HOCKEY

Carla Rebecchi, a mejorar la racha

- por Darío Gurevich: 24/08/2016 -

La capitana y goleadora de Las Leonas es consciente de que el hockey argentino puede conseguir un imposible, por más difícil que sea: la medalla dorada en los Juegos. Conversación a fondo con la doble medallista olímpica que hará su tercera experiencia en la gran cita.

Talentosa. Hace jueguitos con la bocha en la cancha de Ciudad de Buenos Aires, su segunda casa.

Sydney 2000 grabó a fuego al hockey sobre césped argentino: el nacimiento de Las Leonas, la primera medalla olímpica para el seleccionado femenino y para la disciplina de nuestro país, el inicio de un camino tan sublime como extraordinario que hoy se mantiene -a pesar de los recambios generacionales-, y el anhelo de montones de niñas que fantaseaban con alguna vez estar ahí, ser parte o quizá pieza fundamental de la travesía y la hazaña en la cita de los cinco anillos.

-Yo era una de esas chicas -adelanta Carla Rebecchi, capitana de Las Leonas a partir del año pasado-. Esos Juegos Olímpicos de Sydney, al igual que el Mundial de Perth 2002 (la primera conquista de una Copa del Mundo), me marcaron. Hasta el 2000, nada; lo veía por televisión, como un sueño lejano. Recién después, a los 17 años, me convocaron para el junior, y, en 2002, estaba más cerca. Ya en 2003, debuté en Las Leonas. Al principio, no entendía nada. Tenía enfrente a Lucha Aymar, a Magui Aicega, a Vanina Oneto y al resto de las experimentadas. Era chocante; mis ídolos estaban ahí, conmigo. Después, me acostumbré y me di cuenta de que son personas de carne y hueso, que llevan una vida normal. 

-¿Qué enseñanzas te dejaron Aicega y Aymar, dos ex capitanas del seleccionado?
-Las dos fueron diferentes como conductoras de grupo. Magui era motivadora, positiva, llegaba con una sonrisa, levantaba al plantel y siempre sacaba las cosas adelante. Lucha quizás hablaba menos, pero la parte motivacional de cara a los partidos estaba. Las charlitas previas a jugar siempre me quedaron. Ella transmitía más con el ejemplo: siempre se entrenaba a fondo y era la mejor del mundo. 

-¿Cómo sos como capitana?
-No hablo tanto, pero desde que tengo este rol trato de charlar mucho más con el grupo. De hecho, nunca me involucré tanto como ahora. Siempre fui de obrar con el ejemplo. Soy pasional con lo que hago y me gusta realizarlo al 100%. Esto se transmite y contagia. También, intento motivar al equipo.

-Superaste los 270 partidos en Las Leonas al cabo de 14 años. ¿Cuáles son los tres que ubicás en el podio?
-La final del Mundial de Rosario 2010, porque salimos campeonas en la Argentina, en nuestra casa, con 16.000 personas en el estadio, que no era normal para nosotras. Encima, metí dos goles en esa final ante Holanda. En ese torneo, se sentía todo en armonía, como si el ambiente estuviera distinto. Es el recuerdo más fuerte que tengo. El segundo partido se trata de las semifinales en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, contra Gran Bretaña. Porque fue un partido durísimo, metí un gol desde el piso, y nos alegramos por haber llegado a la final. Yo había jugado en Beijing 2008 y no nos pudimos clasificar a la final. Entonces, iba a jugar mi primera final olímpica. El tercero del podio es el primer partido en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, frente a Estados Unidos. Hice dos goles en mi debut olímpico. Fue hermoso.

-¿Qué te aportó el hockey sobre césped español?
-Cuando estuve allá, me dediqué a entrenar. Con el equipo, el Club de Campo, lo hacía cuatro veces por semana y después tenías días y ratos libres que aprovechaba para practicar. Entonces, me perfeccioné al entrenarme de manera individual y junto a Maripi Hernández. Jorge Lombi (su marido hace dos años y medio) nos armaba los planes de entrenamiento, nos sumaba conceptos como delantero (es el goleador histórico de la selección masculina), y nos enseñaba a arrastrar. Creo que hice un cambio grande desde que me fui a Europa hasta volví a la Argentina. Fueron cinco años: 2006-2011. Entendí qué es ser profesional.

Antesala a Río. Las Leonas ganaron el Champions Trophy, y Carla fue la mejor jugadora y la goleadora, con siete tantos, del torneo.

