¡HABLA MEMORIA!

¿Ud. sabe quién es Roberto Perfumo?

- por Redacción EG: 16/05/2016 -

El 10 de marzo, a los 73 años, falleció Roberto Alfredo Perfumo, luego de sufrir una fractura de cráneo tras caerse en la escalera de un restaurante. Lo despedimos en estas páginas recordando una de las notas más emblemáticas, escrita por el legendario Osvaldo Ardizzone, en 1967.

Rodeado de camisetas racinguistas. Allí se inició, luego de que River lo dejara libre. También fue campeón en Cruzeiro.

Dentro de esta corriente de popularidad que ha provocado Racing con su campaña hay un nombre que monopoliza la simpatía general. Un nombre que va más allá de Racing, que incluso supera el color de las casacas y el aspecto partidario. ¿Quién cuestiona hoy a Roberto Perfumo como jugador? Nadie, o en todo caso las habituales excepciones que no cuentan…

Pero el fenómeno adquiere más volumen porque adherido al jugador llega la imagen del hombre. Llega la cara del hombre. Llega la figura. Llegan todos esos elementos accesorios que van desde la atracción óptica hasta la reacción emotiva. Junto con el jugador, con su éxitos, con su popularidad, el público va elaborando su propio juicio conforme a lo que conoce y a lo que imagina… Difícilmente la gente se limite al deportista en sí. Pretende llegar más allá, asomarse a su intimidad, incursionar en su vida privada, y develar el misterio que se oculta detrás de esa cara que de pronto irrumpe en el escenario de la fama…

Aquí, la nota que reprodujimos íntegramente. Es del 12 de septiembre de 1967, después de que Racing ganara la Copa Libertadores, y antes de que lograra la Intercontinental.

¿Quién es Roberto Perfumo? ¿Qué hace Roberto Perfumo? Hacía mucho tiempo que no enfrentábamos a un fenómeno popular como el del jugador de Racing, donde la simpatía juega a la par del juicio técnico. Donde se intuye un valor humano que va paralelo al valor futbolístico. Donde se pretende descubrir al deportista casi idealizado en la concepción global: crack y hombre. Jugador y persona. “Me gustaría conocer a ese chico Perfumo, porque me parece un tipo bien” -dice la gente, incluso en el ámbito familiar, donde no trascienden ni la perfección de los perfiles, ni la aptitud para pegarle a la pelota, ni los cierres, ni los anticipos, ni las coberturas. “Parece un pibe sano”. “Parece un chico sencillo”. “Me da la impresión de un jovencito equilibrado”. Y es notable. Porque la fama de Roberto no tiene la violencia de lo ruidoso, no está asociado al hecho tumultuoso ni a la novela de una vida disipada. Ni a la leyenda del prepotente, ni del guapo, ni del caudillo… Es una trascendencia cálida, una simpatía cordial, una seducción casi afectiva… De un tipo muy semejante al que capitalizó Eliseo Mouriño, al que provocó Pedro Dellacha. Sólo que lo de Roberto va muy estrechamente vinculado a su juventud, a la frescura que trasciende en sus rasgos casi adolescentes y a ese equilibrio natural que se desprende de sus reflexiones, de su serenidad sin artificios, y a esa seguridad que nunca se ve contaminada por la fanfarronería ni por el gesto presuntuoso. Antes del partido, después del partido, sus declaraciones, sus respuestas, siempre guardan un nivel de corrección sensato. Donde no entra ni el alarde ni la opinión convencional y acomodaticia. Ni la pretensión de parecer simpático ni la intención de ser trascendente. Pero siempre asoma ese vigor que no lastima, esa potencia espiritual que nunca es agresiva, que no alcanza a borrar la carcajada abierta que nace espontánea para festejar el hecho risueño…

Capitán de la Selección, con Johan Cruyff, en Argentina-Holanda del Mundial 74, apogeo de la Naranja Mecánica. Perfumo jugó los Mundiales de 1966 y 1974 (al del 70, Argentina no se clasificó).

