Notas de la revista

Jurgen Klopp, el Quinto Beatle

Desde que se hizo cargo del Liverpool, el técnico alemán revolucionó al club y a su gente, que clamaba por un líder y hoy lo reverencia como si fuera la estrella del equipo. Pensamiento e ideas del entrenador que concibe el fútbol como un rock ‘n roll bien pesado y lleno de emociones.

Cuando Jürgen Klopp aterrizó en Liverpool, nunca esperó que lo recibieran como un mesías. “Yo no soy The Special One, yo soy The Normal One. En serio, ¿de verdad hay gente en este cuarto que crea que yo pueda hacer maravillas? No, soy un tipo normal. En este momento, en la Selva Negra, mi mamá debe estar mirando esto y no debe entender una palabra de lo que estoy diciendo en inglés, pero debe estar muy orgullosa. Y ese soy yo, fui un jugador promedio, me convertí en técnico en un club muy especial, el Mainz, y después tuvo la suerte de llegar al Dortmund, donde pasé siete años inolvidables. Y ahora estoy aquí, dispuesto a disfrutar del trabajo, con una mochila de 20 kilos por la tradición que tiene el Liverpool, pero dispuesto a hacer un fútbol de emociones, que en Anfield se valora mucho. Y aquí estoy, un tipo normal hablando con la prensa inglesa, de la que todos me han hablado y ahora depende de ustedes demostrar que me han dicho puras mentiras”.

En su presentación como entrenador de los Reds, Klopp dejó suficientes títulos como para transformarse en uno de los grandes entertainers de la Premier League.

El público que inmortaliza el himno “You’ll Never Walk Alone” lo abrazó como si se tratara de un salvador. No llegaba una idea de juego, ni un resucitador de talento. Llegaba un líder, un reclutador de emociones. “We believe”, dicen las banderas en las tribunas de Anfield, como si el 1,93 de Klopp ahora marcara el camino de un pueblo apasionado que marchaba sin rumbo. El rostro de Klopp es tan reconocible como el afiche del Tío Sam que pedía soldados para los Estados Unidos. Klopp no pide soldados, pero igual ya tiene un ejército listo para encolumnarse detrás de él. La camiseta con el nombre estampado “Normal 1” se hizo un éxito de ventas, al igual que remeras, buzos y bufandas con la imagen, el nombre o leyendas sobre el alemán. El juego de palabras entre Klopp y The Kop, como se llama a la tribuna más ruidosa de Anfield, también hizo explotar el marketing del club. Más que como un técnico, más que como un refuerzo, a Klopp lo recibieron como un refundador, una nueva etapa del club después del duelo por el adiós de Steven Gerrard. Para el DT más rockero del medio, que pone a los Beatles como su banda preferida (delante de Genesis y de Kiss), llegar a la ciudad donde empezó la leyenda y ser recibido como el quinto Beatle tiene una significación especial.

Liverpool fue la segunda ciudad inglesa más bombardeada por los nazis, después de Londres. Unas 4000 personas murieron en el blitz de 1940 y 1941. Solo tres jugadores alemanes se pusieron la camiseta del club en toda su historia: Markus Babbel, Didi Hammann y ahora Emre Can. Encontrarse con banderas alemanas que riegan las tribunas de Anfield, antes siquiera de que Klopp dirigiera un partido, no dejó de ser sorprendente.

Hasta ahora, desde 1892, al Liverpool FC solo lo habían dirigido británicos, más un francés (Houllier) y un español (Benítez, campeón de la Champions League). Las leyendas del banco son el escocés Bill Shanky (1959-1974) y su ayudante, Bob Paisley, 581 partidos en el banco entre el 74 y el 83, además de haber jugado únicamente para los Reds en toda su carrera como jugador.

Las banderas alemanas y las inscripciones de "We Believe" y "The Normal One" adornan las tribunas de Anfield.

Los cuadros de Shankly y Paisley son parte de la oficina de Klopp en Melwood, un espacio que parece el de un CEO de una multinacional, aunque Klopp se parezca más al Tom Hanks de Quisiera ser grande que a un gerente ejecutivo. En ese living, por ejemplo, recibió a un niño de 9 años, en una actividad arreglada por la prensa del club. El DT usaba zapatillas All Star sin medias, un jean y una remera, apoyó un pie sobre el sillón, cruzó el resto del cuerpo sobre su pierna y le clavó los ojos a su entrevistador de turno, que de paso le enseñó algunos términos en el ininteligible dialecto scouse. Salió una charla tan buena como la de Guardiola con Trueba.

