Fútbol

Miguel Almirón, la joyita de Lanús que sueña con jugar en River

Revivimos la entrevista de presentación que le hicimos a la revelación de Lanús, el Di María paraguayo. Conocé la historia del pibe de 22 años que fue pedido por Guillermo y que Ramón Díaz sigue de cerca para su Selección.

Miguel, sonríe para El Gráfico en una de las plateas de Lanús. FOTO: El Gráfico.

Como todas las tardes, el pequeño Almirón se entretiene con la Super Nintendo con sus amigos Juan Andrés y Guillermo Enrique. Pero un día su padre Rubén, que los veía enamorados por el "Super Star Soccer", tuvo la extraordinaria idea de entrar a los gritos en la sala y preguntar a quién le gustaría practicar de verdad el fútbol. En ese instante, a Miki se le transformaron los ojos en un dos de oro y rápidamente tiró el joystick al piso para comprometerse eternamente con el amor de su vida, la pelota.

Miki es Miguel Ángel Almirón Rejala, oriundo del barrio San Pablo, ubicado en Asunción, Paraguay, y que llegó a Lanús en agosto del año pasado luego de romperla en el fútbol guaraní y demostrar que le quedaba chica esa liga. Se inició en el club 3 de noviembre a los siete años como lateral izquierdo pero como subía y subía para atacar y no volvía, el entrenador Paiva lo ubicó de enganche para abastecer a sus compañeritos que se cansaban de hacer goles.

El que lo acompañó siempre fue su abuelo Chelo, el señor Lino Mercedes Almirón: "Él siempre me llevaba a todos los partidos. Con él hice de todo: nos levantábamos temprano y ya nos íbamos a los partidos, a las prácticas. A veces eran re lejos, pero a nosotros no nos importaba: tomábamos tres colectivos, caminábamos cuadras y cuadras, no importaba si llovía o hacía mucho calor. Siempre me acompañó, siempre estuvo a mi lado, por eso siempre voy a estar agradecido a mi abuelo que me apoyó en todo momento", recuerda emocionado Almirón al hablar de su Nono, quien hasta ahora se deleita al verlo en una cancha.

Cumplió la etapa infantil y lo llevaron al club Nacional (el que perdió la final de la Copa Libertadores contra San Lorenzo, en el 2014), pero "no quedé, tampoco me gustó el ambiente. Cuando salgo de ahí, mi tío Diego me dijo para ir a probarme a Cerro". Quedó en el equipo de Barrio Obrero, del cual es hincha. Sin embargo, a los 17 explotaría por fin su magia, de la mano de Hernán Acuña, entrenador de las Divisiones Inferiores: “Me dio cinco partidos para demostrarle que podía jugar y desde ahí no salí más, hasta fui capitán del equipo. Desde ahí jugué, jugué, jugué y jugué. Hasta Blas Cristaldo me llamó para las Selecciones Juveniles”, cuenta con alegría el pibe de 22 años.

Así jugó Almirón en Cerro Porteño.

Formó parte del equipo que a finales de 2013 salió campeón invicto, pero pasó de promesa a realidad recién en mayo de 2015 cuando convirtió los dos goles a San Lorenzo para que Cerro se coronara una fecha antes del torneo. Y para despedirse de la mejor manera, estampó dos goles más en la última fecha ante Rubio Ñu.

-¿Quién te apodó como el Di María paraguayo?

.(Se ríe) El presidente de Cerro (Juan José Zapag) me puso ese apodo porque mi juego y mi físico se asemeja mucho al de él. Es un orgullo que me comparen con Di María, pero es algo exagerado. Ojalá llegue a su nivel.

Almirón no toma mate, “solo tereré”. Al principio se pone nervioso, la rodilla no le para de temblar: es una de sus primeras entrevistas a fondo. Confiesa que admira a Sebastían Leto (actualmente en el Panathinaikos griego) y al Laucha Acosta y asegura que el mejor equipo de Argentina es Rosario Central.

"No pude seguir la facultad, pero me gustaría aprender inglés", dice el ex Cerro Porteaño. FOTO: El Gráfico.

Con el otro Almirón, Jorge, el entrenador, el que está todos los días con él desde enero, obtuvimos un pequeño perfil del crack: “Es muy bueno en el mano a mano y tácticamente es responsable. Contagia con su forma de jugar, con su alegría. No lo conozco mucho, pero es muy profesional. Lo que más me sorprende de él es que me mira a los ojos cuando le doy indicaciones. Eso, no lo consigo con muchos”. ¡Puf! Tremendo y manso piropo le regaló su técnico.

-¿Quién es tu ídolo futbolístico?

-Enzo Francescoli.

-¿Lo conociste?

-Sí, cuando estaba en Cerro y jugamos acá contra Lanús en la Copa Libertadores. Entrenamos en el Monumental. Nos dirigía Astrada y yo le había pedido a Hernán Díaz que me concentrara para ese partido porque lo quería conocer. Francescoli vino al hotel en donde estábamos, me regaló una camiseta, me la firmó y me saqué una foto con él. Es mi ídolo.

- Volemos un poco: si bien estás muy cómodo en Lanús, ¿te gustaría pasar primero por un equipo grande del fútbol argentino o pegarías directamente el salto a Europa?

- Como vos decís: en Lanús estoy muy bien, pero me gustaría jugar en River, es el sueño de mi vida. Y como todo jugador, también me gustaría pegar el salto a Europa.

-¿Cuándo estuviste con Francescoli no le manifestaste que te gustaría jugar en River?

-(Risas) No, me saqué la foto, le agradecí y me fui.

El maravilloso gol que le convirtió a Racing la semana pasada.

-Ya estuviste convocado para la Selección Mayor, ¿qué te dijo Ramón Díaz?

-Me convocó para jugar un amistoso con Chile, después de la Copa América. Jugué cinco minutos en ese partido. Me dijo que siga trabajando, que el fútbol argentino me iba a venir muy bien. Ramón es un técnico ganador y motivador, eso lo sabemos. Espero que le vaya muy bien.

-¿Tenés alguna esperanza de que te convoquen para la Copa América de este año?

-Sí, claro que sí. Estoy trabajando duro para eso y esperando la oportunidad.

-¿Qué te dejó Guillermo Barros Schelotto como entrenador?

- Aprendí mucho con Guillermo y con Gustavo, también con el profe Valdecantos que me obligaba a entrenarme duro en el gimnasio. Quería que les vaya muy bien en Palermo porque él me trajo y  le agradezco mucho. Pero el domingo, el domingo le quiero ganar, ja.

-¿Cómo te ves el domingo a las 22, después del partido con Boca?

- Ojalá que el domingo nos vayamos felices, por mis compañeros y por la gente de Lanús que siempre nos apoya. Me encantaría hacerle un gol a Boca, es mi sueño…

Almirón, que viene de convertirle un golazo a Racing en el Cilindro, sueña. Sueña como todo pibe de 22 años que comienza a sentir el rigor de la vida. Quiere hacerle un gol a Boca, lo desea. Como también algún día le gustaría vestir la banda roja sobre su pecho. Y como dice la letra de Callejeros, su banda preferida, “este sueño (jugar al fútbol) es la razón de (su) vida para seguir soñando”.

 

Por Matías Escobar / Fotos: El Gráfico.