Mañana voy a estar de cama; esto cansa”, agrega. 

El intenso calor de Buenos Aires los agobia. Los tres se quejan al padecerlo. Los tres piden un lugar a la sombra y con aire acondicionado para mantener la charla. Pero eso sucederá dentro de un rato. Aquí y ahora, salta una verdad: los tres son creyentes. “Creo en Dios, padre todopoderoso…”, inicia Wilmar, que lleva la estrella de David, que le regaló su abuela, en su pecho.

Ninguno se entusiasma con el mate. “No me gusta lo amargo”, señala Pérez. “Sabe raro”, acota Barrios y prosigue: “Nos llevamos muy bien, excelentemente a la perfección”.

-Cuando uno no está en su país y tiene la posibilidad de compartir con otros compatriotas, la relación debe ser muy buena y la hemos hecho así –explica Pérez–.

-¿Qué extrañás de Colombia?   
-La familia, la comida y el clima. No me molesta el calor, pero no estamos acostumbrados ni a que haga tanto calor ni a las cuatro estaciones. Igualmente, hay que adaptarse.

-Wilmar, vos estás hace un semestre en Buenos Aires. ¿A qué no te adaptaste?
-A la falta de arroz –sorprende, y Pérez se ríe–. Aquí, el arroz es muy diferente por la manera en que lo preparan; y yo como mucho arroz.

-¿Qué te asombró de la Argentina?
-La ciudad y el Mundo Boca, que es impresionante. Me llamó la atención cómo la gente y el periodismo están pendientes del equipo.

-Frank, vos que vivís hace más de un año en Buenos Aires, ¿ya los llevaste a lindos lugares?
-Cuando podemos, vamos a comer. Fuimos a muchos restaurantes. Somos tres personas muy tranquilas, del hogar, de la casa, y no salimos prácticamente. Sí nos reunimos mucho para ir a comer con nuestras señoras. También, los tres nos venimos en un solo carro para el entrenamiento. Eso nos hace sentir unidos y acompañados.

-¿Qué fue lo más gracioso que les pasó en la ciudad?
-Hubo un amigo mío que no quiso venir con nosotros en el carro porque había un lugar en el estacionamiento del club, que Carlitos Tevez había dejado. Y se vino solo para ganarle el puesto a otro. Ese amigo es Wilmar Barrios y le ganó la pulseada a Sebastián Pérez.
-Yo no sabía eso –admite Pérez–.
-Solo me le adelanté a Sebastián –justifica Barrios–.
-Habíamos quedado en venir juntos –repite Fabra–.

-Mirá si te confundían con una de las estrellas históricas de Boca, Wilmar…
-No, no, la estrella es Frank Fabra.
-No, para nada –dice Fabra–; la estrella es el equipo, siempre y cuando nos acompañemos y estemos identificados adentro del terreno de juego. Así todos vamos a aportar y será beneficioso para el equipo.

-¿Qué resultó lo más triste que atravesaron en la Argentina?
-Por ahora, nada –exclaman Pérez y Barrios–.
-Para mí, lo más triste se produjo cuando dejé mi país y llegué a la Argentina. Me sentí un poquito solo. Ahora, estoy mucho mejor por la compañía de dos compatriotas.

-Sebastián es el único padre de este trío. ¿Sos el más serio del grupo?
-Obvio; soy casado, tengo un hijo, y ellos son solteros, con novia, y no tenemos la misma responsabilidad. A mí me toca ser más tranquilo en muchas cosas, y ellos pueden tener más libertades. Pero eso no quiere decir que no sean serios.
-Exacto –se mete Fabra–; él está casado y tiene un hijo, y nosotros tenemos a nuestras novias y nuestras responsabilidades.

EN LA VIDA, TODO CUESTA 
Fabra pronuncia la leyenda que figura como subtítulo, mientras sube a la platea alta de la Bombonera, una experiencia placentera que los tres mosqueteros llevan a cabo por primera vez. “Caramba, carambota… Desde acá, los partidos se deben ver groso”, sentencia Barrios. Tanto él como Pérez exteriorizan el miedo ante lo empinada que es la tercera bandeja.

Sin embargo, a no dispersarse. Porque este segmento se refiere a los orígenes de los protagonistas. Sus historias no se cruzan, aunque conservan dos factores comunes: la humildad y el esfuerzo.

