ANáLISIS

Brillo y proyección en los Panamericanos

- por Elías Perugino: 11/09/2015 -

La participación argentina en los Juegos Panamericanos dejó muchas señales alentadoras. La política de apoyo implementada en los últimos años contribuyó a ensanchar la base de elite. El crecimiento fue palpable en varias disciplinas y eso incrementó las esperanzas de cara a los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Figuras. Desde arriba a la izquierda: Giselle Soler, Ana Gallay-Georgina Klug, Victoria Travascio-Sol Branz, Ezequiel Di Giácomo-Rubén Rézola, Germán Chiaraviglio y Federico Grabich.

Arte sobre patines
Con la enorme ilusión de que el patín artístico sea considerado próximamente deporte olímpico, Giselle Soler le dio el primer oro panamericano a nuestro país. Hermana de Elizabeth (oro en Guadalajara 2011), su deslumbrante rutina en el programa largo le permitió sumar los puntos suficientes para postergar a la brasileña Talitha Haas. Con apenas 18 años y un rosario de victorias en certámenes nacionales e internacionales, Giselle es producto de la dedicación absoluta a su disciplina –entrena un promedio de 48 horas semanales–, pero también de una mentalidad inquebrantable, la misma que le permitió sostener el nivel de su rutina triunfal pese a dos pequeños tropiezos en el inicio.


La medalla increíble
Cuando levantaron la cabeza y divisaron el marcador del tiempo, se les desinfló la ilusión. Habían llegado cabeza a cabeza con el bote chileno, pero los números decían otra cosa. Segundos después, a Diego López y Axel Haack se les revitalizó el alma. Primero escucharon la frase “photo finish”. Y después supieron que habían igualado la primera colocación, con un tiempo de 6m27s77/100. Hubo oro para los cuatro y bronce para México, sin medalla de plata. Fue el único oro que capturó el remo, con el doble valor de conseguirlo con un bote nuevo, apenas utilizado en un puñado de regatas, abriendo un inmejorable panorama para que la dupla logre prontamente la clasificación para Río 2016.

 

El nadador Sebastián Grassi fue otra de las figuras del equipo argentino. Ganó una medalla de plata en 100 metros mariposa y obtuvo el pasaporte para Río 2016. Con apenas 18 años, se perfila para dar más alegrías en el futuro.

El resurgir de la natación
Toronto 2015 quedará en la historia como los Juegos del relanzamiento de la natación argentina. Un hito claro y reconocible que, tal vez, marque el alumbramiento de la generación más fructífera de este deporte. Federico Grabich, con su oro en 100 metros libre y su plata en 200, fue la gran figura de toda la avanzada albiceleste en los Panamericanos. Y Santiago Grassi, con su impactante segundo puesto en 100 metros mariposa, potenció una sensación de crecimiento que tiñó a todo el plantel de nadadores, hayan o no alcanzado medallas, ya que en la valija de regreso se trajeron el mérito y el incentivo de haber batido récords personales y nacionales. Con una planificación seria como eje sustancial, fueron varios los factores que se conjugaron para la revitalización de la actividad. La contratación como manager del prestigioso entrenador australiano Bill Sweentenham –por su manos pasó Ian Thorpe, entre otros ilustres– redundó en la modernización de los métodos de entrenamiento. “En cada práctica buscamos nadar a ritmo de carrera”, repiten los chicos, que también respetan un estricto régimen de concentraciones y una subordinación absoluta al programa global mientras están bajo el ala de sus clubes. “Nos cambió la mentalidad, ahora nos tenemos confianza para competir con cualquiera”, remarcan. Además, el aumento del presupuesto para natación permitió incrementar los viajes para participar en el exterior. Y de la mixtura entre planificación, entrenamientos y roce internacional emergió este presente tan promisorio. Después de semejante tarea en Toronto, los Juegos de Río asoman barnizados de esperanza. Con Grabich y Grassi asegurados, las proyecciones indican que entre tres y cuatro nadadores más obtendrán la marca mínima para hacer realidad el sueño olímpico. Un nuevo horizonte para una disciplina que en Londres 2012 había recibido algunos de los cachetazos más amargos de su historia.


