HISTORIAS VERDADERAS

Hugo Lamadrid, el tuitero loco

- por Diego Borinsky: 10/02/2017 -

Mediocampista rústico formado en Racing, tuvo su ratito de gloria en los 80. Las infiltraciones lo retiraron rápido, puso una panadería, encabezó marchas contra el gerenciamiento de su club y se reinventó en las redes sociales. Personaje singular.

En su casa de Wilde, a 4 manos. Hace stand ups y tiene un proyecto de programa de TV.

“Volvería al fútbol solo para romperle las dos piernas a Icardi”.

Hace dos años, por twitter, Hugo Humberto Lamadrid no manifestó nada demasiado distinto a lo que decía en los campos de juego cuando rivales ocasionales osaban atravesar sus dominios de la mediacancha.

-Siempre fui bastante bueno hablando para sacarle alguna ventajita al rival -reconoce.

-¿Qué les decías?
-“Te voy a romper las dos piernas y no vas a jugar más al fútbol”.

-¿Lo decías de verdad?
-Noooo, pero del otro lado no sé si iban a probar a ver si era verdad o no. Gracias a Dios no tengo lesionados, salvo un chico de Godoy Cruz con el que chocamos las rodillas.

-¿Qué te respondían los rivales?
-Y... generaba todo un efecto particular. “Pero no jugás nunca más, ¿entendiste?”, les repetía, y se me quedaban mirando, como dicendo: ¿será verdad o es un pelotudo que se hace?

Un pelotudo que se hace. El propio Lamadrid se mofa de sí mismo, aunque tiene muy claro que no es ningún pelotudo (gracias Negro Fontanarrosa por enseñarnos que hay ciertas “malas” palabras que tienen una fuerza particular y resultan irreemplazables, aún con el mejor diccionario de sinónimos). Ningún pelotudo, pero un poquito se hace.

Hugo Humberto Lamadrid fue un futbolista que arrancó en los potreros de Sarandí, que ingresó a Racing con 8 años, que defendió su camiseta en Primera entre 1985 y 1991, y que luego, ya con un tobillo destrozado por infiltraciones, intentó seguir su carrera en Universidad de Chile, Aldosivi, Juventud Antoniana de Salta (ambos en campeonatos regionales),  Mandiyú de Corrientes, Quilmes, San Martín de San Juan y Douglas Haig de Pergamino. Era un defensor central con buen trato del balón, que por una confusión de esas lindas debutó en la Primera de Racing como 9 goleador y completó casi toda su carrera como rústico volante central, plantado en el centro del campo, intentando disuadir a sus rivales de que la mejor opción para preservar sus anatomías era tomar por algún camino alternativo al que lo tenían a él como encargado del peaje.

“Avisame cuando llegás xq no anda el timbre”, advierte por WhatsApp, para confirmar esa imagen de perdedor que ha construido, sustentada en su vida, pero también potenciada por un personaje que divierte con sus tuits, y con la que se siente muy a gusto.

El Flaco Lamadrid hoy tiene 50 años y baja de su casa arrastrando los 112 kilos que distribuye en 192 centímetros. Sus ojotas dejan ver que no se ha puesto protector en los pies en su reciente estadía playera en Mar del Tuyú (Maretuyu, como le dice), el sitio en el que vacaciona desde hace 40 años. El padre de Axel (20), Melany (19) y Morena (10), “casado con Silvana y con el Santader Río”, como anuncia en su cuenta de twitter (@hugohlamadrid), el ex futbolista que debió ponerse una panadería, el ex empleado del HSBC que dio un portazo porque no pensaba dejar de ir a las marchas en contra del gerenciamiento de Racing, el que supo reinventarse a partir de su actividad en redes sociales como #EVC (El volante central), repasa su historia que nos ayuda a entender muchas situaciones por las que atraviesa un futbolista en sus inicios, en su apogeo y en su retiro. Hugo Lamadrid habla sin temores, sin compromisos. Y está bueno. Siempre está bueno acercarse lo más posible a la verdad.

