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Héctor Guidi, “hoy juega el Nene”

- por Redacción EG: 01/11/2016 -

Idolo del Lanús de los Globetrotters, la gente llenaba el estadio solo para verlo jugar a él. Con la Selección Argentina fue campeón del Sudamericano de 1957, el de Los Carasucias de Lima. También fue jugador de Independiente, el club del cual era hincha.

Producción especial para El Gráfico, en octubre de 1953.

“Hoy juega el Nene”. La consigna, hasta el hartazgo, se repetía fin de semana tras fin de semana. La gente llegaba más temprano al estadio para ver cómo un centrojás con cara de purrete la rompía en la Tercera, antes de que comenzara el partido de Lanús contra el rival de turno. El Nene en cuestión era Héctor Guidi, un volante de calidad excepcional que había llegado de Unidos de Piñeyro y que aguantó solo un par de meses en inferiores hasta que debutó en Primera el 6 de noviembre de 1949 en una dolorosa derrota 4-0 contra Newell’s en Rosario.

Guidi, nacido en Avellaneda en 1930, tenía 19 años y empezaba a recoger el testigo de León Strembel. La temporada de 1949 se venía pareciendo demasiado a un vía crucis para Lanús, que peleaba la permanencia con Tigre, Huracán, Atlanta y Boca. Eran varios candidatos para un solo descenso y el Granate llegaba a las jornadas finales como uno de los más enteros para quedarse en Primera, pero en la última fecha cayó 5-1 contra el Xeneize, que así logró conservar la categoría, y Lanús quedó condenado a jugar un desempate ante el Globo, que había evitado el descenso derrotando 1-0 a Banfield.

La estampa de Guidi en un Independiente-Lanús de 1954, con la tribuna colmada como telón de fondo.

El mano a mano por la permanencia se disputó en el Gasómetro, que, como era costumbre en esa época, era designado cada vez que se requería un terreno neutral, siempre y cuando en la definición no estuviese involucrado San Lorenzo. Huracán ganó el primer partido 1-0 y el segundo se saldó con victoria 4-1 de Lanús, pero como no estaba vigente la diferencia de gol, fue necesario disputar un tercer encuentro. Nuevamente en el Gasómetro y ya en el verano de 1950 (se jugó el 8 de enero, después de las fiestas), se disputó el partido que, a priori, sería definitivo. A los 42 minutos del segundo tiempo, el resultado estaba 3-3 y el árbitro Bert Cross (la AFA había contratado referís británicos para perfeccionar el arbitraje local) anuló el cuarto gol de Huracán por posición adelantada. Los jugadores del Globo protestaron y en gesto de disconformidad se fueron de la cancha.

Los reglamentos de la época determinaban que ante abandono del juego o negativa a proseguir el partido, el equipo debía ser sancionado con la pérdida de los puntos, por lo que Huracán, al dejar la cancha, debía perder los puntos y, por ende, decretar su descenso. Sin embargo, la AFA resolvió que el partido se reprogramase, sosteniendo que el árbitro dio por finalizado el encuentro en lugar de incluir en su informe que el partido había sido suspendido. La polémica estalló porque había quedado establecido que en caso de empate se disputase una prórroga, por lo que de una manera u otra debía considerarse que los jugadores del Globo habían abandonado el partido. Los dirigentes protestaron, pero fueron desoídos. 

La principal virtud del Nene era la capacidad técnica, pero también tenía recursos para imponerse en el roce, como en este Ferro-Lanús.

El cuarto partido, entonces, se disputó en la cancha de River un mes después de la polémica resolución de la AFA, y a los 38 minutos del segundo tiempo, cuando Huracán ganaba 3-2, el árbitro John Müller sancionó un penal dudoso en contra de Lanús. En ese momento, los jugadores granates se retiraron del terreno de juego considerando que se iba a repetir el proceder del tercer encuentro. Sin embargo, en aquella oportunidad Müller sí consignó en su informe el abandono de la cancha por parte de Lanús, y la AFA aplicó rigurosamente el reglamento, dándole por perdido el encuentro al Granate y condenándolo al descenso. Tiempo después, transcendió que la decisión de la AFA podría haber nacido de la amistad que Tomás Adolfo Ducó, presidente de Huracán, tenía con Juan Domingo Perón, presidente de la Nación, una versión que tomó fuerza cuando se conoció que estaban avanzadas las negociaciones para que, en caso de que Boca o el Globo perdieran la categoría, se suspendiesen los descensos. Cierto o no, el rumor quedó instalado.

La camiseta 5 y los brazos en alto para saludar a una popular que siempre lo ovacionó.

Guidi se asentó como titular en la Primera B, y Lanús logró el ascenso en menos de un año. Era el comienzo de una década que sería fructífera para el Granate. En 1951 el equipo fue la gran revelación y finalizó puntero la primera rueda del campeonato. En esa temporada resultó fundamental el aporte de José Florio, goleador del torneo hasta que en el comienzo del segundo semestre el Torino de Italia le compró el pase. Florio, habiendo jugado solo medio campeonato, finalizó segundo en la tabla de anotadores con 21 tantos, uno menos que Santiago Vernazza, de River. En 1952 Lanús finaliza séptimo; en 1953, décimo, y en 1954 y 1955 repite el quinto lugar de 1951.

Para 1956 Guidi ya era capitán y figura indiscutida de Lanús. Jugaba asiduamente en la Selección Argentina y formaba, junto a José Nazionale y Nicolás Daponte, un mediocampo de depurada técnica. El Granate, aquella temporada, sorprendió a todos y gracias a un comienzo fulgurante luchó hasta el final el título con River. Arrancó con resonantes triunfos ante Argentinos (4-0), Gimnasia de La Plata (5-3), San Lorenzo (4-0) y Huracán (4-2), y venció, ya en la segunda rueda, 2-0 a Boca en La Bombonera. Lanús sufrió algunas lesiones, pero la base del equipo era siempre la misma: Vega; Prato y Beltrán; Daponte, Guidi y Nazionale; Carranza, Lugo, Rojas, Reynoso y Moyano.

