Notas de la revista

Joaquín Tuculet, seguro, ágil y desequilibrante

Desde que Hourcade asumió como head coach en Los Pumas, se convirtió en titular indiscutido. El fullback describe su historia, habla sobre su crecimiento y el del equipo, y sobre las chances en el Mundial que se juega en Inglaterra. Charla con un pincharrata que eligió al rugby y no al fútbol.

"Ser Puma es mi pasión", avisa. Firmó con la UAR por tres años para seguir en el seleccionado. En 2016, disputará el Super Rugby.

“El fútbol me gusta mucho, casi tanto como el rugby. Soy fanático de Estudiantes, y cuando puedo, lo voy a ver. De chico, me fui hasta Brasil. Pero se me complicó seguirlo en los últimos cuatro años porque viví en el exterior”.

El hombre de 26 años -platense por cierto- que firma la frase no es un futbolista, pese a que podría haberlo sido. Desde pequeño, jugaba a la pelota; incluso, había quedado en las inferiores de su amado Pincha, aunque un sábado su destino cambió. “Mis hermanos, que son más chicos que yo, decidieron arrancar con el rugby en Los Tilos. Fui a acompañarlos, sin intención de meterme; y justo mi camada, la 89, se entrenó de manera distendida. La verdad, los chicos no hicieron mucho porque ese día jugaron al fútbol; y me sumé a patear y pegué mucha onda con el grupo. Entonces, empecé a practicar los dos deportes a la vez hasta que opté por el rugby. Lo veía distinto, por los amigos que había hecho, por la vida social, por el ambiente. Me sentía identificado al estar en el club, no sólo por jugar. No es que la cosa pasaba por el sábado a las 15, cuando teníamos partido; sino que era por todo”, sentencia Joaquín Tuculet, el fullback de Los Pumas que, mientras se cerraba y se imprimía esta revista, ponía su energía en los choques ante los All Blacks y Georgia, los primeros dos del seleccionado en el Mundial de Inglaterra.

Todavía no llega el momento para referirse a la actualidad. En realidad, aún falta correr bastante agua por el río para desembocar en su primera experiencia mundialista en mayores. Apenas transcurren unos minutos de charla en Belgrano Athletic. El tipo de City Bell está listo para quedar inmortalizado, al igual que el resto del plantel, en la foto oficial antes de emprender viaje rumbo a la Copa del Mundo, tradición que nació hace 50 años cuando sólo existían las giras mundiales. Pero, como la orden no se advierte, sigue con su relato, en el que cuenta -motivado por quien escribe- una anécdota vinculada a Estudiantes. “Recuerdo cuando salimos campeones al ganarle a Boca, en cancha de Vélez. Tuve la facilidad de entrar al campo de juego cuando se terminó el partido, y lo disfruté ahí, con los jugadores. Fue una experiencia increíble. Es un momento que me quedará grabado para toda mi vida”, sostiene.

-¿Entraste en el vestuario? 
-No; en el vestuario propiamente dicho, no. Estuve en los festejos en la cancha y después me quedé en el pasillo del vestuario. Me acuerdo de que al primero que abracé, en el campo de juego, fue a la Bruja Verón, que es el símbolo de Estudiantes, el ídolo de todos. Abrazarlo era la gloria… Sebastián tenía mucho más para dar en Europa, pero eligió volver al club de toda su vida. Para nosotros, los hinchas, fue importantísimo, como les pasó a los de Boca con el regreso de Carlitos Tevez.

A congelar aquel momento de gloria. Caía el 13 de diciembre de 2006, el Pincha era campeón de Primera División después de 23 años, y Joaquín, un pibe de 17 que lo veía consagrarse por primera vez. Al adolescente no se lo conocía públicamente. Sólo resultaba un chico de Los Tilos que pintaba bien, que se atrevía a soñar, y que aún no había competido con Los Pumitas en el Mundial de Menores de 20 años de 2008 y de 2009.

-¿Cuándo te empezó a seducir el rugby?
-Me gustó siempre. Vengo de una familia de rugby, porque mi abuelo, mi papá y mi tío lo jugaron. Pero no era ni soy un alocado por mirar partidos, ni por estar pegado a una cancha todo el día. Me gusta ir a mi club, disfrutar con amigos y hablar de otras cosas; no soy monótono. Sí me encanta entrenarme y alimentarme bien, porque son cosas que me ayudan para sentirme y rendir mejor.

-¿Qué vicios tenías, en cuanto al juego, cuando empezaste en Los Tilos que –a esta altura– desaparecieron?
-De chico, se juega con más instinto, se sigue lo que dicen los entrenadores y los familiares, y no se piensa mucho. En ese tiempo, yo jugaba, miraba para delante y hacía lo que me salía. Siempre me gustó patear y agarrar la pelota; era medio morfón.

