LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Marcelo Gallardo: “Este River no te deja a pata”

- por Diego Borinsky: 01/10/2015 -

En un año sumó 4 copas internacionales a las 5 que tenía River en 54 años de competiciones organizadas por la Conmebol. Entonces le propusimos a Marcelo Gallardo posar con todas ellas y nos metimos en el Museo un sábado por la noche. Su sonrisa es la de todo el pueblo riverplatense. Una charla teñida de emoción y también de expectativas de cara al futuro.

Sábado 22/8: el Muñeco posa por primera vez con Sudamericana, Libertadores, Suruga y Recopa.

-Terminó el partido…
-Terminó el partido y me bajé de la silla desde donde lo miré, caminé unos metros hasta el vestuario, porque estaba cerquita, y me metí en mi recinto. Siempre lo hago después de cada partido. Me quedo solo. Son 5 o 10 minutos en los que me aíslo, ahí intento bajar un poquito, respirar con más calma…

-Ponés la mente en blanco…
-Es muy difícil poner la mente en blanco, sobre todo después de vivir una noche con semejante tensión. Se vive muy intensamente desde afuera, o sea que se te pasan un montón de cosas por la cabeza, y lo único que hago, por lo general, es tratar de aprovechar esos 10 minutos para pensar un poquito de acuerdo a lo que vi, y si estoy caliente, trato de que no se me note, porque uno está muy expuesto en esta profesión y te observan desde todos los ángulos, entonces trato de aislarme y esconderme en ese momento. A mí se me nota demasiado cuando estoy caliente, no lo disimulo, entonces también me guardo un rato para sacar un poquito todo eso y reaparecer más calmo… Y en este caso, una final de Libertadores, era una emoción muy fuerte que me invadía, por eso traté de arreglarme un poquito.

-Te quedaste unos minutos ahí…
-Y enseguida vino mi viejo y no lo pude, no lo pude, traté, la emoción de él era tan grande que no nos pudimos contener, nos abrazamos, él no podía decir nada y yo trataba de calmarlo, y tampoco me salían mucho las palabras, después vinieron a buscarme de la organización para que fuera a recibir la medalla, entré al campo y vinieron mis dos hijos más chicos corriendo a colgarse…

-Tardaste mucho en aparecer en el campo, todos nos preguntábamos: ¿dónde está Gallardo?
-La verdad que no tenía muchas ganas de ir a recibir nada, porque todavía estaba caliente por lo que me habían hecho pasar, esa situación ridícula de que no pudiera acercarme al vestuario ni estar con mis jugadores. Pero bueno, en un momento me di cuenta de que tenía que ir: por respeto a los jugadores, por respeto a la gente misma, o sea, me parecía que no iba a estar bueno si me borraba, más allá de mi bronca hacia algunas actitudes de la Conmebol.

Es jueves 20 de noviembre, 4 y media de la tarde. Gallardo juega de local en su oficinita que tiene en el vestuario Angel Amadeo Labruna del Monumental. Oficinita, porque se trata de una sala pequeña, 3 x 2 como mucho, austera, con un plasma sobre un lateral y un cronograma gigante del otro, para que desde su silla, sin levantarse ni usar largavistas, pueda observar contra quién juega su equipo y por qué competencia durante el semestre en curso. Se ve el mapa general y también el detalle. El cronograma está dividido por semanas, cada competencia con un color y al final de cada línea se ve a simple vista si el equipo tiene 1 o 2 partidos por semana. Desde su silla de jefe, Gallardo puede relojear la tele a la izquierda, el cronograma a la derecha, el gimnasio por delante y el campo de juego del Monumental un poco más allá. Un sitio estratégico, sin dudas, para que el gran estratega del fútbol argentino lo tenga todo a su alcance.

