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Gastón Mazzacane, huellas del último argentino en la Fórmula 1

- por Redacción EG: 19/10/2015 -
En pista y con el remozado Mouras de La Plata como fondo, Gastón Mazzacane respira automovilismo, como lo ha hecho toda su vida.

A los 40 años afloran en él recuerdos de su campaña en el exterior, con participación incluida en el Gran Circo, y su vigencia como piloto en un Turismo de Carretera, que también lo encuentra con la responsabilidad de ser el vicepresidente de su padre en la ACTC. Es el auténtico Rayo.

-¿Tenés presente que el 24 de septiembre se cumplen 15 años de aquel GP de Indianápolis en el que durante 5 vueltas te mantuviste tercero?
-En serio, sabés que me cuesta asociar las fechas, pero los detalles de aquella carrera los tengo presentes como si la hubiese corrido el último fin de semana. Aquel pudo ser un gran día, tanto que creí que me había llegado el momento de explotar como piloto en la F1. Por supuesto que dependía de un montón de circunstancias, entre ellas la lluvia y porque no había parado a cambiar neumáticos. Sentía feeling con el auto, es como si ahora estuviese sentado al volante... El día estaba gris, lluvioso, encapotado y en la recta principal se veía un cumulonimbus que parecía que se venía el cielo abajo. Sin embargo, se empezaba a secar la pista y yo tenía los neumáticos para agua. Vía radio surgieron las discusiones, porque yo no quería entrar en boxes esperando que volviese a llover. Por protocolo, vos te comunicás con una sola persona, acá todo el equipo, entre ellos el dueño Giancarlo Minardi, me decían que parase y yo no quería. Por eso duré 5 vueltas tercero y la TV me enfocaba como la sensación de esa carrera. Adelante tenía a Michael Schumacher y Frentzen y cuarto estaba Mika Hakkinen con el McLaren, que venía de ser campeón del mundo en 1998 y 1999, y no me podía pasar. En la primera de las cinco vueltas que estuve tercero, Hakkinen creyó que yo era un rezagado, pero después le avisaron. Inclusive, cuando terminó la carrera, él hizo mención de la dificultad que había tenido para pasar al Minardi.

-¿Y la tormenta nunca llegó?
-Lamentablemente para mí, ese tormentón que se venía jamás llegó y ahí se desvanecieron mis posibilidades de un resultado histórico, porque de haber llovido, todos los que tenían gomas para piso seco hubiesen tenido que volver a parar. Pero bueno, una lástima y encima faltando 10 vueltas tuve un problema hidráulico y abandoné.       

Identificado con el monumento a Fangio en Montmeló, España.

-El mejor resultado que lograste en la F1 fue justamente en Nürburgring, uno de los circuitos más temidos...
-Ahí sí llovió prácticamente toda la carrera y con el equipo hicimos una estrategia con sólo dos paradas para reabastecernos de combustible. Y esas dos paradas fueron muy rápidas y casi siempre estuve en posición de ataque, para nada de aguante o a la defensiva. Terminé octavo, adelante de Jean Alesi y Jenson Button. Lo que sí, en aquellos tiempos sólo se otorgaba puntos hasta el sexto puesto, así que me quedé con las manos vacías. Si hubiésemos sumado puntos, habría sido algo fabuloso, sobre todo para el equipo, ya que le permitía ganar un muy buen dinero. Pero igual es un gran recuerdo.

-¿Seguís en contacto con gente de la F1 de aquella época?
-Sí, por ejemplo con un exmanager italiano, con quien trabajamos juntos desde la época de la Fórmula 3000; con el representante que tuve en la F1, y con los pilotos Giancarlo Fisichella, Marc Gene y Luca Badoer. También mantengo la amistad con Giancarlo Minardi. Si bien la F1 ha cambiado mucho en estos últimos 15 años, en cuanto a representantes y directores se mantienen los mismos. El ambiente de la F1 es muy cerrado, fijate que Ecclestone sigue... Tenía muchas ganas de ir este año a las carreras de México y de Brasil, pero justo las fechas se superponen con las del TC. La última carrera de F1 que estuve presente fue la de Hungría en 2006. Y esa vez, como todavía no hacía tanto tiempo de mi participación, me encontré con mucha gente conocida.

Con el Minardi que corrió la temporada 2000 en F1.

-Es que corriste 21 grandes premios, una cifra interesante de participaciones...
-Y sí, tuve la suerte de tener más presencias que Norberto Fontana y Esteban Tuero, con quienes fuimos los últimos ex F1 argentinos. Me genera orgullo el haber podido formar parte de esa elite de pilotos, pero lamento que sea el último de los argentinos que participó. Hoy prácticamente no hay chances de que un compatriota nuestro vuelva a correr, porque cuesta formar un piloto durante determinada cantidad de tiempo y con determinada cantidad de dinero. En este proyecto no podés ir año tras año, tenés que contar con un plan como para sustentarte al menos 5 años. Yo lo pude hacer en aquellos tiempos del 1 a 1 (relación peso-dólar), pero después de lo sucedido en el país en 2001 esa posibilidad dejó de existir. Si somos realistas, hoy un piloto argentino tiene que buscar su apoyo en el exterior para abrirse camino, porque desde acá es imposible que lo puedan respaldar.