El hombre
Estoy aquí, en el departamento de Roberto, hablando de este mismo tema… Aquí, en el pasaje Barrientos, en este escondido rincón de Barrio Norte sustraído al torbellino de Las Heras y Pueyrredón. Aquí vive desde hace 8 meses, desde la fecha de su casamiento. Ambiente lujoso, pero cálido. Sin esa hostilidad de los decorados que abruman por su rebuscamiento. Me dice que todo lo que está ahí lo compró su mujer sin ayuda del artista decorador. Y su mujer es una muchacha de 20 años, novia de antes, de allá de Sarandí, cuando Roberto, hace apenas cinco años, era aprendiz de tornero… Cuando ninguno de los dos siquiera soñaba con esta vida distinta, con ese bargueño francés, con ese diván tapizado, con ese motivo portuario que Quinquela Martín le autografió a Roberto en una visita que le hicieron al maestro en su atelier de la Vuelta de Rocha. Ella estudia Medicina, está en segundo año, pero Roberto le adjudica la jerarquía de administradora, cocinera y ama de casa. Todavía no hay automóvil, porque los dos pensaron que “lo más importante era armar el departamento mientras se construye la casa de Sarandí, donde viven las dos familias y los amigos de la infancia”. Todo este dinero que trajo Racing está allí en la calle Barrientos y allá en Sarandí, donde ellos mismos dibujaron el bosquejo de la casa del futuro… Y el auto llegará después cuando esté todo terminado. “Hay amigos que me dicen que es mucha plata para invertir allá en Sarandí, pero ¿sabe qué pasa? Son veinte años que viví en ese barrio y me cuesta dejarlo. Me dicen que es un sentimentalismo zonzo, pero ¡qué voy a hacer! ¿A usted qué le parece?”.

En ese “¿qué le parece?” está la otra gran virtud de Roberto. A través de su charla siempre asoma la modestia del hombre que no tiene pudor por demostrar su inseguridad en algunos conceptos. “Dígame, ¿para qué cree usted que sirve la plata? Mire… Yo reflexiono muchas veces sobre eso. Yo que hace dos años no tenía nada, aunque en mi casa nunca me faltó nada. Estudié en el industrial, llegué hasta tercer año y fui a trabajar por una miseria. El overall engrasado, las manos llenas de callos, mi novia, el fútbol, un paseo los domingos, el baile, los amigos… Ahora, la plata me dio todo esto. Esta vida distinta, toda esta comodidad. A veces admito que algunos muchachos se enloquezcan y agarren por cualquier lado… ¡Qué sé yo ! Yo anduve unos siete u ocho meses también desorientado… Me tentó la noche, y todas esas cosas que están detrás del ruido, de la fama, del éxito… Pero largué, largué enseguida… Quizás por mi novia, quizás porque también lo pensé… Y llegué a la conclusión de que la plata sirve para esto, para comprar todo lo que ahora tengo… Y gozarlo yo en mi casa. Salgo con mi mujer, vamos a cenar, me gusta el cine, me gusta el teatro. Pero me gusta mi casa, ¿se da cuenta? Me gusta quedarme aquí. Tengo amigos que me visitan, que visito y esa es la vida que prefiero. ¿Qué le parece a usted? ¿Cómo se mantiene un matrimonio, la relación entre el hombre y la mujer casados? Sí, con el afecto, pero también con esto, con las cosas que van formando la casa, con el mañana que uno sueña. Vamos a comprar esto, que vamos a comprar aquello, vamos a cambiar el tapizado… Por eso le doy mucho valor a la plata, por el placer que me da, por lo que me ayuda para andar bien y ser feliz con mi mujer. Créame que no me marea ni me hace cambiar, y si no me pasó hasta ahora, no creo que me cambie más”.

En River, baluarte para terminar con la noche de los 18 años.

Roberto habla como en una confidencia, como si estuviera reflexionando, o manteniendo un diálogo consigo mismo… “¿Sabe qué me gusta de la gente? La humildad. No la modestia calculada, porque eso es tan fulero como ser fanfarrón. Lo que yo quiero es la gente que sabe estar, que se sabe mover… ¡Usted no se imagina para lo que ha servido este éxito en el fútbol! Por todo lo que me sirvió en mi transformación. Las cosas que aprendí, la ubicación… Pero, ¡cuánta gente se me vino abajo y cuánta se me agrandó! Tipos que antes, de lejos, cuando yo no era nadie, me parecían inalcanzables, grandes personas, y ahora son de cartón. Y otros que al revés: que me han demostrado su calidad humana, su generosidad y su sencillez… Créame que a veces esta popularidad me pesa un poco. No le voy a decir que no me gusta, porque sería mentira. Me gusta verme en la tapa de una revista, me halaga que la gente me conozca y me salude por la calle, pero siento incomodidad en algunos momentos. Como la presión de algo que no me permite moverme con libertad. ¿Usted me ve en la cancha ? No sé… pero a lo mejor doy la sensación de temperamento, de fuerte, de ganador. Le digo por lo que leo, por lo que escucho. Y en mi vida soy todo lo contrario. Debe hacer años que no me peleo, porque no me gusta discutir, no me gusta hablar en voz alta ni imponer mi razón… ¿Tímido? No, pero agresivo tampoco. Además, yo sé lo que soy, yo sé cómo llegué, yo sé mirar para atrás. Pero también para adelante. Ni le hablo de cultura, de ir a una exposición de pintura. Voy a comprar un cuadro para adornar mi casa y porque me gusta, aunque no lo sepa explicar. Me gusta el tango y tengo 24 años. Quiere decir que no conozco muchas cosas de antes… Pero me gusta y es lo que más escucho. Le puedo nombrar letras enteras y autores. Lo de Manzi y lo de Discépolo, por ejemplo. Me gusta leer biografías. No soy un tipo con pretensiones de intelectual. Pero lo leo como distracción y algunas veces con interés, según lo que sea. Y leo fútbol. Y por nacimiento soy reo y me gusta el lunfardo, me gusta estar con los amigos de la infancia, la barra del fútbol de mi barrio”.

