Notas de la revista

Remedio y enfermedad

Dos resonantes casos de doping que sacudieron al deporte argentino nos invitan a reflexionar sobre la dureza de las penalidades y su polémico aporte a la recuperación de los damnificados. ¿Sanciones extensas o suspensiones moderadas con un plan de reinserción deportiva?

Doping es una palabra que siempre provoca escalofríos en la espina dorsal del deporte. Es el enemigo tan temido, a veces parapetado detrás de un complejo vitamínico que no es tal, cada tanto engarzado a tentaciones oscuras que suelen erosionar el alma en los más críticos escenarios personales. En el último tiempo, la palabra doping expandió su sombra siniestra sobre el deporte argentino. Le tocó el timbre a una disciplina de estridente exposición mediática, como el fútbol, y le sacudió el árbol a un deporte condenado al anonimato salvo en los fugaces tiempos de un Juego Olímpico o de un Panamericano, como la lucha.

Brian Fernández es un delantero veloz, picante y profundo. Descolló en Defensa y Justicia [1], y Diego Cocca, atraído por esas características explosivas, se lo llevó para Racing. El chico nacido hace 20 años en Santa Fe adelantó treinta casilleros en un pestañeo. Dejó el cardumen de los hombres comunes para instalarse en el escenario de la notoriedad. En ese tablado imaginario donde las luces iluminan hasta enceguecer y los amigos de cartón pintado florecen como hongos en la humedad. Su muestra de orina [2] tras el Racing 0-River 0 del 10 de mayo dio positivo de cocaína. Y justo cuando se estaban por conocer los resultados de la contraprueba efectuada en el calificado laboratorio del CeNARD, desde la Conmebol también trascendió que su análisis había dado positivo de la misma sustancia en el Racing 1-Montevideo Wanderers 1 disputado tres días antes que el partido con River.

Con un gigantesco dejo de amargura, Diego Cocca, el técnico que le remontó el barrilete de la ambición, desgranó la situación de Fernández con tanta sinceridad como crudeza: “El caso de Brian es un reflejo de lo que pasa en el país, no solo en el fútbol. Muchos chicos, cuando nacen en un lugar humilde, como es el caso de Brian, no tienen posibilidad de escaparse de algunas cosas. Muchos terminan robando, drogándose o vendiendo drogas, como los amigos de Brian. Lamentablemente, se dejó llevar por esas malas amistades. Cuando estábamos en Defensa, era Brian y lo conocíamos nosotros solos. Cuando vino a Racing ya era Brian Fernández, se hizo conocido, empezó a recibir más dinero y a manejar otras posibilidades. Ahí se te pegan todos, y hay que saber manejarlo. Y a un chico que viene de otro lado, le cuesta”. Dolido y avergonzado, sacando fuerzas de las entrañas de esa vergüenza, el chico se paró delante del grupo y, dicen, pidió disculpas con una dureza conmovedora. Mientras tanto, en otras entrañas, las de la Conmebol, se barajaba la posibilidad de suspenderlo por dos años, mientras que AFA optó por tres meses.

Luz Clara Vázquez es luchadora. Ganadora de una medalla de bronce en Guadalajara 2011 [3], en Toronto también alcanzó ese logro en la categoría hasta 69 kilos [4]. Pero un control determinó que se había dopado, por lo que devolvió la medalla y efectuó su descargo a través de un comunicado impiadoso: “Caí en la recomendación de gente equivocada. Fue cuando atravesaba uno de los peores momentos de mi carrera y un futuro muy poco certero; fue un acto de desesperación, fue un acto de ignorancia, fue lo que fue y así me fue. Solo mis pares, los que están sometidos a las mismas presiones y exigencias, sabrán entender esto. El resto sólo señalará con el dedo mi error; eso no justifica mi acto ni mucho menos (…) Yo no soy mejor atleta gracias a esa sustancia ni ésta me enseñó a luchar, pero así son las reglas y yo las incumplí. Lamento profundamente por todos aquellos a quienes defraudé y me apoyaron en este camino, y lo más doloroso aún, perjudicar la imagen del deporte argentino ante el mundo”. Según la Federación Argentina, los dos representantes de lucha –Vázquez y Yuri Maier– dieron negativo en los controles internos [5] realizados días antes de los Juegos. La sustancia ingerida por Vázquez, con propiedades anabólicas, fue definida como “una droga prohibida farmacéuticamente y altamente cancerígena” [6]. Al cierre de esta edición no se conocía la sanción, pero podría abarcar entre dos y cuatro años de suspensión.