-¿Es cierto que tu debut en la F1 en el 2000 corrió riesgo porque casi perdés el avión a Australia?
-Fue de locos, porque yo tenía que ir de Bologna a Milán y después hacer conexiones en Singapur y Malasia para llegar a Australia. Pero resulta que como yo vivía con todo el equipo a 15 kilómetros de Bologna, salíamos juntos entre 30 y 40 personas de ahí. El tema es que me quedé dormido en un sillón y no llegué al aeropuerto. Entonces, al despertarme salí de raje con un BMW M3, que era una bomba, para Milán, que está a unos 280 kilómetros. Iba a fondo por la autopista hasta que en Módena la policía armó todo un operativo para detenerme. Allá la policía no está fija en un lugar, así que se iban alertando que un loco venía a 250 kilómetros por hora. Ni te imaginás la bronca que tenían esos policías. Estaban recalientes y con razón, porque les hice hacer un despelote en plena autopista. Yo sabía la macana que había hecho, pero también sabía que si perdía el avión en Milán, se acababa mi ilusión en la F1. Me iban a echar sin haber debutado. Entonces les empecé a explicar y les rogaba que me creyeran. Les mostré papeles, fotos, ropa, obviamente documentos y, por favor, les pedí que llamaran a tal persona para que corroborase mi historia. Sabía que de la multa no zafaba, pero estaba desesperado por seguir viaje. Si me retenían, no llegaba. Y cuando se tranquilizaron y aflojaron un poco, los convencí de que iba a tener que seguir como mínimo a 200 kilómetros por hora y ahí decidieron acompañarme como escolta hasta el aeropuerto. Sin dudas, me ayudó el ser piloto de F1, algo que para ellos es lo máximo. Y después los tuve que invitar cuando corrí en Imola a la carrera de San Marino. La multa la pagué, pero además me costó el tener que hacerlos entrar en el box de Minardi y que disfrutaran del Gran Premio por dentro.

Su presente en el TC con el equipo del Coiro Dole Racing.

-Tu debut en el 2000 en Australia fue junto a Jenson Button y Nick Heidfeld...
-Sí, exactamente, debutamos los tres y me acuerdo de que nos sacaron una foto durante la previa en la recta principal. Quién iba a decir que Button llegaría a campeón del mundo, con asistencia perfecta durante 15 temporadas. El empezó en Williams, y Heidfeld, que venía conmigo de la Fórmula 3000 en el equipo Prost y hoy corre en la Fórmula E. Soy muy amigo del español Oriol Servià, que también está en la Fórmula eléctrica, y me comentó de la categoría que pesa mucho la batería, que son autos divertidos para manejar, pero no mucho más que eso. Tienen alrededor de 250 caballos, no mucho más, y que la estrategia adquiere un gran valor, porque deben cambiar de auto al no tener la batería la autonomía suficiente para toda la carrera.

-¿Qué frase de la F1 siempre te quedó dando vueltas en la cabeza? 
-Y, sin dudas, una de Giancarlo Minardi cuando estaba con un pie afuera y un pie adentro de su escudería. Todavía no tenía cerrado el acuerdo con el equipo Prost y él me anticipó que me iba a equivocar. Fue como cuando hacés mal una maniobra y te vas al pasto. Minardi quería que hiciese una segunda temporada completa con él y después sí evaluar el pegar el salto a otro equipo. Cada vez que lo veo, me lo sigue reprochando.

El rayo, como se lo bautizó en el Top Race, comenzó su aventura internacional a los 17 años, con su punto máximo a los 24 cuando se convirtió en protagonista del Gran Circo.

-¿Por qué te enojaste tanto en una prueba con Minardi?
-Eso fue a principios del 99 en Mugello, la primera vez que me senté en un F1. Resulta que yo era el tercer piloto, con mi contratito firmado y tenía que hacer una determinada cantidad de kilómetros en el año para hacer uso de una cláusula que decía que si le sucedía algo a Luca Badoer o Marc Gené, yo podía suplantarlos, pero claro, eso dependía de cuántas pruebas hubiese hecho. Y estos tipos me convocan y me sientan en el auto sin hacerme la butaca ni tomar las medidas de nada. Creyeron que me iban a hacer una broma, y yo me subí igual, no te digo desatado, pero con los hombros apretados y la cabeza me bailaba un poco. Hice lo que pude, imaginate que era mi primera vez en un F1. Y el problema no era tanto la aceleración, porque venía de 3 años en la Fórmula 3000 con 600 caballos y de golpe saltaba a uno de 850, que no resultaba demasiada diferencia. Lo que sí cambiaba muchísimo era la frenada y la velocidad en curva, ya que es impresionante lo que carga y cómo frena. Y una vez que terminamos, los graciosos me dijeron que pensaban que no me iba a subir…