“Klopp tiene una fabulosa habilidad para conectarse con las personas, ya sea un jugador, un periodista o un hincha por la calle, y consigue un efecto hipnótico porque se enfoca plenamente y te da la impresión de que en ese momento, eres la persona más importante del planeta”, escribió con precisión quirúrgica el periodista Uli Hesse en FourFourTwo.

Detrás de los sillones de cuero y el pizarrón magnético, está su escritorio, sillas de diseño y un fondo vidriado que da directo a la cancha principal de entrenamiento, aunque no hay nada más lejano que imaginar a Klopp dirigiendo desde la tranquilidad de una oficina vidriada. El alemán pertenece al barro y a la lluvia. Es un técnico que fluye a borbotones, como la cerveza Warsteiner, que hábilmente lo convirtió en su embajador en Inglaterra no bien puso un pie en la isla.

A cambio, el entrenador de 48 años sólo pide la misma pasión. Su vida es agitada. “Soy más paciente en la cancha que fuera de ella. Y en alemán, tengo la habilidad de hablar mucho, como una catarata”, ríe. 

Uno de sus conceptos de motivación se basa en la inferioridad. “Lo que más me gusta del fútbol es que se puede ganar contra equipos mejores, si es que estamos todos juntos y hacemos un buen trabajo”, pregona. Así, el Dortmund de Klopp se le animó a pelearle el liderazgo al Bayern Munich, hasta ganarle un doblete histórico de Bundesliga y Copa, en 2012. En total, festejó 2 ligas, 1 copa de Alemania y dos Supercopas, siempre contra el mismo rival, una empresa casi imposible: “El Bayern Munich es como China. Trata de copiarte todo lo bueno que hacés, solo que ellos tienen más dinero”, dijo alguna vez, mientras se preparaba para ver partir a Götze y a Lewandowski.

Pero Klopp lejos está de ser alguien que se lamenta: “A nosotros nos toca un arco y una flecha y con eso, apuntando bien, podemos dar en el blanco y hacer mucho daño. El Bayern en cambio tiene una bazooka, no necesita tanta precisión. Pero no me quejo. A un muchacho llamado Robin Hood le fue bastante bien”.

También por eso, el buzo de DT Liverpool le queda mucho mejor que el de un Chelsea o un Manchester United. “Es un gran técnico, muy inteligente, pero lo que queda claro es que sus equipos dan todo por él, nunca hay falta de compromiso”, dijo recientemente Sir Alex Ferguson en Morning Joe , de la TV estadounidense. A pesar de la rivalidad existente, Klopp y Fergie son abanderados del mismo fútbol apasionado, sin pausa y que obliga a pensar mientras se ejecuta. La admiración es mutua: para Klopp, Ferguson es ”el John Lennon del fútbol”, según declaró.

Así como Fergie no sólo era un DT rabioso (más allá de algunos momentos de locura bien reflejados en las autobiografías de sus dirigidos), sino que era capaz de llevar a sus jugadores a las carreras de caballo para distenderse, Klopp tampoco es un contador serial de chistes que nunca habla en serio. Quienes lo conocen saben que puede ser realmente duro y no tener contemplación. Especialmente en los entrenamientos y en en el vestuario, si es que su equipo no está dando todo lo que él espera. Una vez, en la Bundesliga, en el entretiempo de una pálida presentación, dijo: “Muchachos, ya que vinimos hasta acá y estamos todos, ¡¿qué les parece si de paso jugamos un poco al fútbol?!”.

Pero su carisma tapa cualquier desborde. En Alemania, cuando fue el protagonista de la campaña del nuevo Open Insignia, las ventas aumentaron un 35%, según las estimaciones de la compañía automotriz. “No soy muy inteligente pero tampoco muy tonto; no soy muy gracioso pero tampoco muy serio. Soy un tipo agradable”, sostiene.