Han transcurrido 15 días apenas de la conquista de América, la vuelta al mundo posterior para ir a jugar a Japón la Suruga, la fiesta con las familias de hace 36 horas, y en este momento el técnico de River repasa escenas de aquella madrugada sin igual, la del 6 de agosto. En ese breve relato con el que abrimos la entrevista quedan al desnudo dos características distintivas de su personalidad: Gallardo es un gran calentón y es, también, dueño de una sensibilidad especial. Es un hombrecito que genera vínculos profundos, fuertes, genuinos. Con la gente, con los jugadores, con sus colaboradores, con los directivos, y obviamente con su familia. Es algo que va más allá de su capacidad de liderazgo, de sus conocimientos tácticos, de su planificación y de su identificación con los colores que mamó desde los 12 años.

El abrazo con su padre y las palabras que no le salen a ninguno de los dos unos minutos después de terminada la final es un cúmulo de emociones que conducen inexorablemente hacia el recuerdo de Ana María, la madre de Marcelo, fallecida hace 9 meses. Máximo y su hijo mayor están pensando en ella cuando comparten ese instante en la soledad de un breve recinto, mientras un Monumental en llamas ruge como poseído por la conquista de ese trofeo esquivo durante 19 años. Todos se preguntan dónde está Gallardo. Y Gallardo está pegado a su padre, pecho contra pecho, oreja contra oreja, llorando nostalgia de ausencias en un rincón del gigante de cemento.

-Durante la vuelta olímpica en el micro descapotable se te vio llorando, abrazado a uno de tus hijos…
-Sí, es verdad, iba con los dos más chicos, porque Nahuel estaba haciendo su festejo alocado por otro lado, y bueno, son esas cosas que a uno se le pasan por la cabeza, y se me vino la imagen de mi vieja de un año atrás, o menos de un año atrás, como me había pasado con mi viejo un rato antes en el vestuario, y ahí fue el pico de emoción. Hasta el partido previo a Boca por la Sudamericana, mi mamá venía a la cancha, aún en las condiciones en que estaba, pobre, casi no podía caminar, pero venía igual. Y en los partidos, en todos los partidos, eh, siempre siempre, cuando terminaban se acercaba a la puerta del vestuario a saludarme. Yo salía, le daba un beso y ella se iba. Así fue hasta el final. Entonces se me vino todo eso a la mente.

Empezamos por el final, el instante culminante de la obra de este pequeño gran DT que ha aniquilado en 2014 dos traumas históricos de River de un solo tiro: el cruce directo con Boca y el torneo internacional. Y como si no alcanzara, o como si alguien dudara de su autenticidad, repitió la faena durante este 2015. Dos traumas con una sola bala. Y con la Libertadores en el medio, nada menos.

La noche de los celulares, ante Cruzeiro, para evitar bengalas luego del gas pimienta con Boca.

“Es mentira que no voy a estar en el vestuario con mis jugadores”, había anunciado, desafiante, dos días antes de la final, en conferencia de prensa. Y cumplió. No confirma ni niega, apenas sonríe, no quiere contar cómo ni por dónde, pero hay testigos que juran haber visto a Gallardo en el vestuario local dando la arenga final a los jugadores antes de que saltaran a la cancha y también lo vieron en el mismo sitio acomodando las cosas en el entretiempo. Este no es el capitán Schettino que abandona el barco en las difíciles. No, no, no señor. ¡Capaz que iba a dejar a sus soldados solos antes de la batalla crucial! De ninguna manera. Como si él no conociera los pasillos y recovecos del Monumental 40.000 veces mejor que los sabuesos de la Conmebol a los que tenía que esquivar. Vamos.

-Ojo, también estaba la carga emocional que generaba la competencia. Y el desgaste del día a día. Era un cúmulo de cosas y exploté por lo de mi vieja.

-Es muy frustrante llegar a una final y no ganarla, es muy delgada la línea: mirá lo que le pasó a Argentina en la Copa América…
-Sí, claro, claro, vos fijate lo que hubiera sido para nosotros llegar a jugar la final de Libertadores, después de 19 años, de local y no poder ganarla. Iba a ser una frustración muy muy grande si no se daba, pero siempre estuve convencido de que no se nos podía escapar. No había chance de que perdiéramos la Copa después del partido de ida. En México nos tendrían que haber sacado una diferencia, y no supieron aprovechar esa localía. Estaba convencido de que íbamos a aprovecharla nosotros. Lo pensé y se lo dije a los jugadores en el mismo vestuario de Monterrey: “Esta Copa no se nos puede escapar, no se nos puede escapar”.

