ENTREVISTAS

Lisandro López: “Nunca dejé de pensar en Racing”

- por Martín Estévez: 01/12/2016 -

Después de once años recorriendo el mundo, volvió al club del que se enamoró durante el paso a paso del 2001. El capitán de la Academia recuerda sus inicios, repasa su carrera, explica el porqué de su perfil bajo y cuenta cuál es la única camiseta que le gustaría guardar.

Lisandro en su segunda casa: el Cilindro. Cuando llegó desde su pueblo, vivió varios años en la pensión del club.

“Lo poco que la gente tiene que saber de mí, lo sabe”, dice Lisandro López. No le gustan las entrevistas. No le gusta hablar de su vida privada. “En esta última etapa aflojé un poco –aclara-, pero soy muy reservado. Me gusta estar en boca de la gente cuando estoy en la cancha, nada más. No me gusta contar sobre mi vida, solo decir algunas palabras sobre los partidos. Siento incomodidad cuando tengo una cámara enfrente, cuando estoy en vivo. Soy sincero: muchas veces no sé qué decir, no me entusiasma, siento desgano. Y también soy cuidadoso, porque cuanto más hablás, más te exponés y más cagadas te mandás. Siempre traté de hacer esto a full, porque el fútbol es lo que amo, pero el resto trato de mantenerlo alejado”.

Sumemos a sus palabras que la entrevista se realizó doce horas después de la dura eliminación de Racing de la Copa Argentina. Y agreguemos también que la idea no era hablar sobre fútbol, sino sobre las sensaciones que este tipo de 33 años tuvo a lo largo de su brillante carrera.

“Doy la entrevista porque siempre cumplo mi palabra, pero me quedé muy mal con lo de ayer”, aclaró. El éxito de la nota parecía peligrar, así que dejamos el grabador apagado y le explicamos que ni siquiera mencionaríamos a la Copa Argentina, al torneo local o a Zielinski. Tiramos sobre la mesa decenas de fotos y recortes sobre su carrera, pequeñas joyas del archivo, y le dijimos: “Sobre esto queremos hablar, Lisandro. Sobre vos”. Ahí, recién ahí, después de varios minutos, apareció algo similar a una sonrisa. Primer apunte: Lisandro López sonríe como pidiendo permiso. Un poco por timidez, y un poco porque aprendió desde los 17 años que, el día después de una derrota, es difícil sonreír. “Yo no guardo nada de mi carrera. Ni recortes, ni los premios que me dieron, ni siquiera tengo una camiseta. Así que es lindo ver todo esto”.

-Contanos: ¿cómo es Rafael Obligado?
-Es un pueblo muy chiquito, un paraje de 800 habitantes, con muy poquitas casas. Serán 5 o 6 cuadras por ocho. La vida allá es muy tranquila, mucha paz, mucha siesta. Es un pueblo lindo. Ahora que estoy en la Argentina, aprovecho para ir un poco más, pero durante los años en los que jugué afuera, las vacaciones también las pasaba en el pueblo. Allá están mi familia, mis amigos y lugares de pesca que me gustan mucho.

-¿Con quién vivías de chico?
-Con mis viejos (Miguel y María Elena) y con una hermana más grande, que ahora labura en Junín, a 30 kilómetros del pueblo. Mi abuela Zulema también vive allá. Yo estuve hasta los 17 años, cuando me vine a vivir a la pensión de Racing.

-En Junín vos podrías haber estudiado ciencias económicas si no te salvaba el fútbol, ¿no?
-Sí (sonríe, y se nota que ya le cambió el humor). Era la ciudad más cercana al pueblo, y en el último año del secundario me inscribí para estudiar esa carrera. No sé cuánto hubiera durado, pero inscripto estaba, por lo menos.

-Menos mal que apareció Miguel Micó…
-Sí, por suerte sí. Si no, ahora estaría laburando en el campo. Yo había decidido no probarme más en ningún club, ya había hecho demasiados intentos. Pero él me vio en los Juegos Bonaerenses y me trajo a Racing.

En octubre fue homenajeado por haber cumplido 100 partidos oficiales en Racing.

-¡Hasta viajaste a Rosario para probarte!
-Sí, me probé en Newell’s y en Central, en Boca, en All Boys, en Vélez, en Lanús, en San Lorenzo… En algunos clubes, hasta me fui a probar dos veces, y no se daba. Pero después se dio como se tenía que dar: jugando con mis amigos, con mis compañeros de siempre. Ahí, en los Bonaerenses, pude mostrarme más natural que cuando me probaba con desconocidos.

