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Ramsey está matando... al periodismo

- por Martín Mazur: 14/01/2016 -

El rumor, ampliamente publicado, de que algunos famosos mueren después de que él hace un gol, y una reflexión sobre cábalas y supersticiones, en un ambiente que se nutre de ellas de manera enfermiza.

Salvo que hayan estado realmente desconectados en algún lugar de vacaciones sin señal de ningún tipo, seguramente ya lo saben: en los últimos días murieron el cantante David Bowie y el actor Alan Rickman (Duro de Matar, Harry Potter, Love Actually). Ambos tenían cáncer.

Y si saben esto, seguramente también sepan, o hayan leído al hacer scroll en las páginas de noticias, de un tal Ramsey, apellido que casi nunca viene precedido de su nombre (Aaron), sino de “La maldición de”. Eso, si es que leen en castellano. Si leen en inglés, el apellido, con el agregado de un apóstrofe y una "s", precede a "curse": Ramsey’s curse. La maldición de Ramsey.

Pero esta columna no es una lección de idioma. Ni intenta, tampoco, ser una lección. Sí, quizás, una reflexión.

Hay gente que ni siquiera sabe quién es Aaron Ramsey, un volante galés clave para las aspiraciones del Arsenal, el equipo que esta temporada finalmente parece estar realmente en carrera para quedarse con la Premier League. Pero lo que sí sabe la mayoría, tenga vinculación con el fútbol o no, es de su aparente maldición.

Buscando hoy en google, de hecho, lo primero que arroja “Ramsey” son títulos de las noticias. El primero de ellos dice: “Ramsey no puede parar de matar a gente famosa”. El listado hacia abajo no mejora. Desde Clarín (que nos asegura al mito “tan incoherente como real”) al diario As (que nos propone saber “Toda la verdad sobre la maldición de Ramsey”), pasando por La Vanguardia, TV Notas, Líbero, Univisión... y siguen las firmas.

Las supersticiones forman parte de la vida y del fútbol. También la maldad. Y la idiotez.

No tiene ni sentido intentar explicar lo estúpido de la teoría, realmente no queda otra que avergonzarse sólo por el hecho de estar dedicando estas líneas. Pero no dejan de sorprender algunos artículos periodísticos, que refieren a la maldición con la misma naturalidad que se escribe o se habla de la corriente del Niño, de Isis o de los goles de Messi. Las métricas dirán que fueron notas muy leídas, o con buen rating televisivo, y que por lo tanto, periodísticamente valía hablar de Ramsey.

Y así estamos, escribiendo que cada vez que hace un gol, muere algún famoso. ¿Hay necesidad?

Preguntas esenciales

A los hacedores de la maldición de Ramsey, querría preguntarles, a modo de poder establecer un parámetro certero de la extraordinaria fuerza de su poder de fuego: ¿cuántas horas deben pasar desde su gol para que se le atribuya un nuevo crimen? Si hubiera una definición por penales y él convirtiera, ¿la maldición estaría vigente o incluye sólo partidos regulares de 90 minutos? ¿Y en el caso de los alargues? ¿Y los partidos de entrenamiento? Hay mucha letra chica que necesita ser aclarada, como para poder cubrir las futuras muertes de una manera más profesional.

Necesitaría, también, hurgar más fehacientemente en su pasado. Quizás podamos hablar con algún familiar de esos que nunca faltan, maniático y obsesivo por los números al punto de llevar cuadernitos con columnas y fechas y goles convertidos, para conocer exactamente todas las veces que Ramsey convirtió un gol, y luego reinterpretar los obituarios de los años 90 y 2000. Imaginando que para alguien nacido en diciembre de 1990, todas las muertes sucedidas a partir de fines de 1995 serían pasibles de análisis. Quizás Ramsey no sólo mató a a Bin Laden (acribillado), Steve Jobs (cáncer), a Muammar Khadafi (acribillado), a Whitney Houston (sobredosis), a Paul Walker (accidente de auto) o a Robin Williams (suicidio), sino que también tuvo que ver con las muertes de Lady Di, Juan Pablo II, Frank Sinatra, Brittany Murphy o Chespirito. Hay que investigar. Como han llegado a titular algunos medios: “Investigación: ¿Está Ramsey matando a las celebrities?”. No descartaría, tampoco, que haya sido el galés el autor del disparo en el capítulo Quién Mató al Sr. Burns, de Los Simpson, el 17 de septiembre de 1995. Ramsey tenía 4 años, 8 meses y 21 días, buena edad para marcar su primer gol. Aunque como ya sabemos, el señor Burns finalmente no murió, y la única explicación posible es que quizás el partido de Ramsey, en el patio de su casa en Caerphilly, haya sido considerado no oficial. 