-Estabas re caliente por la expulsión, ¿no?
-Sí, sí, mucho, no niego que soy calentón, es parte de mí.

-En el podio, ya campeón, fuiste abrazando uno por uno a los jugadores y noté que con Barovero te quedaste un rato más largo que con el resto…
-Marcelo es un personaje especial, un tipo de un perfil muy bajo, no es muy expresivo, sé que su procesión iba por dentro, sé que él sufre más para adentro y no lo exterioriza, entonces fue un abrazo emotivo sabiendo que era un deseo cumplido.

-¿Te sacudió alguna frase en especial de algún jugador?
-Mirá, es muy difícil, más allá del abrazo, a veces los gestos dicen más que las palabras, es muy difícil detenernos en ese momento de tanta euforia a decirnos algo que… eh… Es más, yo sé que quedaron muchas cosas pendientes todavía que no nos pudimos decir o que me hubiese gustado decirles o que me dijeran, pero es la dinámica en la que vivimos, no nos detenemos, o sea es la vorágine esta que no te permite parar.

-¿Te habían revoleado alguna vez estos jugadores? Se filtró un video de la fiesta en la que volás por el aire…
-Sí, ya sé, también se vieron algunos pasos de baile que di, pero qué sé yo, también era una fiesta que generaba alegría y en una situación así uno se puede divertir. Intentamos relajarnos, fue un momento que todavía no habíamos tenido, porque al otro día de la final nos tuvimos que ir a Japón para jugar la Suruga y entonces dijimos: “Bueno, liberémonos y relajémonos un poco”.

-¿Vos pudiste? Porque tenés fama de estricto, contra San Martín de San Juan se te vio muy serio…
-A mí me gusta divertirme, trato de ser medido por el lugar que ocupo, pero necesitábamos también darnos un poco de alegría, que no pase de largo todo esto, y bueno… Me habían revoleado en Nacional, cuando jugué mi último partido y me retiré, que también se dio con un campeonato ganado, y resultó muy emotivo. Ahora, en River no me habían tirado nunca. En la Sudamericana también habíamos hecho una fiesta con las familias, quizás menos ruidosa que esta, pero era un momento muy duro para mí por lo de mi vieja, no daba para ese tipo de cosas.

-¿Qué se siente que te revoleen tus jugadores?
-Yo creo que es una especie de reconocimiento, la satisfacción del futbolista para con el técnico, ese ida y vuelta de un vínculo que se genera a través de la comunión, del trabajo, de la identificación, me parece que pasa por ahí.

-¿No te pasaste de frío contra San Martín? ¿No se podía dar una vuelta olímpica con las Copas después del partido?
-Después del partido, no, no, tenía que ser antes. Y te digo una cosa, conozco estas situaciones y te puedo asegurar que no falla: donde hay festejo previo o reconocimiento o algo similar, el jugador se distrae y no rinde. Te lo digo por experiencia, mismo con la gente, que se genera una atmósfera de festejo y es muy difícil enfocarse después en el partido. Lamentablemente el trámite nos pasó otro tipo de facturas. Justo el escenario que no quería era ese: una derrota en nuestra cancha, pero las cosas pasan y por más que las quieras controlar, a veces pasan igual.

Marcelo Gallardo se involucra especialmente en la gestión de los refuerzos. Su palabra es seductora. En el caso de Alario, por ejemplo, cuando en un momento su transferencia estuvo en duda por una complicación médica, y asomaron sus narices otros clubes para llevarse al goleador, el Muñeco charló en un aparte con Alario, quien, luego, se plantó ante la dirigencia sabalera: “Yo de acá no me voy ni loco”.

