LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Fernando Belluschi: “Hoy soy más pensante”

- por Darío Gurevich: 08/09/2016 -

Charla íntima con el volante ofensivo de San Lorenzo: su etapa más reflexiva, cómo su hija le cambió la manera de mirar la vida, cómo varió su juego, su aprendizaje en el exterior, cómo convive con el exitismo en la Argentina y cómo vislumbra al Ciclón.

Nació el 10 de septiembre de 1983. Este mes cumplirá 33 años.

Al hombre de Los Quirquinchos, pueblo de la provincia de Santa Fe, no le gusta dar entrevistas. No se siente cómodo. Tino Costa, su compañero que lo espera para alcanzarlo hasta la casa, se sorprende. Fernando Belluschi conversa con este escriba hace 36 minutos, reconoce pasarla bien y sonríe. No lo dice ni lo hace para complacer, solo le surge así. Aquí y ahora, en la sala de prensa azulgrana, se habla de música: de reggae y de rocanrol.

-¿Qué tenés de Bob Marley y de Chizzo, el cantante de La Renga?
-De Bob Marley, la tranquilidad y la paz que transmite. De Chizzo, el hecho de salir a la cancha para darlo todo, para dejar tripa y corazón, como dice. Creo que esa es una linda mezcla. 

-¿Qué recital te movilizó?
-Lamentablemente, por mi trabajo, hace mucho que no disfruto de un gran recital. El primero es el que me marcó. Fuimos a ver a Divididos con mis amigos de la pensión de Newell’s a un galpón de Rosario. Estuvo increíble. Los chicos tenían más experiencia que yo. Me llevaron al pogo porque iba a estar tranquilo, iba a estar todo bien, y me pisaron hasta la rodilla. Estaba entre una multitud con mis 16 años y mi metro sesenta. El recital lo terminamos de ver separados y nos encontramos todos directamente en la pensión. Esta es una anécdota que queda, que la disfruté mucho más con el transcurso del tiempo. 

-¿Qué músico se brinda arriba del escenario como vos lo hacés adentro de la cancha?
-La mayoría de los músicos lo viven con la misma pasión que nosotros adentro de la cancha. Creo que se refleja de distintas formas… Yo miro a Kapanga y veo cómo los músicos de la banda lo disfrutan a través de sus caras. A nosotros también se nos nota en las caras. La pasamos bien con el ambiente y la gente.

-Charlemos sobre vos. ¿En qué etapa estás de tu vida?
-En lo futbolístico, de crecimiento. Uno siempre trata de aprender. En lo personal, de tranquilidad, de tomarme las cosas como deben ser, sin volverme loco. Hoy, disfruto mucho del fútbol, de la familia.

-¿Estás en un momento más reflexivo?
-Sí… Eso me lo dio la experiencia. Veo las cosas diferente, las reflexiono más y no me enloquezco. Hace unos años, lo hago así. Disfruto más de los momentos, de los entrenamientos. Antes, quizás, era más pasional. Si se perdía un partido, pensaba que se venía el fin del mundo; no hablaba con mi familia, estaba recaliente. Obviamente que esas actitudes estuvieron mal y tal vez les molestaron a familiares y a amigos. Se trata de fútbol y el deporte siempre da revancha. Por eso, hay que tomarse las cosas con más tranquilidad y disfrutarlas mucho más. Debemos entender que hay vida después de los partidos.

-Yo creo que la esencia de la gente no cambia. ¿Cuál es la tuya?
-Soy el mismo chico de pueblo de siempre, trato de ser respetuoso, de hacer amistades, y de tener una linda relación con mi familia y mis compañeros. 

-¿Cuáles son tus costumbres?
-Aparte de hablar sin las eses, ja, ja, ja… Siempre trato de volver a mi pueblo, porque me da paz, me renueva la energía. Por eso, me escapo para Los Quirquinchos cada vez que puedo. Me encanta salir en bicicleta para ir a ver a mis amigos, juntarme a tomar mate y hablar de fútbol con ellos; que mis viejos vengan a visitarme y charlar hasta cualquier hora. 

-¿Qué te sensibiliza?
-Soy papá de una nena, Francesca, que tiene cinco años. Ella es la persona que me cambió la manera de ver la vida. Nació en Porto, Portugal, pero tiene el pasaporte argentino. Cada minuto que estoy a su lado, disfruto de las pequeñas cosas. Quiero sacarla a pasear, comprarle algo, ir a comer, jugar con ella. Antes, lo hacía como una rutina; hoy, lo hago a gusto. Trato de verla siempre feliz. Por otro lado, me fijo en el contexto del fútbol argentino. Cuando era chico, veía a familias que iban juntas a la cancha, se vivía un espectáculo en la cancha, y me encantaba. Hoy, lamentablemente, los chicos no van, hay mucha violencia, y esperamos que no ocurra nada después de cada partido. Es una lástima que no puedan disfrutar las familias, los chicos, de ver a su equipo, a sus ídolos. Ojalá cambie, aunque sea un poco. 

-Contame una anécdota con Francesca.
-Uf… Ella creció en diferentes países, como en Portugal y en Italia. Ahí, en Génova, empezó a caminar y a hablar un poquito. Después, nos fuimos para Turquía, donde pensábamos que iba a ser muy difícil. Pero no: comenzó la escuela y hasta hablaba con solo dos años y medio. La anécdota más loca se dio en un acto de la escuela. Ella se vistió con la ropa típica de Turquía, tocaba un tamborcito y cantaba en turco con sus amiguitas. Tenía casi cuatro añitos, y yo no lo podía creer.

En El Ciclón, metió tres goles en 23 partidos. Aquí, festeja en lo que fue 1-1 ante Huracán.

