DISPARADOR

La cumbre de América

- por Elías Perugino: 01/09/2016 -

Como el Mundo Boca vive obsesionado con la Libertadores, el mazazo de Independiente del Valle lo sumergió en una nueva crisis. Ventas, reproches y más refuerzos condimentaron el post de otra frustración. Medio país quería subirse a la cima del continente, pero lo logró uno solo...

Caprichos del fútbol: Daniel Angelici llegó a la cima de Sudamérica antes que el Boca que él mismo preside. El martes 19 de julio, en Montevideo, lo eligieron presidente de la Liga Sudamericana de Clubes [1], la corporación que intentará instaurar una nueva relación con la Conmebol para mejorar los ingresos en las competencias continentales. Cinco días antes de ser ungido por 30 votos contra 1 [2], Boca perdió con Independiente del Valle en su propia cancha, por una de las semifinales de la Copa Libertadores, y abofeteó una vez más la principal promesa electoral del delfín de Mauricio Macri en 2011: ganar la Libertadores, regresar a Japón, situar al club al tope del ranking mundial. “Renueven el pasaporte, que del resto nos encargamos nosotros”, repetía el próspero empresario del juego, mientras las promotoras repartían pasaportes azules y amarillos por los playones de la Bombonera.

Con ese caballito de batalla, pero fundamentalmente con la bendición del actual presidente de la Nación, el Tano aplastó en las elecciones de 2011 [3]. Y con una jugada maestra –el regreso de Carlos Tevez– revirtió un proceso electoral que parecía adverso y retuvo la presidencia en 2015. Pero en sus cinco años de mandato no pudo sacarse la foto que aún falta en su álbum: sonriente, levantando la Copa Libertadores al lado del capitán de turno, mientras el humo de un cigarro importado dibuja siluetas en el aire.

Montado en una administración prolija de los cuantiosos recursos que genera la marca Boca, no escatimó chequera en la desesperada búsqueda del objetivo. Complació con refuerzos a los cuatro entrenadores de su ciclo. Bancó a Falcioni hasta que el entorno le permitió hacer lo que hubiera deseado desde el principio: soltarle la mano. Sedujo a Bianchi para su infortunado tercer período. Inauguró la secuencia de entrenadores de la Generación Dorada con Arruabarrena. Y eyectado el buenazo del Vasco, se dio el gusto de repatriar a Guillermo Barros Schelotto, el entrenador que hubiera preferido desde el primer día.

En el trayecto invirtió 54,4 millones de dólares en la compra de 45 futbolistas [4]. Cuatro equipos completos. Por préstamos o cesiones definitivas, Angelici respaldó a sus entrenadores adquiriendo 3 arqueros, 8 marcadores laterales, 12 zagueros centrales, 6 volantes interiores, 2 volantes centrales, 6 delanteros por afuera y 8 centrodelanteros. Incorporaciones de toda calaña: de Gago a Ribair, de Tevez a Grana, de Lodeiro a Albín… La cosecha de títulos no se condice con esa inversión: dos Copas Argentina y un torneo local, mientras los pasaportes empiezan a vencer…

La hecatombe detonada por Independiente del Valle sacudió los cimientos una vez más. Rumores de ciclos cumplidos, ventas espasmódicas y nuevas compras barnizadas con fulgores de salvación, dominaban la escena del Mundo Boca al cierre de nuestra edición. Trayectorias evaluadas por una jugada desafortunada e incorporaciones sentenciadas por un puñado de minutos, infestaban las opiniones de los expertos mediáticos y de quienes nunca se asumen como accionistas del fracaso.

Boca parece atrapado en la espiral de su propia gloria. Ha sido tan potente la huella internacional trazada entre 2000 y 2008 (11 títulos) [5], que en los ocho años siguientes fermentó la creencia de que lo único que habilita al sentimiento pleno, al goce absoluto, al disfrute apenas legítimo, es ser campeón de la Copa Libertadores. ¿El torneo local? No alcanza. ¿La Copa Argentina? Menos. ¿La Copa Sudamericana? Bué, algo es algo… ¿La Recopa Sudamericana? Si no queda otra, dámela… 

El único éxito admisible, parece, es la Libertadores. La única derrota admisible, siempre que sea ante un rival galáctico, es en la final del Mundial de Clubes. Todo lo demás son pompas de jabón. Que nacen y mueren al instante. Que no estremecen el corazón.

“La Copa Libertadores es mi obsesión”, suele ser el cántico de guerra del hincha. Como si ganarla fuera sencillo. Como si enfrente no estuvieran rivales de Brasil, Uruguay, Paraguay, Colombia, Chile o de la mismísima Argentina con tradición histórica y poderío económico equivalentes con los que ondean en Brandsen 805. Boca es el segundo club que más la ganó y lo hizo 6 veces en 57 ediciones, además de llegar a otras 4 finales. Independiente, que lidera la tabla histórica [6] con 7, no la levanta desde 1984, hace 32 años. Peñarol, que viene tercero con 5, no la toca desde hace 29 años. San Lorenzo la corrió 54 temporadas. A River le costó 19 ediciones llegar a la tercera. Racing lleva 49 años esperando por la segunda… Nunca fue fácil la Libertadores, aunque así le haya parecido a Boca entre 2000 y 2008. Nunca fue un trámite la Libertadores, ni en la década del 60 ni ahora.

