LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Fernando Tobio: “Puedo ser un central lírico”

- por Darío Gurevich: 29/02/2016 -

Describe su infancia y su sufrimiento al romperse la rodilla; dice qué le enseñaron ciertos experimentados, habla sobre su juego, Vélez y Palmeiras; admite que de chico se metió en otra tribuna para ver a Boca, y que el equipo tiene potencial para ganar la Libertadores. Sueña con jugar en la Selección.

Se afirmó en el Xeneize en apenas seis meses. Había jugado en Vélez (2008-14) y en Palmeiras (2014-15).

Se asoma en el Complejo Pedro Pompilio con más porte y pinta de boxeador que de futbolista. Su manera de moverse, su físico torneado, su corte de pelo y hasta la indumentaria que lleva puesta, que es la de entrenamiento con zapatillas de running, lo acercan a la simpleza de los pugilistas. Sube las escaleras de la tribuna que da a la cancha principal y recibe los especiales de Boca campeón hechos por El Gráfico. Las revistas las ojea, se busca y se encuentra. Se lo percibe un tanto parco hasta que se suelta al producirse la foto de apertura, en la que apenas achina los ojos porque la luz solar rebota en la pantalla reflectora y lo encandila. Fernando Tobio comienza a hablar y, sin forzarlo, denota que ese preconcepto de tipo introvertido es falso. Se atreve a corregir a quien escribe, por suerte, y le asegura que, a los 26 años, no acaba de lograr su sexto título. Tiene razón: sumó su séptimo. ¿Casualidad o causalidad?

-Es a base de sacrificio, de querer conseguirlos, de soñar siempre. Fue y es bueno tener a compañeros que tiren para el mismo lado, que sepan cuáles son los objetivos. Gracias a Dios, integré planteles ganadores, con chicos que querían aprender, con referentes que nos llevaban de la mano para mostrarnos cómo se juega una final, qué es salir campeón. Soy un agradecido de todo eso. Siempre fui de respetar, de mirar. Hoy, con las cosas más claras, sé cómo es transitar por ese camino. Trabajé mucho para llegar a esto.

-¿Qué experimentados te ayudaron para forjar tu mentalidad?
-Muchos: Guillermo Franco, Sebastián Domínguez, el Chapa Zapata, Poroto Cubero. A Domínguez lo miré siempre porque juega en mi posición; trataba de aprender cómo se manejaba, cómo trabajaba adentro de la cancha. Se lo veía con una humildad… Se rompía el alma. En Palmeiras, trabajé con Lúcio, que fue campeón del mundo, y me aconsejaba. Estuve en planteles muy buenos, ganadores, y eso me queda para toda la vida.

-¿Qué consejo te marcó a fuego?
-El Chapa Zapata me vio jugar dos partidos en la Primera de Vélez y me dijo: “Te veo buenas condiciones. Si te cuidás, vas a jugar en la Selección”. Me sorprendió porque yo no había demostrado nada, hacía tres meses que me habían sumado al plantel profesional, y él era un referente, un ganador. Creo que hice las cosas bien, integré la Sub 20 y el seleccionado local, pero todavía tengo esa deuda de jugar en la Selección.

-¿Qué te enseñaron Sebastián Domínguez y Daniel Díaz?
-Me sentí cómodo con los dos. Al lado de Sebastián, pasé cinco años y aprendí muchísimo. Teníamos un montón de diálogo… Yo era chico y tardé en adaptarme al fútbol de la Primera. Hoy, estoy más grande y, con el Cata, no hizo falta hablarnos en los últimos diez partidos, porque nos entendemos con una seña o una mirada. Esto es bueno, y más en la cancha de Boca, en la que a veces no te escuchás. Entonces, nos acoplamos en lo táctico más rápido de lo que me esperaba. Por eso, terminé jugando a su lado.

-Conversemos sobre tu historia: ¿tu nombre es Fernando u Omar Fernando?
-Omar Fernando. Mi viejo era muy amigo de un señor que ya no está entre nosotros, que se llamaba Omar, y ellos se tenían mucho cariño. Cuando yo era chiquito, este tipo me crió prácticamente junto a mis viejos; y bueno, me pusieron así por aquella amistad.

-¿Cómo es el asunto: sos de Ramos Mejía o de Isidro Casanova?
-Nací y viví en Ramos. Como está al límite de San Justo, y después viene Casanova, tengo cariño por el club Almirante Brown. Porque, además, mi viejo jugó ahí durante ocho años, y conozco a mucha gente.

-¿Te desesperaba patear durante tu niñez?
-Sí; a los tres años, jugaba en Don Bosco, en Ramos Mejía. Mi papá era entrenador en el club y vivía a la vuelta. En Vélez, empecé a los ocho y, cuando volvía de entrenarme, me iba para Don Bosco a pelotear, a jugar con los más grandes. Toda mi vida estuve con la pelota.

