LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Pablo Guiñazú, que veinte años no es nada…

- por Redacción EG: 13/05/2016 -

En 1996 dejó su provincia natal, Córdoba, para empezar una carrera que lo llevó a recorrer el mundo, a ser embajador en Brasil y a utilizar la camiseta de la Selección. Hoy, a punto de cumplir dos décadas en el fútbol profesional, el Cholo está de regreso, para tratar de llevar a Talleres a la Primera División.

En La Boutique, la cancha de Talleres, que es sensación y lidera la B Nacional. Viene del Federal A con ansias de Primera.

Tiene aroma a pueblo General Cabrera, más allá de que ostente un poco más de diez mil habitantes. Sus coquetas edificaciones y amplia vegetación adornan la ruta Nacional 158, que une las ciudades de Villa María y Río Cuarto. Sus habitantes lucen tonada bien cordobesa y la sonrisa a flor de piel. Y Pablo Guiñazú es un fiel representante de esa tierra de laburantes. No importa que se haya marchado hace 20 años con un bolsito lleno de ilusiones a Rosario. Siempre vuelve y sigue siendo el Cholito, el hijo del Hurón.

“Mi vida, mis amigos, mis vecinos, mi colegio, General Cabrera es mi pueblo y será siempre mi vida”, sentencia el ídolo de cientos de niños cabrerenses que sueñan con ser futbolistas. El lo soñó. Una tarde de verano de 1996 se fue de su provincia y prometió volver. Siendo un adolescente que tenía pasta de campeón viajó para formar parte del fútbol grande del país, creció en Newell’s, se coronó en Independiente, anduvo por Europa, dejó estampado su nombre en la memoria de los hinchas de Libertad de Paraguay, de Inter y Vasco da Gama de Brasil; y, además, se puso la camiseta de la Selección Nacional. Desparramó su juego en estadios de todo el mundo. Pero así como un día se prometió ser futbolista y lo cumplió, también logró regresar en forma a su provincia natal para cerrar su carrera con la camiseta de Talleres, aquella que lo tentó por primera vez a los 16 años…

-¿Es cierto que te probaste en Talleres?
-Sí, sí, es cierto (ríe), estuve dos días en Córdoba, probándome, pero mi decisión fue seguir jugando en la Primera de Acción Juvenil, en la Liga de Río Cuarto. No se dio, y al año surgió la posibilidad de ir a Newell’s y eso hice.

-Las cosas de la vida: ahora llegás a Talleres para cerrar el círculo...
-Así es, y feliz de estar acá, en este club que quiere seguir creciendo y lo está consiguiendo. Hay gente con ganas, que te contagia. No pienso en el retiro, sí en aportar mi esfuerzo para conseguir cosas.

-El 3 de noviembre cumplís 20 años como profesional, pero vos ya habías debutado en la Primera de Acción Juvenil de General Deheza…
-A los 7 años empecé a jugar en Acción Juvenil, y lo hice hasta los 17, cuando me fui a Newell’s. De allí tengo los mejores recuerdos, los mejores amigos, me acuerdo de los padres de mis compañeros que nos llevaban y nos daban el sándwich y el jugo. El mejor de los recuerdos, los quiero mucho, los sigo constantemente y son una gran parte de mi vida. A los 14 años arranqué en Primera, me hizo debutar el Cacho Fandiño, un fenómeno. Jugaba tipo enganche y tuve la suerte de hacer varios goles en la Primera de la Liga de Río Cuarto. Siempre comento que cuando diga basta del profesionalismo, cuando me vaya de Talleres, me encantaría jugar uno o dos partidos con la camiseta de Acción Juvenil. Sería un sueño, pero no me quiero adelantar: quiero ayudar y dar lo máximo en Talleres.

No quiere ni pensar en el retiro. Pablo Guiñazú tiene 37 años y las ganas de un pibe. Está en Talleres, donde una multitud acompaña la ilusión de ascender rápidamente a la A. Tal vez esas urgencias y esa motivación lo impulsan a ni pensar en abandonar las canchas. En la charla con El Gráfico repasa su extensa trayectoria.

Con uno de los trofeos ganados en el Inter de Brasil, donde es ídolo.

-¿Te acordás cuando dejaste tu casa para ir a Rosario?
-Sí, me acuerdo (los ojos se le iluminan y hace un gesto con los labios), estaba en el frente de mi casa, charlando con mi vecino y vino una persona de Newell’s. Llegó, dijo que estaba buscando a un tal “Charito, Chaito”. Le pregunté si no era Cholito. “Sí, a ese”, me respondió. “Soy yo”, le digo. Me saluda y pide hablar con mis viejos. A los minutos me llamaron para decirme que estaba la chance, si quería irme a probar a Newell’s, que ellos tenían información sobre mi juego. Y esta vez dije que sí, que era el momento de intentar en el fútbol, y después se dio todo muy rápido.

