HOCKEY

Los Leones, la osadía

- por Darío Gurevich: 31/03/2017 -

La medalla dorada olímpica que perseguía el hockey argentino la consiguieron los varones. El convencimiento, el trabajo ligado al esfuerzo y el abismal crecimiento. Narración de una gesta histórica.

Retegui, el entrenador, levanta al lesionado Matías Paredes. La unión también hizo a la epopeya.

¡Locura! Argentina acaba de ser campeón olímpico en hockey sobre césped masculino. Carlos Retegui, el head coach, se sube a los hombros a Matías Paredes, que se perdió la final por lesión –al igual que Matías Rey–, para sumarlo al festejo. Retegui es así: impulsivo y pasional. Resulta capaz de entrenar a tres seleccionados en menos de 12 horas con la misma vehemencia e intensidad. Fue el único entrenador que dirigió a Las Leonas y a Los Leones a la vez en un Mundial, data de La Haya 2014. “Hay que dejar hasta la última gota de sudor”, repetía cuando era jugador, misma fórmula que mantiene como head coach. Chapa salió campeón del mundo, subcampeón olímpico y ganó tres veces el Champions Trophy con Las Leonas. Pero sabía que tenía una deuda: pulverizar la estadística y torcerle el brazo al maldito destino junto a Los Leones. No le alcanzó haber logrado el histórico tercer puesto en el Champions Trophy de Rotterdam 2008. Tampoco lo llenó la primera y única vez que el equipo terminó tercero en una Copa del Mundo, en La Haya 2014. El tipo tiende a superarse. El oro olímpico no le curará la herida por no haber clasificado al seleccionado para los Juegos de Beijing 2008. Porque son cosas diversas, que no hacen a un buen maridaje. Por eso, retomemos, vamos a focalizarnos en Río 2016.

El conocimiento del grupo –que, en su mayoría, lleva una década o más en la órbita de los seleccionados–, la madurez justa, el trabajo ligado al esfuerzo y el convencimiento fueron las claves que se fusionaron para concretar el crecimiento abismal de Los Leones, una construcción que viene hace nueve años. El equipo no escatimó sacrificio ni en los entrenamientos ni adentro de la cancha. Siempre corrió como condenado, sea en las concentraciones en Mar del Plata, en las prácticas en Buenos Aires o a la hora de la verdad en Río. Cuando tuvo la bocha, protagonizó. Priorizó la defensa y el ataque rápido, contó con la capacidad goleadora de Gonzalo Peillat en el córner corto (11 goles), con la templanza de Juan Ignacio Gilardi para meter un penal trascendental contra España –que hoy vale la medalla–, con el liderazgo de Pedro Ibarra y con el coloso de Juan Manuel Vivaldi en el arco. Argentina dominó y sometió a sus rivales, jugó a alta intensidad y hasta barrió, por 5 a 2, al bicampeón olímpico, Alemania, en las semifinales. Antes, había empatado ante Holanda (3-3) y Alemania (4-4), había caído frente a India (2-1), y había vencido a Canadá (3-1), Irlanda (3-2) y España (2-1). Después, se dio la victoria contra Bélgica (4-2), la gloria eterna y la escalada hasta el segundo puesto del ranking internacional.

“Hubo un convencimiento grupal como nunca viví en el seleccionado. Esta medalla era lo que veníamos a buscar”, declaró Vivaldi. “¿Qué hicimos?”, se preguntó Peillat. “¡Qué quilombo armamos!”, la siguió Vivaldi. “No soy consciente, no caemos, es impensado”, sostuvo Ibarra. “Hace ocho años, no pudimos clasificarnos a los Juegos. Hace cuatro, salimos décimos. Hoy, somos campeones”, resumió Juan Martín López. “Internamente sabíamos que estábamos para pelear por una medalla. El equipo explotó en el tercer o cuarto partido. Cuando escucho que somos los mejores, no lo creo. Ahora, estamos en la cima y habrá que mantenerse. Costará”, concluyó Lucas Vila.

Tardaremos en dimensionar la conquista de Los Leones, la primera medalla dorada olímpica para el hockey argentino en la historia. Los jugadores y el cuerpo técnico ya se transformaron en leyendas, aunque todavía no lo crean.

Por Darío Gurevich / Foto: AFP

Nota publicada en la edición de septiembre de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 31/03/2017

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