ENTREVISTAS

Eduardo Sacheri, 100x100: “A Messi le diría: boludo, dejate de joder, a la gilada ni la hora”

- por Diego Borinsky: 01/10/2016 -

El popular escritor argentino habla de su querido Independiente, sus libros, los premios recibidos, la familia y una pasión que envuelve su vida y se llama fútbol.

Como todo escritor que se precie, Sacheri tiene flor de biblioteca en el "boliche" de su casa.

1 ¿El escritor nace o se hace? Creo que el escritor se hace más que nacer. Se hace leyendo mucho y escuchando mucho. Y observando a la gente. Es una mezcla de leer y saber mirar al mundo. Más que saber, interesarte. O sea: ir al mundo con preguntas, no con respuestas. Mucha gente va a mirar al mundo a verificar lo que ya pensaba. Y creo que si querés escribir, tenés que dejarte sorprender por lo que ves.

2 Pero hay una arista técnica: no cualquiera escribe… Quizás ahí sí tuve siempre cierta facilidad para expresarme. En mi casa se hablaba bien, y eso ayuda. Eran todos muy lectores, se dialogaba mucho, no era una casa donde los chicos se callaban y los grandes hablaban, algo que todavía existía en nuestra generación. Pude disfrutar de buenos narradores. Mi viejo lo era, mi abuela materna, que estuvo mucho en mi crianza, también…

3 ¿Leer es importante para tener más vocabulario? Por el vocabulario y porque sin darte cuenta al leer también aprendés a contar, aprendés la música, el ritmo. Viendo a otros contar historias, intuitivamente te lo vas apropiando, y entonces podés detectar, cuando vos contás, si te estás yendo por las ramas, si estás evitando datos esenciales...

4 ¿Qué empezaste leyendo? En mi casa había una pila enorme de historietas. Yo agarraba las Patoruzito y me hacía el que leía. En realidad miraba los dibujitos. En casa leían todos, así que con 4 años le pedí a mi hermana que me enseñara a leer. Creo que le vino bárbaro, porque en lugar de enseñarle a un peluche, mejor hacerlo con un ser vivo. Y cuando aprendí fue una combinación entre la maravilla de decir “uy, ahora lo puedo leer”, y la decepción, porque no decía lo que yo imaginaba que decía. Creo que escribir es una manera de subsanar esa decepción, es “ahora va a pasar lo que yo quiero que pase”. Para mí, la escritura es como un acto de lectura mejorada, más autónomo, más a fondo, más libre.

5 ¿No te aburrías en primer grado ya sabiendo leer y escribir? Yo aprendí a escribir en el primario, lo que a mí me interesaba antes era leer, y eso me enseñó mi hermana. En el jardín de infantes tuve un comportamiento patibulario, porque quería leer y decía: “Mirá a estos boludos con la plastilina”. Me portaba pésimo, y deserté de sala de 4 y de 5. Fue una mezcla de que no era obligatorio en esa época y que a las maestras las tenía hartas. “Lléveselo, señora”, fue el pedido a mi madre.

6 ¿Con qué seguiste después de Patoruzito? Con los libros de Robin Hood, una colección de clásicos adaptados, había un montón en casa. Después, con los grandes novelistas, de Emecé, libros sin ilustraciones, para adultos, básicamente novelas de Estados Unidos. Y en la adolescencia, empecé a armar mi propio circuito: Cortázar, Sábato, Borges…

7 ¿Eras un lector furibundo? Sí, y mis viejos me estimulaban. De hecho, me pusieron un veladorcito en la cucheta de abajo para que pudiera leer hasta tarde. Eso fue la gloria para mí. Lo mejor que me podía pasar era tener gripe. Cuando mi vieja me decía que tenía fiebre, me bajaba 4 o 5 libros de la biblioteca, siempre los mismos, y me quedaba varios días leyendo en la cama. Robinson Crusoe, por caso, lo debo haber leído 10 veces.

Una imagen sorprendente: con pelo, sosteniendo a su hijo.

8 ¿Qué te fascinaba de la lectura? Me encantaba meterme en ese mundo. O sea: me explotaba una historia en la cabeza y desaparecía el mundo real. Y, después, encontraba un placer en la repetición.

9 O sea que hay que darle un crédito grande a tu hermana en tu carrera de escritor… A mi hermana y a toda la familia. Por la paciencia para contar y para responder a mi curiosidad. Un pibe puede tener mucha curiosidad, y si los adultos estimulan eso, la cabeza del pibe va creciendo. Si es a la inversa, si al pibe lo callás o lo ignorás, se marchita.

10 ¿De qué laburaste antes de ser escritor? Mi primer trabajo fue preceptor de escuela en el Juan XXIII de Ramos Mejía, con 18 años. Luego, cadete en una financiera. Entre el 87 y el 91 trabajé en Tribunales, después en un mayorista de películas. En el 95 empecé a dar clases de Historia en la Facultad de Ciencias Económicas, en la UBA. En el 97 fui encargado de un supermercadito en Las Catonas, Moreno, un ambiente muy muy pesado. Era el jefe del personal, cajero adicional los fines de semana, hacía las compras, iba al banco con toda la guita, en una especie de Fuerte Apache de Moreno. En el 98 lo dejé y tomé 2 mil horas de secundario para empezar con la docencia full time. De las 5 escuelas en las que di clases, sigo en una sola: el Santo Domingo, de Ramos.

