LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Giovani Lo Celso: “Coudet me descubrió y me potenció”

- por Darío Gurevich: 10/05/2016 -

El nuevo crack del fútbol argentino es rosarino. El enganche que idolatra a Di María repasa su historia, le agradece a su técnico por el momento que vive, y jura que no es osado fantasear con Central campeón de América. A disfrutarlo de cerca mientras dure.

Debutó hace menos de un año en Primera y ya se roba los elogios. "Vivo un sueño", dice en el predio de Arroyo Seco.

El periodismo especializado se regodea; asevera que se trata del nuevo rubí del fútbol argentino, de la aparición más deslumbrante del último año. No se exagera. Los futboleros también lo piensan así, más allá de los fanatismos. Todos elogian a Giovani Lo Celso. Su juego, tan simple como elegante, lo genera. Pero al pibe, que cumplirá 20 años el 9 de abril, que resulta uno de los responsables de la actualidad angelical de Central, se lo desconoce.

Cuando se lo tiene a disposición, se lo nota educado, ubicado, suelto para conversar y con personalidad hasta para preservar en el anonimato alguna mala experiencia. En la intimidad, no lo llaman ni Gio ni Giova, sino Mono o Monito. “Desde chico, me lo puso mi papá, Juan, y quedó”, resume.

Para este rosarino, sus familiares directos representan su motor. Siempre lo alentaron y lo respaldaron, sea su padre, su madre -Sandra-, sus hermanas más grandes -Luciana y Agostina-, y su hermano menor -Francesco, que se proyecta como un calco del Mono en la Séptima del Canalla-. Central es su pasión; su romance con el club comenzó mucho antes de haberse incorporado a las inferiores. “Soy del barrio Sarmiento y viví toda mi vida a cinco cuadras de la cancha. Encima, iba al club Regatas, que está al lado del estadio. Mis amigos son canallas; y cuando empecé a ir al Gigante de Arroyito, me quedé encantado. Fui por primera vez con Luciano, un amigo de siempre, y Gustavo, su papá, a la platea Río. Después, mi hermanito se hizo tan fanático como yo y mi papá nos llevaba de visitante cada vez que podía. Seguíamos mucho al equipo”, afirma. 

No se acuerda de una anécdota que lo haya marcado eternamente en el Gigante. Se toma unos segundos, piensa y, de golpe, una imagen lo invade. “La mejor se dio cuando fui mascota. Jugábamos contra River; creo que en el 2003. En la foto de la formación, estoy abrazado a Mariano Messera. En ese equipo, estaba también el Loncho Ferrari, hoy mi compañero. Aquel momento fue un flash, una locura. No entendía nada, porque era muy chico. Miraba a la gente en las tribunas. Acá, el fútbol se vive con pasión y ser hincha de Central es una linda enfermedad -sentencia-. Después, fui alcanzapelotas. Ahí era más grande y ya soñaba con jugar en el Gigante, que se llena siempre”.

Inquieto, andaba de acá para allá con la pelota. Sin saberlo, la cuidaba desde chiquilín. Se inició en el baby en el colegio San José, se lució en la academia de Jorge Griffa y lo ficharon de una para la Novena del Canalla. Zurdo, de buena pegada, es un enganche de pura cepa, un conector de líneas por naturaleza, al margen de que también lo pararon de volante por izquierda durante algunos años en inferiores. “No sé si era bueno. Desde chico no me acompañaba el físico y me costó mucho. Al principio, iba al banco y no tenía esa claridad que se pretendía”, cuenta. En inferiores, conoció la gloria: dio la vuelta en la Novena y en la Sexta, siempre con su categoría, la 96. Lógicamente, corría mucho menos que en la actualidad porque el ritmo es menor que en la Primera. Sin embargo, el Mono se adaptó rápido a las exigencias de la máxima categoría. Debutó el 19 de julio pasado ante Vélez con apenas 19 años. “Solo me cambió la vida en lo deportivo, por la responsabilidad que uno toma adentro de la cancha. Jugar en Primera es un mundo nuevo, pero tengo la misma tranquilidad y humildad de siempre. Me apoyo tanto en mi familia como en mis amigos, y hago lo mismo que antes: me junto con los chicos a tomar algo en el club por la tarde y miro la práctica de fútbol de salón. Sí tomo otros recaudos y me resguardo. Rosario es una ciudad muy futbolera y por eso hay cosas que no puedo hacer”, explica.

