Notas de la revista

Dominic Thiem: “Puedo ser una amenaza”

Suena la alarma para los mejores del circuito: hay un joven que es proyecto de top ten. Charla íntima con el 19 del mundo que conquistó el Argentina Open: su cambio de estilo y su clic mental, las claves del éxito. Sueña con ser el primer austriaco en ganar un Grand Slam que no sea Roland Garros.

Les moja las orejas a los grandes con 22 años. Ganó el Argentina Open en su primera vez en nuestro país.

Es lunes 8 de febrero, feriado por carnaval en la Argentina. Empieza a caer una de las tantas tardes sofocantes en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Dominic Thiem acaba de concretar su primera y única victoria en dobles en el Argentina Open. Junto a su amigo, al serbio Dusan Lajovic, borraron del mapa a la pareja conformada por Tsonga y Muñoz de la Nava. El austriaco, que debutó al día siguiente en el cuadro principal de singles, atiende en exclusiva a El Gráfico. Es el único tenista del torneo que este medio pidió entrevistar mano a mano, producir en definitiva. No lo buscamos porque solo creíamos en su potencial para adueñarse de este ATP 250, como ocurrió; sino, y en especial, porque es un proyecto de top ten que pisaba nuestro país por primera vez.

El 19 del mundo se encuentra sentado en una banqueta en la zona mixta como si fuera un pibe normal. De hecho, se presenta así: remera, bermuda y ojotas deportivas. Se lo nota tímido; no se extiende más de 30 segundos en cada respuesta, y tampoco profundiza determinados conceptos que hacen a su pasado. Reconoce que lo mejor que le pasó en su vida fue haber conseguido su primer título de ATP en el Abierto de Niza 2015, y cuenta lo peor que le sucedió: “Estuve internado en el hospital un mes por una intoxicación alimentaria. Fue una situación difícil. Tenía bacterias en mi estómago y me internaron para sacármelas y curarme”.

-¿Qué situación te marcó durante tu infancia?
-No me acuerdo de una historia específica, pero hay muchas que me marcaron como persona.

-¿Desde chico eras tan buen jugador como en la actualidad?
-Era bueno, pero no tanto como ahora (se ríe). Pienso que cada año me desarrollé más y más como tenista, y espero seguir así.

-¿Cómo era tu estilo de juego de más joven?
-Muy defensivo. Por eso, lo más importante era volverme más agresivo en el juego. Para eso, mi estilo lo cambié completamente.

Nació en Wiener Neustadt -ciudad que está, por ruta, a 56 kilómetros de Viena-, hace 22 años. Sus padres son entrenadores profesionales de tenis, pero su coach es otro. Desde 2004, Gunter Bresnik (ex coach de una leyenda como Boris Becker; ex capitán de Austria en Copa Davis entre 1992-93 y 1998-2004) moldea su juego.

Dominic jamás tuvo un ídolo en particular. “Solo miraba a todos”, agrega. Finalista de Roland Garros Junior 2011, se convirtió en profesional durante ese 2011 y se sometió a los métodos inusuales de entrenamiento de Bresnik, que constaban de levantar troncos, además de correr muchísimos kilómetros. “Eso ocurrió hace tres años. El tour es muy difícil, sobre todo cuando sos joven. Para crecer, tenés que hacer cosas fuera de lo normal”, resume. Entre noviembre de 2014 y abril de 2015, no le quedó otra que realizar el servicio militar en su país. ¿Cómo juega? Rafael Nadal, ex número 1 del mundo, lo describe: “Es completo: muy buen revés, muy buen saque, y muy buena derecha. Aparte, tiene los tiros para jugar bien sobre polvo de ladrillo”.

-¿Qué tipo de rival te complica?
-No me gustan los tenistas que juegan muy rápido, porque quiero tomarme mi tiempo para pegarle a la pelota. Por eso, me gusta jugar sobre polvo de ladrillo.

-¿Qué fue lo más curioso que viviste en cinco años como profesional?
-Realmente, hay muchas historias… La mayoría de los tenistas están locos; eso seguro. Por lo general, llevamos una vida muy buena, muy agradable. Te pasan muchas cosas semana tras semana en la gira, y creo que las podré contar de más grande. Son demasiadas experiencias como para recordarlas ahora; me las acordaré cuando sea viejo. 

-Tu rendimiento asombró el año pasado al jugar un montón y ganar tres títulos: Niza, Umag, Gstaad; todos sobre polvo de ladrillo. ¿Qué cambió en vos para producirse ese despegue notable?
-La mayoría de mis cambios fueron mentales. Llegás como un jugador joven y, de pronto, te empezás a enfrentar ante tenistas que solo conocés a través de la televisión. Entonces, de golpe, te encontrás ahí, donde siempre soñaste. Esa es una situación dura, desafiante. Al principio, tenés mucho respeto. Nunca pensás que podés camuflarte entre los jugadores tops. A medida que avanzás en la gira, funcionás mejor. Tener en la cabeza que sos capaz de derrotarlos es lo más importante. Cuando eso pasa, podés empezar a ganar títulos.

Ningún jugador le recomendó competir en Buenos Aires. “Lo decidí por mí mismo. Esta era una oportunidad perfecta para venir por primera vez a la Argentina”, dice.

Sólido y agresivo se mostró en el Argentina Open. Carreño Busta, Elías, Lajovic, Nadal y Almagro lo padecieron.