Fabra la mata y la juega. El lateral por la izquierda siempre es alternativa de pase en ataque.

Frank Fabra nació el 22 de febrero de 1991 en Nechí, pueblo que está dentro del departamento de Antioquia; tiene 26 años y cuenta dos situaciones que lo marcaron a fuego: “Cuando tenía 12 o 13 años, vendía hojaldras en la calle. Son unas galletas de maíz, tostadas, que gustan mucho en Nechí. Mi abuela las hacía, y yo las vendía para ayudar a mi familia, apoyarlos un poco. Además, iba a pescar para comer. Porque en mi pueblo también se vive de la pesca y de la minería. Entonces, me tocó salir a vender las hojaldras los fines de semana; me tocó pasar mucho tiempo solo desde pequeño. Mi mamá era docente –como mi papá– y trabajaba en un pueblito de 230 familias que está a una hora del mío. Yo iba al colegio solo, andaba todo el tiempo solo hasta que ella llegaba los fines de semana. Yo vivía con una prima que me cuidaba. A los 13 o 14 años, también seguí mi camino solo: me fui para Medellín para tratar de buscar mi futuro en el fútbol. La soledad es lo más difícil que viví, pero me enseñó a ser fuerte desde pequeño y a asumir cualquier cosa con la mayor seriedad posible. Quizás por eso las responsabilidades no me pesan mucho”.

Sebastián Pérez vio la luz el 29 de marzo de 1993, en Envigado, que también queda dentro del departamento de Antioquia y a 21 minutos de Medellín por la autopista. Acredita 23 años y brinda su teoría sobre el sacrificio.

“Creo que el más grande surge cuando se empieza en el fútbol o antes de ser un jugador profesional. De pronto, uno no tiene los recursos… En lo personal, mi familia no era de dinero, pero tampoco éramos pobres. Gracias a Dios, siempre había para comer en casa; no sobraba nada, todo era lo justo. Mis padres trabajaban todos los días para comprarme los pasajes para ir a los entrenamientos. Debía tirar en bus unos 20 o 30 minutos. Eso me marcó y me dio la motivación para salir adelante y debutar como profesional. Quería devolverles un poco de todo lo que me dieron –explica–. En la vida, hay que hacer muchos sacrificios. Nosotros resignamos parte de la adolescencia. No salíamos con nuestros amigos, no íbamos a fiestas, a discotecas; no trasnochábamos. Y los chicos en el colegio hablaban solo sobre eso. Nosotros teníamos que jugar y mantener una disciplina. Todo es un proceso. Hasta el último día, uno tiene que hacer un sacrificio en el fútbol. Muchos creen que es fácil, pero no lo es. Ahora, nosotros lo vivimos al dejar nuestro país, nuestras familias, nuestros amigos y nuestras costumbres. Al principio, atravesamos momentos de soledad. Porque es normal que las parejas se vengan cuando uno ya está acomodado en el país que le tocar jugar, cuando ya conoce un poco más la ciudad. Juro que esos días de soledad no son fáciles. También, es triste volver tras la Navidad; es una época de mucha unión familiar, y te volvés y estás solo. Por otro lado, nos perdemos cumpleaños, reuniones familiares y cosas bonitas que les pasan a los seres queridos”.

Wilmar Barrios nació el 16 de octubre de 1993, en Cartagena. Tiene 23 años y es el más joven del tridente. Su historia se asocia a un barrio pesado y complicado: La Candelaria. “Crecí ahí y viví a diario situaciones que aterran. Con el tiempo, te acostumbrás; tratás de superar las dificultades, de salir adelante, y mantenés la ilusión de ser alguien algún día –confiesa–. La Calendaria es un barrio popular, bajo, donde hay violencia y matanzas. Siempre había problemas, siempre había peleas, siempre estaba la droga. Yo, por suerte, pude sobrepasar esas barreras”.

-¿Quién te dijo que te abrieras del barrio?
-Mi abuela; yo vivía con ella. Trataban de sacarme del barrio por las razones que nombré, y quizás me sacaban 15 o 20 días, y yo me venía solo de la casa de mi papá. No me gustaba de donde él es.

