RUGBY

Tomás Cubelli, preciada herencia

- por Darío Gurevich: 02/10/2016 -

Tomó el legado de su padre y construye su camino en los seleccionados hace nueve años. El recorrido hasta consolidarse en la elite. El Mundial que su papá no jugó y el que él sí. Los Brumbies y el Super Rugby. Las reflexiones sobre Los Pumas. “Este grupo podría dejar más cosas para la historia”, anticipa.

Tiene 27 años y juega de medio scrum. Integró el equipo que fue cuarto en Inglaterra 2015.

La primera imagen que atesora sobre rugby liga a un hooker con un club. Tomás Cubelli todavía recuerda que veía jugar a su padre, Alejandro, en Belgrano Athletic. No sabe si lo hacía bien, muy bien o excelente. Apenas entiende que el número 2 estaba ahí, firme, listo para la acción. Alejandro, o Pichino mejor dicho, llevaba a sus hijos al club. No solo para que observaran los partidos de la Primera.

“Empecé a jugar al rugby a los seis años y me enganché –adelanta Tomás–. Pero, cuando era chico, no pensaba en dedicarme, en vivir de esto. El camino se dio naturalmente. Siempre quise jugar en la Primera del club y, si me destacaba, en Los Pumas. Bueno, debuté en Belgrano en 2010 y después en Los Pumas. Mis objetivos ya no eran tan modestos como en mis inicios cuando jugué el Rugby Championship por primera vez, en 2013. Ahí aprendí sobre la alta competencia y a sacrificar momentos de mi vida. Mi cabeza empezó a cambiar. El alto rendimiento me dio disciplina”.

El hombre de 27 años, que nació el 12 de junio de 1989 en Capital, ejecuta rápido la transición entre su infancia y su adultez. Es válido. Sin embargo, profundizaremos en su pasado para desarrollar su historia.

-¿Qué es Belgrano Athletic en tu vida?
-Es una pata muy importante. Me dio amigos, buenos y malos momentos. Cuando estoy en la Argentina, me hago un espacio para ir al club. Porque es ahí donde empieza todo. Disfruté de compartir la Primera con mi hermano, Francisco, y de haber vivido la transición en la URBA. Hoy se pelea entre los mejores del torneo, y yo no me crié en un club así.

-¿Qué cosa saben pocos sobre vos?
-Cuando era chico, me quisieron echar del colegio, del Moorlands. Tuve mis años en los que me porté mal. Por ejemplo, en una especie de teatro de dos pisos, en el que se hacían los actos, tirábamos las sillas desde el segundo piso y caían sobre otras que estaban ordenadas, preparadas para un acto. Lamentablemente, eso nos divertía.

-¿Dónde jugaste como medio scrum por primera vez?
-En el colegio. Era chiquito de físico, y encima jugaba con los nenes más grandes. El puesto siempre me gustó. Porque el 9 es una figura que engloba a todo el equipo. Es la real conexión entre la línea y los forwards. No está ni de un lado ni del otro. Es un back, pero está cerca de los forwards. Entonces, siento que uno un poco a todos. Estoy cerca de los que trabajan y de los que se lucen.

-¿Padeciste frustraciones vinculadas al rugby?
-Sí… En Los Pumitas -en Menores de 20-, me lesioné el ligamento interno de la rodilla izquierda. Rompí en llanto al costado de la cancha. Cuando me recuperé, me convocaron para un seleccionado mayor y, el fin de semana antes de viajar con ese equipo, me rompí la mano derecha de una manera muy tonta al jugar para Belgrano. En esos momentos, pensé que el rugby no era para mí.

-¿Qué historias te contó tu papá sobre Los Pumas?
-Hay cosas que no se cuentan, que se absorben. Igualmente, me habló sobre el empate 21-21 ante los All Blacks en 1985. Me comentó lo bien que se jugó ese día, lo que era el estadio de Ferro, y lo que fue el logro histórico de haber empatado con la posibilidad de haber ganado. Hoy, entiendo mucho más lo que significó. También, me contó sobre un partido contra Francia en Vélez. Ahí, apenas gritaban algo en particular se agarraban a trompadas. El equipo había decidido eso. A la primera salida, se escuchó el grito, la pelota no había terminado de caer y ya estaban a las piñas. Eso me quedó grabado.

-¿Qué heredaste de tu papá en cuanto al rugby?
-Las piernas de gordo, porque las tenía, y el hecho de no hacerle asco al contacto.

