Notas de la revista

Una edad, dos extremos

Tras el furor por un juego similar al tenis, en la Edad Moderna reinaron la mente y el cuerpo: el ajedrez y el boxeo.

Francois André Danican, gran ajedrecista del siglo XVIII.

En nuestra sucesión de notas sobre historia y deporte, hemos hablado sobre temas relacionados con la Edad Antigua (3600 a.C. – 476 d.C.) y la Edad Media (476-1453). Llega el turno de revisar qué sucedió en la Edad Moderna.

Durante la Edad Media, los deportes habían sido mal vistos por el poder dominante: la religión. A partir del siglo XVI, por mejoras en la producción de alimentos, algunas personas contaban con más tiempo libre. Además, el debilitamiento del cristianismo evitó que el deporte siguiera siendo “una práctica inútil”.

Las justas de caballeros, gran espectáculo medieval, subsistieron con fuerza hasta el año 1600. A partir de entonces, especialmente en Francia, el deporte principal fue el jeu de paume (juego de palma). Era similar al tenis actual, pero a la pelota se la golpeaba con la palma de la mano. Había sido creado en el siglo XIII, pero ganó impulso a partir del año 1500, cuando se inventó una raqueta hecha de cáñamo y tripas. Su popularidad creció tanto que, en 1527, se convirtió en deporte profesional: se competía por dinero y se permitían las apuestas. En 1596 existían en Francia 250 salas para jugar. No sólo los hombres, también las mujeres, entre las que sobrevivió el nombre de una gran jugadora: Margot la Hennuyere. “Los franceses nacen con una raqueta en la mano”, escribió Robert Dallington en 1604.

Sin embargo, el furor fue decayendo a partir de 1650. Resurgió entonces el ajedrez, gracias al italiano Gioachino Greco, brillante jugador y uno de los primeros que registró distintas partidas que luego fueron publicadas. Gioachino vivió hasta 1634, pero sus innovaciones potenciaron al ajedrez en años posteriores. El británico Kermur Sire de Legal (1702-1792) fue el siguiente gran ajedrecista. De él aprendió el francés Francois André Danican (1726-1795). Era tanta su capacidad que solía comenzar las partidas con una pieza menos, y realizaba enfrentamientos simultáneos con distintos rivales. En 1746 consiguió su principal triunfo, ante el sirio Philipp Stamma, que lo transformó en virtual campeón del mundo. Incluso redactó el reglamento moderno del ajedrez.

En el resto del planeta crecieron otros deportes. Los guaraníes practicaban un juego parecido al fútbol; en nuestro país fue creado el pato; y en Holanda, Hoans Brinker construyó ruedas metálicas, generó así el renacimiento del patín.

Junto al ajedrez, el deporte que más creció en el siglo XVIII fue el boxeo. Había sido prohibido durante mucho tiempo y retornó con fuerza en 1681, cuando, en Inglaterra, el duque de Albermarle organizó un combate entre su mayordomo y su carnicero. El evento tuvo éxito y comenzaron las peleas por dinero, sin guantes y sin tiempo: se luchaba hasta derribar al rival. Matar al contricante no era considerado delito. En 1719 surgió el primer gran boxeador moderno: James Figg, quien ganó más de 200 peleas. Y, en 1743, el inglés Jack Broughton formuló el primer reglamento con el fin de disminuir la cantidad de muertos en combate.

¿Qué fue la edad moderna?
Edad moderna es el nombre que lleva el período ubicado entre los años 1453 y 1789. Las etapas previas son la Prehistoria (desde el inicio del universo hasta la aparición de la escritura), Edad Antigua (hasta la caída del Imperio romano de Occidente) y Edad Media (hasta el fin del Imperio bizantino y la invención de la imprenta). Durante la Edad Moderna, Dios dejó de ser la explicación única de los principales sucesos y las personas comenzaron a dar validez a teorías científicas y racionales. En Europa comenzaron a conformarse los actuales países, mientras que América fue invadida por españoles, portugueses y británicos.

Por Martín Estévez

Nota publicada en la edición de octubre de 2015 de El Gráfico