LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Klaus y Yago Lange, segunda generación

- por Martín Estévez: 16/08/2016 -

Su papá, Santiago, ganó dos medallas olímpicas y les contagió la pasión. Ahora, ellos afrontan sus primeros Juegos. “Nos conocemos más como compañeros de equipo que como hermanos”, explica Klaus. “El agua es nuestra locura”, asegura Yago. El yachting, en Río, intentará seguir sumando alegrías.

Klaus, sentado, y Yago, de pie, en el Club Náutico San Isidro, que ya es como su segunda casa.

“En Beijing 2008, estaba viendo a mi viejo por la tele. Apenas terminó la carrera en la que ganó la medalla, me llamó. Lo mostraban en televisión, hablando por teléfono, y con el que estaba hablando era conmigo. No me lo voy a olvidar más”. Klaus tenía 13 años y su papá, Santiago Lange, había ganado su segundo bronce olímpico consecutivo. “Las comunicaciones con él, después de algún logro importante, eran siempre emotivas. El viejo nos contagió la autoexigencia y las ganas de estar en los Juegos”, agrega Yago. Pocas anécdotas podrían explicar tan claramente por qué ellos dos competirán, sobre una misma embarcación, en Río 2016.

Ahora, Yago tiene 28 y Klaus, 21. Los dos harán su debut en Juegos Olímpicos participando en una categoría nueva del yachting, llamada “49er” (Forty-Niner). ¿Navegaron juntos desde pequeños? Nada de eso: transitaron caminos bastante diferentes.

-Uno de ustedes soñaba esto de chico, pero otro no quería saber nada. ¿Es verdad?
-Yago: Sí, yo empecé a navegar recién a los 20 años. Cuando era chiquito me gustaba, pero después, como mis amigos no practicaban este deporte, dejé. También puede ser que fuera por mi viejo: tanto viaje, y tanto no verlo, por ahí me hizo alejarme del yachting. Pero los deportes, en general, me gustaron siempre: miro rugby, vóley, básquet… En todos los eventos importantes, estoy prendido.

-Yago empezó a los 20. ¿Y vos?
-Klaus: Arranqué a los 5, en la escuelita del Club San Isidro, porque lo hacían mis hermanos mellizos (Borja y Teo), que están entre medio de nosotros en cuanto a la edad. Pero después se aburrieron, dejaron de ir y me quedé medio solo, así que dejé. Seguí haciendo tenis, fútbol y rugby, hasta que un día un amigo, que navegaba, me invitó a una regata. Me agarraron las ganas y empecé de nuevo. Tenía 11 años, y desde ahí no paré más.

-¿Qué hacen sus otros hermanos?
-K: A uno le gusta mucho la guitarra, estudió música. Y al otro también, pero, además, le encanta la bicicleta. Y tenemos otro hermano de 11 años que se llama Ginés, que es de mi mamá con su pareja, y hace windsurf.

-¿Ustedes dos no vivieron mucho tiempo juntos, no?
-Y: No, porque yo a los 17 años me fui a estudiar administración de empresas a Europa, y volvía solo para las navidades. Así que nos encontramos realmente cuando empezamos a navegar juntos, hace tres años. Ahora nos conectamos sin hablar, ya entendemos qué va a pasar sin hablarnos.

-¿Se sienten más compañeros de trabajo que hermanos?
-K: Tengo más relación con mis otros hermanos que con Yago; con él, nos conocemos más como equipo de trabajo. Obviamente, también somos hermanos, pero sigo teniendo más relación con mis otros hermanos que con él.

-¿Le reprochaste alguna vez el poco tiempo que compartían?
-K: No, él es más grande, es normal lo que pasó. Es lo que me va a pasar a mí con mi hermano chiquito. Es un tema de edades.
-Y: Es como dice Klaus, ahora compartimos muchos momentos y trabajando en lo que nos gusta. La intención es navegar lo mejor posible. Estamos en constante evolución como equipo y eso nos une más.