11 ¿Pasaste privaciones de pibe? No. Mis viejos eran odontólogos los dos, clase media de Castelar. No teníamos auto, pero sí vacaciones frecuentes. Mucho Villa Gesell. Ibamos en micro con mis viejos y mis dos hermanos, Alejandra y Sergio, que me llevan 7 y 10 años respectivamente. Mucho micro nocturno. Y ya en Gesell, todo a gamberolla…

12 ¿En el colegio eras de los tragas? Un alumno 8 puntos. El mandato era “no le traigas problemas a mamá, no te lleves materias”. Y no me las llevé nunca.

13 ¿En el grupo de amigos eras de los líderes o de los callados? De los callados. Siempre fui muy tímido; con la adolescencia y la facultad lo moderé algo. Encima tuve una pubertad de gordito, entre los 10 y los 14 años, tras la muerte mi viejo. Comía cualquier cosa, vivía a base de salchichas, y no había mucha vigilancia sobre qué comía. Algo que aprendí del fútbol es que si vos te dejás insultar una vez, no paran más, entonces el primero que me jodió con que era gordito, me cagué bien a trompadas y no hubo más cargadas. En esa época me ganaba el lugar atajando.

Con Gabriela, su mujer, y Francisco y Clara, sus hijos.

14 ¡¿Atajando?! Me di cuenta de que si no tenía miedo de destruirme el físico, podía hacer una diferencia y lograr un lugar de prestigio en mi grupo. Como habilidoso no lo iba a lograr, y vi que donde los demás tenían miedo de hacerse mierda, yo no. No le tenía miedo al dolor físico, era medio salvaje, no me importaba tirarme en el pavimento y llegar a casa sangrando. Fui arquero hasta los 23 y en un lapso de dos años me casé, salí del arco y empecé a escribir. Me paré un tiempo de defensor central para pispear y luego de 5. Y ahí estoy ahora. Corro mucho y tengo buen estado físico… obviamente dentro de mi edad.

15 ¿Seguís jugando? Nunca dejé de hacerlo. Los sábados en cancha grande y los miércoles en papi. Lo de los sábados lo hacemos desde el 85, un grupo que armó mi hermano con amigos del secundario y algunos hermanos menores, y compañeros de los hermanos. Jugamos en el Club Agricultura, en Castelar.

16 ¿Estudiaste Historia porque tenías vocación de escritor y no lo sabías? La de escribir se despertó después. En la infancia alguna vez había fantaseado con ser escritor pero como algo lejano, de hecho nunca se me pasó por la cabeza estudiar Letras. Sí Historia, porque siempre me interesó la cuestión de la memoria. En las personas, en las familias y en las sociedades. Esta curiosidad, este deseo de entender, para mí en buena medida se responde con lo que hemos hecho. Somos lo que hemos hecho. Y somos lo que recordamos de lo que hemos hecho…

17 ¿Por qué empezaste a escribir? Cuando pensamos con mi mujer en tener hijos, sufría de insomnio. El hecho de pensar en ser padre me movilizó un montón de angustias. “¡Upa! ¿Cómo voy a ser capaz de desempeñar un rol tan enorme?”, me preguntaba, porque cuando mi viejo murió era Superman. Cuando vos perdés a tu viejo de pibe, no tenés esas oscilaciones críticas donde lo vas poniendo en diferentes lugares. Tenía 10 años cuando se murió mi viejo; él estaba en categoría superhéroe. Eso por un lado. Por el otro, sentía el temor a reproducir con mis hijos esa orfandad, el “uh, mirá si a ellos les pasa lo mismo que a mí”. Esas ideas no me dejaban dormir.

18 ¿El insomnio te llevó a escribir? Una noche daba mil vueltas en la cama, y entonces me levanté y me puse a escribir. En ese momento, en máquina de escribir: la vieja Olivetti, que era un tanque de guerra, entonces ponía una frazada sobre la mesa para hacer menos de ruido y dejar dormir a Gabriela.

19 Lo primero que escribiste. Acabo de mirar el reloj, un cuento que no es de fútbol, sino de unos divorciados que se encuentran en un café. Recién el tercer o cuarto cuento fue Esperándolo a Tito, el primero de fútbol y que alcanzó gran repercusión.

20 ¿Cómo surge Esperándolo a Tito? Estaba en el mayorista de videos y escucho a un movilero en Ezeiza preguntándole a un jugador recién llegado del exterior, no sé si era Batistuta u otro, si volvía con ganas de jugar. Y yo pensé: “¿Cómo no va a querer, si viene a la Selección? Habría que ver si tiene que venir a jugar con los amigos”. Y al ratito me asaltó la imagen del flaco corriendo con el bolsito al hombro, recién llegado de Europa para jugar el duelo barrial, gritando “esperen, acá estoy”. Y entonces esa noche, trácate, salió de un tirón, en 3 o 4 horas. En esa época escribía los cuentos de punta a punta, y hasta que no terminaba no soltaba. Tenía la inseguridad de pensar que si lo dejaba para el día siguiente, por ahí no se me ocurría nada. Después hacía las correcciones. Aún hoy, escribiendo en la computadora, necesito imprimir y corregir en el papel.

