JUGADORAZOS

Héctor Rial, el monje blanco

- por Redacción EG: 24/09/2015 -

Trotamundos de perfil bajo, surgió de San Lorenzo y la rompió en Colombia en los años de El Dorado. En 1954, Di Stéfano lo invitó por carta a jugar en el Real Madrid, Rial aceptó y se convirtió en un partenaire de lujo. Ganó cinco Copas de Europa seguidas.

Rial anticipa a Malazzo en un amistoso contra River.

Héctor Rial, como futbolista, no fue el mejor en nada, pero fue el segundo mejor en todo. Delantero o volante por izquierda, tenía todas las cualidades de un jugador completísimo: personalidad, técnica, visión de juego y olfato goleador. Sin embargo, se acostumbró desde el principio a ceder el rol protagónico en los equipos que integró y aceptó con humildad su papel de ejecutor imprescindible desde un segundo plano.

Hijo de españoles, nació en Pergamino en 1928, pero se crió en Almagro, y a los quince años llegó a las inferiores de San Lorenzo. Fue campeón en Quinta, en Cuarta y en Tercera y con esos antecedentes debutó en Primera el 21 de septiembre de 1947, en una goleada 4-0 a Independiente. Aquella tarde marcó el tercer tanto del Ciclón, que con la delantera de Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Martino había ganado el Campeonato argentino de 1946.

En 1948 la partida de Martino a la Juventus le abrió un lugar como titular, y se consagró en una gira de San Lorenzo por España. El Ciclón ya había visitado Europa en 1946 y había causado sensación con su Terceto de Oro y su fútbol rioplatense, que se tradujo en victorias contra el Atlético de Madrid (que se llamaba Atlético Aviación), el Porto y las selecciones de España y Portugal. Cuando reeditó la visita dos temporadas más tarde, San Lorenzo fue recibido con honores y jugó varios amistosos contra rivales de segunda línea, pero Rial se destacó y fue el goleador de la gira, lo que generó el interés del Barcelona y del Valencia por contratarlo.

Luego del regreso de Europa, a finales de 1948 estalló la huelga de futbolistas, propiciada por la negativa del Gobierno a implementar leyes que mejorasen la calidad de contratación de los jugadores. El punto álgido de la disputa se desencadenó cuando el presidente Juan Domingo Perón firmó un decreto que fijaba el tope salarial en 1500 pesos. Ese capricho incomprensible abrió el grifo para la fuga de talentos y el éxodo condujo, mayoritariamente, a los jugadores argentinos al fútbol colombiano, que se había convertido en El Dorado que pagaba sueldos astronómicos en dólares. El costo era jugar en una liga pirata, no reconocida por la FIFA y sospechada de estar subsidiada por el dinero del narcotráfico.

En sus inicios en San Lorenzo, al lado del vasco Ángel Zubleta.

“Cuando empezó la huelga yo todavía era amateur –recordaba Rial–, porque el primer contrato se firmaba recién cuando cumplías dos años en Primera. Me acuerdo que un día Pontoni nos explicó lo que pasaba. ‘Muchachos, esto es algo que hacemos los profesionales y ustedes no tienen la obligación de plegarse’, nos dijo. Pero nos enganchamos todos porque teníamos admiración por ese tipo de jugadores”.

Rial, que acumulaba 20 goles en 40 partidos, se sumó a la huelga y entró en conflicto con los dirigentes, que le habían acercado una oferta para frenar la sangría. En medio del tira y afloje entre las partes, que incluyó un comunicado firmado por el futbolista y publicado en el diario Crítica, Pontoni lo convocó a una reunión. El delantero ya se había incorporado a Independiente Santa Fe de Bogotá y estaba en Argentina representando a su club y tratando de llevarse a sus ex compañeros Angel Perucca y Adolfo Benegas. El convite se hizo extensivo a Rial y a la mañana siguiente, los cuatro estaban en un avión rumbo a Colombia.