-¿Por qué no vivías con tu padre?
-Cuando era chico, mis papás se separaron. Mi mamá se fue a vivir para Venezuela, y mi papá concibió otra familia. Yo vivía junto a mi abuela, mi abuelo y mi hermana.

-¿Aquellas experiencias en La Candelaria te sirvieron para forjar tu carácter, tu personalidad, como hombre?
-Puede ser… Me acostumbré a que las cosas no son ni llegan fáciles.

LA MITAD MÁS UNO
Los colombianos caminan por las instalaciones de la Bombonera, vestidos de futbolistas, durante la producción fotográfica. En la transición del campo de juego a la tercera bandeja, hinchas, curiosos y hasta los chicos de la colonia de vacaciones les pedían fotos. Las selfies salían como los choripanes y las hamburguesas en los domingos de fútbol. Y eso que estos buenos muchachos aún no conquistaron ni una estrella en el club. “Me sorprende el cariño de la gente, pero no la repercusión del club en la prensa. Muchas veces ganamos un partido importante y no se habla tanto. Luego, perdemos un partido cualquiera y se habla durante toda la semana. Nosotros estamos tranquilos y sabemos qué es lo que Boca causa. Acá, todo se agranda, sea bueno o malo”, asevera Pérez.

El único del tridente que sabía qué era manejarse en la vorágine de un coloso resultaba Pérez. Sebastián construyó una carrera monstruosa en un gigante: Atlético Nacional. Debutó en el amanecer de 2011, se transformó en el motor de juego del equipo de Medellín y conquistó 10 títulos en cinco temporadas y media. Hasta se dio el lujo de acariciar la Copa Libertadores 2016.

“Existe un paralelismo entre Atlético y Boca, siempre y cuando se respeten las diferentes historias. Nacional es el club más grande de Colombia. Al haber ganado la Copa Libertadores, pasó a tener un nombre internacional, que era lo que se buscaba hace muchos años. Boca es un grande de Sudamérica que, por su gente y por su hinchada, es muy popular en todo el mundo. Creo que Nacional está empezando a agarrar esa fuerza que Boca conserva por sus títulos”, describe Pérez.

Fabra y Barrios se posicionaron de diferente manera en el mercado. Frank se inició en Envigado en 2010 y la siguió por Deportivo Cali e Independiente Medellín. Wilmar surgió en el modesto Deportes Tolima en 2013. Si bien ambos se coronaron una vez, jamás le preguntaron a Pérez por la fórmula del éxito para convertirse en un tipo tan ganador con apenas 23 años (cumplirá 24 el 29 de este mes).

A nivel clubes, nunca habían compartido un plantel. Hasta que Boca se cruzó en sus caminos. Ya pasó un año desde que Fabra (categoría 91) se estrenó la azul y oro. Ya transcurrió un semestre desde los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, certamen en el que Pérez y Barrios (ambos categoría 93) fantaseaban con incorporarse al Xeneize mientras charlaban en su habitación de la Villa Olímpica. Sebastián llegó primero a la Argentina al venirse directo desde Río. Wilmar, no obstante, se dio una vuelta por Colombia antes de firmar en Casa Amarilla.

Hasta ahora, Fabra es el único que se asentó como titular en el equipo de Guillermo Barros Schelotto. Dueño de una pegada interesante, el lateral por la izquierda tiene panorama y pasa con criterio y soltura al ataque. Pérez y Barrios, en tanto, se desenvuelven en posiciones en las que la competencia interna abunda. Sebastián es un volante interior posicional, más pausado que atolondrado, con oficio de estratega y de pasador. Wilmar se torna un número 5 clásico: corredor, metedor y recuperador. “Desde que llegamos, soñamos con que los tres seamos titulares”, resumen Pérez y Barrios.

-Terminemos con una mentira: ustedes dos no compiten por un mismo puesto, ¿verdad?
-No, no; compito contra otros jugadores que tienen una característica similar a la mía. Pues, no me identifico con el juego de Wilmar ni él se identifica con el mío. A pesar de compartir la misma zona de la cancha, tenemos características diferentes.

-Si Guillermo Barros Schelotto dispone jugar con un doble cinco, ¿ellos podrán ocupar ese espacio?
-Sí, por supuesto; son futbolistas de selección, que pueden jugar de la mejor manera. Tienen las cualidades, las condiciones y la cabeza bien puesta.