Con dos compañeros en la previa de un Almagro-Lanús de 1964.

Lorenzo Molas, un periodista de deportes del diario Crítica, seguía la campaña de Lanús y apodó al equipo Los Globetrotters, porque el buen andar Granate coincidió con la visita del conjunto de básquetbol estadounidense al país. El 28 de octubre de 1956, a seis fechas del cierre, Lanús se enfrentó con River en una final anticipada en el sur. Los locales se pusieron en ventaja, pero el Millonario, que gozaba del gran equipo de La Maquinita y que tenía como figura a Enrique Omar Sívori, terminó ganando 3-1 y sacando una diferencia de dos puntos que ya no se modificaría. River fue campeón con 43 puntos, contra los 41 de Lanús, subcampeón.

Guidi pudo olvidar rápido la amargura por el título perdido ante River cuando fue convocado a la Selección para disputar el Sudamericano de Lima de 1957. Argentina, dirigida por Guillermo Stábile, llevó a Perú un equipo compuesto por los mejores jugadores del fútbol local. Rogelio Domínguez era el arquero; Pedro Dellacha y Federico Vairo, los defensores; Juan Carlos Giménez, Pipo Rossi y Angel Schandlein, los volantes; y Oreste Omar Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Valentín Angelillo, Enrique Omar Sívori y Osvaldo Cruz, los cinco delanteros que le dieron forma al apodo de Los Carasucias. El periodismo peruano les puso ese nombre haciendo alusión a la película Angeles con caras sucias, filmada en 1938 en Estados Unidos, que seguía el derrotero de dos desfachatados estafadores juveniles. Guidi fue suplente de Rossi, pero alternó la titularidad en algunos partidos e incluso llegó a jugar de mediocampista por la derecha. Argentina fue campeón goleando 8-2 a Colombia, 3-0 a Ecuador, 4-0 a Uruguay, 6-2 a Chile y 3-0 a Brasil, que un año más tarde ganaría el Mundial en Suecia. Solo perdió un partido, 2-1 contra Perú, cuando ya se había consagrado.

Guidi también brilló en la Selección. Aquí posa con Jiménez y Benegras, en 1956.

Guidi volvió a Lanús convertido ya en una referencia internacional y comenzó a ganar fuerza un nuevo apodo: “Medio equipo”. Le decían así porque consideraban que él solo alcanzaba para cumplir las tareas de la defensa y la mitad de la cancha, y que la otra mitad del equipo era la delantera.

En 1958 participó de la gira previa de la Selección por Europa, pero se quedó afuera del Mundial por una lesión en la rodilla derecha. Se salvó del ostracismo, porque la actuación de aquel equipo se saldó con el Desastre de Suecia y una eliminación escandalosa a manos de Checoslovaquia, que le endosó un 6-1 que obligó al fútbol argentino a hacer un replanteo de sus bases. En 1959 volvió a la Selección, y fue subcampeón del Sudamericano de Ecuador. Siguió jugando para la Argentina, intercaladamente, hasta 1961. En total, disputó 37 partidos.

Ese año coincidió con una nueva debacle de Lanús, que luego de un puñado de campañas irregulares descendió a la Primera B. Guidi se marchó a Independiente, saldando un viejo anhelo de jugar en el equipo del que era hincha, no obstante, no tuvo un buen paso y apenas disputó doce partidos. El Rojo no logró el objetivo del título (apenas terminó cuarto), y el Nene regresó a Lanús.

Junto al cantante de tangos Alberto Castillo en un vestuario de la Selección.

En 1964, el Granate seguía buscando el ascenso a Primera y los dirigentes le ofrecieron el cargo de entrenador a Guidi, que aceptó y cumplió una doble función, ya que también fue jugador. Lanús incorporó a Juan José De Mario, de Estudiantes, y a Manuel Silva, de la Reserva de Chacarita. Ambos se sumaron a Bernardo Acosta, que había debutado en el primer equipo durante la campaña de 1963. Juntos, los tres sentarían las bases del equipo que conquistaría meses más tarde el Campeonato de Primera B y que se ganaría el apodo de Los Albañiles, ya que “vivían de construir paredes” entre ellos.

Esa fue la última gran gesta de Guidi como jugador de Lanús, aunque su retiro llegaría recién en 1966. En total jugó 332 partidos y convirtió 10 goles. Luego hizo el curso de entrenador (a pesar de que ya había dirigido en el ascenso) y fue técnico del Granate en varias oportunidades. La más resonante de ellas fue la etapa de 1971, en la que volvió a conducir al equipo en Primera B y obtuvo nuevamente el título para regresar a Primera.

Terminada su etapa de jugador, fue DT de Lanús en varias oportunidades.

Guidi, tras una penosa enfermedad, falleció prematuramente el 8 de febrero de 1973. Tenía 42 años. En 1974, la Municipalidad de Lanús cambió el nombre de una de las calles lindantes al estadio Granate, General Hacha, por el de Héctor Guidi.

Volante excepcional, hizo escuela desde la mitad de la cancha en un equipo chico y logró transcender en una época en la que el dominio exclusivo pertenecía a los cinco grandes. Cada vez son menos, pero todavía queda gente que se acerca al estadio y que extraña ese mensaje que corría de boca en boca y que anunciaba que jugaba el Nene. Era una razón más que suficiente para llenar las tribunas.

Por Matías Rodríguez / Fotos: Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de octubre de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 01/11/2016

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