Con Independiente Santa Fe se enfrentó en el clásico con Millonarios, el Ballet Azul, equipo insignia del fútbol cafetero en el que jugaban Alfredo Di Stéfano, Antonio Báez, Pipo Rossi y el arquero Julio Cozzi. Adentro de la cancha, los duelos eran a cara de perro, pero en la vida cotidiana la relación entre los argentinos, que componían casi la mitad de los extranjeros que jugaban en Colombia, era amistosa, a tal punto que Rial vivía con Cozzi en el mismo departamento. El arquero fue quien lo apodó Nene, porque con sólo 20 años era el más chico de los expatriados. 

“Casi todas las noches se armaban cenas y nos encontrábamos todos los argentinos. A mí me gustaba jugar a las cartas, pero cuando tenía partido al otro día Cozzi los echaba a todos. ‘Mándense a mudar que ya es tarde y mañana juega el Nene’, gritaba. En Colombia maduré como jugador. Llegué muy joven y me tocó irme lleno de experiencia, agradecido por esos cracks que sin saberlo me habían entregado un poco de lo suyo”, contaba Rial. En Independiente Santa Fe estuvo hasta 1952, y convirtió 26 goles en 54 partidos. Su salida coincidió con la apertura de la liga con la FIFA. Colombia buscaba dejar atrás la clandestinidad y la condición era devolver a los jugadores a sus clubes de origen, y ese camino siguió el Nene.

El Nene gana de cabeza en un clásico ante Huracán, en el Viejo Gasómetro.

“Quise volver a mi país, pero como era huelguista y la AFA estaba intervenida por el peronismo, no me dejaron, así que viajé a Montevideo y arreglé con Nacional”. En el Bolso estuvo dos años, disputó 51 partidos e hizo 20 goles y volvió a mostrar un gran nivel jugando mayormente de volante por izquierda. Allí también ganó su primer título como profesional, el Campeonato uruguayo de 1952. Mientras tanto, Di Stéfano luchaba en España con los dirigentes del Real Madrid: “¡Quiero que me traigan un jugador que cuando le pase la pelota sepa cómo devolvérmela!”.

Di Stéfano, entonces, pensó en Rial, y se encargó personalmente de contactarlo. Le mandó una carta a su casa de Montevideo invitándolo a jugar en el Real Madrid, y ante la respuesta afirmativa del Nene, le comunicó a Santiago Bernabéu que él era el indicado para sumarse al equipo. El presidente tomó nota y mandó a su mejor directivo, Raimundo Saporta, para destrabar el pase. Saporta había tomado notoriedad un año antes, cuando había forzado la ley para incorporar al propio Di Stéfano, que ya estaba atado por el Barcelona.

Saporta –ayudado por las amenazas de Rial que juró que si no lo dejaban irse, se retiraba– logró la contratación, y el Nene pasó a ser jugador del Real Madrid en 1954. “En ese momento había mucho lío con los extranjeros –recordó en una nota con El Gráfico en 1971-, pero como yo era hijo de españoles no tuve problemas. Al principio fue difícil jugar porque era un estilo diferente y porque la prensa no estaba de acuerdo con determinadas contrataciones”. De Rial, concretamente, decían que estaba gordo. Ya no tenía la figura espigada de sus primeros años y estaba empezando a engrosar su figura, pero con su temporada iniciática despejó dudas. Como volante por izquierda en un planteo 4-3-3 jugó 30 partidos e hizo 18 goles. Ganó La Liga y la Copa Latina, predecesora de la Copa de Europa.

En la campaña 1955/1956 sólo sumó un título, pero fue, justamente, la primera Copa de Europa, promovida por la revista francesa L’Equipe. Rial fue la figura de la final, marcó un doblete en el triunfo 4-3 sobre el Stade de Reims. Así comenzaba a forjarse la leyenda del Real Madrid todopoderoso que ponía la cara por España en Europa.

Rematando desde afuera del área, una de las especialidades de la casa, en un partido frente a Boca.