21 ¿Cómo nació la idea de llevar tus cuentos al programa de Alejandro Apo? Entre el 95 y el 96 escribí unos 10 cuentos. Los leían mi mujer y mis amigos, a mí me daba mucho pudor. Mi grupo de amigos, que en su mayoría es el de la facultad, me empezó a insistir para que llevara los cuentos de fútbol a Todo con afecto, el programa de Apo de los sábados, donde se leían cuentos. Siempre escuchaba un pedazo del programa, el comienzo, cuando iba en el auto a jugar al fútbol.

En el rito sabatino futbolero que aún mantiene en el INTA de Castelar.

22 Te convencieron. Y… sí, tanto me hincharon que un día salí de dar clase un miércoles y me fui caminando a Radio Continental. Me acuerdo de estar llegando y a una cuadra cruzarme con un periodista deportivo que para mí es nefasto y pensé: “Listo, esto es una señal de que terminó acá”. Igual seguí. En esa época, en Continental había unos estantes grandes con el rótulo de cada programa y el portero tiraba los sobres en cada uno. Pensé que todo moría ahí. Eran tres cuentos, uno de ellos Me van a tener que disculpar. El sábado no leyó nada. Otra vez pensé: “Ya fue”. El siguiente puse la radio cuando iba a jugar y escucho a Apo leyendo la carta con la que había acompañado los cuentos. Salí pitando a buscar un teléfono público para avisarle a mi mujer para que grabara en un casete lo que decía Apo. “Tengamos un testimonio de esto”, le decía. Y enseguida leyó Me van a tener que disculpar, el cuento sobre Maradona.

23 ¿Cómo siguió? El sábado posterior bautizábamos a mi hijo y mientras cambiaba al pibe escuchaba la radio. Dice un oyente: “Estoy en Chivilcoy, trabajando con el tractor, me encantó el cuento que leíste de Maradona el sábado pasado, y estaba tan bueno que apagué el tractor, y me quedé en el medio del campo escuchando el final”. Me acuerdo el impacto que me generó. El chabón era mi primer lector. Por eso, en El secreto de sus ojos aparece Chivilcoy. Es un homenaje a mi primer lector.

24 Habrás ido la semana siguiente a llevarle todos tus cuentos… No, me lo tomé con mucha calma. Demasiada, diría. Como tres meses después, llevé otro par de cuentos de fútbol. Esperándolo a Tito y De chilena. El primero le encantó a Apo, refestivo, la gente llamaba. Y con De chilena, Apo se largó sin haberlo leído antes. Es muy duro, emotivo, y Apo se quebraba, no podía terminarlo, por una historia personal de él con un hermano y el cáncer. El cuento era de 25 minutos y tardó 45 en leerlo. Fue todo un suceso: por la reacción de Apo, que se contagió a los oyentes, y a partir de ahí le fui llevando más cuentos.

25 ¿Cuándo lo conociste a Apo? Pasaron como tres años: el primer cuento lo habré dejado en el 96 y recién en el 99 nos conocimos, porque el equipo de Víctor Hugo estaba haciendo un libro llamado Jugados y querían mi autorización para incluir Me van a tener que disculpar. Nunca apuré el tema, fui medio cansino en mi manera de llevarlo adelante. En el 2000 salió el libro Esperándolo a Tito  y Apo siguió leyendo los cuentos, por lo que el libro continuó vendiéndose siempre.

26 Si tus amigos no hubieran insistido… Supongo que seguiría escribiendo para mí… No creo que me hubiera convertido en un escritor profesional. Por eso son importantes los amigos, entre otras cosas…

27 ¿Seguís teniendo insomnio ahora? No, porque escribo siempre. Si dejo de escribir, no sé qué pasaría.

La noche de la Usina (2016), novela ganadora del prestigioso Premio Alfaguara, en el que se impuso a otras 706 obras.

28 ¿Cuándo te diste cuenta de que podías vivir de escribir? Con El secreto. El Oscar no es plata, pero te abre muchas puertas laborales.

29 ¿Cuándo comprendiste que la calvicie sería tu compañera de ruta? Mirando fotos de mi viejo (risas). Los monjes de la edad media se rapaban toda la parte de arriba, la coronilla, y eso se llama tonsura. Bueno, cuando me vi la tonsura, me dije: “Esto terminó”. No acepté ser Larry, y me hice la gran Guardiola. Habrá sido a los 32 o 33 años. De ahí para acá, siempre la maquinita. Y estoy bien. Son de esas cosas que temés cuando no se produjeron y no te preocupan cuando ya se produjeron.

30 ¿Sos muy imbancable jugando? Soy obsesivo, exigente, creo que leal, no finjo. Si me roza la cabeza y se fue al córner, te marco el córner. Y si te llevo puesto y vos no me cobrás foul, yo te lo cobro. Soy gritón, ordenador, jamás discutí con los árbitros, pero sí soy muy de hinchar las bolas con “agarren acá”, “tomen acá”. Al jugar te mostrás como sos, sin máscaras, jugar te exhibe en tus profundidades.

31 ¿Corrés? Tengo problemas de tendones y gemelos, de pisada. Después de los 40, me entré a desgarrar y el deportólogo me dijo: “No jugués más al fútbol”. Lo frené: “No, pará”. Entonces corrigió: me dijo que me guardara los kilómetros para jugar al fútbol y ahora camino una hora todos los días, dando la vuelta al perro por Castelar.

32 ¿En esa hora se cocinan tus obras? Nadar y caminar, o trotar, son actividades que te ponen a pensar. Si no tengo ganas de pensar, escucho radio o programas viejos de Dolina, que los tengo cargados en el celular.