-En aquellos Bonaerenses se armó una selección de varios clubes, ¿no?
-Sí. Yo jugué en Jorge Newbery, de Rojas, desde los 9 hasta los 17 años. A los 15 ya estaba jugando en Primera, así que me entrenaba martes, jueves y viernes; y jugaba el fin de semana. Para los Bonaerenses nos fusionamos los jugadores categoría 83 de todos los clubes de Rojas y llegamos a la final. De ese equipo, ninguno pudo jugar profesionalmente, siguieron estudiando o laburando por la zona. Uno solo se vino conmigo a Racing, pero jugó un año en Cuarta División y se volvió para Rojas.

-¿Cómo fue vivir en la pensión de Racing?
-En ese momento, la pensión era una casa que quedaba en La Paternal. Había un matrimonio que hacía de casero y ahí vivíamos unos treinta chicos. Para mí fueron días lindos, tenía mucho entusiasmo, mucha ilusión, muchísimas ganas. Estaba viviendo algo que, para mí, ya era casi imposible. Más allá de haber extrañado mucho al principio, y de lo que me costó adaptarme al ruido de Buenos Aires, siempre lo viví muy feliz. Me gustaba mucho compartir con mis compañeros y esperar al fin de semana para jugar.

-De esa categoría, a Primera llegaron Nicolás Herrera, Ezequiel Ceballos y Leonardo Céliz, pero duraron poco en el club.
-Recuerdo a casi todo ese equipo, tuve una gran relación con todos. Estaban el gordo Murinigo, Roda, el Cholo Antonio, un montón de chicos que, cuando llegué, ya llevaban años en el club. Tengo un gran recuerdo de ellos, era un grupo espectacular.

-¿En el debut en divisiones inferiores fuiste un desastre, no?
-(Se ríe) Las dos primeras fechas de la Quinta División no las había podido jugar porque no llegaba el pase. Debuté en la tercera fecha, contra Argentinos en cancha de Atlanta. Yo no conocía nada, pero los chicos me explicaban que Argentinos tenía muy buenas inferiores. Y bueno: empatamos 3 a 3 y metí los tres goles. Ese fue el primer granito de arena, ahí me empezaron a conocer un poco más los que seguían a las inferiores en el mundo Racing, y mis compañeros: siempre es lindo que tus compañeros te tomen confianza. Yo era nuevo y me sirvió para meterme más en el grupo.

-Llegaste el año en el que Racing fue campeón. ¿Cómo lo viviste?
-Me acuerdo de que veníamos a los partidos con los chicos de la pensión. Yo, hasta ese momento, no conocía otra cancha que no fuera la de Sarmiento de Junín, entonces todo fue muy especial para mí: iba a la cancha por primera vez, el equipo andaba muy bien, el estadio se llenaba, los partidos eran una fiesta impresionante. Ese año me marcó mucho. Ahí me enamoré de Racing.

-¿Ya sentías que ibas a vivir del fútbol?
-Era una tremenda ilusión que tenía, pero sabía que no iba a ser fácil. Además, justo cuando estaba por subir a Primera, me fracturé dos veces el quinto metatarsiano del pie derecho. Tenía 19 años y estuve prácticamente un año parado. No sabía si iba a seguir en el club. Pero después, de a poquito, empecé a entrenarme con la Primera, a jugar en Reserva y a sentirme más confiado. Siempre estuve preparado para cuando se me diera la posibilidad.

Cuando se fue, usaba la 15. Ahora, la 9. Lo que siempre mantuvo fue su muy buen nivel.

-Alguna vez contaste que, cuando llegaste a Primera, no la pasaste bien, que te costó adaptarte al plantel.
-Sí, fue así. Tal vez tuvo que ver con mi personalidad, porque no creo que pase siempre. Vos pensá que yo venía del pueblo, donde jugaba con mis amigos, y de las inferiores, donde llevaba dos años con el mismo grupo. Entonces, subir a Primera fue un golpe. Y yo, hace quince años, era más frío que hoy en día, y además en los planteles no había tantos chicos como ahora. Me habían subido con el zurdo Nico Herrera, y, cuando llegábamos a la pensión, yo le decía: “¿Vos te das cuenta? No nos da bola nadie, no nos pasan la pelota, prácticamente ni nos hablan. Hay un loco y nos mandan siempre al medio”. El es riojano, una persona muy simple también, entonces los dos sufríamos bastante. Después, con el correr del tiempo, nos acomodamos un poco más.