Hagamos un punto acá. No corresponde doparse para mejorar el rendimiento. Tampoco se avala el consumo de una droga social, aunque no incida positivamente en el rendimiento deportivo. Debe detectarse y penarse de algún modo, así lo declara y así lo reclama el espíritu de la deportividad. Son valores innegociables. Hecha esta aclaración sustancial e imprescindible, nos preguntamos, humilde pero profundamente: ¿La mejor decisión para resolver casos como los que planteamos pasa por una sanción extremadamente dura? ¿Alguien piensa en las consecuencias que una suspensión de ese tenor puede provocar en personas que cometieron un error desbordados por situaciones críticas? ¿Ayuda una sanción así para la recuperación de los damnificados o, por el contrario, los empuja a un tobogán de consecuencias impredecibles?

Si Brian Fernández consumió cocaína por la influencia de las malas yuntas, ¿qué mente brillante puede imaginar que logrará redimirse más fácilmente si se lo aparta durante dos años del deporte que le permitió trascender y ser alguien en la vida? Por el contrario, uno imagina que hacharle la posibilidad de jugar puede condenarlo a la depresión y al aislamiento social, tierra fértil para recaer en el error.

Si Luz Clara Vázquez confiesa que se equivocó “cuando atravesaba uno de los peores momentos de mi carrera [7]”, ¿qué se supone que serán los próximos dos, tres o cuatro años si se le impide aferrarse a esa soga de salvación que siempre es el deporte? ¿Cómo imaginar que los caminos de la reinserción pueden estar vinculados a la marginación?

Lejos estamos de reclamar indultos. No es la idea. Pero sí abogamos por una revisión de las penalizaciones. Por una modificación humanitaria de las reglas. Que las sanciones dejen de ser tanto o más desmedidas que los deslices que se sancionan. Que la actividad formativa de los deportistas no sea la primera en darles la espalda, en negarles la mano que impida que la corriente se los lleve río abajo. “Brian pidió una oportunidad y el grupo se la va a dar”, contó Cocca que resolvieron en Racing. Bien ahí. Contención, inclusión y comprensión son palabras mágicas para apuntalar a quienes pegaron un volantazo que los sacó de la ruta. Pueden escuchar y hasta merecer sermones, pero necesitan, más que nunca, encauzarse en su hábitat deportivo habitual. Si no, será peor el remedio que la enfermedad.

Por Elías Perugino

Textos al pie

1- Su debut en el Halcón data de 2011. Fue protagonista principal del ascenso a Primera en la temporada 2013/2014. Y convirtió el primer gol del club en la máxima categoría.

2- La muestra de orina del frasco 7955, faja “A” 107378, determinó el positivo del jugador de Racing.

3- En los Panamericanos anteriores, Vázquez consiguió la de bronce venciendo a la dominicana Vanessa Torres Batista en la categoría hasta 63 kilos.

4- En el combate por la presea de bronce, Vázquez había vencido a la cubana Yudari Sánchez por 7-1.

5- Según informó la Federación Argentina, a los luchadores se les realizaron 2 controles que no arrojaron resultados positivos.

6- Conocida como GW501516, trascendió que esta droga sólo se consigue en Europa Oriental y que apenas existen 6 antecedentes de doping por su consumo.

7- “Ella me dijo que la droga se la dio hace un año gente que le quiso hacer mal”, declaró Fernando Rittner, jefe del equipo de lucha.

Nota publicada en la edición de agosto de 2015 de El Gráfico