33 ¿Por qué seguís dando clases de Historia? Porque es una profesión que estudié y me gusta mucho, ¿por qué la voy a tirar? Aparte, es un lindo complemento para mi actividad de escritor, que es muy metida para adentro. Yo puedo estar varias horas callado escribiendo y eso conlleva un riesgo de aislarte. Ahí estás vos con tus personajes y nada más.

34 A esta altura, ¿leés por placer o como parte de tu trabajo? Sigue siendo un gran placer. Leo un libro o uno y medio por semana. Es una ventaja ser mi propio jefe, porque tengo baches de tiempo libre. Sí o sí necesito leer antes de irme a dormir, eso sigue siendo igual que cuando era chico. Leo en la cama, y para no joderla a mi mujer, lo hago en el iPad, que no es lo mismo, pero bueno…

35 ¿Por qué necesitás leer antes de irte a dormir? Me quedó. Es como una sensación de protección y seguridad. De chico la vivía como diciendo “están todos despiertos, yo estoy en la oscuridad solo, pero con un libro”. Hoy es diferente, pero me gusta esta sensación de “están todos durmiendo en casa y yo vigilando el sueño de mi familia y me acompaño con un libro”. Es una boludez, yo qué sé…

La sonrisa tras ganar el Oscar a la mejor película extranjera por El secreto de sus ojos, con direción de Juan José Campanella (infaltable escudito del Rojo).

36 Tu ranking de escritores preferidos. Los que más me impactaron fueron Cortázar, Borges, Soriano, García Márquez y Vargas Llosa. Te puedo poner a Cortázar primero.

37 ¿Lo trataste al Negro Fontanarrosa? Apo me había contado que al Negro le gustaban mis cuentos. En el 2004 o 2005 yo firmaba libros en la Feria del Libro y escuché que estaba Fontanarrosa en Ediciones de la Flor haciendo lo mismo. Como yo terminé rápido, fui para allá, me compré un libro del Negro, hice la cola y cuando llegué estaba tan cohibido que no me salió más que decirle “me llamo Eduardo”, para la dedicatoria. Como un pelotudo no le dije nada más. Fue la única vez que lo traté.

38 ¿Qué persona te impactó más en una charla? Ufff, a ver… Eric Hobsbawm, un marxista inglés que es el Maradona de los historiadores del siglo XX. En la facultad te lo dan por todos lados. En el 2011 fui a Gales a un festival literario y de golpe lo vi entrar. No soy cholulo, pero salté de donde estaba y le pedí a un intérprete que viniera para hablar unos minutos con él. Me dijo que había visto El secreto y le había gustado. Me saqué una foto y se las mandé a mis amigos, todos profes de Historia. Se querían matar (risas). Físicamente, el tipo estaba destruido pero se subió al auditorio, se sentó en un sillón, cazó el micrófono ante 2000 personas y rejuveneció 30 años. Fue una charla fenomenal sobre el deterioro del marxismo.

39 ¿Por qué vos hincha de Independiente y tu hermano de River? Mi hermano, por sus primos, Gustavo y Gerardo Ríos, que son hinchas de River. Gustavo fue médico del plantel de River con Ramón Díaz y con Almeyda. Mi hermano era un año menor que su primo y lo tenía como ídolo. Y mi viejo creo que se distrajo, o no lo pudo evitar, pero como con mi viejo yo tuve una relación superestrecha ni se me pasó por la cabeza ser de otro equipo.

40 ¿Por qué se dio ese vínculo tan fuerte con tu viejo? Supongo que porque era el más chico, me tuvo a los 40 años. Y cuando uno es más grande a lo mejor se toma otros tiempos. A mi viejo lo acompañaba muchas veces al centro porque tenía consultorio en Capital, entonces íbamos en el tren a Once, luego en el colectivo. El se juntaba con sus amigos en el café y me llevaba, y después íbamos al cine Los Angeles, o a ver aviones al Aeroparque o barcos al puerto. Lo taladraba a preguntas y el chabón te explicaba to-do. Era empático con los pibes, te dabas cuenta de que estaba atento a los detalles. No sé, me enseñó, por ejemplo, cómo sacar hormigas de un hormiguero y ponerlas en otro y cómo no las reconocían y las mataban (se le ponen los ojos rojos). Me sentía que estaba con Indiana Jones…

41 Tu ídolo de la infancia. Bertoni. Después aprendí que aún más grande que Bertoni era Bochini.

42 ¿Ibas a la cancha? Mi viejo era fana, pero no íbamos porque nos quedaba muy lejos y porque no había plata. A Independiente, en la cancha, lo conocí en Ferro y en Vélez, de visitante, era lo más cerca que me quedaba de Castelar. A la que iba seguido era a la de Morón, quedaba a 10 cuadras de casa. Mi viejo, igual, me lo dejó clarito: “Vos sos de Independiente, esto es para conocer la cancha y nada más”. El primer partido fue Morón 3, Flandria 1. Ver el pasto, las camisetas, una cosa impresionante...

Papeles en el viento, otra de sus novelas, al cine.

43 ¿Los padres deben obligar a sus hijos a ser del mismo equipo? Absolutamente. Los padres deben dejar en libertad a sus hijos con relación a la profesión, la orientación religiosa, política y sexual, pero no con el equipo. Ahora, si todo fracasa y tu hijo se hizo de otro equipo, bueno, tendrás que cambiar de equipo vos y seguirlo a tu hijo. Definitivamente.