-De pibe eras hinchas de Independiente y lo dijiste estando en Racing, ¿es cierto?
-Ufff, ¡qué quilombo se armó! Me preguntaron los pibes de la Sólo Fútbol de qué equipo era hincha de chico y dije la verdad, porque toda mi familia era del Rojo, pero yo entré a los 8 años a Racing, y eso te cambia todo, porque desde el primer día querés ganarle a tu eterno rival. Por suerte, mi viejo no era muy futbolero ni muy fanático: Fausto Gómez, un técnico de Racing, me vio en el barrio y le propuso a mi viejo probarme en Racing. Aceptó. Yo a mi hijo no lo dejaba ni en pedo ir a probarse a Independiente. Ni en pedo.

-Tenías buena técnica y estuviste en selecciones juveniles, ¿cuándo te hiciste rústico?
-Mi viejo me dice: “Vos jugabas muy bien”. En cancha de baby tenía buena técnica, la pisaba. Cuando jugaba de marcador central, era tiempista, y al pasar a mitad de cancha, entré a raspar, me empecé a sentir cómodo en ese rol.

-Pero debutaste en la Primera de Racing como delantero, ¿qué pasó?
-Yo jugaba de 2 en la Tercera, pero al Mencho Medina Bello no lo dejaron salir de la colimba, y Cacho Giménez, técnico de inferiores, me dijo: “¿Por qué no jugás de 9 que puedo cubrir mejor la defensa?”. Jugué de 9, metí dos goles, y Cayetano Rodríguez, el DT de la Primera, estaba mirando, y al terminar, me avisaron que tenía que ir a entrenar con la Primera. A los dos días me mandaron al banco contra Italiano.

-¿De 9?
-Claro, porque en las prácticas me ponían de 9. Yo no dije nada, me hice el gil, estaba chocho con ir al banco. Perdíamos 1-0, era el segundo año de Racing en la B, imaginate lo que nos puteaban. Faltando 20 minutos, Cayetano me dice: “Flaco, ¿te animás a entrar?”. A la tercera que toqué, la mandé adentro. Ganamos 2-1 y le salvamos la cabeza al técnico. A las dos semanas, contra Banfield, entré en el segundo tiempo y metí otro gol de 9. Cayetano no aguantó mucho y llegó Basile, que nos concentró a todos un mes en Ezeiza para el octogonal; yo quedé afuera del banco en la final con Atlanta. Un tiempo después volví a mi puesto original.

-Duro ese segundo año de Racing en la B...
-Terrible. En un partido, los hinchas de Racing nos rompieron el micro a piedrazos. ¡Nuestros hinchas! Contra Unión, la dirigencia liberó el playón y le pegaron a Caldeiro. Nuestros hinchas otra vez. En otro partido tuvimos que salir por los túneles que hay arriba de los vestuarios y daban al fondo de la casa de Tita.

-Igual vos venías curado de espanto…
-Las carencias, en Racing, para mí eran normales. Que la cancha auxiliar esté hecha mierda. O tener que comprarte los botines. O que los pibes de la pensión durmieran sin sábanas y comieran salteado. Con la Tercera nos entrenábamos donde ahora está el playón, era un terreno con piedras, teníamos que correr a Cecilio, el caballo de Tita, que estaba ahí siempre, con 7 o 10 perros.

-Racing llegó a alquilar el equipo entero...
-Una locura, yo estaba. Justo reestructuraban los campeonatos: ascendimos a fines de 1985 y estuvimos seis meses parados. Nos lo dijeron clarito: “O se quedan seis meses sin cobrar o se van a Mendoza a jugar como Argentino el torneo regional”. Central, que estaba en la misma situación, cedió jugadores a préstamo a Los Andes y a otros equipos, pero con nosotros fue diferente. Los árbitros nos mataban, no nos cobraban nada. Los hinchas nos quemaban con cigarrillos a través del alambrado, durísimo.

-Contame alguna de Basile…
-Hay un montón. Con las cábalas, el Coco era terrible. Cuando jugamos la final del ascenso, lo hizo bajar a un ayudante del chofer en el medio del campo, cuando se enteró de que no había viajado nunca con nosotros. El tipo le pedía por favor que lo dejara seguir en el micro, en ese entonces no existían los celulares, pero no hubo caso y se tuvo que bajar. Y la que me hizo con el yeso a mí fue mundial.