-¿Cuándo, entonces, comenzaste a ser más cerebral?
-En Menores de 16, de 17 y de 18, empecé a jugar más seriamente. Si bien podés correr porque hay muchos espacios, tenés que pensar qué vas a hacer; y crecés, los entrenamientos son mucho más difíciles y hay que buscarles la vuelta... Además, te tocan entrenadores más capacitados. Ni hablar cómo mejorás si estás en un seleccionado juvenil. Entonces, comenzás a entender los porqués… Por qué atacamos, por qué salimos con el pie; y se aprende de táctica y de técnica.

-¿Quién era tu espejo?
-Me gustaba ver a Nani Corleto de 15, a Felipe Contepomi de 12, al Negro Gaitán… Pero me quedaba más con lo que me decían que con lo que veía. Escuchaba los consejos de mi viejo y de mi tío, que no integraron Los Pumas pero que tenían experiencia gracias a haber jugado en el club o en algún seleccionado de Buenos Aires.

-¿Qué frase de ellos atesorás en tu mente?
-Me inculcaron que jugara en serio. Todo lo que hacía, tenía que ser así por más que nos enfrentáramos a San Luis, La Plata, Universitario, Albatros o al que fuera. Entonces, no debía hacer ninguna pavada; tenía que jugar de la misma manera y mantenerme concentrado ante todos los rivales.

Con la valija lista, en Belgrano Athletic, antes de viajar rumbo a su primer Mundial en mayores.

La entrevista se interrumpe. El plantel argentino posa para los fotógrafos. Primero, vestido de Pumas; después, de etiqueta, como había que volar rumbo al Mundial, según dijo el capitán, Agustín Creevy. Tuculet cumple con lo pedido y retoma el diálogo de modo natural, como si no se hubiera cortado el clima. “¿En qué estábamos”, pregunta. A ver, retomemos su historia desde cuando culminó su ciclo en los seleccionados juveniles. Porque Tucu continuó en el radar de la Unión Argentina al ser promovido al plan de alto rendimiento. En 2009, debutó en los Jaguares; en 2011, jugó en los Pampas XV, con Daniel Hourcade como head coach, y logró la Vodacom Cup, el primer torneo profesional que obtuvo un equipo argentino. Si se buscara la génesis de estos Pumas, sobre todo por el juego ofensivo que pregonan, habría que ubicar la lupa sobre aquellos Pampas. “A ese grupo humano lo valoro muchísimo, y era similar al que tenemos en Los Pumas. Porque la base del seleccionado es la de esos Pampas. Con aquel grupo, pasamos momentos lindos y duros. Siempre mantuvimos la buena onda y la humildad. Por eso, fuimos campeones invictos”, explica.

Luego, inició su expedición por el rugby europeo y, al cabo de los años, compitió en tres clubes: Sale Sharks (Inglaterra), Grenoble y Beagle Bordeaux (ambos de Francia). Pero atención, porque la fecha que no habrá que perder de vista es el 9 de junio de 2012, cuando debutó en Los Pumas ante Italia. “Fue espectacular, increíble e impensado. Era pendejo, tenía 22 años. Me acuerdo de la charla previa al partido y de la entrega de las camisetas. Felipe habló para el grupo y me pareció especial. Era la primera vez para mí, y tenía adelante a un jugador como Felipe, que lo había visto un montón de veces por televisión. Estaba Rodrigo Roncero también; y ellos son flacos que marcaron una época en el rugby argentino. ¿Qué dijo Felipe? Mencionó cosas sobre el partido, qué es vestir la camiseta argentina; y me llegó. Esto significó un gran momento, y encima ganamos. Esa ventana de junio me pareció de puro aprendizaje al recibir mucha información”, confiesa.

-¿Qué otros momentos rescatás en estos tres años y cuatro meses en Los Pumas?
-Fueron tremendas las victorias ante Australia y Francia el año pasado, y contra Sudáfrica este año, algo histórico (primera en 50 años y como visitante frente a los Boks). Destaco también la derrota contra Sudáfrica, porque casi le ganamos (33-31 abajo, en 2014). En ese partido, metí un try y mi familia estaba en la cancha; no lo podía creer. Todos estos son momentos únicos, no se olvidan fácil.

-Te convertiste en titular indiscutido con Hourcade como head coach del seleccionado. ¿Cuándo diste el salto de calidad?
-No sé, creo que mucho no cambié. Mi juego fue parecido siempre. Andaba bien en el exterior, pero con Tati Phelan no tuve muchas oportunidades. Obviamente, no fui protagonista en el equipo. Cuando el Huevo -que me conocía de los Pampas- asumió, logré continuidad. Es cierto que, a través de los años, crecí y maduré, más allá de que me gusta entrenarme y mejorar. Pero también hay una realidad: el gusto de cada entrenador. El anterior prefería a otro tipo de jugador, quizá porque yo era más chico… Pero, bueno, el Huevo confió en mí y le estoy agradecido. No sé si lo hago bien o mal, pero doy lo mejor.