44 ¿Qué sentiste al entrar al campo de juego cuando te dieron la plaqueta por Papeles en el viento? Una gran emoción. Fue muy sobre el inicio del partido, entonces la gente se puso a cantar y me puse a besar la camiseta. Entré con mi hijo, pero es tan tímido como yo y se quedó a un costado.

45 ¿Vas seguido a la cancha, ahora? Sí, con mi hijo, que insiste. Vamos a la popular que está enfrente de la barra. A veces me traen libros para firmar, porque siempre voy al mismo sector. (El autor firmará ejemplares en la popular sur, Fila 25, sector H hasta 10 minutos antes de iniciado el partido).

46 ¿Cómo surge la imagen de cancha que le da el título a Papeles? Es al final de los partidos, cuando ya no queda nadie y se levantan los papeles con el vientito. Es una imagen que a mí me gusta mucho, porque es el momento más feliz de la cancha… cuando ganás, claro (risas). Es el momento de felicidad, cuando todavía no te fuiste y no necesitás irte, porque no te querés ni apurar. Escribí ese libro en 2010, mientras mi vida experimentaba la tempestad de El secreto de sus ojos y el Oscar, los viajes al exterior, las traducciones, la guita… En ese año me pregunté muchas veces a dónde me estaba llevando la vida, y si tenía ganas de ir hacia donde me estaba llevando, entonces Papeles en el viento es Independiente, Castelar, un par de amigos de 40 años, uno de ellos profesor en la escuela donde yo daba clases, donde otro tiene lavadero de autos… Fue como tirar el ancla.

47 ¿Con Julia Roberts o Nicole Kidman pudiste hablar y decirles que sos el autor de la novela que originó la película en la que ellas actúan? Lamentablemente no. Ojalá tenga la oportunidad de decírselo a Julia. La versión de Hollywood está muy cambiada, pero bien, no me parece una mala película.

48 ¿Hay un antes y un después del Oscar? Sí, sobre todo en la exposición y en la masividad de la gente que conoce tu laburo. Se potencia en oportunidades de laburo como guionista. Después de El secreto vinieron Metegol, Papeles, y ahora estoy terminando de escribir una serie para la TV chilena basada en un libro de Isabel Allende.

49 ¿Tu cabeza sintió el cimbronazo? Fue raro, toda una serie de sorpresas, pero no es que me cambió una mala vida por una buena, porque ya tenía una muy linda vida antes, con lo que pasé a tener la misma linda vida… pero con más laburo.

50 Lo que más te impresionó de la noche del Oscar. Que dos días antes de la ceremonia había estado tomando exámenes en una escuela en calles de barro en Merlo, y de golpe estaba en Sunset Boulevard viendo el Valle de Los Angeles y habiendo ganado un Oscar. Contrastes…

51 No entraste al teatro, ¿no? No, no, éramos un montón y nos quedamos en el hotel Mondrian, al lado del teatro donde se entregaban los premios. El consulado argentino nos puso unas pantallas gigantes para seguir la ceremonia. Estábamos los productores, técnicos, el músico, amigos…

52 ¿En la previa pensabas que lo podían ganar? No, pero en el momento en que subieron al escenario Almodóvar y Tarantino, me dije: “Los penales no los miro”, y me fui de la sala. Pensé: “Si escucho gritos, es que ganamos”. Escuché el alarido y volví corriendo y me tiré arriba de la pila humana…

53 ¿Qué te emocionó más: el Oscar o el Alfaguara? Los dos, porque son muy complementarios. Son dos Libertadores. No me atrevo a decir un Mundial, imagino que el Mundial será el Nobel.

54 ¿Cuántas veces te habías presentado para el Alfaguara? Esta fue la tercera. Deben ser novelas inéditas y se presenta con seudónimo. Había ido con Aráoz y la verdad y con Papeles. Son cerca de 700 novelas las que compiten y en ambos casos quedé entre los 5 o 6 finalistas pero no gané. Te llaman para avisarte que estés disponible en ese mismo teléfono equis día, y es un modo de comunicarte que estás entre los finalistas. Las otras veces les había contado a todos y ya estaba cambiando el auto y la casa, entonces en esta ocasión le dije a mi mujer que me habían bochado para no cargar con la ansiedad familiar.

55 ¿Tenías expectativas esta vez? Ninguna. Soy pesimista por lo general, y para mí no había dos sin tres después de dos derrotas. Sonó el teléfono a las 6 de la mañana y me asusté, porque mi hermano había sufrido un ACV la semana anterior. Mi mujer llegó primero al teléfono: “Ah, sí, hola, ya le paso” y enseguida escuché del otro lado acento español, el “enhorabuena” y entendí. Mi mujer me hacía señas de qué carajo pasaba, entonces le dije a la presidente del jurado: “¿Me puede llamar en cinco minutos?”. La mina se quedó… Claro, habrá pensado: “A este pelotudo le estoy diciendo que gana el Alfaguara y me pide que lo llame en un rato” (risas). “¡Hijo de puta, ganaste el Alfaguara!”, me gritaba Gabriela, y enseguida el abrazo con ella y con mis hijos. Francisco era el único que sabía, en realidad.

56 ¿Cómo se arranca después de un Oscar o un Alfaguara, cómo te motivás? Como siempre. Ahora me cuesta porque estoy con la gira del premio. Ya fui a España, Perú, Colombia, Ecuador y Uruguay. Me faltan México, Estados Unidos, Costa Rica, Panamá, Chile y España de nuevo. Son viajes de 3 o 4 días por país con una agenda cargadísima de entre 8 y 10 notas por día, hacé las cuentas.