Para saber cómo opera el Doctor Gallardo, podemos tomar el caso de Rodrigo Mora, un futbolista con quien el DT mantiene un vínculo especial, casi paternal. Escuchemos sus respuestas y entenderemos hasta qué punto se mueve el Muñeco, cómo está en todos los detalles, cómo se compromete más que en el planteo táctico de su equipo.

-¿Que Mora se quedara nació de vos o de él?
-Mora viene trabajando desde hace más de un año y que él tenga este presente primero es gracias a él, porque ha madurado y ha crecido en su confianza. Se siente cómodo, se siente feliz y eso me ha dado la posibilidad a mí de poder todavía sostenerlo…

A Boca, en la Libertadores, volvió a eliminarlo, como lo había hecho en la Sudamericana.

-Un día después de ganar la Copa, en un evento de Adidas, declaró: “Me voy pero dejo un pedazo de mi corazón”…
-Pero él nunca se sintió del todo convencido de irse, yo sabía eso, el tema era ver hasta dónde era capaz de reconocer lo que estaba viviendo acá y lo que iba a vivir si tomaba la decisión de irse. Antes de salir para Japón, vino a saludarnos a la concentración. Me dijo que se iba el domingo a Emiratos, yo lo miré y le pregunté: “¿Todavía tenés ganas de irte?”. Y me dice: “Bueno, sí, tengo que viajar, porque…”. Ahí le repregunté: “¿Entonces quiere decir que ya tomaste la decisión?”. Me dijo: “Y… estoy”. Cuando me dijo ese “y…” quería decir que estaba dudando, no me dijo “ya la tomé”. Así que nos despedimos, me subí al micro y desde ahí mismo lo llamé a Enzo y después a Patanián para saber cómo era su situación, qué era lo que había firmado, si había un preacuerdo con el club o no. Desde Ezeiza llamé a Rodrigo otra vez y cuando llegué a Alemania, lo primero que hice fue volver a llamarlo.

-¿Qué le decías?
-Que si no estaba convencido, no se fuera. Esto lo veníamos charlando desde hace tiempo. El, por dentro, sabía que no era su lugar para ir. Y conociendo al hombre, su personalidad, menos aún, más allá de tener una posibilidad económica. Yo creo que Mora es un jugador que puede tener cualquier otra alternativa laboral con una mejor calidad de vida que la que iba a encontrar en Emiratos en un mundo totalmente diferente.

-¿Cómo se resolvió el asunto?
-Desde Alemania, después de hablar con él, lo llamé a Rodolfo y le pedí que me diera una mano, que Mora estaba para quedarse si podíamos solventarlo un poquito con el contrato.

-Y te la dieron…
-Sí.

-¿Y a Funes Mori no intentaste convencerlo también?
-Habíamos hablado la semana anterior a su partida, él me manifestó que tenía esta posibilidad y yo supe que iba a ser muy difícil retenerlo. Intenté convencerlo desde lo deportivo, él había ido de menos a más. Tuvo un primer semestre con buenas y malas, o sea, no era un jugador del todo confiable, pero a la vez le veíamos un gran potencial y el crecimiento que podía llegar a tener. En el segundo semestre le costó un poco más, pero tuvo la personalidad para revertir eso y a partir de ahí volvió a mostrar algo que no es común, tener que lidiar con un apellido, tener que lidiar con un reemplazante que es muy querido por la gente, bajó márgenes de equivocaciones, porque él era por lo general la salida del equipo desde el fondo y de este modo estaba más expuesto, y al final terminó demostrando todas las cualidades que lo hacen afianzarse. Yo estaba seguro de que el próximo paso en su carrera iba a ser todavía más importante, porque es muy difícil que acá te coree todo un estadio y que reviertas una situación así.

-Querías que se quedara un tiempo más, le propusiste eso…
-Sí, claro, aunque después ya entendía que él no es comunitario y que recibía una propuesta del mercado más fuerte de Europa, que es el inglés. Había un club que pagaba la cláusula de rescisión y el jugador se quería ir, o sea, no había mucho para hacer…

-¿Terminaste enojado con él?
-No, para nada.