Las Guerreras
Las redes sociales se inclinaron por ese apodo y a ellas les encantó. Ana Gallay y Georgina Klug ganaron el oro en beach vóley y provocaron un notable fenómeno de identificación por la garra y la jerarquía que irradiaron en cada partido, con picos de audiencia y de excitación en la –dicho sea de paso– impresionante cobertura televisiva de TyC Sports. Las victorias de la recta final (Estados Unidos en cuartos, Brasil en semis y Cuba en el cruce decisivo) expusieron los conmovedores atributos de la dupla que, a falta de la altura que caracterizó a sus adversarias, avanzó con herramientas tan sólidas como la entrega, la mentalidad, la técnica y la estrategia. Radicadas en Mar del Plata para aceitar la relación humana y deportiva (Klug es santafesina y Gallay, entrerriana), participan del Tour Mundial desde hace dos años. El ENARD les solventa en 75% de esos viajes y el resto surge de sus ahorros personales y del pequeño aporte de empresas particulares. Pese al oro panamericano, aún no tienen garantizada su participación en los Juegos Olímpicos. Deberán pelearla en el Tour (ingresan las 14 mejores duplas) o en la Continental Cup. Una tarea difícil, pero no imposible. Ya se vio: garra, les sobra.


Remo agridulce
Los chicos del remo se fueron de Toronto con un sabor agridulce, pero una ilusión renovada de cara a los JJOO. Si bien fue la disciplina que más medallas le aportó al deporte argentino (8), en la comparativa con los Panamericanos de 2011 no brilló tanto el oro: fueron 5 en Guadalajara, contra uno en 2015, amén de las dos preseas de plata y cinco de bronce en las aguas canadienses. Además de la victoria de Diego López-Axel Haack, fue muy destacable el segundo puesto en ocho con timonel masculino, una categoría en la que no es habitual ver a un bote argentino en el podio. Esta vez, quedaron por detrás de Canadá y por delante de Estados Unidos. Brian Rosso (single scull), Lucía Palermo (par de remos cortos peso ligero) y las chicas de los cuatro pares de remos cortos aportaron bronces más que interesantes. También fueron remeros dos de los máximos multimedallistas de la delegación: Rodrigo Murillo y Sabrina Ameghino se volvieron con tres medallas cada uno, igual que Javier Julio, triple bronce en esquí náutico.

Estreno interesante
El golf participó por primera vez de los Juegos Panamericanos, a modo de desembarco para su regreso en los Juegos Olímpicos, a producirse en Río 2016 luego de un extenso paréntesis de 112 años (desde Saint Louis 1904). En el debut, Argentina cosechó dos medallas. El salteño Tommy Cocha (profesional que ya obtuvo tres victorias en el PGA Tour Latinoamérica) logró la de plata luego de tres desempates con el chileno Felipe Aguilar. Y el bronce llegó en la competencia mixta por equipos, con los aportes del propio Cocha, Delfina Acosta, Manuela Carbajo Re y el rosarino Alejandro Tosti, un diamante en bruto de apenas 19 años.


El adiós de un gran campeón
Toronto 2015 marcó la despedida panamericana del ciclista Walter Pérez. Campeón olímpico con Juan Curuchet en Beijing 2008 y máximo medallista panamericano en actividad, Pérez cerró el ciclo con una plata en persecución por equipos. Aunque no pudo correr la final por una indisposición estomacal, se llevó su presea por haberlo hecho en las tandas clasificatorias. 


Patín dorado
Con su oro en los 10.000 metros por puntos de patín, Maira Arias cortó una sequía de 12 años sin oros en patín carrera, tras el logro conseguida por Andrea González en Santo Domingo 2003. La neuquina pudo superar a la colombiana Viveros Mondragón, quien le había impedido obtener el título mundial el año pasado, en Rosario. Producto de una alianza entre el Estado y empresas privadas, Colombia se transformó en potencia de la disciplina. Por eso la victoria de Arias cobró mayor dimensión. Fruto, sin duda, de la intensa preparación de la fondista en la pista homologada de Mar del Plata.