-Te escucho…
-Jugábamos un sábado contra Instituto: fui a rechazar una pelota, uno se me tiró con los pies para adelante, y me rompió el tobillo, se me astilló toda la base de la tibia. El lunes me fui a hacer la placa. ¡El lunes! Me tuvo que llevar mi viejo a Ciudadela, ahí nos atendían por AFA. Me limaron la base de la tibia y me enyesaron. Racing había viajado a Perú por la Libertadores: perdió con Universitario el primer partido y teníamos el segundo contra Cristal. El miércoles me llamó Basile desde Perú para ver cómo estaba. “Enyesado”, le digo. “¿No podés sacarte el yeso y probar?”, me pidió.

-¡¿El yeso recién puesto?!
-Exacto. Y me fui manejando el Falcon, con el yeso, desde casa hasta la cancha de Racing. ¡Con el yeso manejando! En el club me lo sacaron y me metieron en una pileta. Dolía como la puta madre, y me hicieron entrenar con la Cuarta. Esa noche viajé a Perú, al otro día me infiltraron y Basile me puso de titular. La rompí, un partido bárbaro, pero el efecto de la xilocaína me alcanzaba hasta los 15 minutos del segundo tiempo. Ganamos 2-1.

En sus inicios, en las selecciones juveniles, cuando se destacaba por su buena técnica.

-¿Terminabas muy mal?
-A los 15 minutos del segundo tiempo no podía caminar. Así jugué 7 partidos de Libertadores. Me infiltraban hasta adentro, con la aguja larga. Me acostaban en un banco y me iban entrando con la aguja en la articulación. Me acuerdo hoy y transpiro. Me agarraban entre cuatro para que no me moviera. Torresel, el médico, era nuevito y venía con la aguja temblando… El tema es que el Coco y los de su generación se infiltraron toda la vida y pretendían lo mismo de sus jugadores. Y así quedaron también… Al final, a mí me metían tres pinchazos, porque uno ya no me hacía efecto.

-¿Te operaste al terminar la Copa?
-Sí, y a los 15 días Juan Destéfano me llamó para decirme que el Atlético de Madrid había preguntado por mí. Solo necesitaba un par de meses para recuperarme. Estaba todo ok pero se complicó con la operación, yo tenía la piel muy deteriorada por los pinchazos.

-¿Te perjudicaron tantos pinchazos?
-Claro, en esa época no tenía un representante que me dijera: “Pará, boludo, ¿qué estás haciendo?”. Que Basile me considerara importante me daba manija. Escuchá lo que te voy a decir: desde que me lesioné, hasta hoy, no recuerdo un solo día en que no haya tenido dolor en el pie. Ayer jugaba con Morena a la paleta en la playa y me dolía… pero estoy acostumbrado.

-Las infiltraciones terminaron por retirarte.
-Totalmente. Me retiré a los 33 años porque no podía entrenar del dolor que sentía y a partir de ese problema se me terminó cagando el resto: rodillas, articulaciones, músculos… De Racing me fui después de discutir con Destéfano e hicieron correr la bola de que estaba roto. No me quería contratar nadie.

-¿Cómo te trató el retiro?
-Más o menos. Te retirás y descubrís que hay una vida. Estaba sentado en el comedor y mi señora barría. “Levantá las patas, correte”, me decía. Ahí te enterás de que los chicos lloran a la noche, te das cuenta de que hay una vida detrás de esto. Si no tenés la posibilidad de insertarte como DT o intermediario, se te hace difícil.

-¿Vos qué hiciste?
-Puse una panadería debajo de casa. Mi idea era meterme en el fútbol pero no sabés cuándo vas a entrar y yo venía de no cobrar nada en Douglas, de donde me terminé llevando un talonario de rifas, para irme con algo. Me retiré sin un mango. Tuve que reventar un auto para pagar las tarjetas y un descubierto. Pusimos la panadería, me agarró el 2001 y hubo que romper un eslabón, y me puse a cocinar.

Pelo muy largo, camisa abierta, look bien rockero, dando una nota a El Gráfico, en la puerta del vestuario de Racing.