-Tu papá se perdió la Copa del Mundo de 1987, la primera, por una maldita lesión. Al disputar el Mundial de Inglaterra 2015, ¿le cumpliste el sueño a él también?
-No, y tampoco lo hablamos. Cuando él jugaba, la Copa del Mundo era una novedad y el rugby argentino no era profesional. Se trataba de otra cosa. Pero, bueno, Inglaterra 2015 fue especial para mí y para mi familia. Compartimos ese Mundial todos juntos y estuvo buenísimo.

Trabaja el juego de manos en la pretemporada con Los Pumas. Busca crecer en las destrezas.

-¿Qué experiencia te marcó de aquella Copa del Mundo?
-El debut ante los All Blacks fue un momento único. También, los cuartos de final contra Irlanda, por cómo estaba el estadio y por haber ganado y pasado a las semifinales.

-¿Qué significa para tu papá verte con la camiseta de Los Pumas?
-Le da satisfacción, porque él me llevó a jugar al rugby. Siempre está cerca, va al club, y jamás se alejó del deporte. También, sufre un poquito.

-¿Cuándo lo hiciste llorar?
-En 2010, cuando nos clasificamos con Belgrano a las finales de la URBA; en 2015, en el Mundial. También, en algún otro partido con Los Pumas. Creo que bastante logré porque no es fácil que se emocione (se ríe).

-Hace nueve años, integrás la órbita de los seleccionados argentinos. ¿Eso en qué te ayudó a crecer como persona?
-Ser parte de los seleccionados me dio muchas cosas: conocí gente de otros lugares del mundo, me abrió la cabeza y me desarrollé como persona.

-¿Qué conclusión sacás de aquel título histórico que lograste con los Pampas XV en la Copa Vodacom 2011?
-Fue un buen trampolín para el futuro del rugby argentino. Después, muchos jugadores llegaron a Los Pumas. Significó un gran envión. Para mí, representó un paso importantísimo. Era la primera vez que salía del país, que jugaba un torneo profesional. Fuimos campeones invictos. Tengo un recuerdo bárbaro.

-¿Qué te genera ser cuarto del mundo?
-Es un desahogo después de tanto trabajo. Demostramos que se puede. Nos proponemos hacer historia con la camiseta de Los Pumas y tratar de dejar algo.

-¿Este grupo de Los Pumas ya dejó cosas para la historia?
-Sí, pero podría dejar muchas más. Somos jóvenes, y los desafíos se presentan todos los años. Si somos lo suficientemente maduros, vamos a avanzar más.

Cubelli experimentó sensaciones novedosas a partir de este 2016. Firmó por dos años para Brumbies, franquicia australiana que compite en el Super Rugby, y se lució en su primera temporada en un equipo extranjero. La vivencia le aportó también en lo cultural, le abrió todavía más la cabeza. La pasó bárbaro, aunque no todo resultó encantador. El hecho de vivir solo por primera vez le pasó factura. “Me costó adaptarme, sobre todo a las tareas de limpieza”, anticipa y, luego del pedido de este escriba, repasa una anécdota graciosa. “Me sonó muchas veces la alarma de humo del departamento, mientras me cocinaba. Creo que no andaba bien el extractor (se ríe). Los vecinos me tocaban la puerta para saber si yo estaba bien”, afirma.

La lejanía lo privó de momentos placenteros y únicos junto a sus seres queridos. Cubo, como lo apodan, se perdió un evento de emociones fuertes: el casamiento de su hermano. “Coincidió justo con la primera jornada del Super Rugby. El ya tenía la fecha de casamiento, y yo arreglé con Brumbies. ‘Olvidate, no tengas ningún remordimiento. Sé lo que significa esta oportunidad para vos’, me dijo”.

Debutó con try en la temporada, jugó bastante y en buena forma, y estuvo ahí de disputar las semifinales de la competencia más exigente del mundo a nivel clubes. Brumbies asustó a Highlanders, el campeón en 2015, en los cuartos de final. Pero perdió 15 a 9 y se despidió del torneo al dejar una muy buena imagen.

“El balance es bueno, positivo. Tuvimos mala suerte con las lesiones y, además, hubo un compañero que dejó de jugar durante la competencia. Es verdad: existieron cosas que nos golpearon. Pero no hay excusas. El equipo dio todo. Podríamos habernos clasificado a las semifinales, hasta el último minuto estuvimos muy cerca y ante un gran rival. Pero no se nos dio -explica-. Por otro lado, disfruté de compartir plantel con jugadores experimentados. Pude aprender, y mucho. El que más me sorprendió de mis compañeros fue Toomua. También, quiero agregar a Pocock y a Fardy. Ellos son muy buenos jugadores y está bueno verlos entrenarse y cómo se preparan para los partidos. Hoy, ya pienso en lo que será la próxima temporada”.