-¿Extrañaste?
-¡Puff! Extrañaba a mis papás, a mis hermanos, pero yo tenía bien claro lo que quería realmente. Fui, aguanté, viajaba seguido al pueblo porque eran interminables los días, pero empecé a jugar y estoy muy feliz por haber hecho el esfuerzo. Realmente valió la pena. Incluso hasta después me casé en Rosario, hoy tengo dos hijos impresionantes y con el tiempo transcurrido digo que valió mucho la pena.

-Pero pensabas que estaba difícil…
-Sí, pero tuve mucha suerte. Llegué en enero de 1996 y a mitad de año ya me habían pasado cosas maravillosas, como jugar en la Selección Sub 20, me habían subido a Reserva y ya Marito (Zanabria) me llevaba a hacer fútbol con la Primera. Eso era emocionante. Vivía en la pensión y había chicos que hacía cuatro años que estaban y luchaban por jugar y a mí en poco tiempo me pasaba de todo. Debuté ese mismo año en un clásico Newell’s-Central. Creo que aproveché la oportunidad. Cuando me subieron a Primera, me hicieron contrato y mis viejos se fueron a vivir conmigo. Se dio todo muy rápido.

-¿Qué es Newell’s Old Boys para vos?
-Siempre lo voy a decir: es el club al que le tengo un cariño impresionante, que me dio a conocer como jugador de fútbol, el que me dio la chance. La gente se comportó muy bien conmigo. A Newell’s le debo todo, y solo tengo agradecimiento porque confiaron en mí. Fueron casi cuatro años espectaculares.

-¿Existió realmente la posibilidad de volver a Newell's con Martino como DT?
-Sí, pero con Inter era muy difícil y hasta hubo muchos malentendidos. No me gusta hablar, y quizás lo haga cuando deje el fútbol, pero fue muy difícil salir de Inter. Le dije al presidente que si no me permitía ir a Newell’s, dejaba el club, pero en el Inter me habían dicho que si algún día me iba, solo me dejaban volver a Libertad de Paraguay, entonces eso hice después de seis años espectaculares en Inter. Yo tenía muchas ganas de ir a Newell’s en ese momento, se lo había dicho al Tata, pero no me dejaron, y Libertad me abrió las puertas de manera espectacular.

Jugó 119 partidos con la camiseta de Newell’s, tras aquel debut auspicioso en el clásico rosarino. En el 2000 emigró al Perugia de Italia, y al año siguiente retornó al país para sumarse a Independiente. Y en el 2002, con el Tolo Gallego, salió campeón. No fue un título más para Guiñazú: era el primero y se lo pudo regalar a su papá, fana del Rojo.

Fue una columna del Independiente campeón 2002 del Tolo.

-A veces me pongo a hablar y caigo en que no te das cuenta de lo que vas haciendo. Ganar no es fácil y es increíble haberle dado ese título a mi viejo. El vivía todos los partidos, iba a la cancha, y tampoco se perdía ni una práctica. Para mí fue lo máximo vivirlo con mi viejo. Me parece que sentía que estaba jugando él mismo. Teníamos un equipazo, increíble, un club maravilloso. Se habla del paladar negro, a todos les gusta jugar bien al fútbol, pero en Independiente te llamaba a jugar más y atacar más y encima nos salía todo.

-Tu papá falleció el año pasado, debe haber sido un golpe muy duro para vos, por la relación que tenías con él, ¿no?
-Oh, sí (suspira, hace silencio unos segundos). Estaba en la pretemporada con Vasco, en Brasil. Mi hermano me llamó, y no me quería decir nada. En el mensaje decía que estuviera tranquilo. Y me fui. Le dije al técnico que me tenía que ir, no sabía cómo estaba mi viejo y me volví a la Argentina. Le agarró un derrame, un ACV, fue muy fuerte, aguantó unas horas... Mi viejo tenía una fuerza increíble, te hacía reír todo el día, andaba de un lado para el otro. Vivió 66 años a full, muy bien vividos, todos los recordamos con una sonrisa y una anécdota para reírse. Y todos los días lo recordamos y eso es lo mejor.

-Recordás a tu papá con sus risas, y vos sos un tipo que se ríe mucho también…
-Estar de buen humor es todo, siempre lo digo. Cuando te levantás, tenés dos chances: estar de buen o mal humor. Podés tener días malos, somos seres humanos, pero no es bueno salir de la casa enojado. No tiene sentido. Siempre hay que ponerle buen humor, alegría, eso contagia y te da armonía. Soy así, me gusta reírme, hacer chistes, participar de momentos buenos, y acá en Talleres encontré un grupo maravilloso en ese aspecto.

-¿Tenés algún humorista preferido acá en Córdoba?
-Sí, pero ninguno de los más renombrados. El mejor de todos es Darío Sala, el arquero. Un crack. Ahora está en Estados Unidos y a veces lo llamo. Es increíble. Lo conocí en Independiente. Lo que mejor me pasó fue eso. Te hace reír todo el tiempo.