-¿Qué lugar ocupa el automovilismo en tu vida?
-A los 5 años empecé a acompañar a mi viejo cuando corría con la Dodge en el TC de ruta. A mí me prendió enseguida el automovilismo, pero reconozco que la familia me acompañó siempre. Desde los 12 años, cuando arranqué en karting, que mis viejos y mi abuelo me llevaban a todos lados, pero no sólo a correr, sino a comprar los repuestos e inclusive, cuando no tenía colegio, a una escuela de pilotos en Capital. Mi familia nunca tuvo problemas de viajar desde La Plata a donde fuese necesario. Qué me iba a imaginar que con el tiempo iba a vivir en Italia del 94 al 97; en el 98 me radiqué en Oxford en Inglaterra; en el 99 y 2000 volví a Italia; en el 2001 me fui a Francia al equipo Prost que estaba en las afueras de París, en Versalles, y en el 2004 me instalé en los Estados Unidos.

Hoy, a los 40, mantiene encendida su pasión como piloto, a la que le sumó la responsabilidad como dirigente.

-¿Te gustaría que tus hijos siguieran en el automovilismo?
-Trataré de inculcarles el amor que tiene nuestra familia por el automovilismo. Romeo tiene 5 años, Uma, 9 y Renato aún está en la panza, ya que mi esposa Connie tiene un embarazo de 6 meses. Acá en el Museo del Mouras de La Plata, ellos tienen un Fiat 600 y una Coupe Fiat 850 y tanto Romeo como Uma los disfrutan mucho.

-¿Hasta cuándo aspirás a seguir corriendo?
-El 8 de mayo cumplí 40 años. Y si ves que el Gurí Martínez a los 49 está en perfecto estado físico y mental, aguerrido como siempre y con ganas de seguir ganando, yo me entusiasmo en que todavía tengo bastante por delante. Creo que ni el Gurí se imaginaba a los 49 estar peleando un campeonato de TC, con lo competitiva que está la categoría. La verdad, no sé hasta cuándo, tal vez deje de correr mañana o dentro de 10 años. La decisión seguramente la tomaré cuando ya no me genere adrenalina el correr. Por ahora no me imagino sin el buzo, el casco y el subirme a un auto de carrera. Si me llegan a decir que no corro la próxima carrera, me volvería loco, necesito ese fin de semana de piloto…

El circuito Mouras de La Plata es todo un orgullo para los Mazzacane, ya que 39 categorías diferentes corren allí sus campeonatos.

-¿Cómo sería el festejo de Mazzacane por una victoria en el TC?
-Mirá, lo venía pensando en las carreras de invitado en el TC Mouras, que quedé segundo y tercero. Si bien no me desespera la victoria en el TC, en cada carrera la salgo a buscar. Sería fabuloso retribuirle a la hinchada todo su cariño. Soy un enamorado de las hinchadas típicas del Turismo de Carretera, porque la 15 de Chevrolet y la 4 de Ford siempre son una fiesta. Y mi festejo consistiría en subir a toda la hinchada de Chevrolet al podio. Festejaríamos arriba todos juntos, seguro que sería algo distinto...

-¿Cómo pudiste amalgamar la condición de piloto con la de dirigente de la ACTC?
-Gracias a la colaboración de la dirigencia histórica, una nueva generación de dirigentes se pudo acercar, sugerir, planificar y proyectar diferentes temas que pueden ser buenos cambios en lo inmediato y en el futuro. Y hablo de la dirigencia histórica porque ellos siguen estando, entre ellos mi padre, y se sumaron figuras como el Gurí Martínez y Guillermo Ortelli que son superpilotos. Lo importante es que se trata de gente teceísta pura, que entienden la filosofía de esta categoría. No podemos dejar de tener a los históricos, pero también tenemos que adaptarnos a los cambios. Hoy el TC tiene tecnología y una gran proyección para seguir mejorando. Los nuevos deben explicarles a los históricos los porqués de hacer esos cambios. La dirigencia me resulta atrapante.

-¿Y ahora también incursionaste en charlas motivacionales?
-Sí, exacto, me convocó la consultora CIJI de Tulio Ricciardi a unas charlas motivacionales para empresas. Se apunta a la creación de un buen equipo de trabajo y lo relacionamos con la psicología deportiva por la presión en la toma de decisiones. Y lo linkean con el automovilismo deportivo. Vi que a la gente le gusta asociar lo que le sucede en sus empresas con lo que nos sucede en el deporte. Está bueno, aunque para mí es todo nuevo. Cuando terminé el secundario, hice un año de ingeniería mecánica en la Tecnológica de La Plata, pero al irme a correr al exterior, tuve que dejar. De no haber sido piloto, lo más probable es que hubiese encarado mi vida por ahí.

Por Walter Napoli

Nota publicada en la edición de septiembre de 2015 de El Gráfico

Por Redacción EG: 19/10/2015

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