-¿Qué recordás de tus experiencias olímpicas, además de las medallas?
-En Beijing 2008, me pareció todo nuevo y quería hacer muchísimas cosas: ir al comedor, a la sala de juegos, a recorrer la Villa. Pero, bueno, también es un torneo importantísimo y hay que entrenarse y estar concentrado. Creo que eso fue lo que me cambió de Beijing a Londres, porque ya no era todo nuevo, ya no me sorprendían algunas cosas por haberlas vivido. El hecho de convivir con todos los atletas de máximo nivel es un recuerdo único que jamás voy a olvidar. Me acuerdo de cruzarnos a Roger Federer el único día que él estuvo en la Villa y de sacarme una foto. Bueno, en realidad, le robé la foto (se ríe). Porque me puse a su lado y alguien me la sacó. Después, lo volvimos a encontrar antes de entrar a la fiesta inaugural y nos pusimos a chalar. “¿Ustedes son las chicas que hinchaban en el comedor?”, nos preguntó. Creo que estuvimos un poquito pesadas, pero él tenía muy buena onda y se mostró simpático. Es un señor adentro y afuera de la cancha.

-¿Qué significa competir en los Juegos Olímpicos por tercera ocasión?
-Como decía, siempre soñé con disputar los Juegos Olímpicos, aunque sea una vez. Ahora, si Dios quiere, voy a competir en mis terceros y tengo la misma sensación, los mismos sentimientos, que con los primeros. Incluso, el año olímpico se vive diferente porque la motivación es distinta al tratarse de un torneo único, en el que cualquier deportista se muere por estar. Al inicio del 2016, brindé con más ganas. Hace cuatro años que los espero. 

-¿Hoy tomás consciencia de que sos doble medallista olímpica?
-Sí, hoy sí. Cuando ganamos la medalla plateada, estábamos tristes. Esa es la única que no se festeja. Igualmente, en aquel momento, intenté levantar a las chicas porque habíamos llegado a la final olímpica. Habíamos hecho todo lo posible, nos jugamos una buena final y perdimos. Hoy, como decía, valoro muchísimo las dos medallas porque son únicas. Haber ido a dos Juegos Olímpicos y haber conseguido dos medallas no tiene precio. 

-¿Qué les aconsejarías a tus compañeras que van a los Juegos por primera vez?
-Que aprovechen la oportunidad. Para nosotras, como para muchísimas disciplinas, son el torneo más importante. Está bueno disfrutar de ciertas cosas y divertirse, compartir los momentos con el grupo… Pensá que vamos a ser nueve en un departamento, y eso no pasa en el resto de los campeonatos. Es más, en Londres, teníamos unas bicicletas plegables y una noche corrimos carreras esquivando a la gente y Lucha casi se mata. “Si Aymar se nos llega a caer, a  lesionar, nos asesinan”, dijimos. Pero, bueno, también hay que saber diferenciar cuándo bromear. Porque los Juegos se deben afrontar con seriedad y compromiso.

Ilustre. A los 31 años, consiguió el bronce en Beijing 2008 y la plateada en Londres 2012.

-El ciclo después de Luciana Aymar no resultó tan traumático en el seleccionado como pintaba. ¿Coincidís?
-No, se sintió. Era la capitana, una referente, y, encima, el 80% o 90% del juego pasaba por ella, manejaba casi todas las bochas. Entonces, tuvimos que cambiar nuestro sistema de juego y adaptarnos. Nos llevó todo el 2015 hacerlo y nos costó, también por los cambios de entrenadores y los diferentes líos que hubo. Hoy, desarrollamos un juego más colectivo, sobre todo en el mediocampo para que sea más dinámico, una zona de transición. Lucha te sacaba de situaciones increíbles al agarrar la bocha. Como no la tenemos, hubo que variar, más allá de que contamos con jugadoras habilidosas.

-¿Quiénes se reparten el protagonismo adentro de la cancha?
-Nos hacemos cargo las jugadoras más grandes, la columna vertebral del equipo: Belén Succi en el arco, Noel Barrionuevo en la defensa, Florencia Habif que, pese a su juventud, tiene experiencia internacional y, en el mediocampo, es clave para nuestro juego, al igual que Rocío Sánchez Moccia; y yo, que estoy de 9, y Delfina Merino, que es una delantera bárbara.

-Sos medalla plateada y de bronce olímpica, fuiste campeona del mundo y ganaste seis Champions Trophies. ¿Están cerca o lejos de cumplir con tu sueño y el del hockey argentino: conquistar la dorada en los Juegos de Río 2016?
-Argentina tiene equipo para pelear arriba, como lo hace desde Sydney 2000, y el sueño se renueva. Se formó un gran grupo, entre chicas más experimentadas y más jóvenes, y eso es muy bueno. Haber conseguido la Liga Mundial el año pasado y el Champions Trophy en la previa a los Juegos, genera más expectativa, sobre todo en la gente. Los partidos serán durísimos en los Juegos, pero intentaremos lograr esa medalla. Soy consciente de que podemos ganarla.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de agosto de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 24/08/2016

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