LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Paulo Dybala, La Joya

- por Redacción EG: 05/07/2016 -

Entrevista exclusiva con el cordobés que se recibió de ídolo en la Juve. El título, el debut en la Selección, la herida que no cierra con Instituto, el futuro y el motor familiar de su carrera: “Le cumplí el sueño a mi papá, todo lo hago por mi mamá”.

Una pirueta para domesticar a la pelota en las alturas.

Sus ojos picarones y traviesos se transforman al hablar de los sueños. Sus días están forjados en ilusiones y en la búsqueda de sus concreciones. De mañanas de lluvia y de sol, de tardes de goles y festejos, de noches de melancolía y anhelos. Esos sueños que de niño alimentaba junto a su papá, Adolfo, y que en los interminables viajes desde Laguna Larga a la ciudad de Córdoba fue construyendo para volverlos realidad. Así, con esperanzas y sacrificio, con “utopías” cumplidas, se gestó la carrera de Paulo Dybala.

Una joya que surgió de la cantera de Instituto, en el predio La Agustina del barrio Jorge Newbery de Córdoba. En esas instalaciones donde parece que se fabricara el viento, Dybala llegó con 10 años desde su pueblo con la fantasía de ser futbolista. Y esa fantasía se fue gestando día a día, incluso con trompadones que le dio la vida, hasta ser hoy uno de los jugadores más sobresalientes del planeta. Pero nada se gestó de casualidad...

Debutó en el primer equipo de la Gloria con 17 años en el torneo de la B Nacional y fue un boom. El mundo comenzó a hablar del pibe que vivía en la pensión del club de Alta Córdoba y se transformó en La Joya.

Pero ese ascenso que parecía ser su gran presentación terminó en frustración. Tuvo que aprender de los golpes de las derrotas para luego disfrutar de los sabores de la victoria. Cinco años después, tras el pase polémico al Palermo de Italia y la explosión en el Viejo Continente, ese pibito que prometía se consagró campeón del Calcio italiano siendo figura y goleador de la poderosa Juventus.

En Córdoba es ídolo, en Sicilia también, y, por supuesto, en Turín. Lugar por el que pasea su fútbol, es elogiado. Pero aun así, mientras recibe loas de todo el planeta futbolero, extraña sus pagos. Esas callecitas donde se forjaron estos sueños. “Siempre se extraña. Con el tiempo te vas acostumbrando a otra vida. El primer año fue el más difícil, pero estoy por llegar a mi quinta temporada en Italia y es como que mi vida se está formando acá. Extraño mis amigos, mi casa, Laguna Larga, mi familia, todo lo que estaba alrededor mío, que son cosas que no me puedo traer. Personalmente, acá estoy muy bien, la gente me trata bien, me hacen sentir cómodo. Me está yendo muy bien, pero vengo de un pueblo muy chico, donde me quieren mucho, y lógico que se extraña”, le cuenta Dybala a El Gráfico desde Turín. Pero el recuerdo de su pueblo no se queda en esa referencia, porque esa localidad que está a 55 kilómetros de la ciudad de Córdoba es especial para La Joya. “Laguna Larga es mi casa, vaya a donde vaya, esté donde esté, siempre voy a volver a Laguna Larga. Es donde me críe, donde están mis amigos, mi familia, donde di mis primeros pasos, donde empecé a jugar al fútbol. Siempre me voy a acordar de la gente que me ayudó a cumplir mi sueño. Es un pueblo en el que conozco a casi todas las personas. Es mi casa”. Y ese pueblo es el que festeja cada logro de “Paulito”, como esos amigos que se pusieron de acuerdo y le cayeron de sorpresa al estadio de la Vecchia Signora con una bandera argentina con la leyenda “Laguna Larga” y la cara de La Joya. Al recordarlo, Dybala se ríe. “Son tres amigos míos, la habían hecho para los partidos de Eliminatorias y vinieron sin decirme nada”. Y es lo que él suele decir entre sus íntimos: “El mejor trofeo es volver a casa”.

La copa del campeón, la medalla, la sonrisa serena del objetivo cumplido. Paulo Dybala, ídolo en la Juventus.