-Más allá del dolor de cabeza, en el fondo debe ser un orgullo para vos…
-Es la satisfacción de creer en algo y de que la otra parte te dé la razón en esa confianza que uno depositó. Vos podés creer en mí, pero si yo no hago mucho para devolverte esa confianza… Y Ramiro fue el que más me sorprendió de entrada, en la primera pretemporada, por cualidades físicas, porque veía que incorporaba conceptos rápidamente, y porque si bien tenía algunas distracciones, las fue corrigiendo, y bueno, él pagó con creces la confianza, y eso es buenísimo.

-Declaraste que ibas a firmar tu contrato hasta 2017, pero sigue habiendo gente que dice que te vas…
-No hay ninguna posibilidad de que me vaya este año, me siento muy bien en River. Yo soy bastante cuidadoso con las palabas que uso, así que no voy a decir algo para cambiarlo una semana después, debe haber gente que quiere que me vaya, no sé, es la única explicación que le encuentro…

-¿Te quedás hasta fines de 2017 sí o sí?
-El presidente me transmitió su deseo de que renovara hasta el final de su mandato desde mucho antes de que llegaran los resultados y eso es algo que valoro muchísimo. Se lo dije a Rodolfo personalmente: “Yo valoro enormemente el gesto que vos tuviste conmigo de entrada, lo único que quiero es que ustedes no estén atados a mí ni yo estar atados a algo que posiblemente pueda cambiar”. Esperemos que no, pero esto es fútbol.

-Si es por la dirigencia de River, ellos quieren que te quedes por muchos años, el tema es si te sale una propuesta fuerte de Europa a vos…
-Hoy mi prioridad es River, por eso a mí no me gusta generar vínculos largos porque yo voy mirando a corto y mediano plazo, pero voy a firmar hasta 2017.

-Eso significa que te quedás hasta 2017 sí o sí…
-No lo sé, ¿vos sabés qué va a pasar mañana? ¿Cuántos contratos hay firmados en el mundo del fútbol? Es lo que siento hoy, es lo que se da y listo; el día de mañana, si no me siento bien o si ya no soy feliz en el lugar donde estoy, veremos.

El Monumental a sus pies. La maqueta, con LED funcionando y todo, en el primer piso del Museo.

-Pero se advierte que hay una gran sintonía entre esta dirigencia y vos, entre vos y Enzo también…
-Es verdad, y está bueno que eso suceda, y me da a mí la posibilidad de no tener ningún tipo de reparos en decir que sí, o sea, yo no dudé, no estoy especulando con ninguna situación que me pueda surgir. Mi carrera recién arranca, y no estoy dispuesto a quemar etapas, por eso hoy mi felicidad está acá, en River, me siento bien acá y seguiré el tiempo que tenga que estar. Será hasta el 2017, y si se corta antes, será porque algo pasó que hará que no estemos más en la misma sintonía.

-Muchos dicen: “Si gana el Mundial de Clubes ya no le queda nada por ganar“, pero con ese criterio, Bianchi nunca hubiera ganado 3 Libertadores en Boca…
-Siempre se puede ganar más. Y ojo: no todo pasa por ganar, porque más allá del logro deportivo en sí, después hay un montón de cosas que debemos seguir haciendo, o sea: no nos tenemos que olvidar que este club en los últimos 6 o 7 años había sido muy vapuleado, y es una gran oportunidad para empezar a recuperar, a ganar terreno para River. Ganar trofeos hace a la causa, pero se puede conseguir una mayor calidad en muchos sentidos.

-¿Ya te pusiste a mirar los partidos del Barcelona?
-Veo fútbol siempre.