Sus conferencias de prensa son tan entretenidas como los partidos de sus equipos. No todos terminan 5-4 con un gol en el descuento como el de fines de enero contra el Norwich City, pero sí se puede establecer un patrón Klopp que ya empieza a evidenciarse en su nuevo equipo. Su porcentaje por ahora oscila en el mismo grado de eficacia que el de su antecesor, Brendan Rodgers, pero el alemán necesita tiempo (ver subnota) para llevar a cabo el formateo de mentalidad y adaptar físicamente a su plantel, que desde su llegada, en octubre pasado, tiene un récord de desgarros y lesiones variadas. “Cuando nos hizo el gol el Rubin Kazan, seguramente en el estadio pensaron: ‘Fuck! Ni siquiera con Klopp podemos ganar 8-0 como soñábamos. Esa es la situación, sabía que iba a ser un trabajo duro, no tenemos los jugadores del Barcelona ni del Bayern, pero si hubiera querido la fácil, me habría quedado un tiempo más de vacaciones”, dijo. Si hubiera sido así, en su año sabático que interrumpió para ir a Inglaterra, seguramente habría sido él el elegido para reemplazar a Guardiola, y no Ancelotti. Pero el desafío en Anfield era mucho más atractivo y difícil.

En ese partido ante Norwich, en el que remontaron un 1-3, el alemán llegó hasta las lágrimas en el entretiempo: “Somos banderas a media asta. Salgan a ganar y si nos hacen otros dos, mala suerte, pero no podemos perder así”. El Liverpool se puso 4-3, soportó el 4-4 en el minuto 91, y Klopp terminó festejando el gol de la victoria (en el 94’) desenfrenado con sus jugadores. Se presentó a la conferencia de prensa sin lentes: los suyos no habían sobrevivido a la celebración. “Tengo otro par, pero el problema es que es muy difícil encontrar un par de gafas cuando uno no lleva puestas sus gafas”, comentó. Todo lo que dice Klopp, hasta las críticas a los árbitros, llega en un tono jocoso que desdramatiza el mensaje. Tiene una risa característica que es la base de varios de sus imitadores, primero en Alemania y ahora en Inglaterra. Una carcajada fuerte, corta y contagiosa, que particiona los conceptos y obliga a reírse con él. A un hincha del Shalke 04 que una vez le preguntó cuál es el secreto para ganar un título, le respondió: “Difícil, ¿cómo se hace para explicarle un color a un ciego?”.

Sus anteojos y su gorra (en su momento tenía una pelada incipiente, previa a un transplante capilar del que se enorgullece) lograron que su cara pueda desaparecer de remeras, bufandas y banderas, y que aun así su imagen igual sea reconocible. Es eso mismo lo que él sueña con los equipos que dirige: que transmitan tanta pasión e intensidad cosa de que sean reconocibles incluso si los jugadores fueran anónimos o el partido se visualizara en 8 bits, como los primeros videogames: “Los hinchas no solo tendrían que reconocernos por nuestra camiseta amarilla y negra -dijo en el BVB-. Inclusive si jugáramos de rojo, todos en el estadio deberían pensar: ‘Wow, este equipo es el Borussia Dortmund’.”

Es cierto, “intensidad” es uno de los términos más bastardeados del mundo del fútbol, porque normalmente se usa como alfombra, para poder esconder debajo todas las falencias técnicas y de ideas, hasta engullirse al juego como si se tratara de un agujero negro ideado por los mediocres. Cualquier jugador puede ser intensamente burro, pero no cualquiera puede ser Iniesta. Pero Klopp nunca les temió a las disputas ideológicas, porque su intensidad siempre fue de la mano con la ambición, con ir al frente como un animal herido.

Precisamente, la tentación al hablar del efecto que el DT alemán logra en sus planteles es basarse en el team-spirit, pero eso normalmente deja fuera de registro al énfasis táctico. Y muchas veces no se sabe si es el plan de juego el que luego produce una fe ciega de sus jugadores, o es el convencimiento la base que luego le da forma a la idea táctica. La realidad es que uno y otro se retroalimentan, en un círculo virtuoso. “Mi estilo de juego es muy emocionante, muy rápido, muy fuerte; no es aburrido, no es ajedrez. Por supuesto que hay táctica, pero táctica con un gran corazón. Los temas tácticos son importantes, no podés ganar sin ellos, pero es la emoción la que hace la diferencia. La vida en el juego, eso es lo importante”, describe.

Twist and Shout. Detrás de la raya, Klopp es pura pasión.