-Para un pibe como vos, ¿qué es ser el enganche de Central?
-Es un orgullo; vivo un sueño, por mi presente en un club tan grande, porque soy hincha del Canalla. Me toca jugar en uno de los mejores equipos de la historia de Central. Lo disfruto y estoy muy feliz.

-¿Te sentís el conductor del equipo?
-¡No! Pero cuando entro a la cancha, debo asumir esa responsabilidad. Es lo que me toca y no me pesa.

-¿A quién idolatrabas en tu infancia?
-Miraba mucho a Angelito Di María, un pibe que, además, es hincha de Central. Siempre le seguí la carrera. Cuando juega, me siento a verlo. Su humildad es lo que lo hace grande.

-¿Te parecés en algo a Di María?
-Sí, somos hinchas de Central y zurdos (se ríe). Después, nada más. Yo no estoy ni cerca de lo que juega Angelito. A mí me gusta mucho porque es un volante dinámico que llega al gol, que asiste a sus compañeros, y es muy difícil que le saquen la pelota en el mano a mano. No solo lo miro a él, sino que trato de sacar cosas de distintos jugadores.  

-¿Copiarles movimientos a Messi, a Neymar o al propio Di María es imposible? 
-Sí, es medio imposible. Ellos tienen jerarquía y son estrellas mundiales.

-¿Qué te sorprende de esos monstruos?
-La dinámica. Son rápidos, desequilibrantes, y apuestan al mano a mano. También, miro mucho a Iniesta, que es un asistidor, que juega con la cabeza levantada, que trata de tener siempre la pelota en los pies.

-¿Sos de seguir al Barcelona?
-Miro mucho fútbol internacional: de Italia, de España, de Inglaterra. Me gusta ver al Barcelona, porque tiene un gran equipo y muy buenas individualidades. En lo que pueda, miro para aprender.

Ante Newell´s, no falla al cuidar la pelota. "Mi juego tiene mucha improvisación", afirma.

-¿Cuánta improvisación tiene tu juego?
-Mucha. Si bien el técnico te da indicaciones, uno se desenvuelve solo adentro de la cancha. A mí me sale improvisar.

-¿El Chacho Coudet te descubrió o te potenció?
-Las dos cosas. Coudet me descubrió y me potenció. Es el entrenador que me dio la posibilidad de estar en Primera, que decidió que yo jugara en el Gigante por primera vez. Por eso digo que me descubrió. Y me potenció porque partido tras partido me aconseja algo distinto, siempre para mejor. Lo escucho bastante y trato de aprender.

-¿Qué te pide?
-Cuando no tenemos la pelota, tengo que presionar para ayudar a recuperarla. Cuando es nuestra, debo saber administrarla, manejar los tiempos, y tratar de estar cerca de los delanteros para asistirlos.

-¿Qué de todo eso hacés bien y qué mal?
-No hago ni muy bien una cosa ni muy mal otra. Sé que tengo errores y trabajo para corregirlos. Lo mejor, para mí, sería no errar un pase en todo el partido.

-¿Cuál fue el reto más efusivo que Coudet te dio?
-No lo recuerdo (se ríe). Pero los retos los tomo bien porque son para mejorar. El Chacho vive los partidos de manera pasional, y nosotros lo entendemos. 

-¿Cuáles son las tres claves del funcionamiento de Central, el equipo que mejor juega en el fútbol argentino?
-La dinámica, el juego en equipo y la presión en todas las líneas. Somos un equipo corto que intentamos recuperar rápido la pelota para controlarla, manejarla, y atacar.

-¿Cuándo empezaste a creer que sos vital en el engranaje?
-Nunca lo creí. Tuve la oportunidad y traté de aprovecharla. Gracias a Dios, pude jugar una linda seguidilla de partidos.