Ya cuando jugaba en Palermo, donde estuvo tres temporadas y obtuvo un ascenso, tenía entre sus camisetas de valor una de Gianluigi Buffon. Era un tesoro preciado. Y cuando le preguntaban, respondía que tenía la camiseta del mejor arquero de la historia que él había visto. Incluso, cuando jugaba en la PlayStation, en sus equipos siempre Gigi era su arquero. Los sueños de Dybala tenían (y tienen) pequeños detalles que construyen lo que es. Hoy Buffon es su compañero de equipo. “Tuve la oportunidad de conocerlo a Gigi este año. Un líder tremendo. Se nota mucho cuando está en nuestro arco. Marca mucha diferencia. Es una persona muy importante por lo que representa para nosotros, sus compañeros, y también por lo que representa para la historia del fútbol. De chico me gustaba y creo que es el mejor o de los mejores arqueros de la historia”.

El Juventus Stadium ya tiene un cántico para Dybala. Lo aman. Lo ovacionan. En su primer año se calzó la emblemática camiseta número 21 y no desentonó.

-¿Qué análisis hacés de tu primer año en Juventus?
-Se dio todo más o menos como imaginaba el primer día que llegué. Fue muy lindo. Tal vez, me hubiese gustado que lleguemos un poco más lejos en Champions. Pero en lo personal, estoy muy contento, porque se fueron cumpliendo las metas.

-Cuando firmaste el contrato, ¿en qué pensaste, qué sensaciones se te cruzaron?
-Sabía que no iba a ser nada fácil, era un paso muy importante en mi carrera firmar en un club tan grande como Juventus, después de todo lo que había luchado por lograr mis objetivos. Llegar a un club tan grande en Europa, querer triunfar, es el sueño de todo futbolista. El día que me dijeron que tenía que firmar tuve muchas sensaciones y es muy difícil de explicar, porque no es algo de todos los días.

-A propósito de todas esas sensaciones que decís que no se pueden explicar, encima elegiste el número 21, camiseta emblemática del club. ¿Por qué?
-Sí, ponerse la camiseta de Juventus ya tiene un peso muy grande, con toda la historia, por lo que represente en Italia y en el mundo. En Instituto jugué siempre con la 9, en Palermo también, y cuando llegué acá la 9 la tenía Alvaro Moratta y él iba a seguir con ese número. Se iba Andrea Pirlo, un ídolo que llevaba ese número. Pero lo agarré igual. El 21 es como la 10 en Juventus. Un número importante. Fue también como para ponerme a prueba, porque más allá del peso de la camiseta, quería probarme con el peso de ese número que representa tantas cosas acá. Fue un desafío para mí mismo, y estoy muy contento por cómo me fue. Haber hecho los goles que hice, y haber tenido este campeonato me sacó un peso muy grande.

-Desde afuera se observa que tenés una relación muy amistosa con Paul Pogba. ¿Cómo es convivir en un plantel de estrellas?
-Desde adentro del vestuario, al compartir momentos todos los días, uno lo vive distinto a como se supone desde afuera. Todos los ven como los grandes jugadores que son y les gustaría conocerlos más. Desde adentro me siento un privilegiado por los momentos que vivimos. Estar en un vestuario con jugadores como Buffon, Evra, Pogba, Barzagli, Bonucci... seguro tengo que nombrar a 20 jugadores porque son todos importantes, han ganado muchísimo. Vivo cosas muy lindas y raras a la vez. De chiquito lo soñé, quería saber cómo eran, y ahora que lo vivo desde adentro, es muy diferente. A veces uno no se da cuenta, son cosas que mucha gente quisiera vivir.

-¿Te ilusiona que se hable de vos como candidato al Balón de Oro, y qué te generan los elogios que se multiplican?
-Creo que todavía es muy temprano y sería exagerado hablar de un Balón de Oro para mí. En este momento hay muchísimos jugadores que están viviendo momentos muy buenos en los clubes más importantes del mundo. Aprecio mucho los elogios de la gente, está bueno y los uso para ganar confianza y seguir trabajando, pero creo que es temprano hablar de ganar el Balón de Oro. Lógicamente, como jugador de fútbol sueño que, con esfuerzo y trabajo, algún día lo pueda lograr. De esa forma se pueden cumplir los objetivos: trabajando.