La posesión no es uno de los objetivos del fútbol ideado por Klopp. Hace unos años, antes de enfrentarse al Arsenal, dijo que el equipo de Wenger era como una orquesta, con mucha posesión y muchos pases, pero también una canción silenciosa. “A mí me gusta el heavy metal, me gusta la música bien fuerte”. Ni mejor ni peor, ni más ofensivo ni más defensivo, simplemente, otro estilo, otra partitura, otros decibeles. “Nunca se me ocurriría intentar hacerle el mismo juego de posesión al Arsenal, porque ellos lo hacen desde mucho más tiempo”, dijo antes del enfrentamiento del mes pasado: terminó 3-3, con un empate del Liverpool sobre la hora. Por ahora, el estilo (y especialmente la defensa) es perfectible, pero algo fuerte se está gestando en Anfield, una épica naciente: en tres meses al frente, los hinchas de Liverpool ya tuvieron más emociones que en varias temporadas pasadas.

Defendiendo su concepto de fútbol de emociones, Klopp también se arriesgó a ir contra la corriente en el mejor momento del mejor Barcelona de Pep. “No es mi deporte (el que juega). No me gusta ganar con el 80% de posesión. Disculpen, no es para mí. Me gusta el fútbol combativo, no el fútbol de serenidad. En Alemania, a esto le dicen ‘inglés’: día lluvioso, cancha pesada, 5 contra 5, todos con la cara embarrada y regresan a su casa y después no pueden jugar por semanas”, explicó. Aboga por el estilo directo y sin interrupciones, como quedó evidenciado al mundo en la hermosísima final de la Champions que protagonizaron su Dortmund y el Bayern Munich, al que puso contra las cuerdas. Curiosamente, esa fue la única vez en todos los enfrentamientos de la temporada que el club bávaro logró derrotarlo. Pero Klopp no necesitó de ganar la Champions para terminar de cimentar su reputación. “Nadie tiene que ser perfecto, pero estamos aquí con la obligación de ser mejores cada día”, repite. Su Dortmund no sabía mantener la pelota como el Arsenal, el Barcelona o el Bayern, pero sí sabía cómo y dónde podía permitirse perderla. No que lo fuera a hacer adrede, pero sí que el equipo sabía armarse alrededor de la segunda pelota, el concepto de contrapressing. Mientras el Barcelona y el Bayern juegan como si sintieran que no la van a perder nunca, pero sufren las pocas veces por partido en las que se las roban, el Dortmund de Klopp era especialista en la concentración para la recuperación inmediata, que propiciara un daño manifiesto al rival abierto e indefenso. “Por ahora, no podemos hablar de jugar como el Barcelona, o como tal otro. El Liverpool tiene que desarrollar su propio estilo. Si tenemos la pelota, debemos ser creativos, pero si la perdemos, el equipo debe saber que el contrapressing es muy importante, y en ese sentido, hay ejercicios, hay ubicación. Esto no es una propuesta mía, es una ley. Ahora me interesa lograr el cien por ciento de cada jugador, que me escuchen y que me sigan. Es preferible tener a 11 jugadores haciendo todos la misma cosa mal que les pide el técnico, que a 11 jugadores haciendo lo que quieren. Es así. No voy a ser yo el que salga a gritar ‘Tenemos que conquistar al mundo’ con la posesión de la pelota y todo eso. Pero que vamos a conquistar la pelota, eso seguro. En cada puto partido. Vamos a ser un equipo muy especial, con nuestro estilo”. Su carrera como jugador estuvo siempre en el Mainz, en el que pasó de delantero a lateral derecho. También allí se inició como entrenador, hasta el 2008. Fue con el Mainz que una vez decidió llevar a su plantel a un campamento estilo marine, en pleno bosque sueco. “Eso del espíritu se puede inculcar o vivirlo, y nosotros lo vivimos. No comimos por cinco días, pero volvimos siendo un equipo”. De Normal One tiene mucho o tiene muy poco, depende de cómo uno prefiera verlo. Así como a Guardiola le gusta encerrarse en su sótano para tratar de imaginar el partido que vendrá, Klopp se iba caminando solo para reflexionar sobre el partido que habían jugado. Algo que ya nunca podrá hacer en el Liverpool. Allí, nadie camina solo. Y mucho menos, alguien como Klopp.

El quinto Beatle
Help! Cuando el Liverpool echó a Brendan Rodgers, el elegido para intentar salir a flote fue Jürgen Klopp, quien viajó a la cuna del rock y fue recibido como un rockstar por una hinchada que clamaba por ayuda. Fanático de los Beatles, Jürgen pidió ir a conocer The Cavern Club incluso antes de ser presentado en el club. Allí, frente al guía que explicaba en qué año se había abierto el lugar, el DT interrumpió y dijo: “Fue en 1957”. Desde Alemania, el Borussia Dortmund felicitó al Liverpool con un fotomontaje de Klopp cruzando Abbey Road. “El mejor disco de los Beatles es siempre el próximo”, asegura el DT.