Doce años después
Sin doradas desde Santo Domingo 2003, el canotaje aportó oro en la última carrera de la disciplina con la dupla Rubén Rézola-Ezequiel Di Giácomo con el K2 200. Amigos y compañeros de aventuras desde hace una década, en el palmarés de ambos relucen las victorias en los últimos siete torneos nacionales. Ganaron la medalla con el enorme mérito de haberse entrenado con botes alquilados, ya que los utilizados en la competencia los recibieron más tarde de la fecha convenida. Ambos buscarán la clasificación olímpica durante agosto, en Milán, pero por separado. Di Giácomo lo hará con Javier Correa, mientras que Rézola lo intentará en el K1 200.


La benjamina
La tiradora Fernanda Russo, la atleta más joven de la delegación argentina en los Panamericanos, ganó la medalla de plata en 10 metros libre de rifle de aire. Totalizó 204.7 puntos, apenas una décima menos de la mexicana Goretti Zumaya, medalla dorada con 204.8 puntos. Con apenas 15 años, la riojana también obtuvo la marca clasificatoria para los Juegos Olímpicos de 2016. Tiradora desde los 10, cuando su padre la llevó a un polígono de su provincia, Russo llegó a Toronto sin expectativa de podio. “Mi objetivo era acumular experiencia, imaginaba una medalla para Lima 2019”, reconoció la subcampeona de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Nanjing. ¿Por qué se aceleró su proceso? Porque el apoyo del ENARD le permitió competir asiduamente en el exterior durante los últimos dos años.


Tenis 4x4
Cuatro tenistas, cuatro medallas. Esa fue la ecuación argentina. Facundo Bagnis logró el oro esquivo desde los Panamericanos de 1995 (Hernán Gumy) tras liquidar por 6-1 y 6-2 al colombiano Nicolás Barrientos. Y la dupla María Irigoyen-Guido Andreozzi hizo lo propio en doble mixto, con una particularidad: por la programación de las diferentes categorías en las que debían competir, les tocó disputar cuatro partidos en un mismo día. A pesar de ese lastre –“Al final me dolía todo el cuerpo, me tiraba a dormir en los sillones entre partido y partido”, contó Guido– triunfaron por un contundente 6-3 y 6-0 ante los locales Dabrowski-Beder. Titánico, sin dudas. Andreozzi-Bagnis, por su parte, cosecharon plata en dobles masculino. Y Paula Ormaechea-María Irigoyen se quedaron con el bronce en dobles femenino. Una producción impecable.

 

El aporte del atletismo
Luego de superar un período muy amargo, donde las lesiones le condicionaron la evolución, Germán Chiaraviglio se colgó la medalla de plata en garrocha tras conseguir su mejor marca histórica y un nuevo récord argentino: 5,75 metros. “Es uno de los días más felices de mi vida”, sintetizó el santafesino, después de recibir la presea de manos de Sergei Bubka, algo así como Dios en la disciplina. Chiaraviglio confirmó el renacer que ya se intuía desde un par de meses atrás, cuando se consagró campeón sudamericano con 5,70 metros, la marca que le aseguró un lugar en Río 2016.
En lanzamiento de bala, Germán Lauro obtuvo el bronce con 20,24 metros, repitiendo su performance de Río 2007. Sexto en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el atleta de Trenque Lauquen no estuvo en su mejor día. Su único lanzamiento potable le permitió llevarse la medalla, pero soñaba con más.


