Notas de la revista

Mercado, duro de pasar

Es una de las columnas del River de Gallardo. Implacable en el fondo, también por convertir goles decisivos y por su voz de mando en el vestuario. Su evolución, el Mundial, Messi y más...

La sonrisa de Gabriel, en el Monumental. A los 28 años, hombre clave para Gallardo.

“Viste, mamá, fui figura de cuatro”.

Gabriel Mercado se ríe, muestra sus aparatos de ortodoncia y su mentón de rottweiler deja de asustar por unos segundos.

-¿Te acordás?
-Sí, ¿cómo no me voy a acordar? Fue en el Mundial Sub 20 de Canadá, después de ganarle a México en cuartos de final. Yo había hecho todas las inferiores en Racing como defensor central, y en el Sudamericano Sub 20 me habían puesto como lateral y lo había hecho bastante bien. Mirá que siempre fui muy autocrítico y en ese momento las sensaciones fueron buenas como lateral, entonces llegó el Mundial Sub 20, me pusieron de lateral y ese partido con México marcó un antes y un después en mi carrera porque México venía con buen equipo, estaban Gio Dos Santos y Carlos Vela, rivales difíciles, y tuve un buen partido. Mi mamá me contaba que había muchas críticas acá, que decían que no podía jugar de cuatro, entonces por eso dije esa frase en una nota que me hicieron después del partido.

-Ahora lo raro sería que le dijeras “Viste, mamá, fui figura de central”…
-Ahora estoy muy acostumbrado a esta función, pasaron ya muchos años, de todos modos puedo jugar tranquilamente de central también, no tengo problemas.

-¿Pero a esta altura ya asumís que tu puesto natural es de lateral, o no?
-Sí, sí, claro.

Gabriel Iván Mercado, Patalín como lo llamaban de pequeño; La Orca, tal como lo apodaron sus compañeros de inferiores en Racing en un ataque de creatividad por haber nacido en Puerto Madryn, claro, es una de las columnas del River de Gallardo. Una columna en el sentido figurado, porque a esta altura es muy difícil que baje de los 6 o 7 puntos por presentación, ofrece una garantía de regularidad difícil de encontrar en el mercado (valga el juego de palabras), porque cabecea en las dos áreas, porque se proyecta y genera peligro gracias al tándem que forma por la derecha con Carlos Sánchez y porque convierte seguido, a ritmo de dos por torneo, así fue en las últimas campañas de campeón de River: a Argentinos y Quilmes en el Final 2014 con Ramón Díaz; a Libertad y Nacional en la Sudamericana 2014 y a Juan Aurich y Guaraní en la Libertadores 2015. Es una columna en el sentido figurado, pero también en el literal: los rivales ya están prevenidos de que no es una buena idea chocar con esa roca de 1,80. Mejor ir por otro lado

Gabriel Mercado ha mostrado una notoria evolución en su juego desde su llegada a River, a mediados de 2012, a la fecha. Pasó de ser un timorato defensor mirado de reojo por el público a este seguro y decidido lateral capaz de ocupar otras posiciones, aplaudido con respeto por los hinchas, y erigido como uno de los soldados más fieles del Muñeco.

-¿Qué puesto te gusta más, entonces?
-Cada uno tiene sus cosas. Mirá, de chiquito, en Madryn, jugaba de delantero. Es más: a Racing me fui a probar como delantero y el primer año jugué ahí. Al siguiente hubo un problema con el lateral izquierdo y me mandaron a mí a solucionar la emergencia, pero parece que les gusté y ahí me dejaron, y luego ya empecé a jugar en diferentes puestos de la defensa y ese pasó a ser mi ámbito.

-¿Cuáles son pros y contras de cada uno?
-Son 10 metros de diferencia: de central no tenés tanto desgaste físico pero necesitás muchísima más concentración. Ahí no podés fallar, porque fallás y se van directo contra el arquero. Como lateral tenés otras obligaciones, hay que participar más en ataque, sobre todo en un equipo como este River que juega mucho en campo rival, y después cerrar bien el lateral. En River, la obligación es ser profundo, ayudarse con el volante y si te toca un delantero punzante, ahí podés sufrir más y el objetivo es que no te desborden.

-¿Seguís a algún defensor que te guste?
-Cuando empecé a jugar de lateral, a Zanetti fue uno de los que más miraba, no sólo por lo de adentro de la cancha, sino también por lo de afuera. De los actuales, a Dani Alves da gusto verlo.

-También jugaste de volante en Estudiantes y metiste un montón de goles.
-Ahí jugábamos con línea de 5: tres centrales, Marcos Rojo de lateral volante por izquierda y yo por derecha, ahí ya cumplía otras funciones, por eso llegaba seguido al área rival, tenía mucha participación en ofensiva.

