LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Gino Peruzzi: “Carlitos le dio a Boca el toque que le faltaba”

- por Darío Gurevich: 08/12/2015 -

El lateral derecho admite el aporte anímico y futbolístico de Tevez, y que se recicló este año en el Xeneize. Desarrolla, además, su historia, que cuenta con un capítulo en la Selección y otro en Europa.

Tiene 23 años y una proyección bárbara. En cuatro años como profesional, jugó más de 110 partidos oficiales.

Como si fuera una producción europea, llega con puntualidad suiza al espacio que Boca tiene destinado para las entrevistas dentro del complejo Pedro Pompilio. Un apretón de manos, un saludo informal, y a conversar sobre su línea de tiempo: desde sus inicios en Córdoba y los diversos tramos de su historia –desconocida para muchos–, hasta su dulce actualidad teñida de azul y oro. A esta altura de octubre, cuando el buen clima del martes 20 levanta la temperatura de Buenos Aires, Gino Peruzzi exterioriza un moderado entusiasmo al estar cerca de ser campeón otra vez. Su felicidad, sin embargo, no sólo se acota a la probable consagración, quizá una realidad ahora, en el amanecer de noviembre. Porque, en este 2015 en el club más popular de la Argentina, se reencontró con sensaciones positivas y se recicló -como explicará-. Pero este no es el segmento de la nota para extenderse con el presente, esclavo de una construcción que, en este caso, comenzó hace 23 años.

Al hijo de José Luis y Marisa no le quedaba otra que morir como defensor. El pibe nació y se crió en Corral de Bustos, tierra cordobesa en la que se explora un poco y surgen marcadores centrales: un crack como Oscar Ruggeri, y otros más terrenales como Hermes Desio, Gabriel Loeschbor, Fernando Ortiz y Walter Ribonetto. “Esperemos que algún día llegue a Primera un delantero, un goleador que sea del pueblo –irrumpe Gino–. Cuando era chico, jugaba de volante; me probé así en Vélez y no la agarré ni con la mano. Como a los 13 o 14 años tenía esta altura (1,78 metros), me dijeron si me animaba a probar de zaguero central; y anduve bien. Héctor Manfredi, el entrenador de la Octava, me mantuvo ahí los primeros seis meses. Pero, como estaba acostumbrado a irme al ataque, me tiró al costado, de lateral derecho. Después, en Séptima y en Sexta, jugué de 8 algunos partidos. Pero soy un 4 natural”.

-¿Qué representa Corralense en tu vida?
-Todo, porque es mi club, que está allá, en mi pueblo; soy fanático, mal… Ahí empecé a jugar, y mi viejo me dirigió de chico y hoy es el técnico de la Primera. Cada vez que estoy en Corral de Bustos, lo voy a ver, si es que juega. Desde mi lugar, trato de ayudar al club en lo que pueda. Si bien compite en una liga local, regional, espero que pueda ascender a un Federal A o B. Yo no veo la hora de ser más grande, de tener 10 años más, para jugar en el equipo. Creo que, en ese momento, me voy a parar de 2 o de 6; en la cueva, tranquilo.

-Vélez pretendía que te mudaras a Buenos Aires en 2006, pero tus padres se opusieron porque eras chico. ¿Es un buen resumen?
-No, fue una decisión mía y, por suerte, ellos me apoyaron, como siempre. No me sentía con confianza, con ganas de venirme para Buenos Aires. Sebastián Pait, que trabajaba para Vélez, me vio en un torneo en Embalse de Río Tercero, en el que competían todos los campeones de cada liga de Córdoba. Y en Vélez, respetaron mi postura.

-¿Por qué cambiaste de opinión al poco tiempo?
-Porque decidí dedicarme a esta profesión, que no es fácil y más al ser del interior del país. Me costó despegarme de mi familia y de mi pueblo. Fue una decisión dura, pero clave. En aquel momento, muchos no me tenían fe porque no era un chico salvaje. “No se la va a bancar”, decían. Yo sí sabía que lo podía lograr, que quería vivir de esto; y tuve un poco de suerte, que es importante.