Con sus dos ídolos de pibe: Fillol y Bochini, en la producción de los personajes del año de Gente.

57 A ver: 10 viajes, 30 días, 300 notas… ¿cómo la llevás? Me cansa, sobre todo escucharme a mí mismo. Y en este estado no puedo escribir. Necesitás silencio para escribir, pero bueno, tampoco me quejo…

58 ¿Cómo hacés para salir de ese mundo de ficción con el que convivís a toda hora? Sí… estás un poco esquizofrénico (risas), pero antepongo el ritmo de la familia al del laburo, entonces si estoy laburando superenchufado, pero la tengo que ir a buscar a mi hija a la escuela, voy a buscarla. La mejor manera de salir es que te manden a lavar los platos.

59 ¿Te pasa de estar comiendo en familia y que los personajes de tus novelas se sienten a la mesa? Ja, ja, solo en el tramo final de la escritura, los últimos 3 meses, cuando ya la historia fluye y los personajes te están esperando y no te perdonan que no estés escribiendo. Entonces te asaltan en el resto de tu vida.

60 ¿Escribís todos los días? Todos menos los fines de semana, que son para la familia. Escribo 3 o 4 horas a la mañana y lo mismo a la tarde. A veces funciona, y otras, no. Tengo un bolichito arriba, en mi casa, con escalera a la terraza, donde está mi biblioteca, un bañito y un par de lindas ventanas que miran al centro de la manzana, que está llena de árboles. Para la familia es “el bolichito de papá” o “la cucha de papá”, depende del momento...

61 ¿Un whiskycito de compañía? Cuando escribo no tomo alcohol. En eso, soy muy normalito. Escucho música clásica mientras escribo, eso lo saqué de mi vieja, que vivía escuchando música clásica mientras laburaba en el consultorio, cocinaba, tejía y planchaba. Me quedó el oído acostumbrado.

62 ¿Cuaderno o computadora? Compu. A veces voy a escribir un rato al bar, no mucho porque al ser más conocida mi cara, pierdo privacidad. En el bar nunca saco la compu, voy con cuadernito y lapicera. A veces no escribo sino que hago diagramas, ya que primero armo toda la estructura de la novela, el argumento, y después recién me largo a escribir. Voy imaginando a los personajes, situaciones, estructuro la historia. Son como los apuntes de la facultad: globitos, fechas, no es ni siquiera un relato abreviado.

63 ¿Cuánto de inspiración y cuánto de sudor hay en tus obras? Mucho más sudor: 80 a 20 o 90 a 10. Cuando se te ocurre el germen de una historia hay más de inspiración, pero convertir eso en algo que a otra persona le pueda gustar leerlo es sobre todo trabajo.

Hincha de Independiente, va siempre a la cancha con su hijo (a su derecha).

64 ¿Cuánto tiempo te lleva escribir una novela? La noche de la Usina, por caso, dos años. Hay una primera etapa en la que craneás la historia, armando su estructura, definiendo qué va a suceder, en qué orden, causas y efectos, y después, una segunda etapa en la que me pongo a escribir. Otros escritores hacen las dos cosas juntas. A mí me lleva más tiempo la primera parte que la segunda. Cuando arranco con la escritura hay mucho de tentativa y fracaso y al final son jornadas de 10 o 14 horas por día, parando para comer o tomar mate.

65 ¿Cómo nace la idea de una novela? Por ejemplo, la última… Me había gustado O’Connor y su gente, había disfrutado mucho crear ese pueblo en Aráoz y la verdad y recuerdo haber escuchado alguna noticia en la época del conflicto del gobierno K con el campo de que los chacareros enterraban la guita en el campo, en bóvedas, y así arrancó…

66 ¿Cómo decidís si vas por un cuento o una novela? Me dejo llevar por lo que va pasando y últimamente me están surgiendo novelas. La diferencia entre ambas se da por la cantidad de personajes, por el tiempo que transcurre para que se resuelva la historia y la complejidad de los conflictos, eso te lo define.

67 ¿Cuál es la clave de un buen cuento y de una buena novela? Hay una frase, creo que de Cortázar, que dice que el cuento gana por nocaut y la novela por puntos. Un cuento tiene que tener un final fuerte, si es inesperado, mejor. En pocas páginas te tiene que agarrar de las narices y transportarte a querer saber el final. Una novela te tiene que generar algo más duradero, dejarte un sedimento a largo plazo, dejarte extrañando a los personajes y la historia.

68 El abc del buen escritor. Un buen escritor tiene que leer mucho y escuchar mucho, estar atento al mundo de alrededor, sino te volvés un pedante que solo escribe sobre sí mismo.

69 ¿Vas al diccionario de sinónimos? Todos tenemos nuestras muletillas y palabras recurrentes y está bien de vez en cuando refrescar lo que uno escribe con palabras ligeramente inesperadas. Es un equilibrio delicado porque si uno sorprende demasiado al lector con una búsqueda de vocabulario demasiado diversa, corre el riesgo de dispersar al lector.

70 ¿Disfrutás escribiendo o ya no se puede? La primera etapa, hasta que empieza a fluir el asunto, cuando estás empantanado, no la disfruto. Cuando ves que estás sacando la carreta del barro, ya sí. Se alternan momentos de frustración y de realización.