-Por tu pasado como delantero, no es casualidad que conviertas seguido...
-Lo que pasa es que en Racing había jugado 96 partidos y sólo había metido un gol, entonces esa fue la primera impresión que quedó. En Estudiantes ya fue otra cosa y también fui evolucionando y creciendo en mi juego, teniendo más presencia en pelota parada y acá en River también se notó. El primer gol me costó bastante pero después llegaron varios.

-¿Tiene que ver con la confianza que vas agarrando en un club?
-Sí, en parte sí, lo llevo también al hecho de la convicción, de estar concentrado para sacar ventaja en una jugada de pelota parada, en tratar de aprovechar un mínimo desliz.

-¿Cuál es la clave para meter goles de pelota parada, que vos tenés varios?
-La intuición, básicamente. Y tratar de estar bien atento, con todas las luces, porque son pocas las posibilidades que tenemos, entonces es clave tratar de sacarle el máximo jugo. Hay que mirar la pelota, darte cuenta lo más rápido posible si el que te marca te agarra o si con un simple movimiento te pierde un poco. Cuando estaban Ramiro y Germán, más Jonatan y los delanteros, había demasiados cabeceadores y por ahí a mí no me tomaba un central, que en general son los que mejor cabecean, sino que me marcaba un volante o un delantero, que por ahí se desconcentran o no son tan fuertes en la marca y entonces sí podía sacar una ventaja. También hablo con mis compañeros para que hagamos algún movimiento de distracción. Y otra cosa muy importante es tener buenos pateadores. Piscu le pega con una fuerza y una precisión terribles, entonces solamente hay que poner la cabeza y darle dirección. Ponzio y Mora también tienen buena pegada.

-No sólo tenés goles de cabeza en pelota parada, también con el pie, de rebote…
-Ahí es la intuición, imaginar dónde puede llegar a caer la pelota. Como defensor lo vivo en mi área, y eso me da una ventaja. Muchos piensan dónde va a caer la pelota y no se fijan tanto en el rebote, yo miro ambas cosas y trato de adelantarme a eso para aprovechar el rebote o el cabezazo de un compañero.

-¿Sentís que al llegar a River el hincha te miraba un poco de costado y ahora te ve como alguien fundamental?
-La verdad que nunca lo pensé de esa manera, sabía que venía a un club muy exigente, en un momento delicado, justo cuando volvía a Primera División. Sabía que las exigencias iban a ser altas.

Gol clave ante Argentinos para ganar el Final 2014. El Melli, Teo y Cavenaghi festejan.

-Pero te das cuenta de que te miran de otra manera, que te fuiste ganando a la gente…
-Es normal, pero no sólo me pasó a mí sino a todos. Aunque el club venía de un momento terrible, yo sabía que las exigencias serían estas, la de pelear arriba, y mis sueños eran estos. Fue una de las cosas que declaré apenas llegué a River, lo recuerdo bien: “No vengo a pelear por el descenso sino a ganar títulos”. Sabía que estas cosas podían pasar.

-Insisto: ¿te sentís más querido ahora?
-Sí, sí, siento el cariño, cuando salgo a la calle, cuando voy al cine con mi novia. Yo soy muy respetuoso, me considero una persona de perfil bajo, no me gusta la exposición y trato de concentrarme en lo que tengo que hacer, en la vida personal soy muy tranquilo y reservado, como debe ser en un jugador profesional, pero la verdad que sí, que siento mucho el aprecio y me da mucho orgullo.

En la intimidad del plantel, aseguran que Mercado es una voz muy escuchada. Muy escuchada, sobre todo, en los minutos previos a los partidos. En el vestuario, mientras los futbolistas se cambian para entrar a la cancha, Gaby de Madryn es uno de los que más arenga a la tropa.

-¿Es así?
-Sí, sí, me gusta gritar, desde chico fui así. Me considero un jugador con temperamento, y esa es mi manera de expresarme y de apoyar a mis compañeros, lo canalizo por ese lado.

-¿Qué les decís?
-Que no cometamos errores infantiles, que estemos concentrados, que aprovechemos la oportunidad que tenemos. Cuando jugamos en el Monumental, que intentemos disfrutar. Les hablo durante la entrada en calor, o cuando nos cambiamos en el vestuario, va por el lado del compromiso más que nada.

-Sos temperamental pero te pasás de protestón en la cancha, ¿o no?
-Y… sí, trabajo ese tema para mejorarlo, lo debo corregir.

-Te perdiste los clásicos de la Libertadores por protestarle al árbitro en México cuando ya había terminado el partido…
-Ya sé, cuando el árbitro cobró, cobró, por más que le protestes, no va a dar marcha atrás. Sé que no está bien pero en ningún momento le falté el respeto y en el informe puso que lo había insultado. Nada que ver.

