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Juan María Nimo, piloto de corazón

- por Redacción EG: 13/09/2016 -

Hace una década sufrió un accidente en motocross en Chile que lo dejó en silla de ruedas. Con un inmenso amor propio, volvió a competir y con un auto adaptado, es uno más en la Copa Bora. A los 28 años está lleno de desafíos, sueños y valoriza la inclusión.

El mundo motor es el hábitat natural de Juan María Nimo, quien, a pesar de las dificultades, se las ingenió para seguir demostrando su talento en autos y motos.

-¿Juan María es por el Flaco Traverso?
-La verdad, no sabría decirte exactamente si es por él, aunque habrá influido, porque yo nací el 8 de enero de 1988, que era una época gloriosa del Flaco. Mi papá, como apasionado del automovilismo, reconocía sus virtudes. Encima, aquel episodio de la coupé que se le prendió fuego pasó en Roca, muy cerca de Neuquén. De mi edad encontrás muchos Juan María y en todos seguro que influyó Traverso.

-¿Charlaste alguna vez con él?
-No, solo asistí a una charla que dio en Neuquén. Me cuesta acercarme, no me gusta cargosearlos. Si ellos se me acercan, por supuesto que aprovecho para disfrutar ese momento.

-¿Y tenías algún parentesco con el ex árbitro y crítico de fútbol Guillermo Nimo?
-Sabés que sí, aunque lejano. Mi abuelo y el padre de él eran primos.

Junto al auto adaptado N° 50 de la Copa Bora.

-¿Te imaginabas estar viviendo este momento 10 años después del accidente?
-En realidad, cuando uno pelea por algo es porque tiene el deseo de llegar y tiene un convencimiento de que lo puede hacer. Por eso se insiste tanto, si no, al año de insistencia uno desistiría y se dedicaría a otra cosa. Particularmente, si hay algo que me enseñó la discapacidad es a convivir con que te digan que no. Entonces, empezó la lucha por querer convencerme a mí mismo y a los otros de que puedo. Yo no me lesioné jugando al fútbol o haciendo otra cosa, lo mío fue practicando motocross y no soy un improvisado del deporte motor. Lo hice desde siempre y lo quiero seguir haciendo. Antes de cumplir los 4 años ya corría en karting y como mi mamá es una apasionada del motociclismo, ya que mi abuelo materno junto con Jean Pierre Raemdonck fueron pioneros en traer motos de competición al país en los años 50, por herencia familiar, seguí por el lado del motocross. Antes del accidente, había estado relacionado 14 años con el motociclismo, de ahí que insisto en que no soy un improvisado.

-Debe haber sido muy complicado demostrar que podías...
-Sí, exacto. Es más, tuve ofrecimientos para correr en Europa y en Estados Unidos, pero yo quiero desarrollarme acá. A 10 años de mi lesión, estoy muy contento con lo que conseguí, pero entiendo que esto es solo el principio. La Copa Bora en la que compito, que es telonera del Turismo de Carretera, es una categoría escuela que me permite crecer como piloto, pero no quiero que sea solo un paso, mi objetivo va más allá y aspiro a ser competitivo.

-Tuviste también que aprender las diferencias sustanciales de lo que es correr en motos y en autos...
-Son dos mundos diferentes, porque en las motos se va al frente todo el tiempo, en cambio, en el automovilismo se ve a pilotos de renombre que están dos años sin ganar o que otro piloto debió esperar más de 100 carreras para su primera victoria. Hay que entender los momentos de cada uno. Yo conseguí la licencia para competir tanto en motos como en autos, pero surgió esta oportunidad de la Copa Bora y la aproveché. Mi lucha es competir de igual a igual desde la discapacidad contra lo convencional. Nunca lo pensé desde el lado de que se pueda crear una categoría para pilotos con discapacidad.

-Pero entre motos y autos parecería que en autos podés desenvolverte con mayor seguridad...
-En realidad, mi mayor experiencia está en las motos, porque corrí 14 años en ellas. Yo tuve una lesión medular, casi cervical, muy alta, y al tener el cuerpo paralizado se me dificulta el sostener un equilibrio en el ritmo de carrera de las motos. Sin embargo, tengo tan familiarizado el andar en moto que no me genera una complicación, lo hago más natural. En cambio, el automovilismo es más fino para trabajar, porque encontrás 15 autos en un segundo y esa competitividad me entusiasma. Vale aclarar que lo mío siempre había sido karting y motos, y el automovilismo me llegó ya después de la lesión, lo que obliga también a todo un aprendizaje. Primero en zonales, después en rally, pero yo quería saltar a una competencia a nivel nacional y apareció lo de la Copa Bora.