Ilusiones albicelestes
El martes 13 de octubre de 2015, a las 22.31, en el estadio Defensores del Chaco, La Joya debutó con la camiseta de la Selección frente a Paraguay. Ingresó a los 28 minutos del segundo tiempo, reemplazando a Carlos Tevez. ¡Sí, como en la Juve! En la primera pelota que tocó, hizo un amague, eludió a un rival e hizo amonestar a Bruno Valdez. Los sueños del pibe que forjó en las canchitas de Sportivo Laguna Larga y en el Newell’s de su pueblo, se hicieron realidad.

“Jugar con la camiseta de la Selección -piensa–... muy pocas cosas se pueden comparar en lo futbolístico, porque personalmente, cuando estaba por entrar con Paraguay, sentí sensaciones que no las había vivido nunca en mi vida. Jamás había sentido que las manos me transpiraran, no me había pasado ni en Instituto, ni en la Juventus. Nunca. Jugar en la Selección no tiene comparación. Representar a tu país, con los jugadores que hay, que seguro son de los mejores del mundo, y estar donde uno siempre soñó, es difícil de explicar... son sensaciones muy raras”, dice Paulo. Y las oraciones se le entrecortan. Quienes conocemos de pibe a Paulo Dybala sabemos de esa ilusión que hoy es una realidad, de ese esperar por aparecer en una convocatoria, de las tentaciones de la selección italiana y de la polaca. Hasta que se dio. Y hoy es jugador de la Argentina. Y entre esos sueños de vestir la albiceleste, estaba el de conocer y compartir pases con su ídolo: Lionel Messi. Por ahora, sólo lo conoció. Resta la parte de coincidir en una cancha. Es que cuando Dybala fue citado para los primeros cuatro partidos de las Eliminatorias Sudamericanas, Leo estaba lesionado; y en la última convocatoria, cuando Messi ya estaba listo para volver, el cordobés se lesionó. Pero lo conoció. Fue mientras se hacía unos estudios médicos. Se saludaron y hablaron muy poco. “Fue muy lindo encontrar a mi ídolo; la verdad que son sensaciones, como decía antes, difíciles de explicar. Entrar a un grupo nuevo como el de la Selección, con jugadores importantes, es espectacular. Traté de disfrutarlo, sabiendo que debo ir de a poco. Era un sueño llegar a la Selección y ahora aprovecho para aprender de todos los jugadores que hay. Seguro les podré sacar mucho jugo para aprender”, confiesa.

-El gol estuvo cerca en los tres partidos que jugaste (Paraguay, Brasil y Colombia), ¿te genera cierta ansiedad convertir tu primer tanto con la Selección?
-Si no me hubieran anulado el gol en Colombia… Tenía una bronca, porque vi después en la tele que no era en off side.

-Encima era un golazo.
-Igual, el primer gol no importa cómo sea. Me gustaría hacer un gol con la Selección, sería otro sueño cumplido. Pero ya con estar ahí y entregar el máximo, soy feliz. Se dan muchas cosas raras por la alegría de vivir ese momento. Hacer un gol es todo para un delantero, imaginate lo que debe ser hacerlo en la Selección.

Con Palermo logró un ascenso y brilló tanto que atrajo a la Juve.

De Alta Córdoba al mundo
A los lectores de El Gráfico les cuento en confidencia: este cronista ostenta con orgullo haber bautizado a Paulo Dybala con el apodo: La Joya. En un documental de la TV polaca, de donde es su abuelo Boleslaw, el propio jugador cordobés hace referencia: “... como un diamante, un periodista argentino amigo de nosotros en su diario, después del segundo partido que debuté y que había hecho un gol, me puso de apodo La Joya, porque decía que iba a ser un diamante”. En agosto de 2011 comenzó a gestarse ese sobrenombre que, luego, los hinchas de Instituto adoptaron para denominar a su joven promesa.

Mayo de 2016, el teléfono suena... Comenzamos la nota, dice Enrica Tarchi, jefa de prensa de Juventus, y Paulo saluda. “¿Viste? Todavía me dicen La Joya, culpa tuya. Acá están locos con ese apodo”, dice entre carcajadas.

-¿Y te gusta que te digan La Joya?
-Me gusta. En Palermo había parado un poco, pero desde que llegué acá, a Juventus, todos me dicen así. Mis compañeros me dicen La Joya, también. Por ejemplo, Bonucci antes de empezar los partidos, adentro de la cancha, me grita: “Vamos Joya, hay que ganar”. Yo me río. Siempre que me preguntan me acuerdo de vos. Me gusta porque es original, no a muchos jugadores los llaman así. Siempre que me lo dicen, sonrío, porque me gusta mucho.