-La segunda final con Tigres no la pudiste jugar por acumulación de amarillas, pero al menos le dejaste una marca a Gignac…
-En la previa de la final de ida se habló mucho de si me debía cuidar para poder estar en el Monumental y jamás se me cruzó eso por la cabeza. En una final, no podía regular de ninguna manera. Yo puedo proyectarme en ataque, meter algún gol, pero mi función es defender. Y no podía pensar más en mi situación personal que en la del equipo, no hubiera estado bien. Solo hice dos foules esa vez, y fui amonestado. Sufrí mucho perderme la revancha, lo vi en el vestuario con los compañeros que no podían estar, lo disfruté desde ese lado.

-¿Sos una roca con la que mejor no chocar, como se comenta?
-Ja, ja, lo que pasa es que antes que nada soy defensor. Y mi misión, primero y principal, es tratar de ser fuerte en mi posición, eso lo tengo muy claro.

-¿Siempre fuiste tan duro físicamente?
-Desde chiquito, sí. Jugaba de 10 en Madryn y pateaba los corners y tiros libres porque era grandote y le daba fuerte.

-¿A qué se debe tu evolución en el juego?
-Al trabajo. Soy un convencido de que con trabajo se puede mejorar todo.

-¿A qué llamás “trabajo”?
-A entrenar, a cuidarme en lo personal, a descansar bien. A pensar en mejorar todo el tiempo. Si me tengo que quedar fuera de horario para que me salgan mejor los centros, me quedo; si tengo un déficit físico, llego un rato antes para entrenarme con el profe. Me di cuenta de que con esas cosas fui mejorando.

-En Racing y River estuviste a 6 meses de quedar libre y terminaste arreglando en ambos, ¿por qué?
-En Racing me pareció que debía devolverle todo lo que me había dado desde que llegué al club con 10 años. Tratar de ser agradecido. Y en River habíamos vivido un montón de cosas y sabía que podían llegar otras muy interesantes, entonces le dije a mi representante que tratara de arreglar. Fue una muy buena decisión.

-¿Qué cosas te llamaron la atención de Gallardo cuando lo conociste?
-Desde la primera pretemporada, en Miami, donde yo no pude practicar bien porque estaba algo lesionado, ya me llamó la atención su forma de llevar los entrenamientos. Que estuviera tan cerca, que corrigiera los movimientos, que marcara algunos detalles. Me llamó la atención cómo trabajaba, no sólo él, sino todo su equipo, y con qué convicción lo hacía. Hablando y en los hechos.

En una de las terrazas que da al Monumental, un escenario donde se ha ganado el respeto del hincha.

-Por ejemplo…
-Arrancábamos con una entrada en calor, pero en esa ronda de pases hacía hincapié en la precisión del pase, en la recepción, en el control, en los movimientos. En darle una opción al compañero. Esas cosas te ayudan a ser mejor jugador, es la base de todo. Después, no fue casualidad que hayamos tenido ese fútbol tan vistoso y preciso en velocidad, era todo fruto del trabajo. Marcelo llegó a un equipo campeón y redobló la apuesta, prácticamente con los mismos jugadores, y consiguió que no nos relajemos, no es fácil.

-¿Lo viste nervioso alguna vez?
-No, realmente lo que admiro de él es su convicción: para hablar, para manejarse, para dar las charlas técnicas. Es una persona muy motivadora y convencida de lo que hace. Eso  transmite: mucha seguridad.

-¿Qué te dijo en el abrazo después de ganar la Libertadores?
-Nos dijimos “gracias” mutuamente, él a mí y yo a él, porque es un entrenador que te marca cosas, que te deja, que te enseña, y a esas personas uno les toma aprecio.

-Después de esa adrenalina de los tramos finales de la Copa, cuesta mantener la tensión, ¿no?
-Puede ser, pero teniendo posibilidades de seguir ganando cosas, sería una lástima dejarlas pasar, hay que aprovechar el viento a favor. Este grupo es ganador, hay que tratar de no bajar la guardia, como dice Marcelo.

-¿Aparece entre sueños el Barcelona?
-Y… sí, está en la cabeza, no falta mucho, pero a la vez falta mucho, parece contradictorio pero es así, quedan muchas fechas en el torneo y toda la Copa Sudamericana. Hay que tratar de vivir el presente y disfrutar esto que estamos viviendo, que es hermoso.

A Mercado lo han marcado tres experiencias mundialistas. En Alemania 2006 estuvo como sparring, en la recta hacia Sudáfrica 2010 jugó su único partido con la Mayor y para Brasil 2014 integró la lista de 30 preseleccionados, y finalmente se quedó afuera.