-¿Qué valores te transmitieron tus padres, Héctor e Isabel?
-Lo que soy se los debo a ellos. Si bien hay amigos que estuvieron en las buenas y en las malas, mis viejos me mantuvieron y me apoyaron en los momentos más difíciles. Cuando me rompí la rodilla, era muy chiquito y tenía ganas de largar el fútbol. Pero ellos me bancaron, no dejaron que me faltara nada. Se ocupaban hasta de los mínimos detalles. Les agradezco siempre, y me pone feliz que estén conmigo para disfrutar de todo lo bueno que me pasa.

-¿Cuándo te rompiste la rodilla?
-Tenía 15 años, jugaba en las inferiores de Vélez, y me rompí los ligamentos cruzados y el menisco interno de la rodilla izquierda. Cuando recién me había lesionado, hubo bastante gente que estuvo conmigo. Pero al mes o a los dos meses, muchos se olvidaron porque tienen la cabeza en su vida, en su trabajo. Encima, me resentí del mismo menisco al año. Superé un montón de dificultades; esa lesión me marcó, me fortaleció en lo mental. Desde ahí, pegué un salto de crecimiento en ese aspecto. A los pocos años, debuté en Primera.

-Al margen de tu familia, ¿quién fue clave en tu recuperación?
-Marcelo Pacheco, un kinesiólogo de Vélez, que estuvo conmigo durante todo ese proceso. Realmente, soy un agradecido por haberme recuperado bien y por seguir adentro de una cancha de fútbol.

En Boca, debutó el 26 de julio pasado en el triunfo 1-0 ante Belgrano, en Córdoba, por el torneo local.

-¿Qué experiencia de tu infancia resulta importante, significativa?
-Mi viejo siempre estuvo atento para decirme las cosas. Si me tenía que retar, lo hacía. Si me equivocaba, me lo marcaba. Me enseñó, entre otras cosas, que no podía salir con mis amigos a la noche si debía jugar o entrenarme al otro día. Mi infancia fue muy buena, muy correcta.

-¿Tu papá te encontró el puesto de marcador central?
-No, no. Jugaba de volante por derecha. Hicimos un amistoso contra Vélez, me vieron y me llamaron para sumarme al club. A las semanas, al técnico de mi categoría, Héctor Berra, le faltaba un 2 y me preguntó si podía jugar allí, y le dije que sí. Anduve bien en las prácticas, me entusiasmé, empecé a competir en esa posición, me fue bien, y nunca más me cambiaron de puesto.

-¿Te favoreció el manejo de pelota que tenías al pararte de 2?
-Sí, fui bueno técnicamente desde chico. Hoy, no me considero un central rústico. Tampoco soy un lírico; sé que aún me falta. Por no arriesgar de más, juego la pelota larga, y muchos creen que soy rústico. Pero no. Sé que voy a demostrarlo y que puedo ser un central lírico. Cuando comencé, me faltaba agresividad en la marca. Con los años, lo corregí. Si estoy en Boca, es porque mejoré bastantes cosas.

-¿Cuáles son las tres condiciones que debe reunir un central lírico?
-Primero, personalidad. Porque si fallás una vez, te van a putear la próxima. Entonces, uno debe mostrar carácter para mantener su juego. Segundo, tener las condiciones. Uno no puede arriesgar más de lo que sabe. Tercero, tirarlo en la cancha. Si sos un lírico, hacelo ante 50.000 personas, y no en los entrenamientos. Si no, serías un jugador de prácticas. La gente tiene que conocer la personalidad y las cualidades de cada jugador para entender por qué uno está donde está.

-¿Qué es Vélez?
-Mi segunda casa. Viví la mayor parte de mi vida adentro de ese club: pasé por infantiles, inferiores y Primera. Tengo amigos que trabajan en el club hace años. Puedo hablar un día entero sobre todo lo bueno que Vélez me dio, y le estoy muy agradecido. Tuve la suerte de ganar cinco títulos, y eso me queda para siempre.

-¿Qué le agregaste a tu fútbol en el Palmeiras, en Brasil?
-Aprendí a jugar mano a mano, más rápido, y sumé experiencia porque me enfrenté a grandes jugadores, a equipos reconocidos en el mundo. El fútbol brasilero es exigente, competís cada tres días, y, al principio, me costó la adaptación. Igual, jugué con todos los técnicos que tuve. Primero, nos salvamos del descenso; después, salimos subcampeones del torneo paulista. Hice las cosas muy bien, y los hinchas me lo reconocen, hasta me piden que vuelva. En lo personal, el balance de mi año en Brasil es positivo.