-¿Y ahora cómo sos con los juveniles? ¿También les hacés pagar derecho de piso?
-Habría que preguntarles a ellos, pero creo que hago todo lo contrario. Siempre estoy pendiente, siempre estoy charlando con ellos, siempre trato de estar a disposición por si necesitan algo.

Lisandro comenzó a ser reconocido en la calle después de su quinto partido oficial: en el Apertura 2003, ingresó en el segundo tiempo del 2-2 contra Lanús, hizo un gol y reventó una pelota contra el poste. “Angel Cappa me había hecho jugar algunos minutos en otros partidos -explica-, pero contra Lanús fue el clic. A partir de ahí no salí más del equipo. Fueron unos treinta minutos en los que anduve muy bien. Angel era espectacular, me dejaba jugar libremente. Para mí, que recién estaba empezando, eso era muy lindo”.

-Fuiste el goleador del Apertura 2004, pero durante el torneo dijiste “estoy jugando mal, no puedo gambetear ni a mi abuela”. ¿Seguís siendo tan autoexigente?
-Sí, sigo siendo igual. En ese torneo estuvimos diez partidos sin ganar, fue tremendo. Nos tocó una racha malísima y dije eso francamente, como lo puedo decir hoy. Me gusta andar siempre bien, mejorar, jugar siempre un poquito mejor. Me afecta bastante cuando el equipo no funciona. Soy muy autoexigente, y ojalá sea así hasta el final de mi carrera.

-En 2005 estuviste cerca de ser campeón y te fuiste como ídolo. ¿Qué recordás?
-Todo recuerdo. Todo. Teníamos un muy buen equipo. Se nos escapó el título cuando empatamos contra Huracán de Tres Arroyos y Almagro, que peleaban el descenso. Y me fui con mucha bronca, porque en el último partido jugamos para entrar en la Copa Sudamericana y perdimos contra San Lorenzo. Sinceramente, no considero que me haya ido como un ídolo. Lejos de eso, no tuve la posibilidad de jugar un torneo internacional con el club ni de festejar un título. Siempre digo que la gente se identificó conmigo por haber salido de inferiores y por tener un buen rendimiento personal, más allá de los bajones del equipo. Pero, al menos, en el último campeonato que jugué dejamos una linda imagen.

-En Porto sí fuiste ídolo...
-Llegué al club con Lucho González y después se fueron sumando argentinos, uruguayos, colombianos… El Porto es un club espectacular. En organización y en infraestructura es de primerísimo nivel. Me costó un poco el primer año, porque el entrenador jugaba con cuatro delanteros netos, yo nunca me encontré y terminé siendo suplente. En el segundo año ya arrancamos con uno de los mejores técnicos que tuve, Jesualdo Ferreira, que me devolvió la confianza. A partir de ahí fueron tres años muy buenos, en los que hice muchos goles y logramos varios de los siete títulos que gané en Portugal. Aprendí mucho con él, era un técnico insoportable, pero te hacía mejorar muchísimo. Fueron cuatro años muy buenos en lo personal y en lo deportivo.

-¿Había menos presión de la prensa?
-Es un poco más organizado. En todos lados se habla mucho de fútbol y hay muchos programas de televisión, pero por ahí se hacían dos conferencias por semana y nada más. No hay muchas notas individuales; pero en el día a día es más complicado que acá, porque el Porto es el equipo de la ciudad, entonces te conocen un chico de 4 años y un señor de 90. En la calle, te paran más que acá.

Tras el retiro de Milito, Lisandro se convirtió en el principal referente del mundo Racing.