Si entre los estadígrafos y revisionistas Labruna y Erico todavía siguen haciendo goles, y se asignan campeonatos internacionales 70 años después, la pregunta es: ¿Cómo no vamos a hurgar en el pasado de Ramsey para establecer, finalmente, cuál es su récord de mortalidad? El público lo pide, lo necesita.

Si Ramsey fuera argentino

Por ahora, el jugador sólo dijo públicamente que le parecía un “loco rumor”, pero no se lo tomó demasiado a pecho. Si Ramsey fuera argentino, tendría más problemas que los que tiene actualmente. Algunos técnicos ni siquiera querrían contar con él. Varios, al verlo pasar, se tocarían los testículos para intentar desprenderse del aparente halo de mala suerte. Algunos periodistas muy famosos también tendrían reparos en ponerlo en el sillón del entrevistado. Los que lo abrazan para sacarle una declaración a la salida de los entrenamientos, una vez que se haya ido, serían los que harían crecer esa misma bola devastadora. Llegaría el momento en el que Ramsey haga un gol y alguien muera, algún actor que haya hecho un bolo en una novela de los 80. Alguna húngara, como en Esperando la Carroza. Y todo crecería de manera exponencial, retroalimentándose de lo ya sucedido. Al volante, que encima es proclive a las lesiones, también le harían la vida imposible las hinchadas rivales. Y cuentas anónimas de periodistas anónimos lo harían responsable de todo, o casi todo, lo malo que pase a 1 kilómetro a la redonda de donde él esté. Llegaría el momento en que Ramsey elija no patear nunca más al arco, no pisar más el área, con tal de no autoexponerse. Lo mismo que hacen muchos volantes centrales del fútbol argentino, aunque nadie los acusa de mufa, se aclara por si acaso.

El bullying mediático funciona así porque también existe entre los periodistas, y entre la gente. En el Mundial 94, plena época escolar, algún periodista televisivo pedía por favor que no cambiáramos de silla, pero parece que algo falló conmigo o con mis compañeros, porque Maradona dio positivo contra Nigeria y Basile mandó a Pepe Basualdo de 4 y dejó a Hagi tan libre como a Valderrama en la cancha de River. Maldita silla. Ni hablar del 2002, donde uno no se dio cuenta de haberse puesto una remera no debidamente testeada en partidos de Mundiales, y contra Suecia Bielsa terminó sacando a Batistuta y poniendo a Crespo, en lugar de mandar a la cancha a los dos. Y del 2006, muchos todavía nos preguntamos si el haber visto el Argentina-Alemania en un lugar distinto al del partido anterior, pudo haber sido el motivo de que Abbondanzieri no sintiera la pierna, de que Pekerman haya mandado a la cancha a Cruz y dejado en el banco a Messi, y de que Franco no haya acertado un solo palo de los penales alemanes.

No pasará mucho tiempo para que llegue el revisionismo y descubramos que Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Luis Suárez y Martín Palermo no sólo son killers en la cancha, sino que son los que más muertes han causado en la humanidad en los útimos 10 años. ¿Armas de destrucción masiva? ¿Guerras? ¿Hambrunas? ¿Terremotos? ¿Tsunamis? Todo culpa de cada gol de estos asesinos. Al igual que Ramsey, que sólo se dedica a los famosos, con un poder de influjo que oscila entre las 4 horas y los 3 días. ¿Sería algo así, más o menos, lo que deberíamos titular? 

El mundo ahora está lleno de editores. Que tienen la potestad de usar los espacios establecidos para difundir noticias y, también, curiosidades. Hay formas y formas de hablar de Ramsey. 

Se puede no creer en brujas y también decir el “pero que las hay, las hay”. Lo mismo podría aplicarse para los periodistas.

Martín Mazur
@martinmazur

- por Martín Mazur: 14/01/2016 -