-Sos seguro en el fondo del campo de juego y desequilibrás en ataque, virtudes que se amoldan justo al estilo de Los Pumas. ¿En qué creciste en base al rugby ofensivo que el equipo desarrolla?
-Hay que trabajarlo, no es fácil jugar así. Siempre fui seguro y de buen pie, pero tenía que agregarle una pizca ofensiva a mi juego. Todavía lo trabajo, porque puedo ser más peligroso.

-¿Eso lo incorporaste en el exterior o en el seleccionado?
-Un poco de todo; allá y acá. En Bordeaux y en Cardiff, trabajé muy bien el juego ofensivo. Tuve a entrenadores de backs que me ayudaron mucho a que creciera como jugador. Y el Huevo también me hizo hincapié en esto.

-Los Pumas elevaron el nivel de juego y los miran con otros ojos en el mundo. ¿Qué te indica esto?
-Estamos bien, aunque no hay que relajarse. Somos capaces de jugar en un nivel alto, pero podemos hacerlo en uno bajo a la vez. Tenemos que ser más consistentes y, de a poco, lo vamos logrando. Cuando encontramos el ritmo este año, lo mantuvimos. El partido contra Sudáfrica allá fue muy bueno, y el de acá, bueno. A veces se olvidan de que nos enfrentamos a los mejores del mundo en el Rugby Championship, y eso pasa a un segundo plano cuando no debería.

-¿Qué no tienen que traicionar de la esencia de estos Pumas en el Mundial?
-Nosotros no nos tenemos que confundir: somos un equipo ofensivo, bárbaro. Pero no debemos ser desordenados por tratar de atacar constantemente. Tenemos que ser equilibrados; buscar sorprender sin perder el orden. Si vemos el espacio, si la jugada o el plan de juego lo pide, atacamos. Si debemos defender o salir con el pie, hay que hacerlo. Esto es importante en un Mundial, porque a la mayoría de los equipos que saben salir de su campo y utilizar el pie les va bien. Tengo fe de que haremos una gran Copa del Mundo, y eso depende solamente de nosotros.

Tuculet atenaza la ovalada en la altura, durante el debut mundialista ante los All Blacks.

-¿Deben jugar cerca de la perfección para llegar lejos en el Mundial?
-Sí, pero tenemos que ser más regulares. ¿Hicimos buenos partidos en 2015? Sí. ¿Mejoramos? Mucho. Aunque aún debemos encontrar esa solidez para mantener un nivel alto en todos los partidos. Igual, es difícil sostenerlo ante Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica, que te presionan los 80 minutos; encima no se equivocan casi nunca… Pero, bueno, en el Mundial, compiten otros rivales, además de los tres mejores del mundo.

-Si se clasifican a los cuartos de final, ¿a qué rival preferís: Francia o Irlanda?
-Mi cabeza está puesta en pasar a la segunda ronda. Tenemos que ser disciplinados, jugar bien y ganar. Lo que importa es avanzar. Después, el cruce se verá.

-¿Con qué te volverías satisfecho de Inglaterra?
-Si no quisiera llegar hasta el último día en el Mundial, sería un mediocre. Hay selecciones muy buenas, como las tres grandes del sur, Francia, Irlanda, Gales, y nosotros. Por eso, sueño con ser campeón del mundo.

Golpe al corazón y a la razón
La familia Tuculet vivió una tragedia el 9 de marzo de 2013. Juan Pedro, primo de Joaquín, fue asesinado en Villa Elisa, provincia de Buenos Aires. El fullback de Los Pumas, que siempre evitó el tema en los medios, tiene una deferencia con El Gráfico. Lejos de emitir opinión sobre las causas de gatillo fácil en la Argentina y de meterse con la política, elige lo más genuino: acordarse de Juan Pedro. “Fue una pérdida muy grande para toda la familia, y lo recordamos de la mejor manera –anticipa–. Si bien sabemos que físicamente no está más entre nosotros, lo seguimos sintiendo muy cerca, en cada encuentro, en cada cumpleaños, en cada partido… Se lo extraña, y mucho… Se nos viene a la mente todo el tiempo. Desde donde él esté, sé que está orgulloso y feliz de su familia, no tengo dudas. Porque su hermano, su hermana y sus padres conservan una fuerza increíble”.

Por Darío Gurevich / Fotos: Alejandro Del Bosco

Nota publicada en la edición de octubre de 2015 de El Gráfico