“El pibe de la pensión”, fue el título de la primera entrevista a un medio gráfico que dio Dybala cuando recién fue promovido a entrenar con el plantel profesional de Instituto, que iba a comenzar el torneo de la B Nacional 2011/2012, cuya particularidad era que participaba River. En ese artículo para el diario La Mañana de Córdoba, el adolescente Dybala me hablaba de su hospedaje en la pensión del club en el predio La Agustina. Lugar en el que actualmente se recuerda a “Paulito” con mucha emoción.

“Tengo muchos recuerdos de la pensión de Instituto en La Agustina, porque, además, fui uno de los que la inauguró. Antes yo vivía en otra pensión que compartía con Pablo Burzio y Andrés Chorne, le decíamos la pensión de la Faustina, que era una señora que nos cuidaba. Después, cuando hicieron la pensión nueva, nos trasladaron allí, donde tengo muchísimos buenos recuerdos. Viví un año y compartí muchas cosas con amigos, conocí gente de otros pueblos que venían como yo, con muchas ilusiones. Vivíamos en el club. Instituto me enseñó mucho, me enseñó a convivir. Fue muy lindo, porque a nosotros que veníamos de afuera nos atendieron muy bien”, rememora el pibe que estuvo bajo el cuidado de los celadores David Araya y María Teresa Herrera, quienes al recordarlo se les llenan los ojos de intrépidas lágrimas de enternecimiento, pero no por sus dotes de futbolistas, sino por su don de persona.

-Todo el que te conoce de chico destaca que seguís con la misma humildad. ¿Cómo haces para no “nublarte” con todas las tentaciones de la fama?
-Creo que es por cómo me crió mi familia. Mis viejos me criaron así. También por cómo me ayudaron mis hermanos cuando ya no estaba mi papá. Por cómo me crió Instituto también. Es un grupo de cosas que fui juntando y usando en mi vida. Y siempre traté de ir por el mismo camino. Porque juegue en Europa o me vaya bien, no tengo que cambiar mi forma de ser. Uno tiene que ser como es. Si a alguien lo ven como agrandado, es porque tal vez toda su vida fue así. Mi familia me crió de esa manera, de ser humilde, de ser dado con la gente. Lo fui de chico y voy a seguir siendo así, y no tengo que cambiar porque gane algo. Siempre fui así por la crianza de mi familia.

La felicidad le explota en la cara. Llegó a la Juve para reemplazar a Tevez y la rompió.

-Fede Beltrán, Nahuel Ruiz, Maxi Arnoldi, Santi Domínguez, Gustavo Gotti, Matías Francucci. ¿Qué significan para vos estos nombres?
-Un grupo en el whatsapp –se ríe–, los nombraste a todos los que lo forman. Son amigos y ex compañeros de las inferiores de Instituto. Un grupo muy lindo, cada vez que vuelvo me junto con ellos, hacemos un picado, comemos un asado, charlamos. Desde los 10 a los 18 años, que estuve en Córdoba, jugué con ellos y me ayudaron muchísimo. Y todavía compartimos muy lindos momentos. Hicimos una gran amistad y tratamos de juntarnos aunque sea para tomarnos una Coca.

-Hace un tiempo dialogaba con Raúl Damiani, ex compañero tuyo en la Gloria, y me decía que le quedó como una espina el ascenso que no pudo con Instituto en aquel 2012. ¿Para vos también?
-(Silencio de varios segundos. Piensa) Para mí sigue siendo la misma espina que seguramente tiene Raulo. Porque no me voy a olvidar nunca de haber estado a 90 minutos de...–su voz se pone timorata y otra vez se queda pensando por unos segundos–... de lograr algo increíble que soñábamos y merecíamos. Era un gran grupo. Darío Franco nos ayudó mucho, se había armado un hermoso plantel y por un partido que no pudo ser… Te da una bronca bárbara. Más allá de haber salido campeón ahora con la Juve, no me puedo olvidar nunca de ese partido con Ferro. Ahí perdimos el ascenso, más allá de la Promoción que jugamos con San Lorenzo.