-¿Te bajoneaste por no ir a Brasil?
-Un poco sí, la verdad es que no la pasé bien. Cuando me nombraron entre los 30 sentí un gran orgullo pero uno no se conforma, o yo por lo menos no me conformaba con eso. Sabía que iba a ser muy difícil llegar al Mundial pero una vez que estás entre los 30 querés un poquito más. Tuve la ilusión hasta el final y cuando me avisaron que quedaba afuera pasé unos días bastante difíciles, con una sensación grande de tristeza, de que había estado muy cerca de vivir lo que es un Mundial.

-Lo viviste en 2006…
-Fue hermoso, pero no jugaba. Habíamos ido al Torneo de Toulon, nos eliminaron en primera ronda, y a 10 de los 20 chicos nos mandaron a Alemania. Estábamos con Fredes, Lautaro Acosta, Cahais...

-Ahí lo empezaste a ver a Messi de cerca…
-Me sorprendió porque tenía nuestra edad, o sea que podía ser un sparring más de nosotros, y los defensores no lo podían parar, era indescifrable. Nos sorprendía que pudiendo ser sparring, ya apuntaba para estrella.

-¿Sos de ver fútbol?
-Sí, miro mucho fútbol.

-Cuando ahora ves partidos del Barcelona, ¿lo hacés con otros ojos?
-Los miro porque siempre me dio gusto ver sus partidos. El Barcelona debe ser uno de los equipos al que más conocen todos: cambió algunos nombres pero juega siempre más o menos a lo mismo, la estructura es similar...

-Si llega a darse la final, al menos vas a zafar de Messi, que juega por la derecha…
-Sí, pero de mi lado estará Neymar, viste. Algo juega, ¿no? (risas).

-¿A Neymar hay que sacudirlo de entrada?
-A esos jugadores que tiene el Barcelona, no sólo a Neymar, no podés darles ni 10 centímetros porque no te perdonan. Por algo son figuras a nivel mundial.

-Gabriel, ¿te comentaron alguna vez que tenés mentón de rottweiler?
-Lo escuché, y puede ser, siempre estoy tensionando los maxilares en los partidos, puede ser.

Mejor lo dejamos ir, entonces. Es la hora del almuerzo, Gabriel Mercado debe tener hambre.

De Selección
La foto es toda una curiosidad: 6 jóvenes de Racing convocados a la Selección Sub 20 que disputó el Sudamericano 2007: Gonzalo García, Claudio Yacob, Matías Sánchez, Chiquito Romero, Gabriel Mercado y Maxi Moralez. Todos menos García serían luego campeones del mundo en Canadá, en un equipo que, dirigido por Hugo Tocalli, también tenía al Kun Agüero, Ángel Di María y Ever Banega. Mercado fue titular y tuvo asistencia casi perfecta en aquel Mundial: 6 partidos. El año anterior había sido sparring en el Mundial de mayores de Alemania. En 2010 fue convocado por Maradona a la Selección local y disputó su único partido hasta aquí (2-1 a Jamaica). En las Eliminatorias para Brasil fue convocado por Sabella para la última doble fecha eliminatoria pero no ingresó. Y también integró la lista de 30 previa al Mundial y se terminó quedando afuera.

Cinco goles clave en River

2-0 vs. Argentinos.
Torneo Final 2014.

Anteúltima fecha, había perdido el puntero Gimnasia y River debía ganar para quedar 1°. Tiro libre de Lanzini, rebote en el palo y Mercado, de zurda, con una tijera, pone el 1-0 a los 24’ del ST. Festeja con todo (foto). Medio campeonato.

5-0 vs. Quilmes.
Torneo Final 2014.

Una semana después, el River de Ramón recibía a Quilmes. No dependía de nadie, debía ganar para ser campeón. De palomita, tras un cabezazo de Maidana, puso el 2-0 a los 25’ del PT.

2-0 vs. Nacional.
Final Copa Sudamericana.

Abrió la cuenta de cabeza, tras córner de Pisculichi, a los 9’ del ST de un partido duro. En la ida habían terminado 0-0, así que con ese gol River empezó a ser campeón de la Sudamericana. Pezzella anotaría el 2-0.

2-0 vs. Guaraní.
Semifinal Copa Libertadores.

Abrió otra vez un partido complicado a los 15’ del ST tras un corner y una asistencia de cabeza de Alario. Metió el gol de derecha, de 9 rebotero. Luego, Rodrigo Mora pondría el 2-0 para ir tranquilos a Paraguay.

2-1 vs. Boca.
Torneo de Verano 2014.

No fue oficial, pero es Boca y cobra valor. Tras un tiro libre de Ponzio y una salida a destiempo de Orion, mete de cabeza el 1-0 a los 9’ del PT.

Por Diego Borinsky / Fotos: Federico López Claro y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de octubre de 2015 de El Gráfico