-Wilmar, ¿la camiseta de Boca pesa o es un desafío?
-Es un desafío lindo; esta camiseta tiene mucha historia. No se la pone cualquiera. Lo más importante es hacer las cosas de la mejor manera, marcar la diferencia y demostrar que uno está a la altura.

Pérez la domina con la cabeza levantada para pasarla rápido. Ya suma nueve partidos oficiales en Boca.

-Sebastián, ¿es imposible emular lo que consiguieron Oscar Córdoba, Jorge Bermúdez y Mauricio Serna en Boca?
-La idea es, obviamente, lograr algo grande acá, como ellos hicieron. Pero son épocas muy diferentes. Cuando estuvieron en el club, había un equipo armado, que se conocía, y que, además, era muy bueno. Ojalá lo podamos hacer.

-¿Wilmar puede ser el nuevo sucesor de Chicho Serna?
-Es un poquito más negro –bromea Fabra y todos se ríen–.
-Pues, claro; Wilmar es un 5 más moderno –vaticina Pérez–. El fútbol ha evolucionado y es más rápido. Creo que Wilmar es más veloz y más técnico que Chicho.   

-Boca es el puntero del campeonato local. ¿El equipo juega mejor de lo que los periodistas expresan en los medios?
-Para mí, sí… Incluso, cuando empatamos algunos partidos seguidos; éramos superiores a los rivales, jugábamos bien pero, lastimosamente, no teníamos eficacia arriba. Creo que, después del partido contra Lanús, afianzamos esa superioridad –explica Pérez–.

-Sebastián, ¿qué se juraron para este semestre?
-Ganar el campeonato local; no queda otra opción.
-Soñamos con un título –repiten Fabra y Barrios–.

EL CICLO DEL PROFESOR
Nadie puede ningunear el proceso de trabajo de Pekerman en el seleccionado cafetero. José no necesitó de un título que respaldara su tarea. De todos modos, el saldo es positivo en términos resultadistas: clasificó al equipo al Mundial de Brasil 2014, en el que llegó hasta los cuartos de final al caer ante el anfitrión; se quedó en los cuartos de la Copa América de Chile 2015 y obtuvo el tercer puesto en la edición del año siguiente. En Estados Unidos 2016, justamente, Sebastián Pérez y Frank Fabra fueron protagonistas de aquella conquista de bronce. Wilmar Barrios, en tanto, los miró por televisión.

Los tres se desviven por escribir historia dorada bajo la bandera amarilla, azul y roja. El único que conoció la gloria es Pérez al consagrarse en el Sudamericano Sub 20 de Argentina 2013. Igualmente, no deberán desesperarse porque el recorrido en la Mayor está en pañales. Ninguno supera los 10 partidos de experiencia. Fabra lidera la fila con 10, y lo escoltan Pérez (8) y Barrios (3). Sin embargo, Wilmar les saca ventaja al haber estado citado para los últimos tres compromisos por las Eliminatorias. Tanto Frank como Sebastián no fueron convocados desde la finalización de la Copa América 2016. Pero que no decaiga el ánimo, porque enseguida se puede regresar.

-Pekerman los hizo debutar en el seleccionado. ¿Alguno de ustedes, quizá como agradecimiento, lo puso a bailar?
-Ja, ja, ja –suelta Pérez–. No, ninguno de manera individual. Los colombianos nos caracterizamos por la alegría, y, antes de los partidos, suena la música y algunos se levantan, cantan y bailan. Hay una energía muy bonita que lleva a que el profe Pekerman se pare, cante y algunas veces salte.

-Frank, en una escala del 1 al 10, ¿cómo calificás al ciclo de Pekerman en la selección?
-Es un técnico que le dio mucho a la selección; después de mucho tiempo, ha facilitado una idea y las ganas. Haber clasificado al Mundial 2014 fue muy bueno. Para mí, su ciclo es un 10.

-Sebastián, Pekerman le devolvió el protagonismo y la prestancia a Colombia. ¿Coincidís o es exagerado?
-Sí; nos devolvió muchas cosas. Lo principal es que el jugador creyera en sí y en su selección. Porque tenemos muy buenos futbolistas. Creo también que se notaba y se nota la unión, como si fuéramos una familia. Por eso, se consiguieron los resultados.