-Tengo en la memoria la imagen tuya llorando cuando terminó la serie de la Promoción ante San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro, y Darío Franco consolándote. ¿Te acordás qué te decía? ¿Está relacionado con lo que iba a ser tu futuro?
-No me acuerdo bien porque en ese momento tenía la cabeza en cualquier lado... Escuchaba, había como 40.000 personas con toda esa algarabía, pero en mi cabeza había silencio. Tenía frustración, bronca, tristeza... No podía ser después del año que habíamos tenido. Lo sentí muchísimo a ese campeonato, tenía muchas ganas de ascender con Instituto y se nos escapó injustamente. Nadie jugaba como jugábamos nosotros con Darío Franco.

-Dijiste hace poco que “en Instituto muy pocos se imaginaban este momento” de tu carrera. ¿Y vos lo imaginabas?
-Me lo imaginaba, pero no al corto plazo. Pasó todo muy rápido. Siempre soñé con estar acá, pero no sé si con estar en la Juve con 22 años, luego de estar tres en Palermo. Siempre me imaginé triunfar en el fútbol. Era lo que más quería. Y ya que me traés el tema, sí, no creo que en Instituto fueran muchos los que esperaran que me fuera así. Muy pocos. Era difícil pensarlo, básicamente. Imaginar que ya iba a estar jugando en la Selección... Decirlo en ese momento, como lo hacían ustedes, algunos periodistas de Córdoba que se la jugaron, valía, por eso ustedes saben...

-¿Mirás fútbol argentino?
-En Italia no pasan fútbol argentino, solo la Copa Libertadores. Es muy difícil agarrar por los horario, pero veo siempre lo resúmenes de la fecha, los goles.

-¿Y pensás en tu regreso?
-Por ahora no pienso en volver. Ojalá tenga una larga carrera acá. Y si estoy bien físicamente, me gustaría jugar en la Primera de Argentina, porque sería un sueño jugar en la Bombonera, o en la cancha de Independiente o de Racing; en el Monumental jugué con Instituto, pero también me gustaría hacerlo en Primera División. Sí, ojalá algún día pueda jugar en la Primera de Argentina.

-Estás leyendo un libro sobre Guardiola. ¿Te gustaría que te dirigiera algún día?
-Es un técnico que ha demostrado durante estos años, y más en la época del Barcelona, que su forma de juego es muy buena, y a futbolistas como yo seguramente nos haría las cosas más fáciles. Es más o menos parecido a lo que nos pedía Darío Franco. Tengo un libro de Guardiola, que me lo regaló un amigo y lo empecé a leer. Admiro el juego de Guardiola, que es muy eficaz, como lo es el de otros entrenadores como el Cholo Simeone, que tal vez es contrario a su juego, y de igual forma lo dejó afuera de la Champions.

-Te gusta leer...
-Tengo varios libros, los leo de a poco. Para despejar la mente.

La familia como pilar
Adolfo Dybala fue el motor de los sueños de Paulo. Soñó que sus hijos fueran futbolistas. Gustavo no llegó y Mariano estuvo muy cerca, ya que jugó de enganche en las inferiores de Gimnasia de La Plata. A Paulo lo acompañó de niño. Lo llevaba a las infantiles de Instituto desde Laguna Larga... esos 50 minutos de viaje inolvidables... y siempre estuvo presente. Cuando La Joya tenía 15 años, en septiembre de 2009, Adolfo falleció. Fue un golpe durísimo para la familia. Mamá Alicia se hizo cargo del local de quiniela La Favorita, que tienen en el pueblo frente a la terminal de ómnibus, y los hermanos se propusieron a ayudar a Paulo a lograr sus sueños y los del viejo. La historia posterior es conocida: Paulo llegó a ser futbolista profesional y uno de los más desequilibrantes jugadores del mundo. Y a pesar de todo lo que lo rodea, siendo una estrella del múltiple campeón Juventus, Dybala sigue aferrado a su familia. Y al recuerdo de su papá. Tal es así, que el sábado 14 de mayo último, apenas consumada la goleada 5-0 sobre Sampdoria, donde él dio una asistencia y convirtió dos goles alcanzando la cifra de 23 tantos en la temporada, y posterior a la coronación del título obtenido, escribió en su cuenta de twitter: “Gracias viejo por todo esto. Te lo dedico a vos”. Luego, se estrechó en un abrazo con su mamá, Alicia, que estaba en la zona mixta del estadio y que minutos antes lo había ovacionado como los hinchas.