-¿Cómo te resultó vivir en la pensión del club?
-Me hicieron sentir muy cómodo, y nos contenían de gran manera. Pasé muy lindos momentos.

-¿Qué anécdotas recordás de aquella linda época?
-Muchas (piensa). Se hacían bromas: los más grandes pelaban a los más chicos, y ponían un líquido amarillento en una botella y nos lo tiraban (se ríe). Nos divertíamos, por suerte, todos los días.

-¿Influyó para tu desarrollo haber empezado en Primera en un gran momento de Vélez?
-Sí, porque había un excelente plantel, de grandes jugadores. Ellos me apoyaron un montón. Ricardo Gareca me subió a Primera en 2010, me dio mucha confianza, y yo me entrenaba con los profesionales y jugaba en Reserva. Después, debuté en 2011 (27 de noviembre: 1-1 ante Colón); mis primeros partidos fueron fundamentales, el segundo momento clave de mi carrera. Rápidamente, en 2012, me tocó jugar por la Copa Libertadores y anduve muy bien en la serie de cuartos de final ante el Santos.

-Neymar volaba, y el inexperto Peruzzi lo contuvo. ¿Qué ficha te pusiste para anularlo?
-Sólo me concentré en marcarlo bien, no me preocupé tanto por atacar. Había que estarle encima, incomodarlo, anticiparlo; y si tiraban un pelotazo a mi espalda, el central llegaba enseguida; y el 5 también ayudaba al tirarse del lado de Neymar, porque marcaba diferencias en Sudamérica. El equipo trabajó muy bien esos partidos, y nos fuimos con bronca porque nos eliminaron por penales. Igualmente, hicimos una gran serie y, para mí, fue una buena experiencia. 

-Describí lo bueno y lo malo de haber sido contemporáneo con Fabián Cubero.
-Lo negativo es que no salía nunca; se trata del máximo ídolo de Vélez, que merecido lo tiene por lo que quiere a la camiseta, por todo lo que le dio y le da al club, por su entrega en cada partido. Lo positivo es que aprendí al mirarlo, porque Poroto deja la vida en la cancha, es un gran profesional que juega con tranquilidad y que apunta a ganar siempre. Yo sabía que debía aprovechar cada chance que tenía para demostrar que podía jugar. Entonces, me entrenaba e intentaba sumar para el grupo.

La Bombonera late. Gino sale del túnel y Pavón lo sigue, mientras Cacho Laudonio mueve la bandera.

-¿Qué enseñanzas te dejó tu etapa en Vélez?
-Muchas, porque fue lo más importante. Vélez me educó, me hizo crecer como persona y como futbolista, y le debo todo. Por ahí, no me fui del club de la mejor manera, como hubiera querido; por todo esto, me encantaría volver el día de mañana. 

-¿Forjaste una mentalidad ganadora en Vélez?
-Sí; el título del Clausura 2011 lo viví, pese a que no jugué en ese campeonato. En el vestuario, se veía a un grupo que quería ganar, y ganaba. Hasta en el fútbol reducido se palpaba eso de querer ganar sí o sí; y yo me fui mentalizando, porque esa idea empezó a entrarme sola. Por suerte, salí campeón dos veces en el club: Torneo Inicial 2012 y Superfinal 2012-13.

-Firmaste con el Catania a mediados de 2013. ¿Qué aprendiste en Italia?
-Crecí en lo táctico, aprendí a retroceder mejor. Acá, en la Argentina, pasaba al ataque pero no volvía siempre; y cuando sí lo hacía, era desordenado. Allá, cuando la pelota se pierde, los 11 bajan; y para nosotros, los defensores, es más fácil para marcar. Encima, tampoco se contragolpea mucho, como sí ocurre acá. Porque, a veces, esa situación te lleva a quedar mal parado.

-Te comiste un cachetazo al descender. ¿Cómo lo viviste allá, en el sur de Italia?
-Fue durísimo. Llegué al equipo con la ilusión de jugar mi primera temporada en Europa, y descendimos. Nos fue mal en lo colectivo, y me fue mal en lo personal. No lográbamos ganar dos o tres partidos seguidos para salir de la zona del descenso, y la cabeza nos tiraba para atrás, veíamos todo negativo. Nunca encontramos las respuestas sobre por qué estábamos mal. Fuimos últimos todo el año, y los hinchas nos lo hicieron sentir porque son fanáticos. Pero, cuando descendimos, todo quedó ahí. Capaz que acá se vive de otra manera, más fuerte.