-Vos, Wilmar, ¿cómo lo definirías a Pekerman?
-No lo sé… Ha hecho cosas bastante importantes para la selección, cosa que hace tiempo no se veía. Pasaron muchos técnicos, pero ninguno consiguió lo del profe. Desde su llegada, el fútbol colombiano ha crecido.

-Sebastián, ¿qué le falta a la selección para dar el salto de calidad?
-Creer en el equipo que hay; pues, ya no ocurre como hace seis, siete u ocho años. Porque era difícil encontrar a un jugador colombiano en Europa. Había dos o tres, que estaban en equipos no tan conocidos. Ahora, tenemos compatriotas en el Real Madrid, la Juventus… También, en Inglaterra. El futbolista colombiano ha agarrado un estatus muy grande en el fútbol mundial, y eso nos lo tenemos que creer. Entonces, si creemos en nuestro potencial, Colombia va a ser una de las mejores selecciones del mundo. 

-Frank, ¿Colombia tiene al entrenador que les gustaría tener a los argentinos?
-No lo sé… Colombia cuenta con un excelente técnico, que nos ha devuelto muchas alegrías y esperanzas. Ahora, hay que mejorar las buenas posiciones que se lograron en los últimos torneos y empezar a conseguir títulos.

-Frank lo hizo enojar a James Rodríguez en la concentración tras jugar a la PlayStation. ¿Ustedes también lo lograron?
-No, nunca; soy el peor de los tres –reconoce Barrios–.
-Sí, claro –opina Pérez–. Le da mucha rabia perder. Cuando le ganas, se pone rojo y tira el control duro. Creo que ha roto muchos. 

-Desde aquí, una sugerencia: no lo molesten antes de un partido importante, porque a James lo precisan de buen humor.
-No, no –responde Pérez–; hay que saber en qué momento podemos jugar.

Barrios jugó apenas cinco partidos oficiales en Boca. Su meta es encontrar continuidad de inmediato.

-Barrios es el único que se enfrentó ante Messi, data del último triunfo de Argentina frente a Colombia por 3-0. Wilmar, ¿Lionel es tan difícil de marcar como dicen?
-Como lo has visto tú mismo así es…

-Pero desde arriba, desde los pupitres para la prensa, parece más fácil…
-Eso decía cuando lo veía por televisión, que era fácil… Pero, cuando lo enfrenté, me di cuenta de que marca mucha diferencia en segundos. Mientras uno piensa en un segundo lo que va a hacer, él lo razona en una milésima. Ahí les saca ventajas a todos. Me pasó cuando le cometí la falta que terminó en su gol de tiro libre: pensé que le ganaba la posición y, cuando quise meter el pie, hizo una jugada rápida y chau. El problema es creer que está parado; se lo ve tranquilo hasta que le llega el balón, cambia de 1 a 100 y ahí te mata.

LA BUENA ONDA, EN LAS VENAS
A no generalizar: ni todos los colombianos son copados ni todos tienen esa pizca de alegría que les surge desde el alma. Aquí, cuando ya transcurrió una hora desde que pasaron los molinetes de la puerta 17 de la Bombonera para comenzar la producción, coinciden tres muchachos de carcajada ágil y espontánea, que no se burlan de la vida aunque deciden afrontarla con ritmo y sabor.

Para la última celebración de Halloween, se animaron a posar junto a sus mujeres; ellos se vistieron de Batman, y ellas de Batichica.

-¿Ya saben de qué se van a disfrazar para la próxima Noche de Brujas?
-Sí, de jugadores de Boca –bromea Pérez y se ríe–. Pues, no podemos adelantar nuestros disfraces porque la idea es que no nos reconozcan.
-Yo me voy a disfrazar de Wilmar Barrios. Me tiño el pelo y ya –agita Fabra–.
-Y yo, de Frank Yusty Fabra –devuelve Barrios–. Me voy a dejar la barba, a sacar la chivera –léase la chiva–, a levantar la nariz, y caminaré así –gesticula sentado como si fuera un robot–.

Los tres largan sus carcajadas al unísono. Al mirarse, sin pronunciar palabra alguna, encuentran complicidad y conexión. Las risas de felicidad resultan una parte tan valiosa como vital de la esencia de este trío.

Por Darío Gurevich / Fotos: Photogamma

Nota publicada en la edición de marzo de 2017 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 01/04/2017

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