-¿Qué siente un jugador cuando pagan 24 millones de euros por su pase, como te pasó a vos, sabiendo que hay personas que no pueden comprar comida? ¿Es difícil salir de esa burbuja?
-Seguro que es difícil, pero uno tiene que ser consciente de que esto es nuestro trabajo, y el precio solo es algo que ponen dos equipos. Si Lyon ofrecía 50 pesos y Porto aceptaba, mi pase valía 50 pesos. Nosotros no tenemos decisión sobre eso. Cuando se hizo el pase, yo estaba en Rafael Obligado. Volví un día a Porto para hacer la mudanza y al otro día estaba en Francia pensando en lo mío: adaptarme a un grupo nuevo y jugar lo mejor posible. Después, el tema de ayudar económicamente a la familia y a los amigos es muy particular para cada uno. Son cuestiones que muchas veces deben ser difíciles de manejar, pero en mi caso tengo una familia chiquita y los mismos amigos de siempre, así que no tuve problemas.

-En el Lyon también sos ídolo…
-La pasé muy bien, más allá de que lo deportivo no fue tan exitoso como en Porto. Como les dije a los hinchas cuando me despedí, fueron cuatro de los mejores años de mi carrera. El Chelito Delgado me recibió y me ayudó muchísimo allá. Desde el principio me sentí querido y respetado. Y lo fui devolviendo de entrada, porque tuve un primer año espectacular: hice 24 goles y me eligieron mejor jugador de la liga. En la última temporada tuve menos protagonismo, pero fueron años espectaculares. Pensaba quedarme un tiempo más, pero por algunas diferencias que tuve en los últimos meses, decidí irme.

-¿Fue raro vivir un año y medio en Qatar?
-Cuando estaba por irme del Lyon, el club rechazó dos propuestas importantes de Juventus y Tottenham. Ellos sabían que me quería ir, y para mí fue una frustración grandísima. Intenté venir a Racing y no se pudo. Intenté en Brasil, y tampoco. La gente de Al Gharafa, de Qatar, me venía buscando hacía meses, pero yo decía que no y que no. Cuando me quedaban pocas opciones, hablé con Nené, un ex compañero mío que jugaba allá. Me convenció y acepté.

-¿Por qué no querías ir?
-Porque tenía posibilidades lindas de seguir mi carrera en Europa. Quería esperar un poco para ver si se daban. Después se me fueron cerrando las puertas, porque Lyon pedía una cifra por mi pase que no era habitual para un jugador de 30 años con apenas un año de contrato. Y Al Gharafa fue el único equipo que pudo pagarla.

-¿Te aburrías en Qatar?
-Sí, un poco sí. Es demasiado tranquilo y había mucho tiempo libre. Con los tres o cuatro argentinos que jugaban allá, nos juntábamos a tomar mate y charlar. De todas formas, en Portugal o en Qatar, siempre viví de la misma manera. Mi vida no cambia mucho de acuerdo a los lugares. En Qatar era raro porque nos entrenábamos a las siete de la tarde y los partidos los jugábamos con 50 o 100 personas en el estadio. Me sirvió en lo económico; pero en lo deportivo no me gustó. A los seis meses ya quería irme. Fue un año y medio prácticamente perdido de mi carrera. Igual no me arrepiento de haber ido, porque cuando lo decidí estaba convencido.

-¿Fue difícil mantener tu autoexigencia?
-Sí, fue muy difícil, pero siempre traté de mantenerme bien físicamente y de exigirme en cada partido. Lógicamente era complicado sostener la misma motivación, porque sentía que nadie me veía.

-Supongo que en Inter de Porto Alegre la pasaste mejor que en Qatar…
-No tanto.

-¿En serio?
-Sí. Llegué a Brasil por cuatro meses y con opción para renovar, pero a los cuatro meses ya me quería ir. La verdad es que nunca terminé de adaptarme al fútbol brasileño. Por ahí me había acostumbrado a la pasividad de Qatar, pero jugábamos cada tres días, viajábamos muchísimo y yo ya tenía 32 años. Es increíble el ritmo de partidos que tienen. Encima, semanas después de llegar, tuvieron que operarme los meniscos. Y después se fue Diego Aguirre, que era el técnico que me había llevado. El club era un espectáculo, pero negocié para quedarme solamente seis meses más y poder irme a fin de año. En los últimos meses de 2015, ya tenía la cabeza puesta en Racing, tenía muchas ganas de volver. Tuve otras ofertas, pero solo quería venir acá, no había nada que arreglar: era sentarme con el presidente y firmar el contrato. Hubiera vuelto antes, pero no siempre los futbolistas jugamos donde queremos jugar.