Le entregaron una plaqueta por Papeles en el Libertadores de América y besó la camiseta.

71 ¿En qué momento te empantanaste en la última novela? El armado de un plan posible y verosímil de cómo iban a lograr que la alarma no sonara me llevó meses, entonces hasta que conseguís dilucidarlo la pasás como el orto. Para entender más, le pregunté mucho al electricista que viene a casa. Yo no soy muy distinto a mis personajes, no le garpo a un tipo para que me asesore sobre alarmas.

72 ¿Cómo manejás la presión por escribir un libro cada equis tiempo? Hasta ahora nunca me metieron presión, también es cierto que cada 2 o 3 años me sale escribir un libro nuevo. La precaución que tomo es no firmar contratos por libros que escribiré en un año y cobrar por adelantado. No me gusta.

73 ¿Cómo te llevás con el ego? Debe ser difícil dominarlo con tanto elogio y notas… Cuando las cosas te salen bien, es una mezcla de trabajo y suerte, y uno no debe desdeñar esa cuota de suerte. Tanto en el éxito como el fracaso hay un factor suerte. Mi carrera tuvo enviones de buena fortuna: la lectura de Apo, la película con Campanella, el premio Alfaguara ahora, son enviones extraordinarios que dependen un poco del azar, más allá de laburar bien. Si lo tomás así, agradecés esos golpes de buena fortuna pero no te la creés. De todas maneras, esta es una pregunta para hacerle más a la gente que me rodea.

74 ¿Entraste a un bar a declararle el amor a una chica hablándole del Maracanazo, como en el cuento Una sonrisa exactamente así? Sé que unos cuantos se sirvieron del cuento para hacerlo, y me genera mucha envidia que uno escriba para que lo usufructúen otros (risas). Como a cualquier futbolero, el Maracanazo te genera una admiración enorme, ganas de escribir sobre esto, pero cuando son historias tan famosas, es difícil agregar algo que no haya sido dicho. Pero se me ocurrió este corrimiento de la épica del partido a la historia de amor y por allí fui.

75 ¿Dónde conociste a tu mujer? En el Nacional de Morón, en cuarto y quinto año. Y ahí nos pusimos de novios. Gabriela es psicóloga... pero en casa no ejerce. Supongo que esa es la clave (risas).

76 Me recordás la presentación oficial con tus futuros suegros. Me invitaron a almorzar el domingo 22 de junio de 1986, el día de Argentina-Inglaterra. La familia de Gabriela no era futbolera de pura cepa. Yo no podía comer, estaba transportado a lo que estaría sucediendo en México. Pusieron la tele con el relato de radio de fondo. En el primero, me salvó Víctor Hugo porque dijo que había sido con la mano, entonces casi no lo grité. Pero en el segundo terminé trepado a la reja de la casa, gritando como un desaforado. Ahí me salvó Diego, porque repitieron tantas veces el gol que mi futura familia política no me vio treparme a la ventana como un endemoniado.

77 ¿Qué te dijo Bochini por el prólogo que escribiste en su biografía? El Bocha ya dijo suficiente con la pelota en los pies, no necesita decir más nada.

En la estación de Castelar, el lugar donde nació, se crió y en el que sigue viviendo.

78 ¿Mario Juan Bautista Pittilanga está inspirado en algún futbolista de Independiente de los últimos años? No pensé en ninguno en particular, pero podrían ser varios (risas).

79 ¿Independiente campeón local o Argentina campeón del mundo? Argentina campeón del mundo.

80 ¿Independiente campeón de América o Argentina campeón del mundo? Ahhhh, qué difícil, ahí ya está muy parejo…

81 ¿Cómo viviste estos 20 años de Independiente, vos que te criaste con los éxitos de los 70 y 80? Con una mezcla de sorpresa y decepción. Y también aprendiendo a que no se note, sobre todo para no alimentar el morbo de los que te envidian. Que no te noten la tristeza ni la angustia. Lo pueden notar mis amigos, pero cuando paso la puerta de casa para afuera, nada. Y menos en los medios, ahí no me vas a ver ni una lágrima.

82 ¿Cómo procesaste el descenso? Me pegó, tuve noches de insomnio sacando cuentas de cuántos puntos necesitábamos nosotros y los demás. Lo viví con culpa, también, como diciendo: “Puta, si yo tuviera un familiar enfermo estaría como estoy y sin embargo, estoy así por el fútbol”. Y el día del descenso fui a la cancha y en algún momento aplaudí.

83 ¿Te dio culpa por hacer de Independiente a tu hijo? No, para nada. Yo soy feliz de que Francisco sea del Rojo. Mi hijo es más optimista que yo. Lo que tuve que aprender es a callarme públicamente lo que pienso de Independiente, porque yo no sé de fútbol más que ningún otro hincha. Que me guste escribir no significa que sepa más, entonces está el riesgo de que los medios amplifiquen mis palabras cuando no corresponde.

84 ¿Seguís con miedo a los aviones? Ahora se me pasó bastante. Sí lo tuve, quizás porque mi primer avión lo tomé de adulto, y como tantas otras cosas, es más fácil aprenderlas cuando uno es chico. También porque sentía mucho temor a dejar a mis hijos huérfanos cuando eran chicos, una réplica de lo que me pasó a mí, pero he podido ahorrar unos mangos y ahora sé que, llegado el caso, nos los dejo en pelotas. Eso me tranquiliza.