-Con su papá también vivieron poco…
-K: Sí, mis viejos se separaron cuando yo tenía unos 3 años. El viajaba mucho, iba y volvía. Cuando no estaba, hablábamos por teléfono.

-Ustedes competían separados. ¿Por qué decidieron formar un equipo?
-Y: Con el viejo siempre comentábamos que estaría bueno que Klaus y yo navegáramos juntos. Yo llevaba tres años corriendo en Laser, una prueba individual; y él venía de hacer campañas juveniles muy buenas y armando un proyecto con otra persona. Pero, un día, Klaus me avisó que el proyecto se le había caído; y yo venía de un campeonato medio malo, así que dijimos: “Probemos seis meses”. Me encantó el barco y el desafío de navegarlo con Klaus, así que seguimos juntos.

Su categoría, la 49er, será estrenada en estos Juegos Olímpicos. Es de las más rápidas.

-¿En qué se diferencian el trabajo del timonel y el del tripulante?
-K: Las responsabilidades son diferentes. Yo soy el tripulante y en ceñida (cuando vamos en contra del viento) llevo la vela mayor. Después, en popa, tengo que izar un spinnaker. Estoy siempre activo. Yago se dedica más a la táctica y a la estrategia, por dónde correr la regata. En ceñida, va con el timón, y en la popa lleva la mayor y el timón. Mi desgaste es físico y el de él es mental: tiene que resolver situaciones. Ahora, Yago está haciendo yoga, pero porque le gusta. Si él se mete mucho en el gimnasio, pierde flexibilidad y eso no ayuda. Yo tengo que estar más fuerte.
-Y: Existe un peso ideal para la categoría: entre 155 y 170 kilos. Nos preocupamos mucho por eso. En Río, por ejemplo, hay menos viento, entonces hubo que hacer dieta.

-¿Quiénes más son parte del equipo?
-Y: El viejo estuvo al principio, pero ahora es como un consejero. Nosotros incorporamos a nuestro tío Miguel Saubidet, que es el entrenador y nuestro “gurú”. En la parte física estuvo Daniel Bambicha. Nuestra prima Carolina, que vive en Italia, se encarga de la administración y otras tareas. El kinesiólogo es Tomás Quintana. Además está Francisco Vignale, que ayuda en los viajes y nos filma con un drpn. Y también los equipos de la Federación Argentina de Yachting y del ENARD (Ente Nacional de Alto Rendimiento), que siempre nos dan todo su apoyo. Te diría que el 80% de los aportes de nuestra campaña lo brinda el ENARD. Estamos muy agradecidos, y sé que los atletas que van a los Juegos también lo están.

-¿Los ayuda que Carlos Espínola, que practicó yachting, sea uno de los referentes deportivos actuales?
-Y: Ayudaron Espínola, mi viejo y Javier Conte (medallista olímpico en 2000), porque explican en las reuniones por qué necesitamos una vela o un mástil. Además, como siempre trae medallas, el yachting está bien considerado.

-¿Existe algún objetivo en los Juegos, un resultado que los deje conformes?
-K: Somos veinte equipos los que vamos a competir, y un buen resultado sería terminar entre los diez primeros. Tenemos tres palabras claves para la semana en la que competiremos: creatividad, inteligencia y tranquilidad. En los meses previos a los Juegos apuntamos a conseguir eso.

-¿Se puede disfrutar durante una competencia, o es pura tensión?
-K: Se puede disfrutar, especialmente porque son doce regatas distintas, y a nosotros nos gusta. Es verdad que nunca estuve en un Juego Olímpico, pero supongo que se puede.
-Y: El Mundial 2015 se hizo en la Argentina, con la presión de clasificarnos a Río y, sin embargo, lo disfrutamos. Hay que estar tranquilo. Si se te suben cosas a la cabeza, la cagás.