-¿Seguiste a Racing durante tus años en el exterior?
-Nunca dejé de pensar en Racing. Siempre, siempre, siempre, desde que me fui, lo seguí. Miré casi todos los partidos, estaba al tanto de todo. Me acuerdo desde la Promoción contra Belgrano, que fue lo peor, hasta el título del 2014, que fue lo mejor. Siempre lo seguí de cerca y siempre tuve la idea de volver. En mi último año en Francia, incluso, le pedí el precio de mi pase al presidente del Lyon para decírselo al Ratón Ayala, que era el manager de Racing. La suma era grande para el club y por eso no se dio, pero siempre fue mi primera opción.

-Algunos hinchas, en su momento, no entendieron por qué no volviste antes al club, pero no sabían todo esto…
-No lo podía decir, pero yo siempre intenté volver a Racing. Lo mismo me pasó en Qatar. Cuando me quedaban seis meses de contrato, lo llamé a Víctor Blanco (presidente de Racing) para avisarle que en junio podía volver. Pero en febrero, de golpe, Al Gharafa me rescindió el contrato. ¡Faltaban dos días para el cierre del libro de pases en Argentina! Yo nunca había hablado con Diego Cocca, y tenía menos de dos días para conseguir club. El técnico del Inter, Aguirre, llevaba meses insistiéndome y arregló todo en cuestión de horas. No hubo tiempo para otra cosa.

-Cuando volviste a Racing, ¿qué fue diferente a lo que esperabas?
-Fue todo como lo imaginaba, porque nunca perdí el rastro del club. Cuando estaba en Qatar hablaba con Víctor, estaba al tanto de todo. En lo deportivo, veía los partidos todos los fines de semana. A Racing lo encontré cambiado para bien. Con cosas para mejorar, pero organizado, equilibrado, en condiciones.

-¿Ya pensaste en la posibilidad de terminar acá tu carrera?
-No he pensado mucho en eso… O mejor dicho: pensé mucho en eso, pero no depende de mí. Si el club no me necesitara y quisiera seguir jugando, tendría que irme para otro lado. Pero ojalá todo vaya bien y pueda retirarme en Racing. Siento que la gente me tiene un cariño muy especial, estoy muy tranquilo acá.

-Y ya te sacaste las ganas de jugar un torneo internacional.
-Sí, es algo que deseaba mucho. Me dolió quedar afuera de la Libertadores de esa manera, porque fuimos superiores al Atlético Mineiro, pero fue una experiencia hermosa. Espero poder jugar la Sudamericana el año que viene. Aunque hasta ahora los resultados no han sido los que pretendíamos, ni en el semestre pasado ni en este, hay una buena estructura y el equipo se mantiene competitivo. Ojalá podamos conseguir algún título.

-¿Cómo entendés que, pese a estar tanto tiempo en gran nivel, hayas jugado apenas 7 partidos en la Selección?
-Los entrenadores han elegido a sus jugadores, y yo no he tenido las posibilidades que me hubiera gustado tener. Eso es todo lo que sé. Estuve al menos cuatro o cinco años en mi mejor rendimiento y no tuve chances, pero habría que preguntarle a cada entrenador. Siempre esperaba la convocatoria, pero después, con el paso de los años, me di cuenta de que iba a ser cada vez más difícil.

Este año le metió un gol de chilena a Independiente. Los hinchas de Racing lo adoran.

-Con la convocatoria de Pratto y Alario, las puertas de la Selección parecen abrirse para otros delanteros. ¿También para vos?
-No. No tengo ningún tipo de expectativa de volver a la Selección. Es un capítulo cerrado para mí. Alario es joven y tiene un gran futuro; yo ya tengo 33 años. Me parecería muy raro que me llegara una convocatoria en este momento. No me detengo a pensar en eso.

-Al final hablaste un montón sobre vos, Lisandro. ¿Te sentiste incómodo?
-No, la verdad que no. Como no doy muchas notas, repasar de vez en cuando todo lo que hice en mi carrera es lindo, la pasé muy bien.

-La última pregunta, entonces. Ya contaste que no guardás ninguna camiseta de tu carrera. Si alguna vez sos campeón con Racing, ¿tampoco?
-No guardo nada, ni premios, ni camisetas, trato de vivir el día a día, el presente. Pero, ¿te digo la verdad? Si soy campeón con Racing, esa puede ser que la guarde.

Por Martín Estévez / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de noviembre de 2016 de El Gráfico

Por Martín Estévez: 01/12/2016

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