CONFIESO QUE HE APRENDIDO

Maxi Velázquez, en primera persona

- por Darío Gurevich: 13/06/2016 -

Es el futbolista con más presencias en la historia de Lanús al superar los 373 partidos. En el Grana, ganó el Apertura 2007 y la Sudamericana 2013. Debutó en Ferro hace 17 años, y jugó también en Talleres e Independiente.

Nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, y tiene 35 años. Su meta: volver a salir campeón con Lanús.

ABOGADO. Eso quería ser. Me gustaba el fútbol, pero le apuntaba a estudiar. Mi meta no era convertirme en futbolista. Una vez había venido a Buenos Aires para jugar un par de partidos con mis compañeros del colegio, y me vieron. Primero, de Estudiantes de La Plata, aunque no me tuvieron en cuenta porque era chico físicamente para ser marcador central. Después, de Ferro, Cacho Giménez y el Goma Vidal me eligieron. Fue en 1996. Me ofrecieron quedarme en la pensión, y me vine.

MIGUEL ANGEL TOJO, que dirigía a la Sexta, me puso de 3. A los chicos de la pensión nos hacía ir a entrenarnos lunes, miércoles y viernes. “El club gasta mucha plata para mantenerlos”, nos decía (risas). Entonces, jugábamos al fútbol-tenis con él y trabajábamos la técnica, lo que me ayudó muchísimo. El asunto es que fui uno de los pocos que le gané al fútbol-tenis. Miguel llevaba un invicto de 70 y pico de partidos y se lo corté. Se quería morir, encima era calentón.

NO QUERIA JUGAR MAS y me volví a mi casa en 2001. Había empezado la pretemporada con Rodolfo Della Picca y me dije: “¿Qué hago acá?”. Ni los dirigentes ni el entrenador me pudieron frenar. Estuve un mes en Entre Ríos y regresé en la semana que se iniciaba el torneo de la B Metropolitana. No sabía qué quería de mi vida. Pero, bueno, volví, firmé contrato con Ferro, y me fue bien en el primer partido que jugué: perdíamos 1-0 frente a Cambaceres, entré en el segundo tiempo, metí el 2-1 y ganamos 4-2. Desde ahí, fui titular siempre.

POR LO ECONOMICO, no quería irme de la pensión de Ferro. Pero no me quedaba otra al ser jugador de la Primera. Junto a Luis Salmerón y a Eugenio Klein, alquilamos un departamento. No teníamos muebles ni camas. Comíamos todos los días fideos con salchichas, y en el piso. Dormíamos en colchones que nos habíamos traído de la pensión. Justo, en esa época, conocí a mi mujer; jugábamos en la Primera B. El ascenso es bravo, un fútbol aparte en comparación con la Primera A, y el club estaba en una mala posición económica.

FERRO me formo como jugador, y siempre le voy a estar agradecido. El club me dio la posibilidad de ser futbolista, me hizo conocer, y pasé buenas y malas (heredó dos descensos). El ascenso a la B Nacional lo tomé como una obligación. Ferro no podía estar en la tercera categoría del fútbol argentino, por lo grande que es. Habíamos fallado un año al perder la final ante Español, y al otro se nos dio. Se disfrutó en cierta medida.

Festeja la Sudamericana 2010 en el Rojo.

EN TALLERES de Córdoba, la seguí peleando en 2003/04. El equipo arrancó descendido, pero yo me pude mostrar en Primera A. El club estaba mal económicamente, no cobramos durante tres o cuatro meses, y pasamos días sin entrenarnos como protesta. Yo concentraba con Julián Maidana, quien me enseñó mucho por su lucha por los compañeros, por su liderazgo. Si no fuese por la unión de ese grupo, no habríamos podido dar batalla hasta el final del torneo. Hicimos una muy buena campaña, pero no evitamos el descenso.

CUANDO UNO NO ENCUENTRA tranquilidad en un lugar, la busca en otro. Sobre todo, por lo económico, por el hecho de no pelearse con los dirigentes para cobrar, porque eso es difícil de soportar, genera estrés. Lanús empezaba a ser ejemplo, yo todavía no jugaba en el club, y, desde afuera, lo veía con buenos ojos.