-¿Cómo fue entrenarse en Nueva Zelanda?
-Y: En marzo, durante quince días, estuvimos con la pareja número 1 del mundo, fuimos una especie de sparring. Son unos monstruos. Llevan cuatro años sin derrotas y el timón es es el Messi de la náutica. Fue una gran experiencia.

-Su papá vivió la competencia más como un hobbie que como un trabajo, porque sus ingresos venían por otro lado. ¿Y ustedes?
-K: Para mí, lo primero es la pasión. Lo hago por pasión. Es un trabajo, también, porque tengo que hacer cosas que no me gustan, como el papeleo o ir al médico.
-Y: Nos gusta, pero es un trabajo, porque tenés que cuidar a los sponsors, hablar con la prensa, planificar, viajar. ¡Yo hasta corté con mi novia por estar todo el día de viaje! Pero nos gusta competir. Nos encanta. Sacrificios hacemos todos, nosotros y el que toma un tren para ir a la oficina. En los meses previos a los Juegos tomamos conciencia de los sacrificios, porque son más. Pero es así: sin sufrir, no llegás. Y yo llego justo, llego a pico y pala. Considero que no tengo nada de talento. Klaus, en cambio, es talentoso, pero lo mío es trabajo. Yo, cada vez que estoy en la ciudad, necesito ver el agua. Nuestra locura es el agua.

-¿Qué cosas pensaron sobre los Juegos?
-K: Que en Río tenemos que aprovechar todas las horas que estemos fuera del agua para, cuando estemos adentro, rendir los mejor posible. Pienso en la ceremonia de apertura, la de clausura, en compartir con la delegación…
-Y: Yo no pienso en los Juegos. Lo único que hay es el ahora: ahora estoy hablando con vos, después iré al médico, y no hay nada más. Pensar para adelante no me ayuda. Hasta que arranquen, no voy a pensar en los Juegos.

-Te cambio la pregunta. ¿A quién admirás?
-Y: A Paula Pareto. Está muy focalizada, entrena fuertísimo. Y los deportistas paralímpicos también son una inspiración muy grande. Mirá, yo a veces me peleaba con mi exnovia y no lloraba. Pero cuando vi a la Selección de básquet clasificarse a los Juegos, me puse a llorar. Son cosas que no puedo entender, pero me pasan.

Yago es el cerebro del equipo. Klaus, la destreza. ¿El objetivo? Quedar entre los diez mejores.

-Klaus, Yago hace yoga, pero vos parecés no necesitarlo. Venís de una operación de meniscos, la cirugía de Santiago (sufrió cáncer de pulmón), un accidente en moto y se te ve siempre tranquilo.
-K: Me gusta lo que hago, tengo claro lo que tengo que hacer y me gusta ser eficiente cuando lo hago. El accidente en moto lo seguimos arrastrando, porque mi novia sigue en recuperación. Son cosas que me preocupan y que digo “qué cagada que haya pasado”, pero bueno, pasan. Estoy tranquilo, me gusta estar tranquilo. Por ahí yo descargo de otra forma.

-Terminemos la nota hablando de la mayor fanática de ustedes…
-K: ¡Mi abuela! Es la que más nos sigue, es una genia. Manda mensajes todos los días, pregunta cosas, nos sigue por Internet. Cuando viajamos, nos lleva y nos va a buscar a Ezeiza a la madrugada. Maneja ella. ¡Y tiene 86 años!
-Y: No la parás con nada. Las medallas del viejo las tiene ella. El otro día se acercó y me dijo: “Ahora, lo que ustedes tienen que hacer es estar tranquilos”. Pero no me lo dijo porque sí, me lo dijo porque ella sabe: vivió cinco campañas olímpicas de mi viejo. Entonces, su consejo vale más que el de cualquier entrenador.

Por Martín Estévez / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de agosto de 2016 de El Gráfico

Por Martín Estévez: 16/08/2016

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