-¿Cuándo se empieza a preparar ese posible partido con el Barcelona?
-Antes que nada hay que preparar el primer partido, la semifinal, ese es para mí el fundamental si queremos llegar a jugar con el Barcelona. Del Barsa todos saben más o menos cómo juega. Yo lo miré mucho, o sea, hace 4 años vengo mirando al Barcelona y pensando cómo carajo se le puede ganar a un equipo así, te hablo del Barcelona de Guardiola. Después se hizo mucho más terrenal, pero así y todo, siendo más terrenal, siguió ganando.

-¿Cuáles son los planes de acá a fin de año? Es difícil apostar a todos los frentes…
-Nosotros tenemos armada una especie de logística en la cual lo que vamos a tratar de hacer es regular las cargas de acá a fin de año. Hay por delante 11 partidos del campeonato local, más el partido con Boca que quedó pendiente en Córdoba y si llegamos a la final de la Sudamericana, serían otros 8, o sea: nuestra meta es jugar esos 20 partidos de acá al Mundial de clubes. Hay que tener en cuenta que la pretemporada que hicimos en julio no la hicimos pensando en el semestre en su totalidad, sino que fue a corto plazo, focalizando en los partidos inmediatos, que eran los de la Copa Libertadores.

-O sea que la prioridad absoluta será el Mundial de Clubes…
-Sí, y mientras podamos dar pelea en todo vamos a dar pelea pero regulando las cargas. Hasta aquí, nosotros hemos tenido la posibilidad de estar en el lote de arriba del campeonato jugando con equipos alternativos, o sea no dedicándonos al torneo. Desde hace un tiempo, tanto San Lorenzo, como Boca y Racing se dedican al torneo local exclusivamente y sólo nos han sacado 3 puntos de diferencia. Nuestra idea es seguir peleándolo así hasta el final y focalizándonos en la defensa de la Copa Sudamericana.

-Quiere decir que entre campeonato local y Sudamericana, vas por la Sudamericana…
-Hasta que empiece la Sudamericana vamos a atacar el campeonato, pero después, si estamos con chances, dosificaremos las cargas y el plato fuerte va a estar en la Sudamericana. El único problema que tendríamos, pero son esos problemas lindos, es que de avanzar, la Sudamericana terminaría el 9 de diciembre y otra vez tendríamos la dificultad en la adaptación para ir a jugar un torneo tan importante como el Mundial de Clubes.

-No lo vas a tener a Ramiro para que lo sacuda a Messi de entrada…
-A ver, volvemos a lo mismo: nos anticipamos a jugar un partido que no es, primero hay que ganar la semifinal.

La única chance para que Gallardo posara con las Copas en el Museo era fuera de horario. El sábado a las 20, bajamos las Copas, les pasamos la franela para que brillaran y luego llegó Marcelo con su gorrita. Agradecimiento al Museo River.

-Cambio la pregunta: si se llega a dar el caso de jugar con el Barcelona, no lo vas a tener a Ramiro para que lo sacuda a Messi…
-Ahí está bien la pregunta, ves… yo creo que son dos fútbol totalmente diferentes, el europeo y el nuestro. Mientras vos allá mirás los partidos de Champions League y todo parecería que fluye naturalmente porque no hay tanta fricción y contacto, se tiran paredes o sombreros dentro del área, acá no pasa.

-¿Qué te acordás de tu viaje a Tokio en el 96?
-Que sabía que no iba a jugar, así que sufría por no quedarme afuera del banco, porque había uno de más, al final quedó afuera Santiago Solari.

El operativo para poder fotografiar a Gallardo con las 4 Copas internacionales que River obtuvo bajo su gestión no resultó tan sencillo, más allá de contar con la gran predisposición de Rodrigo Daskal y Patricio Nogueira, presidente y vice del Museo River respectivamente. Las Copas están en el Museo, valga la aclaración. “Hasta las 6 de la tarde, olvídate, es imposible, hay cola de 300 personas para sacarse foto con la Libertadores”, nos explicó Daskal, defendiendo el derecho de quienes pagan su entrada, y no hay Gallardo que valga. La opción es cuando el museo cierra. La cita se pautó para el sábado a las 20, después del entrenamiento y antes de la cena y la concentración en el Monumental.