-¿Qué significa para vos tu familia? Y para los que no te conocen, ¿por qué cada vez que celebrás un gol levantás los brazos al cielo?
-En realidad, en la cancha levanto los brazos dos veces al cielo, si es que me toca hacer un gol. Cuando entro a la cancha le pido fuerzas a mi viejo, y si me toca hacer un gol, se lo agradezco, porque seguro desde arriba me debe estar ayudando muchísimo. En mi vida, mi familia es todo. Si no fuera por ellos, no estaría acá... Mi vieja, que la llevo a todos lados, y mis hermanos, que están siempre conmigo. Más allá de la suerte que tuve de cumplirle el sueño a mi viejo... –suspira, su voz se entrecorta, respira profundo–, lo hago por mi mamá que sufrió muchísimo; y seguramente, aunque no me lo demuestre, todavía sufre, como yo y mis hermanos, la pérdida de mi papá. Todo lo hago por mi vieja, por eso después puede pasar cualquier cosa y no me va a importar”.

Y va por más
Una tarde de otoño de 2012, cuando ya el mundo comenzaba a hablar de él, firmaba autógrafos y las solicitudes de entrevistas abundaban, lo encontré caminando solo en el predio de Instituto. Sus ojos soñadores le brillaban mientras observaba a unos nenes entrenando. Su vista no se alteraba. Y una sonrisa lo dejó en evidencia. “Había más tranquilidad que ahora”, le dije cómplice de esa añoranza de infante. Hizo un gesto de aprobación y recordó sus sueños, sus picados en la desaparecida canchita del Seba en el pueblo y sus ganas de aprender. Tenía 17 años. Pasó el tiempo. Hoy es campeón, genio y goleador del múltiple campeón Juventus, con 22 años, pero continúa con la misma humildad, más allá de que va tachando ítems en su lista de metas por lograr. Y no se conforma con lo logrado. La Joya busca mucho más, y seguir aprendiendo. Su palabra preferida es esa: aprender. Así, como aquel pibe que con tan sólo 15 años decidió dejar su Laguna Larga, con una valija repleta de ilusiones, para cumplir esos sueños de familia.

En Instituto, enfrentando a River en la B Nacional.

“Instituto es como mi mamá”
Paulo Dybala se presentó como futbolista profesional el viernes 12 de agosto de 2011 con la camiseta de Instituto en el estadio Monumental de Alta Córdoba frente a Huracán por el torneo de la B Nacional. Su actuación fue sobresaliente y desde ese momento se fue ganando un nombre dentro del fútbol. La Joya debutó con 17 años en la Gloria, siendo artillero del equipo en esa temporada con 17 tantos, transformándose en el goleador más joven de la institución en torneos oficiales, superando nada más y nada menos que a Mario Alberto Kempes. Tras ese certamen emigró al Palermo de Italia, donde jugó tres temporadas, convirtió 21 goles y 16 asistencias en 91 partidos. El 14 de julio de 2015 fue presentado como futbolista de la Juventus y el 8 de agosto de ese mes jugó su primer partido oficial en la Vecchia Signora, convirtiendo un gol en la final de la Supercopa italiana frente a Lazio.

-Definí en pocas palabras a Instituto, Palermo y Juventus.
-Instituto es como mi mamá, la que me ayudó a crecer, la que me enseñó todas las cosas. Palermo sería mi primera novia... Y Juventus sería mi novia de grande.

-Por último, elegí los tres goles más emocionantes de tu carrera.
-Sin dudas: mi primer gol en Instituto, que fue ante Aldosivi en Mar del Plata... Es una pregunta difícil –piensa–, el segundo que le hice al Milan en su cancha con la camiseta de Palermo. Y el tercero, el que convertí en la final de la Supercopa que le ganamos a Lazio con Juventus. Elegí uno de cada uno de los clubes y quedo bien con todos –se ríe–. Y el cuarto, ojalá que sea el que haga con la Selección Argentina.

Por Marcos J. Villalobo / Fotos: AFP y Archivo El Gráfico / Ilustración: Gonza Rodríguez

Nota publicada en la edición de junio de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 05/07/2016

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