-¿Central es una máquina de atacar?
-El equipo va al frente constantemente. Los centrales se paran casi en la mitad de la cancha, y eso hace que descansemos con la pelota. A veces, no tenemos el volumen de juego que queremos. Pero generamos muchas situaciones de gol. Debemos ser el equipo argentino que más pateó al arco en el último año. Igual, no solo atacamos, sino que también nos defendemos bien. 

-¿Lo más importante que lograron es haber sostenido la idea en el tiempo?
-Sí; en este competitivo fútbol argentino, en el que no se respetan los plazos largos, mantener una idea de juego hace más de un año es muy difícil. Nosotros apuntamos a ser protagonistas en todas las canchas. Se vio claro ante Palmeiras, en Brasil, por la Copa Libertadores. Ellos solo pasaron la mitad de la cancha una vez en el segundo tiempo, y esa jugada justo terminó en gol. La idea puede salir bien o mal, pero Central no se achica y le hace frente a cualquiera.

-¿El equipo llegó a su techo o tiene margen para crecer?
-Se puede crecer. Como dijeron muchos de mis compañeros, sabemos que la vara está muy alta. La gente nos va a exigir cada vez más. Pero este equipo no tocó su techo y hay cosas para corregir. Vamos por el buen camino. Esperemos coronar este proceso con algún título. Este grupo y la gente de Central se lo merecen. El año pasado peleamos el torneo local hasta lo último y a todos les quedó claro qué pasó en la final de la Copa Argentina contra Boca. Entonces, tenemos la espina clavada y, sin dudas, vamos por la revancha.

-Este año disputás la Copa Libertadores por primera vez. ¿Te motiva más jugarla?
-Me motiva jugar, sea la Copa o el torneo local. Estoy en un club grande y tengo que defender la camiseta de la mejor manera posible.

"Caerse está permitido, levantarse es obligatorio", le dijo Federico Mancuello, su amigo. El Mono la tomó como su frase de cabecera.

-¿Es osado fantasear con Central campeón de América?
-No; Central está muy bien, no negocia su idea y, como decía, intenta ser protagonista en todas las canchas.

-¿Qué sueños te gustaría concretar a lo largo de tu carrera?
-Primero, quiero salir campeón en Central. Después, me proyecto cosas en la vida. Me gustaría jugar en la Selección Argentina, por ejemplo. Desde chiquito, lo deseo. Pero el sueño cercano es dar la vuelta olímpica con la Primera de Central. 

-¿El interés del Atlético de Madrid y del Inter son ciertos?
-Estoy ajeno a eso. Disfruto mucho de jugar en el club del que soy hincha. Soy un agradecido. El equipo está en un gran momento y a uno no le da para pensar en otra cosa. Si fuera por mí, jugaría toda mi vida en Central.

Los consejos de Domínguez y Ruben
Cuando Marco Ruben, hoy capitán, líder y símbolo de Central, empezó a desplegar su estirpe de goleador en la Primera del Canalla, el Mono lo gozaba, sea en el Gigante o en la cancha que tocara. Cuando Nery Domínguez comenzó a dejar la piel por los colores en el plantel superior, Lo Celso también lo disfrutaba aunque bajo otro concepto. Porque Giovani se acercaba a convertirse en un par; era un pibito con destino de Primera. “Los más grandes me aconsejaron siempre -avisa el Monito-. Nery es un gran amigo, compartimos muchas cosas juntos. ‘Tu lugar lo tenés merecido, pero no bajes los brazos porque te vas a lamentar. Cuando te llegue la oportunidad, debés demostrar por qué estás ahí’, me repetía. Desde que debuté en la Primera, intenté hacer lo mejor adentro de la cancha para armarle un lío al técnico, en el buen sentido, y que no me pudiera sacar”. ¿Qué te dijo Marco? ¿Qué te sugirió, Mono? “Divertite adentro de la cancha. Hacelo con seriedad, pero disfrutalo mucho”.

Por Darío Gurevich / Fotos: Leonardo Vincenti

Nota publicada en la edición de abril de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 10/05/2016

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