LANUS ME MARCO como jugador, y también marcó a mi familia: a mi mujer, María Soledad, y a mis hijos, Morena y Nicolás. Cuando mis chicos nacieron, ya jugaba ahí. Mis nenes son felices al ir al club y al ver los partidos en la cancha. Yo disfruto todos los días al máximo; tengo muchísimos amigos allí. Sin dudas, es el equipo más importante de mi carrera.

LOS TRES MOMENTOS más trascendentes que viví en Lanús fueron la llegada de Ramón Cabrero como entrenador, por sus conocimientos, por la confianza y el apoyo que les dio a los juveniles para que explotaran, por lo que le inculcó al equipo que terminó siendo campeón del fútbol argentino por primera vez, porque fue un quiebre en el club. Después, el Torneo Apertura 2007, entonces, por lo que se disfrutó, por lo valioso que resultó ese título; y la Copa Sudamericana que ganamos en 2013. Ahí, se formó un equipo para ser campeón y se cumplió con la expectativa.

¡QUE SILENCIO se produjo, previo a consagrarnos en 2007! Almorzábamos, en tres horas jugábamos un partido que nos marcaba a todos, porque solo uno o dos del plantel habían salido campeones, y estábamos callados. Hasta que alguien gritó: “¡Estamos cagados! Dale, no pasa nada”. Y todos nos empezamos a reír, porque era cierto: estábamos asustados por lo que se venía. Pero el grupo estaba preparado para enfrentar a Boca en la Bombonera. Después, en la cancha, asumió la responsabilidad.

Su primera etapa en el Grana: 2004/10.

EL MEJOR EQUIPO que integré fue el Lanús campeón de 2007. No solo porque jugábamos bárbaro. En los últimos seis partidos de ese Torneo Apertura, salíamos a la cancha y sabíamos que ganábamos, por nuestro fútbol y nuestro envión anímico. De hecho, en esos partidos, entrábamos y nos divertíamos.

DISFRUTE MUCHO de entrenarme en la Selección. Practicábamos todas las semanas. El técnico era José Pekerman, y me encantó trabajar junto a él y a su cuerpo técnico. Me parecieron unos adelantados, por el método, porque se trabajaba tácticamente por línea. Estuve un mes nomás; me hubiera gustado quedarme mucho más tiempo.

EN INDEPENDIENTE pasé un año y medio muy agitado. Va a sonar contradictorio, pero lo disfruté bastante. Porque ganamos un título -la Copa Sudamericana 2010-, y el club hacía tiempo que no se consagraba campeón. Fue como me ocurrió en Talleres: si no hubiera habido grupo, no habríamos superado la tormenta. No se cobraba, quizá no había agua en el club; mil problemas… Por esa unión, entonces, salimos adelante y después redondeamos dos buenos torneos con Antonio Mohamed.

“PAREMOS LA PELOTA; no juguemos siempre a un toque”. Me llegó esa frase del Turco Mohamed, cuando me dirigió en Independiente. Uno cree que lo mejor es tocar de primera, y él nos pedía que la frenásemos y pensásemos. Parece sencillo, pero no es tan fácil de lograrlo. Porque en el fútbol argentino se corre mucho y se presiona bastante. Eso sí: cuando se consigue pararla y pensar, te cambia totalmente el ritmo del partido.

ME FUI DE INDEPENDIENTE porque Nicolás Russo me llamó para volver a Lanús. Era principio de 2012, sabía que no iba a ser titular con Ramón Díaz, que me decía que me quedara, y decidí irme. Porque conocía al club, Russo me ofrecía un contrato extenso, y entendía que no iba a estar mejor en otro lado que no fuera Lanús.

Producción para El Gráfico tras ser campeón en 2007: Graieb, Bossio, Hoyos, Ribonetto y Maxi.

ME DOLIO UN MONTON que nos dejaran afuera en los cuartos de final de la Copa Libertadores 2014, y haber perdido la Recopa Sudamericana, también en ese año. Me había ilusionado mucho, porque Lanús tenía equipo.