-Entre 2012 y 2014, Sabella te convocó de vez en cuando para la Selección. ¿Haberla integrado fue un clic?
-Sí, ni hablar. Mi paso por la Selección fue un clic. Me sirvió para mi carácter, para crecer como jugador al incorporar detalles, y a nivel experiencia. Ahí entendí que si pierdo una pelota en un sector clave de la cancha, es grave.

-Llegaste a Boca en enero y, a partir de ahí, tu exposición mediática cambió. ¿Cómo te llevás con eso, que sos un pueblerino?
-Trato de no estar todo el día con la cabeza en el fútbol. Cuando me junto con mis amigos, jugamos a la PlayStation, paseamos por Buenos Aires. Ni hablar de que Boca te cambia en ese sentido, porque ahora me reconocen fácil, me piden fotos… Pero soy un pibe normal y sé que el día de mañana viviré en mi pueblo porque me encanta, porque quiero una vida tranquila. Estoy acostumbrado a eso, y el lío no me gusta.

-¿Qué le agregaste a tu fútbol en Boca?
-Más que a mi fútbol, a mi moral. Necesitaba dar vuelta la página porque no la pasé bien en el Catania, porque estuve en un nivel bajo, y lo conseguí en Boca al volver a tener confianza. Llegué a un equipo armado, que pelea por cosas importantes. Creo que eso es lo que precisaba: pelear por cosas grandes. Entonces, fue como una refundación para mí.

-¿Qué significó tu gol frente a Banfield por el torneo local?
-Un desahogo; no soy un jugador de meter muchos goles, pero quería meter uno en la Bombonera, y sabía que llegaría… Encima, sirvió para abrir rápido un partido duro y para sumar tres puntos importantes.

-¿Boca fue el mejor equipo o el más expeditivo en este año?
-Hubo grandes equipos a lo largo del torneo. Nosotros quizá no fuimos el más vistoso, aunque nos encaminamos a ser el que más puntos consiguió. Creo, igualmente, que el mejor será el que salga campeón.

Se incorporó a Boca en enero y se afirmó entre los titulares al imponer juego y marca por derecha.

-¿El equipo en qué aspectos evolucionó?
-Mejoramos en todo sentido. Fuimos de menos a más, sumamos pequeños detalles de a poco, y crecimos siempre en lo defensivo y en lo ofensivo. Pese a que hubo momentos en los que no nos salió nada, en los que jugamos mal, hicimos grandes partidos. Después, la llegada de Tevez nos aportó en lo anímico y en lo futbolístico. Carlitos le dio a Boca el toque que le faltaba.

-¿Qué representa tenerlo?
-Es un jugador distinto que te abre un partido él solo, como contra Argentinos. Agarró la pelota, hizo una jugada que nadie se esperaba y la clavó en un ángulo para abrir un partido complicado, para ganar tres puntos fundamentales.

-¿Ya te reencontraste con tu mejor nivel?
-No, pero mejoré en la parte mental.

-¿Qué proyección te dará alcanzarlo en Boca?
-Este club es uno de los mejores del mundo, y todos los equipos de Europa miran a los jugadores de Boca. Romperla acá me llevaría a Europa. Pero hoy, no le presto atención a eso.

-¿Qué te falta para volver a la Selección?
-Llegar a mi mejor nivel, aquel que tuve en Vélez; sostenerlo y superarlo. Trato de crecer, de mejorar, sobre todo en el juego aéreo y con mi pierna inhábil; ojalá me convoquen otra vez para la Selección, trabajo para eso.

-¿Qué sueños te gustarían cumplir?
-Varios: lograr títulos en Boca, estar en un club grande de Europa y ganar la Champions League, y volver al pueblo para jugar en Corralense.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de noviembre de 2015 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 08/12/2015

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