En la temporada siguiente se incorporó el francés Raymond Kopa, que rápidamente se acopló al equipo. “Al principio, Kopa no salía de su asombro cuando el defensa que lo marcaba le castigaba las piernas o lo empujaba. Se agarraba la cabeza y decía ‘¡C’est la catastrophe!’, pero después terminó aguantando las tarascadas e incluso devolviéndolas”.

Ese año también fue el de la consagración de Paco Gento, un extremo izquierdo rapidísimo al que Rial le decía que corriera para tirarle la pelota. Juntos formaron la mejor ala zurda del mundo, y desmoronaron defensas enteras con pases filtrados y corridas fulminantes. Así el Real Madrid volvió a ganar la Copa de Europa (2-0 a la Fiorentina en la final), La Liga y la Copa Latina, en su última edición.

El argentino Luis Carniglia se hizo cargo del equipo en la campaña 1957/1958 y la costumbre no se alteró. El Real Madrid logró el bicampeonato en La Liga y la tercera Copa de Europa en fila. Fue tras derrotar 3-2 al Milan en la final, y Rial colaboró con el segundo gol. Esa fue su última gran temporada en España, con 17 goles en 27 partidos.

En la 1958/1959 Bernabéu, obsesionado por hacer del equipo una marca, incorporó a los brasileños Didí, campeón del Mundial de Suecia 1958, y Canário, suplente natural de Garrincha. Rial empezó a perder terreno y las lesiones lo marginaron. No obstante, volvió a ganar la Copa de Europa al derrotar 2-0 al Stade de Reims.

Entrando en calor en el Monumental, previo al amistoso ante River en 1958, que Real Madrid ganó 1-0 con un gol suyo.

Un año más tarde, el arribo del húngaro Ferenc Puskas lo condenó a jugar de volante por la derecha y una rotura de ligamentos lo dejó afuera de la final de la quinta Copa de Europa que ganaría el Madrid, en el recordado 7-3 ante el Eintracht Frankfurt.

El Nene se despidió del equipo en la temporada 1960/1961. Aquejado por las molestias físicas, jugó sólo dos partidos, pero formó parte del plantel que volvió a ganar La Liga después de tres años y que se consagró en la primera Copa Intercontinental, ante Peñarol, campeón de la Libertadores. Con 114 partidos y 60 goles, Rial se marchó a Unión Española de Chile, donde permaneció menos de seis meses.

En la temporada 1961/1962 ensayó un regreso a Europa para jugar en el Espanyol de Barcelona, pero apenas pudo participar (seis partidos en un año) y pasó otro semestre en el Olympique de Marsella, donde finalizó su carrera en 1963 a los 35 años.

Tras el retiro, inició una prolongada trayectoria como técnico en la que dirigió Pontevedra, Mallorca, Zaragoza, Las Palmas, Deportivo La Coruña, la selección olímpica española y las selecciones de El Salvador y Arabia Saudita. También fue colaborador en la Argentina de Vladislao Cap en el Mundial 1974, y asesor de Juan Carlos Lorenzo en Inglaterra 1966. En 1978 dirigió brevemente a Estudiantes, pero no tuvo éxito y no pudo sumar títulos como entrenador. Falleció de cáncer el 24 de febrero de 1991 en Madrid, a los 62 años.

Como entrenador, dirigiendo al Mallorca.

Condenado muchas veces al olvido, del Real Madrid se suele recordar la delantera de Gento, Di Stéfano, Puskas y Kopa, pero había un quinto elemento, y era el Nene Rial. El que posibilitaba los desbordes del español, los goles del húngaro, las gambetas del francés y le dejaba el sendero libre a la Saeta para que hiciera lo que quisiera, porque todo lo que quisiera hacer estaría bien. Nació en San Lorenzo y jugó en seis países distintos, pero su mayor gloria la cosechó en España. En silencio se convirtió en el Monje Blanco de un equipo que conquistó el mundo.

Por Matías Rodríguez / Fotos: Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de agosto de 2015 de El Gráfico

Por Redacción EG: 24/09/2015

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