ES RARO SER el futbolista con más presencias en la historia de Lanús. A veces, me lo pongo a pensar en casa y me parece un poco loco. Si bien le doy importancia, creo que se la daré mucho más con el transcurso de los años. Va a ser difícil que me superen, por lo vertiginoso que es el fútbol, porque se venden rápido a los jugadores. Casos como el mío, como el de Fabián Cubero en Vélez, no se ven. Ojalá pueda llegar a los 400 partidos en el club.

NO SOY IDOLO DE LANUS. Me siento un jugador importante, por lo que represento para los más chicos. Eso se los dejo a José Sand, Agustín Pelletieri y Lautaro Acosta. Ellos lo tienen bien ganado.

EN EL TORNEO LOCAL, sorprendimos por la manera de jugar. Almirón ya había mostrado su idea en los otros clubes que estuvo: pelota al piso, salida prolija desde el fondo… Jorge y su cuerpo técnico nos deslumbraron por el modo de trabajar, y nosotros captamos rápido lo que querían. Es más, gracias a esa idea, muchos chicos del plantel se potenciaron. Al obtener resultados desde el comienzo, quizá llamamos la atención. Encima, metimos dos o tres goles muy lindos, por nuestro juego asociado. Yo apunto a conseguir otro título en el club. No es una locura pensar en Lanús campeón.

EL EQUIPO hace la diferencia en toda la cancha. Como decía, salimos jugando desde abajo; los primeros pases son fundamentales para nuestro sistema, y obviamente que sacamos ventaja con los habilidosos, los que terminan las jugadas, los que convierten. Pepe Sand metió muchos goles, pero nuestro as de espada es el Laucha Acosta. No me voy a cansar de decir que es el único jugador irremplazable del plantel. 

Lanús campeón de la Sudamericana 2013; parado, es el tercero de la derecha.

TENGO CONTRATO hasta diciembre en Lanús. Me siento bien, pero ha pasado el tiempo. Por eso, voy día tras día. Me considero un profesional y me entreno mucho. Entonces, cuando no pueda competir a la par ante cualquiera, dejaré de jugar. No me quedaré en un lugar con el objetivo de permanecer.

LANUS ES UN GRANDE. Porque, en la última década, peleó cinco o seis torneos y ganó dos; juega muy bien y da tranquilidad y buenas condiciones de trabajo. Es de lo más rescatable del fútbol argentino.

ME FALTO JUGAR en el fútbol brasileño o en el mexicano. Esa es una cuenta pendiente. Me atraían más que el europeo. De hecho, tuve chances para ir a Europa, pero no me cerraron las propuestas.

HAY EDADES PARA TODO, lo entiendo. Pero intento aconsejarles a los jóvenes que modifiquen sus hábitos lo más rápido posible. Así se evitan lesiones, sacan ventaja en el día a día, y estiran sus carreras. Charlo mucho con los chicos y no me gusta que estén mal. Cuando sucede, les preguntó qué problema tienen y los ayudo. ¿Qué más les digo? Que la carrera es corta y que la disfruten. Porque una vez que pasa el tiempo, ya no se puede volver para atrás.

Su segunda etapa en el Grana: 2012/16. Es el capitán del equipo.

SOY LO QUE SOY, por el esfuerzo de mis viejos, de mis hermanos. Hoy, mi señora y mis hijos son mis pilares. Yo recargo energía en casa para seguir adelante en este trabajo. Ellos me cambian el humor. Porque a mí desde chico, y no tan chico, me costaba reponerme de las derrotas. Quizá estaba uno o dos días sin hablar con mi señora. Ahora, solo tardo un par de horas.

LA ESENCIA NO SE DEBE PERDER, más allá de los logros. Como persona, no cambié en nada respecto de aquel que debutó en la Primera de Ferro. Soy tranquilo, vivo de la misma manera y en el mismo lugar; hasta mi señora es la misma (risas). 

MI CARRERA como profesional me sirvió para la vida. El fútbol me enseñó a pelearla. Soy un luchador; empecé desde muy abajo. Por eso, aprendí a valorar tanto en lo familiar como en lo deportivo. Estoy orgulloso de todo lo que logré.

Por Darío Gurevich / Fotos: Maxi Didari y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de mayo de 2016 de El Gráfico

 

Por Darío Gurevich: 13/06/2016

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