Calidad en estado puro, en el estadio de Racing. Para muchos, el mejor N° 2 de la historia del fútbol argentino.

Y cuando hablamos de los amigos, surge el nombre del Bocha Maschio. “Ahí tiene, ¿ve? Yo admiro al Bocha. Siento por él una amistad que va más allá del fútbol. Hasta quisiera ser como él en muchas cosas. Por su calidad, por su decencia, hasta por su valentía. ¿Sabe qué tipo es el Bocha? Y hasta por ser mayor que yo. Y porque ya le digo, es una persona de bien, discreto, modesto, así como me gustan a mí las personas, ¿me entiende? Por el fútbol estoy obligado a tratar mucha gente, pero las amistades las selecciono, pero intimar, elijo. Sé distinguir entre lo que llega por la popularidad y lo que me llega por mí como persona”.

Con la Copa del Mundo en la tapa de El Gráfico.

Perfumo no defrauda a la imagen que transmite. Es Roberto Perfumo sin postizos, sin afeites, sin afectaciones… Sólo es la cara de adolescente la que esconde la firmeza de sus convicciones, el equilibrio de sus conceptos. Aunque esa cara también sirve para exteriorizar por momentos una candidez sin elaboración, una frescura tan auténtica como la sencillez de su relato. La misma sencillez que aflora cuando habla de fútbol, cuando manifiesta sus dudas con relación a ese vocabulario crítico, exageradamente técnico… “El fútbol no es así, como pretenden algunos. Es algo más simple, menos complicado. Pegarle a una pelota no es un proceso tan difícil”. Quizás porque la complicación es ajena a su manera de ser, porque “lo difícil” no entra ni en su fútbol, ni en su vida, ni en sus gustos, ni en su lenguaje. Esa misma transmisión de naturalidad que cala hondo cuando está en el campo como cuando está en la calle. Por esa misma calle Las Heras donde caminamos ahora, donde el transeúnte indiferente gira la cabeza al individualizarlo. En ese “Chau, Perfumo”, de ese estudiante que entra velozmente en la Facultad de Medicina. En esa muchacha que levanta los ojos con disimulo al reconocerlo. En esa señora que le lanza cordialmente un “Adiós, Perfumo”, liberada de todo prejuicio. En ese chiquilín que le pide afectuosamente un autógrafo. En el canillita de cualquier esquina que lo palmea. Roberto no adopta ninguna pose. Responde al homenaje con un saludo que también lleva una sonrisa, mientras me mira de soslayo. “¿Vio lo que es esto?  -me dice sintiendo el halago- Hay gente que me para y me pregunta si le vamos a ganar al Celtic. Si vamos a traer la Copa del Mundo… ¡Es una barbaridad!”.

Ahora doblamos por Charcas. Roberto va al médico por una radiografía de un dedo del pie derecho, que casi le impide jugar en Montevideo. A las 9 de la noche se encontrará con su mujer, que vuelve de la Facultad. Después irán a cenar al restaurante Reno. Después a ver alguna película, y el regreso al departamento de la calle Barrientos… A la mañana siguiente entrenamiento, como todas las mañanas… Así sigue la vida. Plácidamente. Sin grandes acontecimientos, sin sucesos extraordinarios…

Salto a la eternidad. La elegimos como símbolo. Semejante portento físico y espiritual lo impulsaba a saltos como estos.

Así es Roberto Perfumo por dentro. Así es lo que transmite esa cara de adolescente, lo que va más allá del gran jugador, lo que va más allá de la popularidad, lo que supera a la fama.

¿Usted no lo conocía? ¿Usted pensaba “que era un muchacho bien”? ¿A usted le parecía “un chico sencillo”, “un jovencito equilibrado”? Su imagen es esta, la que dejó esta charla que tuvimos con él en su departamento de la calle Barrientos, la que mantuvimos mientras andábamos por la calle Las Heras… No nos atrevemos a definirlo, ni a ubicarlo como el ideal del deportista que todos pretendemos… Eso decídalo usted ahora que puede ver más allá de esa cara casi adolescente, que alguna vez despertó su curiosidad… Más allá del gran jugador, más allá del éxito en el fútbol, más allá de Racing…

Fotos: Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de abril de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 16/05/2016

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