Como las 4 Copas son de diferente altura, no encontrábamos cómo exponerlas, hasta que se iluminó Glenda Dunne, la encargada del Museo: “¿Y por qué no hacen la foto delante de La Máquina, que tiene distintos estantes?”. Santo remedio. Además, flor de guardianes le cubrían la espalda: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.

A Gallardo le brillan los ojos al abrazar la Libertadores para una toma adicional. Le pasa los brazos por el cuello, como si fuera Alejandra, su mujer, y se presta con gusto al beso, aunque el metal responda con frialdad.

-Hasta ahora la había tocado una sola vez, cuando estaba arriba del micro dando la vuelta: la llevaron para que nos pudiéramos sacar la foto con los chicos del cuerpo técnico, todos juntos. Después, la vi en el vestuario, que todos se sacaban fotos, pero yo nada.

-¿Cuándo escuchaste por primera vez el cantito que termina en “…y sí, señor, de la mano del Muñeco vamo' a Japón”?
-Nació en Asunción, el día que pasamos a la final, pero ahí no la había terminado de entender. Después, a los cuatro días, lo escuché clarito en el Monumental, contra Colón…

-Esa tarde se cantó 10 minutos seguidos, al final, mientras vos dabas indicaciones y yo pensaba: ¿qué le pasará por la cabeza?
-Y… primero, claro, te detenés a pensar… son situaciones muy fuertes, ¿no? Porque, a ver, más allá del afecto o el cariño o el respeto mismo de haber sido jugador y que el hincha se identificara con tu forma de jugar, que si jugás bien, te aplaude y si jugás mal, te putea y todo eso, cuando sos técnico es mucho más difícil, porque estás mucho más expuesto y es materia más opinable. El hincha de fútbol cree que puede armar un equipo, poner y sacar un jugador como si fuera un arte de magia, o puede llamarle burro a un futbolista que hace esto desde los 3 años, y que, viste, que tiene la mala suerte de errarse un gol debajo del arco, hay un montón de situaciones en las cuales el técnico está mucho más expuesto. En Argentina hay 40 millones de técnicos, entonces cuando se genera eso de que hay una especie de comunión de la gente para con el equipo, y en este caso a mí me toca ser la cabeza, claro… qué sé yo, escucharlo, son cosas difíciles de expresar con palabras, me cuesta.

-La gente te está cantando que vos, que sos uno de ellos, uno que está en el club desde los 12 años, que sos puro River, los llevás a Japón…
-Pasa que son muchos años, la Libertadores es una obsesión en el club…

-La gente te cantó eso antes de ganar la Libertadores…
-Es que se había generado ese vínculo entre el equipo y la gente, y la gente creía que el equipo le podía dar esta satisfacción, que el equipo no lo iba a dejar a pata. Ese es el mensaje que se transmitió de adentro hacia afuera y que empezó a generar ese ida y vuelta con la gente: este River no te deja a pata.

-Pero vos te emocionás más que cuando eras jugador, ¿o no?
-Sí, claro, yo me emociono mucho más que antes. Uno está todo el tiempo tomando decisiones, y uno las toma pensando en que son las mejores o las más sinceras y es lo que cree más conveniente, pero también te podés equivocar y dentro de las equivocaciones uno sufre, yo sufro equivocarme, la responsabilidad es mucho más grande.

-Y cuando el otro día en la fiesta, tanto jugadores como dirigentes cantaban al lado tuyo el “de la mano del Muñeco vamo’ a Japón”, ¿qué pensabas?
-Y bueno, eso fue mucho más fuerte, a mí me hubiese gustado cantar una canción así, pero cuando venía la parte esa del final, o sea, la verdad… me daba un poquito de vergüenza, así que no daba para que me pusiera a cantarla, no daba.

Por Diego Borinsky / Fotos: Emiliano Lasalvia / Ilustración: Gonza Rodríguez

Nota publicada en la edición de septiembre de 2015 de El Gráfico

Por Diego Borinsky: 01/10/2015

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