Se admite que cierto germen de grandeza anida en esa ambición irrenunciable de Libertadores. Altos objetivos para altos clubes. Pero imaginar que Boca o River deben protagonizar y ganar todas las finales de la Libertadores con la naturalidad con que Barcelona o Real Madrid pueden hacerlo con la Champions League, es desconocer una realidad deportiva. Caminar con los ojos vendados por una cornisa resbaladiza. Sumergirse en un contexto de autoexigencia del que ni siquiera pueden salir indemnes un Tevez o un D’Alessandro.  

Premonitorio, Guillermo desencajó mandíbulas cuando dijo “Boca no está obligado a ganar la Libertadores” antes del Waterloo de Independiente del Valle. Palabras que conllevaron la sorpresa, pero, a la vez, el valor de ser pronunciadas por quien la ganó cuatro veces como jugador. Por su mente no cruzaba la idea de chocar de frente contra un camión al día siguiente. Pero es probable que su termómetro interior ya detectara las carencias subyacentes y, especialmente, la asfixia creciente de ese microclima que basurea a los éxitos de entrecasa y apenas saborea migajas de satisfacción cuando se alcanzan los objetivos de máxima.

La mística copera se construye, no se corporiza invocando a sus espíritus. Algunos creen que alcanza con ponerse una camiseta igual a la que usaron Suñé, Mastrángelo, Bermúdez, Riquelme, Palermo o Guillermo. Error. La mística copera fue patrimonio de equipos con identidad, jugadores con personalidad y entrenadores con sabiduría. La mística copera era de Veglio, Zanabria, Córdoba, Ibarra, Serna, Cagna o Delgado. De cada corazón envasado adentro del escudo, no del escudo.

La chequera puede ser el punto de partida para construir un equipo con mística copera. Pero después hay que trabajar, entrenar, convencer y evolucionar. Subir la escalera y disfrutar de cada escalón. Lo del 2000 al 2008 no fue magia, diría una ex presidenta. Debería entenderlo Daniel Angelici, el único de Boca que está en la cumbre de América.

Por Elías Perugino

Textos al pie

1- El mandato de Angelici regirá hasta el 30 de junio de 2018. La sede de la Liga estará en Montevideo. El Comité Ejecutivo constará de 12 representantes: 2 de Brasil y Argentina, más 1 por cada uno de los otros 8 países de la Conmebol.

2- River fue el único club de Sudamérica que votó en contra de la postulación de Angelici, sobre un total de 31 entidades asistentes.

3- En 2011, Daniel Angelici obtuvo el 54,82% de los votos, superando por diez puntos a Jorge Ameal (44,81%). En 2015, Angelici se impuso con el 43,78%, relegando a Ameal (30,91%) y Beraldi (25,19%).

4- Arqueros: Ustari, Trípodi, Sara. Laterales: Albín, Grana (foto), Fuenzalida, Peruzzi, Monzón, J. Silva, Fabra, Jara. Centrales: G. Burdisso, Magallán, Casasola, C. Pérez, Echeverría, Forlín, Torsiglieri, Rolín, Tobio, D. Díaz, Insaurralde, Vergini. Interiores: Ledesma, Meli, Castellani, Lodeiro, P. Pérez, Zuqui. Volantes centrales: Ribair Rodríguez, Gago. Delanteros por afuera: L. Acosta, J. Martínez, D. Perotti, Pavón, Chávez, Carrizo. Centrodelanteros: S. Silva, Gigliotti, Riaño, Calleri, Osvaldo, Tevez, Benedetto, W. Bou.

5- En ese lapso, Boca ganó 4 Copas Libertadores, 2 Copas Intercontinentales, 2 Copas Sudamericanas y 3 Recopas Sudamericanas.

6- Independiente suma 7 Libertadores. Luego se ubican Boca (6), Peñarol (5), Estudiantes (4), River (3), Olimpia (3), Nacional de Montevideo (3), San Pablo (3), Santos (3), Cruzeiro (2), Gremio (2), Inter de Porto Alegre (2) y 13 equipos con 1: Palmeiras, Colo Colo, Nacional de Medellín, Racing, Flamengo, Argentinos, Vélez, Vasco da Gama, Once Caldas, Liga de Quito, Corinthians, Mineiro y San Lorenzo. Al cierre de esta edición, Nacional de Medellín e Independiente del Valle jugaban la final de 2016.

Nota publicada en la edición de agosto de 2016 de El Gráfico

Por Elías Perugino: 01/09/2016

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