ENTREVISTAS

La historia de Germán Rivero: el argentino campeón con Plaza Colonia, el Leicester uruguayo

- por Redacción EG: 04/06/2016 -
Se copó con El Gráfico y nos mandó la foto con su bici, su medalla y la camiseta del partido. Foto: El Gráfico.

Estuvo 10 meses sin jugar al fútbol y tuvo que trabajar de albañil y pintor. Con Flandria se fue a la C, pero el domingo pasado hizo historia en Uruguay. La vida del pibe que va a entrenar en bicicleta y que su máximo deseo es jugar en Boca.

El domingo pasado en la cancha de Peñarol se sintió por un momento, junto a sus compañeros, más grande que José Artigas y que Eduardo Galeano. Eso, por lo menos, fue lo que le hicieron sentir los habitantes de Colonia, que lo adorarán de por vida. El domingo 29 de mayo Plaza Colonia hizo historia en Uruguay: se convirtió, junto a Rocha, en los únicos equipos que no son de Montevideo que logran salir campeones.

Germán Rivero es el único argentino del plantel, por eso creímos que era la oportunidad para contar su historia. 

Sus inicios


Rivero con su hijo Ián y su mujer Eliana, en la casa de Colonia. Foto: El Gráfico.

Germán era tan inquieto desde chico que su padre Héctor y su mamá Elena decidieron llevarlo a los 5 años al Club Social y Deportivo de Garín, su ciudad natal. Ahí jugaba a cancha seca o con barro y se cansaba de hacer goles. Un día, ya con 12 años, un muchacho que estaba al costado de la canchita lo vio jugar y le ofreció para ir a una prueba en Argentinos Juniors, en donde realizó todas las infantiles, pero quedó libre. Rápidamente llegó a Tigre para formarse con las juveniles y hasta jugó en Reserva, pero otra vez lo dejaron ir. 

“Me bajonearon esas cosas porque siempre quise vivir de esto. Mi familia me decía que el sacrificio no lo debía tirar por la borda. Gracias a ellos no dejé el fútbol”, cuenta del otro lado del teléfono el actual 9 de Plaza Colonia. 

El destino lo sepultó en Flandria, en donde firmó su primer contrato como profesional, pero a mediados de 2014 sufrió el descenso a la Primera C. De ahí pasó a Fénix para jugar solamente seis meses. Increíblemente, un problema de papeles y las deudas que tenía la institución de Pilar con él, lo dejaron afuera del fútbol por diez meses en diciembre de ese mismo año. 


Volver a empezar...



EL SUEÑO DEL PIBE: ser tapa de la revista. Foto: El Gráfico.

Esos diez meses fueron los más largos de su vida y tal vez, los más dolorosos. Porque Germán quería vivir del fútbol y las cosas se complicaban día a día. Para darle lo mejor a su hijo Ián tuvo que salir a trabajar de pintor y de albañil con su padre en distintas construcciones y su mujer, Eliana, también hacía lo que podía para colaborar con la familia. Mitad del día ayudaba a su viejo y la otra mitad la aprovechaba para entrenar con el preparador físico que le pagó su representante. 

"Estuve así 10 meses, entrenando duro. Después, por suerte, surgió la posibilidad que me había prometido mi representante, que era jugar en Uruguay. Traté de aprovecharlo y gracias a Dios pude revertir lo que me había pasado", cuenta con orgullo este muchacho de tan solo 24 años que llegó a Plaza Colonia en septiembre del año pasado. 


La vida en Colonia


Cada mañana, Germán desayuna y parte rumbo al lugar de entrenamiento. ¿Lo pasa a buscar un chofer? ¿Se va en auto? No, nada de eso. El tipo pedalea 12 cuadras con su bicicleta mientras saborea la brisa mañanera de la hermosa ciudad uruguaya.

-¿Cómo es la vida en el lugar en donde vivís?

-Es un lugar muy tranquilo, no hay tanta inseguridad y la gente es muy servicial acá en Colonia. Vivo en el barrio Real San Carlos, a doce cuadras del lugar en donde entrenamos. 