-¿Cómo es la adaptación que te hicieron en el auto para competir?
-Partamos de la base de que hubo que hacer todo de cero, porque no había nada hecho para esa adaptación. Hay muy pocos casos en el mundo de pilotos con mis características. No soy el único, pero somos pocos. En otros lados tienen una tecnología superior a la nuestra, ellos arrancan de cambios secuenciales que transmiten al volante con 2 o 3 botones, y tienen la posibilidad de desarrollos electrónicos que no tenemos nosotros acá, entonces, había que modificar el auto por completo y tuvimos que inventar algo que se adapte a mi necesidad. Hay muchos casos de autos de calle adaptados, pero no de competición.

Haciendo motocross en Neuquén. También practica esquí nieve y acuático, jet esquí, karting, supercross y cuatriciclos.

-¿Cómo es estar dentro del mundo TC?
-Es fantástico por la importancia que tiene la categoría. Camilo Echevarría es de mi ciudad, Manu Urcera corría en motocross, Leandro Mulet también es del motociclismo y un grande como René Zanatta me armó una moto. Yo tengo mucha amistad con la familia del Tati Juan Marcos Angelini y él me ayudó muchísimo. Me encantaría progresar y en el futuro también correr en otras categorías. En lo que va del año participé en todas las carreras de la Copa Bora y de las 8 primeras competencias logramos dos podios: en mi ciudad Neuquén (4°) y en Toay (5º), que es donde pude repetir circuito ya que allí había debutado a fines del año pasado. En esta categoría se hace podio hasta el sexto puesto, tiene 15 fechas y mi aspiración es entrar en los playoffs. En Neuquén, por ejemplo, largamos 12 y terminamos cuartos y llegamos a estar terceros. En la Copa Bora son 14 vueltas o 25 minutos de carrera.    

-El apoyo de la familia juega un papel fundamental en tu campaña deportiva...
-Sí, por supuesto. Mi familia siempre estuvo relacionada con el deporte. Somos cuatro hermanos, Eugenia que juega al hockey y llegó a la selección, mi hermano Leandro es bailarín y acróbata, también está Belén y yo que soy el menor. Mi papá Héctor, de quien heredé el apodo de El Gato, falleció hace un año y medio y después de tanto que le costó superar las trabas que nos ponían, porque él asumía que yo era discapacitado, pero no entendía cómo no aceptaban que yo pudiese seguir mi carrera como deportista. Lamentablemente no me pudo ver debutar en la Copa Bora, pero seguro me ayudó mucho. Y mi mamá, Edi Fornasin, es asistente social y trabaja bastante en lo solidario.

Podio de la Copa Bora en Neuquén, y Juan María pleno de felicidad mezclado entre los grandes protagonistas de la carrera.

-¿Ese es un tema que a vos te interesa y que, inclusive, te puso en carrera para ser concejal?
-Sí, efectivamente. Por ejemplo, cuando hice el desafío de unir Neuquén con el Obelisco en el 2013, con una silla de ruedas tipo maratón con pedales durante 20 días, desplegamos la recolección de elementos ortopédicos en desuso, sillas de ruedas, andadores, ropa, juguetes, pañales y cumplimos con dos objetivos: la ayuda solidaria y completar el recorrido previsto de 1201 kilómetros.

-¿Estás en un grupo que dice que la revolución es querer romper barreras y lograr la inclusión?
-Exacto, en la paridad y el competir de igual a igual es donde está el plus. Alcanzar la igualdad es el desafío. Me pasó en todo, no solo en las motos y el automovilismo. Hice danza y acrobacia aérea y la técnica es maravillosa, me entusiasmaba hacerlo, pero cuando escuché que al verme decían que era emocionante y a la vez triste, ya no me gustó. Quiero despertar emoción porque lo hago bien y no por generar tristeza. En el grupo Revolución queremos romper barreras y lograr la inclusión. No es fácil para un dirigente que le llegue una persona en silla de ruedas y le dice que quiere correr en motos o en auto. La rehabilitación no es volver a caminar nada más o tener una prótesis, es ser reeducado, es ser funcional con uno mismo. A mí me entusiasma el desafío de llegar a donde uno quiere. Por eso, es tan importante que hoy en día esté compitiendo de igual a igual en la Copa Bora, como cualquier otro piloto, sin ningún tipo de handicap.

Junto a Valentino
La cita internacional del MotoGP en Termas de Río Hondo, Santiago del Estero, le permitió a Juan María Nimo cumplir uno de sus sueños: como gran amante del motociclismo, pudo tomar contacto y establecer un vínculo con el múltiple campeón italiano Valentino Rossi. “Fue una emoción muy grande y me abrió sus brazos para ofrecerme la ayuda que necesite para seguir corriendo”.

El piloto neuquino recibió propuestas del Viejo Continente y también de los Estados Unidos para su continuidad deportiva, pero él prefirió quedarse aquí. “Yo quiero crecer como deportista en la Argentina, acá tengo todos mis afectos y mi deseo es intentarlo primero en el país”.

Por Walter Napoli

Nota publicada en la edición de agosto de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 13/09/2016

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