-¿Qué cosas?
-De todo. Antes solo atendía el negocio, pero cuando explotó el país, dijimos: “O bajamos la cortina o la remamos nosotros”. No sabía hacer nada, así que agarré un libro de Choly Berreteaga, me encerré un sábado a la tarde en el negocio y dije: “Vamos a ver cómo se hacen las pasta frolas”. Luego, las pepas, las facturas, las prepizzas, las tartas de ricota. Me quedaba toda la noche trabajando, después abría el negocio, y mi mujer me reemplazaba cuando venía de dejar a los chicos en el cole y ahí me iba a dormir un rato. La panadería es un negocio tremendo, por los horarios que tiene y la falta de descanso: Navidad, Año Nevo, fines de semana, todos los días se labura. Empezó a irnos bien, pero no podía salir de la rueda, de hecho me perdí todo el campeonato 2001 de Racing, lo escuché por la radio acá mientras laburaba, solo fui al último partido, en Vélez.

-¿Qué hiciste después de la panadería?
-Laburé en el HSBC, con seguros de vida. Llegué por una recomendación. El fútbol te abre puertas y te empareja de una piña al tipo que está allá arriba con vos que estás acá abajo. A vos te presentan a un CEO del HSBC hincha de Racing y pasás de último empleado del grupo a primero. En un momento estudié psicología en la UBA, tengo hasta segundo año.

-¿Y qué pasó con el banco?
-Me sumé a las marchas de Racing en contra del gerenciamiento y hubo una que terminó con disturbios y presos. Me tomaron las cámaras y por los códigos de conducta del banco, mi gerente me aconsejó que no fuera más a las marchas. Por supuesto, seguí yendo. En un momento abrieron un retiro voluntario y me dijo: “Andate ya, que si no te van a rajar”. Me fui y entré a laburar en el Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviados, donde sigo. Estamos en la ex ESMA.

-¿Vas todos los días?
-Sí, en tren. Mi mujer me lleva a la estación de Wilde, de ahí tomo el tren a Constitución, subte a Retiro y tren hasta la estación Rivadavia, y luego camino 7 u 8 cuadras. Así todo los días. Si alguna vez me prestan el auto, voy en auto. A veces mis seguidores me mandan mensajes: “¿En serio vas en tren?”. Sí, claro, la concha de tu hermana, ¿en qué voy a ir?

Los seguidores. En el recorrido de la nota podemos leer algunos de los tuits de estos últimos meses. Allí se observa su estilo. El tuit sobre Icardi lo proyectó a cierta popularidad que en cualquier momento termina de explotar. Desde hace un tiempo realiza stand up y ha entrevistado a diferentes personajes para armar un programa de TV cuyo eje central pasa por #EVC (El Volante Central).

-¿Cómo empezó tu veta tuitera?
-Abrí la cuenta hace bastante, pero no le agarraba la mano, hasta que un día, viendo el programa de Rial, Vicky Xipolitakis dijo: “En mi cuenta de twitter puse tal y tal cosa” y ahí pensé: “Si Vicky Xipolitakis sabe manejar una cuenta de twitter y yo no, estoy en problemas”, entonces, le pedí a mi hija mayor que me enseñara, y le agarré la mano de a poquito hasta que aparece el famoso tuit sobre Icardi.

Gol de cabeza con la camiseta de Racing, en el Cilindro, al que va todos los partidos.

-¿Rebotó?
-Lo tiré sin pensarlo demasiado, pero lo retuiteó Varsky y rebotó por todos lados. Y más adelante, también de casualidad, nació el tema del volante central, mirando un partido de Huracán en el que Vismara estaba jugando muy bien. Tenía botines negros, el pelo largo y dije que era un volante central como los de antes. Uno me hizo notar que jugaba con rodete, entonces empecé a armar un decálogo del volante central y al toque la gente me mandó cosas y armé el hashtag #EVC.

-¿El volante central es un estilo de vida?
-Todos tenemos algo de volante central. El volante central es una conjunción de un montón de cosas. Es el lugar de la cancha más sacrificado. A mí la vida me puso en la mitad de la cancha, en todo, en lo deportivo y en lo familiar también. Cuando vos estás en la mitad de la cancha sos el que tenés que hacer todo.