Es el único Puma que no integra los Jaguares. Compite en el Super Rugby, pero para Brumbies, franquicia australiana en la que se lució.

-¿Qué le sumaste a tu juego?
-Al tener más minutos, continuidad, se hace más fácil. Mejoré las destrezas, sobre todo los pases y las patadas, por trabajarlas mucho.

-Stephen Larkham, el head coach de Brumbies, te destaca la creatividad y el pase. ¿Exagera?
-Diría que sí, pero, por otro lado, se trata de alguien que sabe. Entonces, hay que darle la derecha y respetarlo.

-¿Qué consejo te dio que valorás?
-“Cuando juegues, no mates la intuición”, me dice. En el juego, hay estructuras, tácticas, que te pueden limitar. Entonces, él me da libertades.

-George Gregan fue un coloso medio scrum de Brumbies y, en especial, de Australia. ¿Charlaron cuando pasó por el club?
-Sí, hablamos sobre el pase y pequeños detalles vinculados a la comunicación con los forwards adentro de la cancha. El objetivo es entendernos mejor. 

-¿Cuando intercambiaban conceptos, pensabas que tenías enfrente a un ex rugbier notable, que en su carrera fue campeón y subcampeón del mundo?
-Sí, se me pasaba por la cabeza. No lo podía creer. Pero, bueno, esto jamás se lo comenté. El año que viene, quizás con más confianza, se lo voy a decir.

-¿Te dolió haber visto a los Jaguares por televisión?
-Alguna que otra situación, sí. Porque tengo grandes amigos ahí, porque hay grandes talentos. Pero estoy seguro y contento con mi decisión de jugar para Brumbies. Todavía me queda un año más de contrato con el club.

-¿Qué evaluación hacen los australianos sobre los Jaguares y Los Pumas?
-Tienen un concepto muy bueno y respetan al rugby argentino. Cuando hablaba con mis compañeros en la pretemporada, pensaban que los Jaguares iban a llegar a las instancias finales en el Super Rugby. Sobre Los Pumas, me dicen: “¡Qué equipazo!”.

-Corregime si me equivoco: estás habilitado para defender la camiseta de Los Pumas porque jugás en el Super Rugby, bajo el ala del hemisferio sur, ¿verdad?
-Claro; tomé la decisión de firmar con los Brumbies porque sabía que podía jugar en Los Pumas.

-¿Qué significaría redondear un buen y un mal Rugby Championship en esta edición?
-Sería bueno confirmar lo que venimos haciendo. Tenemos que aprender a través de la experiencia y del rigor de la competencia. Estaría mal que el equipo juegue menos de lo que puede. En ese caso, se prendería una alarma y habría que revisar.

-Cayeron 30-23 ante Sudáfrica, en Nelspruit, en la primera fecha del torneo. ¿Te molesta que se les ponga tanto la lupa sobre los resultados?
-No, es una manera de no dar nada por sentado. Nosotros no vamos a perder el tiempo, sino a competir. Queremos que el rugby argentino siga avanzando. Estamos por debajo de los All Blacks y les podemos jugar de igual a igual a los Springboks y a los Wallabies. Esto último, entonces, es lo que debemos hacer en este Rugby Championship. Porque en aquel de 2014 le ganamos a Australia en la Argentina, pero allá no tuvimos ni chance. Nosotros tenemos que jugarles de igual a igual, como decía, y que se defina en la última pelota. Obviamente, esto no nos garantiza que les vayamos a ganar.

Mira el horizonte. Asoman Nueva Zelanda y Australia, el 10 y el 17 de este mes, de visitante, por el Championship.

-¿Están cerca o lejos de aquel equipo que terminó cuarto del mundo?
-Estamos ahí, llegando. Apenas antes del Mundial, sufrimos derrotas en el Rugby Championship. Y, por otro lado, nos enfrentamos tres veces contra equipos del Rugby Championship en el Mundial y perdimos los tres partidos. Jamás le sacaré brillo a lo que logramos, a ese cuarto puesto. Pero la estadística que decía es real y duele un poco.

-¿Qué deben mejorar desde lo conceptual en el juego?
-Apuntamos a crecer en defensa. Creo que podemos subir un escalón, dar un paso adelante. También, tenemos que seguir con la misma intención en ataque y encontrar más variantes. Se estudia mucho, y por eso hay que ir cambiando.

-¿Qué debe darse para que brindes con felicidad a fin de año?
-Pido lo máximo: ganarles a los All Blacks. Sé que es mucho.

-¿Con qué soñás todavía?
-Quiero ser campeón del mundo.

Por Darío Gurevich / Fotos: Maxi Didari

Nota publicada en la edición de septiembre de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 02/10/2016

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