Thiem desempolvó el disfraz de valiente y salió a tropezar. Pero no cayó; arriesgó y ganó el Argentina Open. Dueño de un revés a una mano, de una derecha precisa y profunda, de un saque potente, redondeó una semana colosal. Es cierto que cedió cuatro sets en cinco partidos, aunque llamó la atención su aplomo, su cordura, su tenis, para superarse en la adversidad. Pudo haber quedado afuera ante el portugués Gastao Elías en la segunda ronda, pero dominó el tie break en el segundo set y se llevó el tercero por 6-3. Pudo también haber perdido frente a Rafael Nadal -la máquina que comenzó a humanizarse- en las semifinales, aunque sobrevivió a un match point y cerró el juego en el tie break por 7-6 (4). Qué situación esa: tie break. Porque el austriaco afrontó cuatro en el certamen, dos en la final, y se impuso en todos.

Los espectadores empezaron a respetarlo como corresponde cuando sacó del cuadro a Nadal. “Si no era agresivo, no tenía chances. Traté de jugar a las líneas y tuve suerte en ese sentido. Intenté presionar con el saque y definir con la derecha. Fue un partido duro y parejo desde el principio. Es increíble haberle ganado a un jugador como Rafa. Fue el mejor triunfo en mi carrera”, aseguró en conferencia de prensa, adelante de una multitud. 

La primera vez que venció a un top ten (Stan Wawrinka lo sufrió en el Abierto de Madrid 2014) se sintió mal, un tanto enfermo, al otro día. Por suerte, en Buenos Aires, nada de eso sucedió: gozó de buena salud, barrió a Nicolás Almagro por 7-6 (2), 3-6 y 7-6 (4), y se apoderó de su cuarto título. Sin embargo, pongamos un punto y aparte y regresemos a la charla que se dio en el amanecer del torneo, cuando Dominic era apenas una incógnita, un tenista por descubrir por el grueso del público.

-Hablemos sobre vos. Sé que sos hincha del Chelsea y que te apasionan las competencias de salto de esquí. ¿Disfrutás más al ver a tu equipo, los duelos de salto de esquí, o a Lionel Messi en una cancha?
-Lo que más disfruto es mirar al Chelsea. Messi es un gran futbolista, pero juega para el equipo equivocado (se ríe). Es uno de los grandes de todos los tiempos; compraría una entrada para verlo jugar, porque es un placer. Espero que pueda ganar la Copa del Mundo con Argentina algún día.

-¿Quiénes son los futbolistas que más te gustaron en el Chelsea?
-Drogba, Lampard, Gianfranco Zola… Cuando jugaban, se podía detectar cuánto querían ganar; ese deseo de ganar… Son reconocidos y obtuvieron mucho dinero, pero uno podía ver cuánto trabajaron, cuánto se esforzaron, para concretar ese deseo de ganar. Eso, realmente, me impresionó.

-Conversemos sobre tenis. ¿Sos una amenaza para los mejores del circuito?
-Si tengo un muy buen día, seguro que puedo ganarles. Pero todavía no soy una amenaza constante para ellos. Si continúo trabajando duro, puedo ser una amenaza para los tops del tenis.

-Tenés condiciones para convertirte en un jugador de excelencia. ¿Coincidís?
-Sí, porque tengo un juego completo sin muchas debilidades. Pero necesito un poco más de tiempo para desarrollar todo lo bueno que hago.

-¿Qué aspectos de tu tenis deberías corregir lo más rápido posible?
-Todavía hay mucho por mejorar, sobre todo los movimientos de mis piernas, mi saque y mi devolución.

-¿Cuál es tu sueño?
-En Austria, solo tenemos a Thomas Muster que ganó Roland Garros (en la edición de 1995). Entonces, opino que los jóvenes de mi país queremos lograr otro de los tres Grand Slams para que alguno sea el primer austriaco en conseguirlo.

-¿Tu objetivo para este año es terminar en el top ten?
-Esa es una situación muy difícil. Si terminara en el top 20, sería un buen año. De esa manera, tendría buenos resultados en los tres Grand Slams que faltan jugarse y en otros torneos, como los Masters. Obviamente que sería muy lindo obtener algún título.

A esta altura de la temporada, cumplió con uno de sus cometidos en el Argentina Open; pulverizó las estadísticas y quebró siete ediciones de hegemonía española. Aquí y ahora, solo resta una pregunta: ¿quién frenará a este talento? Lástima que Dominic ya no está en Buenos Aires para responder.

“El mejor título que gané”
“¿Qué sería jugar un torneo perfecto en Buenos Aires? Ganarlo”. El austriaco se expresó así después del triunfo inicial, ante el español Pablo Carreño Busta, en el cuadro principal. A medida que avanzaba en la competencia, le bajaba el tono a su declaración: “Este es el torneo más difícil de la semana. El cuadro del Argentina Open es más fuerte que el del ATP 500 de Rotterdam. Es increíble los jugadores que compiten aquí. Sería mucho si dijera que lo voy a ganar”. Consumada la victoria frente a Nicolás Almagro, afirmó: “Esto es asombroso para mí. Este es el mejor título que gané. El torneo fue increíblemente fuerte, y salvé match points en dos partidos; y en la final, saqué adelante dos tie breaks. Tuve un poco de suerte, obtuve un torneo fuerte, y fue la mejor semana de mi carrera”.

Por Darío Gurevich / Fotos: Sergio Llamera

Nota publicada en la edición de marzo de 2016 de El Gráfico