Con la escultura que le entregaron por haber ganado el Premio Alfaguara de novela. Era la tercera vez que se presentaba: en las dos anteriores había quedado entre los finalistas.

85 Cuando te piden por la calle que recomiendes un libro, ¿cuál decís? Si tengo tiempo les pregunto cuál es el último que les gustó, porque los libros son como los discos. Una cosa es que nos guste a los dos la música, pero probablemente nos gusten cosas distintas.

86 Se te ve un tipo tranquilo, ¿qué cosas te sacan? El fútbol. En la cancha soy mucho más tranquilo que viéndolo por tele. Con gente alrededor siento que lo malo no es tan terrible, mientras que por TV hay una sensación de indefensión mayor. Por tele puteo terriblemente. En la cancha no, porque el murmullo creo que jode a tus propios jugadores. Sí tengo la precaución de no aplaudir a los burros. Un marcador de punta que se lleva por delante a tres contrarios y logra un córner, no lo aplaudo. Tampoco soy de chiflar, porque si a un perro lo silbás, va a jugar peor. No tiene sentido en la cancha ensañarte con los que no querés, en todo caso esperá el final del partido.

87 ¿Qué sentiste en las últimas finales perdidas por Argentina? Me jodió mucho perder el Mundial y te diría que las Copas América me jodieron más por Messi que por mí. Te cambio 10 Copas América por el Mundial de Rusia.

88 Vas por una playa desierta y viene Messi, ¿qué hacés? Lo dejo pasar. Creo que estos tipos deben estar hartos de que todo el mundo les diga algo, y se merecen que no los jodan tanto.

89 ¿Qué le dirías respecto a la Selección si lo tuvieras mano a mano? “Boludo dejate de joder, a la gilada ni la hora”.

90¿Cuál es la frase que más te repiten en la calle? A veces cometen el exceso de llamarte “maestro”.

91 ¿Qué te dice tu vieja? Le gusta, me lee. Es raro: ver al hijo en la tele no era algo que tuviera pensado. Nilda tiene 86 años.

Ya se le complica ir a los bares, como hacía antes, aunque cada tanto cumple el rito. El laboratorio creativo está en su hogar, arriba, donde tiene su biblioteca, un baño, y una vista al verde de Castelar.

92 Tu día más feliz y tu día más triste en la profesión. El más feliz, el día que gané el Alfaguara. Y el más triste… alguno de los dos en que no gané el Alfaguara (risas). Le tenía muchas ganas, como te darás cuenta.

93 Transmitís mucha emoción en tus obras, ¿sos de emocionarte fácil en el día a día? Soy un tipo sensible, y con el transcurso de los años me he permitido expresar más mis sentimientos. Me crié en esta visión machista de que los hombres no lloran y uno de los aprendizajes de mi vida fue abandonar eso. Me cuesta más llorar de bronca y tristeza que de emoción.

94 ¿Cuánto supiste que tu viejo iba a morir? Una semana antes. Mi hermana me fue a buscar a la escuela y me lo contó. Tenía 10 años. No lo creí, creo que me enojé con mi hermana, supuse que estaban todos equivocados. Murió unos días después del Mundial 78 por cáncer de pulmón. Fumaba mucho.

95 ¿Te das cuenta de que cada vez que hablás de tu viejo en alguna nota se te ponen rojos los ojos? Hace 30 años hubiera preferido no hablar de él para no emocionarme, hoy acepto hablar aunque sepa que el precio de eso es exhibirme vulnerable.

96 Pasaron casi 40 años y sigue fuerte esa emoción, es raro… Las grandes cicatrices de tu vida las llevás siempre. A mí me tocó esta muy temprano, y es muy notoria, y así será hasta que me muera, imagino.

97 La referencia a tu viejo, al cáncer y a las pérdidas aparece en muchos de tus relatos… Es una manera de exorcizar mis propios demonios. Escribir no es solo catarsis, pero también es catarsis. Trato de no distraer al lector con mis propias tragedias, pero que estén ahí a mí me permiten ventilar esos fantasmas.

98 Son señales… Me gusta que aparezcan señales mínimas sin que se lleven el protagonismo. Son como lucecitas propias que tienen un significado para mí o para quien me conoce mucho, y para el lector van dentro del argumento. Me gusta ese doble registro.

99 La carta a Pastoriza es conmovedora… Debe haber sido una de las pocas charlas a las que llegué tarde. Había muerto Pastoriza en la semana y el sábado Alejandro Apo lo recordaba en su programa. Yo iba en el auto por la ruta 5 hacia Mercedes a dar una charla. Fui llorando todo el viaje, porque me remitió a aquella experiencia del 78 en que me mandaron a Gesell porque mi viejo estaba muy mal, y a la vuelta me detalló cómo había sido la hazaña contra Talleres. Fui derecho a un bar a escribir esa carta y salió en Un viejo que se pone de pie.

100 Lo que más te enorgullece de tu obra. Cuando alguien te dice que empezó a leer o que volvió a leer a través de un libro tuyo es muy gratificante. Después seguirá con otras cosas, pero participar en ese envión inicial y primer enamoramiento de los libros, es genial.

Por Diego Borinsky / Fotos: Alejandro Del Bosco y Familia Sacheri

Nota publicada en la edición de septiembre de 2016 de El Gráfico

Por Diego Borinsky: 01/10/2016

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