En Libertad de Paraguay.

-¿Cómo evaluás tu experiencia en Rusia?
-Estuve un año y medio en el Saturn, fue una experiencia maravillosa. El nivel de fútbol era muy bueno, con muchos extranjeros. Una técnica impresionante. Y compartí equipos con muchos argentinos, con Pusineri, Pavlovich, el Rolfi Montenegro, Barijho, Bastía, el uruguayo Javier Delgado, que había jugado en Colón, el paraguayo Oscar Díaz, un grupo espectacular... Nos reíamos todo el tiempo, no entendíamos nada. Pasamos un año espectacular. No era fácil jugar. Muchos piensan que vas a Rusia y jugás de taquito. No, no es así. No nos alcanzó para salir campeones, pero nos fue muy bien.

-Y después del frío de Rusia, al calor de Paraguay…
-Cuando fui a Libertad hice una relación muy linda con todos. El presidente nunca pensó que iba a elegir a ese club después de Saturn: tenía 24 años y ya había sido convocado a la Selección, tenía otras posibilidades para volver a la Argentina, pero fui a conocerlo, me planteó lo que quería, vi el club, con sus hinchas fieles, y un club modelo, con sueldos al día. Les dije que sí, que iba a ir a jugar allí, que arreglaran con los rusos. No lo podía creer y hasta el día de hoy está agradecido.

-Estás hablando del actual presidente de Paraguay, ¿no?
-Sí, Horacio Cartes. El paraguayo es un pueblo servicial, te hacen sentir como tu casa. Jugué dos Libertadores, perdimos en semifinales y en cuartos. Tengo mi casa en Paraguay y mi idea a futuro es, tal vez, irme a vivir ahí, hice una raíz muy fuerte.

-En Libertad tuviste a Martino, ¿qué significó en tu carrera?
-Sin faltarle el respeto a nadie, es el mejor técnico que tuve. El y Tite, el DT brasileño que hoy está en Corinthians y me dirigió en Inter. Muy inteligentes y preparados ambos. El Tata es espectacular y no me canso de repetirlo. Tiene una manera de conducir el grupo, es sincero y contagia.

Precalentando, hoy. Se perdió los primeros 40 días de competencia por una fractura.

-En el Inter de Porto Alegre te ganaste a toda la gente, además de 9 títulos…
-El fútbol brasileño es muy competitivo, muy parejo. Tengo grandes recuerdos de Inter y de Vasco también, los hinchas me demostraron cariño a pesar de ser argentino. No es fácil el tema. Cuando llegué a Inter tuve muchas peleas con árbitros, eran agresivos. En ese momento, 2007, no eran tantos, solo habían pasado Mascherano, Seba Domínguez, Tevez y algunos más. Creo que impusimos que el argentino puede ir a Brasil y romperla. En Inter ganamos todo, marcamos una historia linda en seis años y solo nos faltó el Mundial de Clubes. Hicimos un lindo desastre.

-¿Qué significó para vos haber jugado en la Selección?
-Si jugar al fútbol es lindo, llegar al predio de AFA y ponerte la ropa de la Selección es increíble, se te cae el mundo… estás en el vestuario y de un lado se cambia Messi y del otro, Mascherano e Higuain, es impresionante. Si sos jugador de fútbol, siempre querés ganar, pero si te citan a la Selección, te das cuenta  de que valió la pena todo. Que te citen a la Selección es lo más lindo de todo.

-¿Podés decir que cumpliste todos tus sueños en el fútbol?
-Uhhh, creo que hasta más… Cuando uno encara, encara con todas las ganas, pero no es fácil. Hoy, a los 37 años, me genera un gran orgullo haber vivido lo que viví. Y me siento muy muy feliz.

El fenómeno de la T
Talleres de Córdoba lidera el torneo de la B Nacional y sus hinchas están enloquecidos. Al 15 de marzo ya se habían asociado más de 30.000 fanáticos albiazules. La T viene de sufrir en el Federal A, donde también sus hinchas mostraron una fidelidad impresionante, llenando canchas en todo el país. Actualmente, la dirigencia encabezada por Andrés Fassi armó un plantel experimentado para lograr el segundo ascenso consecutivo, ahora a la Primera División. Y uno de los nombres estelares de la plantilla es el de Pablo Guiñazú, quien se perdió los primeros 40 días de competencia por una fractura de maxilar producida en un amistoso con Racing de Córdoba. “Acá hay un grupo de gente que está trabajando muchísimo para lograr el ascenso. Todo el club, jugadores, técnicos, utileros, los que están arreglando la tribuna, dirigentes, todos están trabajando para que Talleres crezca, y concretar el gran sueño”.

Por Marcos J. Villalobo / Fotos: Nico Aguilera

Nota publicada en la edición de abril de 2016 de El Gráfico

Por Redacción EG: 13/05/2016

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