-¿Qué te generó que el Palmeiras funcionara mal bajo la conducción técnica de Ricardo Gareca, al que conocías de Vélez?
-Angustia, impotencia. Sé cómo Ricardo trabaja, cómo se brindó en el Palmeiras; él me llevó a mí y al resto de los argentinos que integrábamos ese plantel. Teníamos que devolverle la confianza adentro de la cancha, pero el grupo no estaba preparado para pelear por un título, para ganar partidos, y los resultados no se nos dieron. Nos fue mal a todos. Con ese plantel, echaron a cuatro entrenadores. O sea que la culpa no era de un técnico, sino de un plantel que luchó por no descender. Después de que nos salváramos en la última fecha, se fueron prácticamente todos los jugadores de ese grupo.

-¿Boca te cambió la vida?
-Sí, porque es el más grande de la Argentina. Hoy, cualquiera me reconoce por la calle. Cuando voy a buscar a mi hija, Camila, al colegio, me piden autógrafos entre 60 y 80 nenes. Haber firmado con el club fue un sueño, una alegría inmensa. Mi viejo es fanático de Boca y me llevaba desde chico a la cancha. Cuando me incorporé, me imaginaba siendo campeón. Se me dio todo: jugar de titular y dar la vuelta olímpica. Es un recuerdo inolvidable para mí y para mi familia.

-¿A qué sector de la Bombonera tu viejo te llevaba?
-De chico, iba a la platea. De más grande, a la tribuna de la 12. Era muy fanático y quería ir a todos lados. Una vez, jugamos contra Ferro en su cancha y se habían agotado las entradas para ir a la tribuna de Boca. Como un amigo de mi papá era de Ferro, nos llevó a mi viejo, a mi hermano y a mí al corazón de la popular local. Encima, yo tenía puestas unas medias cortitas de Boca. Por suerte, era chico, porque si no, nos mataban. Igual, cuando nos descubrieron, nos avisaron que nos vayamos y salimos a las corridas. Mirá lo que hicimos por Boca junto a mi viejo y a mi hermano… Hasta nos metimos en otra tribuna para seguirlo. Como decía, de grande, iba a la 12. Soy amigo de Migliore y, cuando él jugaba acá, lo venía ver. También, lo acompañé a muchos lados, a muchas canchas.

-¿Puteaste a algún jugador de Boca?
-No, nunca insulté a uno de Boca. Cuando iba a la cancha, cantaba las canciones, alentaba al equipo. Jamás fui de putear. El folclore del fútbol me gusta mucho.

-¿Pablo Migliore ya te vino a ver jugar?
-No faltó a un partido; es un gran amigo, uno de los que estuvo en las buenas y en las malas. Además, es fanático de Boca.

Con su hija -Camila- sobre sus hombros, celebra el primero de los dos campeonatos que consiguió en Boca.

-Rompamos un mito: ¿Boca jugó mejor de lo que se cree en 2015?
-Sí, Boca sabe a qué juega, que es lo más importante. Muchos dijeron que no jugamos bien porque no fuimos vistosos; y son gustos.

-Es cierto: el equipo no se lució. Pero sí demostró que es el que más carácter tuvo. ¿Coincidís?
-Sí; salimos a jugar de la misma manera en todas las canchas, propusimos, atacamos, y siempre mantuvimos nuestra idea de juego. Sin dudas, Boca es el equipo con más carácter en el fútbol argentino.

-¿Qué aspectos futbolísticos deberían pulir para los torneos que disputan este año?
-Muchos; haremos hincapié en los que anduvimos mal. Tuvimos errores: cosas que no salieron en un partido, haber perdido las marcas, expulsiones que no se tendrían que haber dado. Son cuestiones para corregir, nada del otro mundo.

-La Copa Libertadores es la obsesión del hincha xeneize. ¿Boca tiene potencial para ser campeón de América?
-Sí, siempre es candidato para ganarla, más allá de que hay grandes equipos en la Copa. Desde que llegué al club, noté que el plantel tira para el mismo lado, que quería lograr el torneo local y la Copa Argentina, y los conseguimos. Porque el grupo estaba y está muy bien. Sabemos que el objetivo es la Libertadores y, con ganas, sacrificio y trabajo, este equipo puede obtener cosas máximas.

-¿Boca es tu trampolín a la fama?
-Sí; sé lo que genera este mundo. En el poco tiempo que estoy acá, me di cuenta de que Boca está más allá de todo. Sé, además, de la vidriera que tiene. Es un trampolín a la fama que, también, te puede jugar en contra.

-¿A qué te catapultaría romperla en Boca?
-A ganar más títulos, a ser más jugador todavía, a transformarme en un grande de verdad; a competir en Europa algún día y, ojalá, a jugar en la Selección.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de enero de 2016 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 29/02/2016

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