-¿Qué diferencias encontrás entre el fútbol uruguayo y el argentino?

-La verdad que este fútbol te exige mucho. Hay jugadores con buen pie y que marcan diferencia. También hay mucha fricción porque es fútbol de Primera. La diferencia es que acá no tenés presión de nada y eso, está buenísimo. Es lindo sentir que la gente te agradezca por una alegría que le diste. Esas cosas me ponen muy contento.

-¿Qué fue lo más raro que te pasó en este último tiempo?

-Saiir campeón, sin dudas. Todavía no caigo. Uno se ilusiona, pero de ahí a que pase, hay un tramo muy muy grande. La gente de Colonia nos apoyó bastante, nos abrazaba. Por ahi venía una persona que no conocía y me abrazaba. Fue algo increíble.

Hace 18 meses, Plaza Colonia estaba peleando para no descender a la tercera categoría del fútbol uruguayo. Hoy, es el campeón del país con un presupuesto 30 veces más bajo que el de los poderosos como Peñarol y Nacional. Por eso, le quedó el apodo "Leicester uruguayo" para siempre, en alusión al humilde y flamante campeón de la Premier League, el Leicester City.

"Arrancamos la temporada con la ilusión de dejar a Plaza en Primera. Luego con acercarnos a las posiciones de Copa, pero con el correr de los partidos nos dimos cuenta que podíamos ser campeones", remarca el único argentino del plantel, que marcó 8 goles en el torneo, pero que advierte que todavía falta una fecha.

El día de la gloria


-¿Qué les dijo el técnico Eduardo Espinel -que además es carpintero- antes de jugar el partido de sus vidas?

-Nos dijo: "La gloria nos está tocando la puerta. Hagamos de cuenta que estamos sentados en un sillón y que nos pide entrar. ¿Cómo no vamos a dejarla pasar?. Hay que subir un escalón y abrirle la puerta". Estábamos muy motivados. El entrenador hizo una promesa: va a caminar 70 kilómetros, hasta Colonia Valdéz. 

-Te entregaron la medalla, recibieron el trofeo...¿y después?

-Mientras todos festejaban en el vestuario, yo estuve como dos horas en el control antidoping. Me tomé como ocho botellas de agua para poder orinar, ja. Después nos subimos al micro y estaba un programa grabándonos. Paramos en Colonia Valdense porque había mucha gente esperando. Antes de entrar a Colonia, se sumó un camión de bomberos. Llegamos a la intendencia y nos fuimos caminando con toda la gente hasta la sede del club. Fue algo hermoso.

El otro Germán: De Batistuta a la banda de rock de su hermano


Germán viajó hasta la casa de su ídolo Batistuta. Foto: El Gráfico.

El ídolo futbolístico de Germán es el Bati, así como también Maradona y Messi. Un día su tió Juan y su tía Marimé movieron contactos para que el niño de 10 años conociera a su referente: tenían un primo lejano, que tenia relación con el histórico goleador. Entonces, Germán viajó hasta la casa de la leyenda, en Reconquista, y se sacó una foto además de compartir varios minutos con el artillero. 

Rivero aprovecha sus tiempos libres para estar con su mujer y su hijo, pero también le gusta ir a pescar con su viejo. De leer, ni hablemos. Es apasionado de los fierros, pero todavía no tiene ninguno. Desde su estadía en Uruguay, escucha la Vela Puerca, pero ama la música de Kapanga y la de Viernes Nublado, la banda de rock de su hermano. Es un poco tímido para hablar y por eso se quedó con la espina de pedirle la camiseta a Diego Forlán el domingo pasado en la finalísima.

-¿Y ahora que viene? ¿Cuáles son tus sueños?

-Mi sueño es jugar al fútbol toda la vida y ganar campeonatos para que, cuando me retire vea que el sacrificio valió la pena. También me gustaría volver al fútbol argentino y jugar en Boca. Tengo que esforzarme y trabajar al máximo para volver a Argentina. Eso, lo sé.

En la vida de Germán Rivero, no existen las utopías.

Por Matías Escobar/ Fotos: El Gráfico.

Por Redacción EG: 04/06/2016

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