-Hablemos sobre tu juego. ¿Qué tipo de volante sos hoy?
-No soy ni el de Newell’s ni el de River que tenía el ida y vuelta por afuera. Ahora, aprovecho más mi técnica y mi dinámica y trato de estar bien ubicado para darles juego a mis compañeros, por más que me toque jugar más retrasado o más adelante en el mediocampo. Antes, aprovechaba más lo físico. Ahora, lo hago desde la ubicación y el pase. Hoy, soy más pensante. Tampoco el físico me da para repetir lo que hacía 12 años atrás. Me considero un jugador relativamente inteligente para aprovechar mis cualidades.

-¿Todavía soñás con jugar de 9?
-Siempre, ja, ja, ja… Espero que el 9 necesite ayuda para ir un poquito más adelante. Soñaba con jugar de 9 para hacer goles. Me gusta estar cerca del área para patear o intentar pescar un rebote.

-Nunca jugaste de 9 en Primera. Pero eras un volante por derecha que terminaba la jugada en posición de centrodelantero. ¿Coincidís?
-Sí, porque quería estar cerca del arco y hacer goles. En Newell’s, trataba de terminar la jugada debajo del arco. Ahora, también, aunque sea desde otra posición, acompañando desde atrás.

-¿Qué comprendés hoy sobre el juego que antes no entendías?
-El tema de la ubicación adentro de la cancha. Antes, no me daba cuenta. En Newell’s, el Mago Capria no corría y siempre estaba bien parado. Esto recién lo observé hace unos años. Me di cuenta de que no hace falta correr mucho. Miralo al Mago: estaba bien ubicado, recibía solo y metía unas bochas increíbles.    

-¿Quiénes son los futbolistas más talentosos con los que compartiste un plantel?
-Ariel Ortega, por su magia; Marcelo Gallardo, por su técnica, su ubicación, su pegada; James Rodríguez, por su desequilibrio; y Radamel Falcao García. El Tigre me impresionaba por su ubicación, su olfato de gol y su entrega. Pude asistirlo y ganar títulos junto a él. Es un crack.

-¿Qué le incorporaste a tu juego en el exterior, sea en Grecia, en Portugal, en Italia, en Turquía o en México?
-El pase fuerte y filtrado. Hasta que me fui del país, eso no se veía mucho en la Argentina. También, los controles orientados y el control de la pelota. Fueron pequeños detalles que sumé. Igual, lo que más aprendí fueron la ubicación en el campo de juego, cómo moverme y el hecho de tratar de recibir siempre libre.

-¿Cuándo diste el salto de calidad en tu carrera?
-En mi paso por Porto. Aquella etapa es la que me dio mucho más, la que me sentí con todo mi potencial.

-¿Cómo convivís con el resultado ya, con el exitismo en la Argentina?
-Estoy en una etapa en la que no me preocupa mucho. Estoy del lado de Marcelo Bielsa: no me preocupa tanto el resultado, sino el proceso de trabajo y el hecho de jugar bien. Obviamente, entregándolo todo y con la cabeza puesta en salir campeón. A veces, los hinchas no lo entienden. Es lógico que el fanatismo los sobrepase. Por ejemplo, en la Argentina, hay 30 equipos y solo uno será el campeón. Creo que existe una presión exagerada sobre muchos equipos.

-¿El secreto está en ser un equipo competitivo?
-Sí; hay que tener un nivel alto para competir de igual a igual contra los mejores y pelear el campeonato. Cuando no salen las cosas, pareciera que nada sirve. Yo no estoy de acuerdo con eso, porque quizás diste todo y no te alcanzó. Hoy, por cómo está todo, si no se logran los resultados, aparecerá la palabra “fracaso”. Es injusto, pero lamentablemente es así en la Argentina.

San Lorenzo es su octavo club. Jugó en Newell´s, River, Olympiakos, Porto, Genoa, Bursaspor y Cruz Azul.

-En San Lorenzo, atravesaste la euforia y la decepción durante este año. ¿Qué balance hacés?
-El primer semestre del año fue muy bueno. Le ganamos la Supercopa Argentina a Boca. Después, jugamos mucho: nos quedamos afuera de la Libertadores y llegamos a la final del torneo local, en la que Lanús nos superó. Dimos todo para ser campeones y siempre nos va a quedar esa bronca por no haberlo conseguido.

-¿Qué característica de juego tiene este San Lorenzo?
-Este proceso recién empieza. Intentaremos estar ordenados, jugar, presionar, y mechar posesión y ataque rápido. La ventaja la debemos sacar con la calidad del plantel. Lo más importante es que seamos un equipo unido que genere fútbol.

-¿Notás a un plantel convencido o identificado con la idea del entrenador, Diego Aguirre?
-Creo que todo va de la mano. Cuando estás convencido de lo que hacés, te identificás, más allá del juego que te guste. Por eso, para hacerlo bien, hay que identificarse. De nada sirve pensar que te gustaría jugar de una manera y tener que hacerlo de otra.

-Sos profesional desde 2002, cuando debutaste en Newell’s. ¿Qué situación te jodió en estos 14 años de carrera?
-El fútbol me dio amigos, la posibilidad de jugar en grandes equipos, de conocer el mundo y de ganar títulos. Quizás me molestaron los momentos en los que no nos fue bien con diferentes clubes. En River, además, hubo un tiempo de mucha violencia en el club y la verdad es que ninguno de los que estaba en ese plantel la pasó bien. Era algo que no tenía que ver con nosotros pero, de una u otra manera, estábamos involucrados. También, esto me había pasado en Newell’s. Aquellas situaciones me hacían pensar que el fútbol no era tan lindo como creía de chiquito. Pero, al final, el fútbol me dio más cosas positivas que negativas.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de septiembre de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 08/09/2016

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