Por Martín Mazur

Nota publicada en la edición de febrero de 2016 de El Gráfico

I want to hold your hand. El emotivo adiós de la hinchada del Borussia Dortmund para su prócer, Jürgen Klopp.

Triunfará, pero necesita tiempo

Para la mayoría de los alemanes, la unión de Klopp y Liverpool se trató de un “matrimonio de ensueño” que se hizo realidad. Klopp, como se imaginarán, es muy popular en Alemania por razones obvias. Además, fue el especialista televisivo en 2006, cuando se dedicaba a analizar todos los partidos para un canal, por lo que se transformó en un personaje muy conocido en toda la sociedad, famoso por su simpatía. Muchos de los hinchas del Dortmund tenían miedo de que se transformara en el sucesor de Pep Guardiola en el Bayern Munich, lo que habría sido una paradoja, debido a la creciente rivalidad que se generó entre el Dortmund y el Bayern desde que Klopp se vistió de negro y amarillo.

Por otra parte, Liverpool siempre fue un club fascinante para los alemanes, por su tradición y por sus hinchas tan devotos. El himno “You’ll never walk alone” (nunca caminarás solo) se escucha en muchos estadios alemanes, porque simboliza la lealtad por un club, las idas y vueltas que un fanático debe padecer cuando sigue a un club a todas partes. Su llegada al Liverpool, entonces, significó para todos una sensación de que se repetía la historia: Klopp se hacía cargo de un club con una tradición y un público impresionante, pero que estaba sumergido en la mitad de la tabla, con el objetivo de hacer renacer todas las emociones contenidas y devolverlo al top.

Además, él siempre había dicho que sería un sueño si llegara a dirigir en la Premier League algún día. Por eso, trabajó mucho sobre su inglés, y se preparó para dar este paso no solo dando entrevistas para medios ingleses, sino también entreteniendo al público inglés y creando el escenario para su desembarco. Su representante también había sugerido que Liverpool era el único club por el que Jürgen Klopp se animaría a abandonar sus planes de año sabático tan rápidamente.

Sin embargo, hay algunas pistas que sugieren que el cuento de hadas del Dortmund será fácil de reproducir de manera inmediata. Por empezar, su primera temporada en ese club no resultó nada encantadora: el equipo no logró clasificar a la Champions League. Sólo después de eso, logró establecer el estilo de juego que lo distinguió, en un período en el que el Dortmund solamente se dedicaba a la Bundesliga, sin interrupciones. Por otra parte, Klopp tenía un plantel muy joven, con jugadores con mucha hambre que por entonces no estaban decorados con trofeos internacionales. Como dice un proverbio alemán, comieron de su mano. Así que Klopp necesitó tiempo, tal y como ya demandó en sus conferencias de prensa en Liverpool, y también jugadores que siguieran su idea de juego, que describimos como “contrapressing”.

El año pasado, se dijo que había tenía problemas de comunicación con algunas de sus estrellas en el Dortmund. Para algunos expertos, no es sorpresa que nombres como Mkhitaryan y Kagawa, de carácter introvertido y fácilmente intimidables, están floreciendo ahora que se fue Klopp. Pero todo esto también es el resultado de un proceso largo que sobre el final se había transformado muy agotador. Klopp dijo: “Si no me hubiera ido yo, mucha otra gente tendría que haberlo hecho”. Esto explica todo.

Por lo tanto, Klopp no solo es ese tipo encantador detrás de la línea, en el vestuario o en las conferencias de prensa: cuando llega el momento de las decisiones, puede ser estricto, duro y hasta terco, como todos los grandes entrenadores del mundo. Lo que necesita de un plantel para mostrar su idea de juego en la cancha es paciencia, confianza y hasta cierta devoción. Es la base fundamental para su estilo ofensivo y de altísimo grado de sacrificio personal. Muy a menudo, el ojo de la crítica deja de lado su mente maestra para las tácticas (y especialmente la de su ayudante Buvac) para hacer foco en su personalidad entradora y su carácter simpático, pero Klopp tiene una calidad como entrenador que lo hará triunfar en todos los clubes. Sucederá en el Liverpool, pero quizás en su segunda temporada.

Ron Ulrich (Redactor de la revista 11 Freunde)