-¿Tu stand up se centra en #EVC?
-Hice un curso, estudié, y como tengo relación con gente del ambiente, voy a donde me invitan, al Paseo La Plaza y otros teatros. Son monólogos de 20 minutos, centrados en el volante central, cosas que pongo en twitter de mi familia, de la relación con mi mujer, porque posiblemente el que me está mirando, también esté casado y le hayan pasado cosas así.

-¿Te sentís cómodo en el rol del loser?
-Lo que llama la atención o da gracia no es el tipo exitoso. ¿Messi te causa gracia? No, Messi te asombra. Ahora, un tipo que jugó en la primera de Racing, que participó en Copa Libertadores y hace 40 años va a Mar del Tuyú, o que tuvo una panadería o al que la jermu lo manda al laburo con el tupper, genera gracia.

-¿Qué te manda tu mujer en el tupper?
-Es sorpresa: no miro hasta que llego al laburo. Y ahí saco la foto y mando por twitter. Algunas cosas son reales, y otras las exagero un poco: que mi jermu me vive cagando a pedos, que me manda lo último que quedó de comida…

-Te sentís cómodo en ese rol de perdedor, pero tu vida fue un poco así, ¿o no?
-No le escapo a la historia de mi vida, la tengo clara, si no, me hubiera pegado un corchazo.

-¿Por qué?-Porque hay tipos que no la superan. En un momento tuve que hacer terapia... La verdad es que la vida es un quilombo constante.

-¿Te vamos a ver pronto en la TV?
-Estamos en eso. Armamos unos demos con entrevistas a Víctor Hugo Morales, Latorre, Matías Martin, Florencia Zaccanti… En los stand ups y redes sociales tengo mucho material que es mío, vivencias mías, no tengo que inventar nada. Las adapto, las dibujo un poco. Luis Rubio me decía: “Vos no tenés que escribir nada, como me pasa a mí, vos lo viviste. Tenés que hacer lo mismo que hago yo con el 4, pero con el volante central”. Hay gente que me pone: “Flaco, estaba con un quilombo y me alegraste el día”, y eso me pone bien, es muy lindo ese ida y vuelta.

-¿Nunca se te dio por vincularte al fútbol?
-Fui entrenador en Douglas Haig, me encantó, pero cuando estás afuera tanto tiempo, se hace difícil regresar. No descarto hacer algo en Racing a otro nivel. Me siento capacitado para darles cosas a los pibes, así que jugaré con algún candidato en las próximas elecciones.

En su barrio con la infaltable remera alusiva a los Rolling Stones de los años 70. Rockero puro.

-¿Vas a la cancha?
-Siempre. Voy con mi señora y mi hija más chica, los dos grandes van a la popular. Un día, mi hijo estaba aguantando los trapos, parado en la parecita, vino un gol y se cayó al foso, detrás del arco, en pleno invierno. Desde ese día, sigue yendo a la popu pero no al medio.

-¿Tocar la guitarra con Walter Fernández de dónde salió?
-De chico aprendí a tocar de oído, porque mi hermana era profesora de guitarra. No sé leer música… Al principio tocaba en una iglesia los domingos a la mañana, después armé una bandita, pero no tuve demasiado recorrido porque ya jugaba en Racing. Hace unas semanas viajamos juntos a la filial de Racing de Esquel, porque soy padrino, y a él le consiguieron un bolichito para tocar. Fuimos. Y hace poco repetimos en El Trébol, en Santa Fe, donde se estaba armando una filial de Racing. Nos invitaron para que él tocase y yo hiciera el monólogo. Raro, ¿no? Racing tiene esas cosas: es el primer campeón del mundo, el primer tricampeón argentino, el que primero ganó la Supercopa y el primero en mandar a dos jugadores a hacer un show de música y stand up por el país.

Y entonces el gigante lanza la risotada cómplice. Tiene chispa Hugo Humberto Lamadrid. Chispa y vivencias. Por las dudas, más vale no acercarse demasiado. Quizás, algún día cumpla su amenaza de partirle las piernas al que pasa por al lado.

Por Diego Borinsky / Fotos: Emiliano Lasalvia y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de enero de 2017 de El Gráfico

Por Diego Borinsky: 10/02/2017

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