Chicas superpoderosas
En la cosecha de medallas y actuaciones destacadas que históricamente aporta la vela para la Argentina, el triunfo más relevante fue el de Victoria Travascio y Sol Branz en la categoría 49erFX, superaron a las campeonas mundiales, las brasileñas Kahena Kunze y Martinne Sofiatti Grael. Ambas soñaban con los Juegos de Río y se lanzaron a la aventura sin un respaldo inicial. El barco con que comenzaron la historia fue adquirido por iniciativa particular. Y luego, cuando recibieron su beca y una nueva embarcación, potenciaron sus posibilidades y alcanzaron el oro, no sin pocos sacrificios personales. Entre ellos, aumentar de peso para balancear la embarcación en los momentos más críticos de la inclinación en competencia. Luego de esta victoria resonante, las chicas aspiran a conseguir su plaza para Río en dos próximas citas: el Mundial de Buenos Aires y la Copa del Mundo de Miami.


La Garra hizo historia
Las chicas del handball, conocidas popularmente como La Garra, no sólo jugaron la final Panamericana (se disputaba al cierre de esta edición), sino que lograron por primera vez en la historia la clasificación para los Juegos Olímpicos. Un hito que, aunado al pasaporte que también obtuvieron los varones (en este caso, por segunda vez consecutiva), marca el crecimiento exponencial de la disciplina. “El handball está viviendo un sueño, pero trabajó mucho para que esto sucediera y deberá seguir por este camino para que esto no se detenga”, señaló Eduardo Peruchena, el técnico de La Garra, un apodo que es toda una definición.


Y más alegrías…
El karate brilló con dos oros: Julián Pinzas (categoría hasta 67 kilos), que además fue abanderado en la ceremonia de clausura, y Miguel Amargos (84 kilos).Después de 52 años, la equitación argentina se dio un gusto enorme: el equipo de salto se adjudicó la medalla plateada, que no se conseguía desde San Pablo 1963, y garantizó su participación en Río. La formación integrada por José María Larocca (h), Matías Albarracín, Luis Birabén y Ramiro Quintana elaboró una actuación brillante. Postergó a equipos de primer nivel como EE.UU. y quedó a un punto de forzar un desempate por el oro frente los canadienses. Mariano Mastromarino fue bronce en maratón, un podio al que Argentina no se subía desde el triunfo de Delfo Cabrera en 1951.
El racquetball también aportó su cuota con María José Vargas, boliviana naturalizada argentina que alcanzó la plata en singles y dobles. En ambas instancias cayó ante la mexicana Paola Longoria, la número uno del circuito femenino. Vargas, que formó dupla con la canadiense nacionalizada Veronique Guillemette, es la número 2 del circuito.


El broche de oro lo puso el vóleibol masculino con su histórico triunfo por 3-2 sobre Brasil, de la mano de Julio Velasco, el DT que regresó al país luego de 33 años de cosechar victorias en el exterior.

Las conclusiones
Un primer diagnóstico –global, a trazo grueso– indica que el deporte argentino ensanchó la base. Aunque el conteo de medallas no lo refleje cabalmente, se incrementó el número de deportistas que compitieron con reales posibilidades de victoria, o que superaron sus propias marcas y, a la vez, obtuvieron su pasaporte olímpico, o aquellos que dieron un salto cualitativo histórico. El apoyo concreto y sostenido del ENARD y de la Secretaria de Deportes, sustentado en el 1% de lo recaudado por telefonía celular, vitaminizó las posibilidades en todas las especialidades. Con más recursos, los deportistas pudieron competir con asiduidad, rozarse con la máxima exigencia internacional, concretar entrenamientos de primer nivel, vivir por y para su deporte. Y el goteo de ese respaldo se advirtió en Toronto. En algunos casos, con concreciones directas. Y en otros, con señales positivas que permiten adivinar proyecciones alentadoras. Fueron los propios deportistas, sin que nadie se los preguntara, quienes se encargaron de remarcar y agradecer esa contribución. El deporte argentino pasó de esbozar quejas por el desamparo a valorar los gestos de confianza.  

Una de las aspiraciones del COA era superar a Colombia en el medallero y treparse al sexto lugar, mejorando la performance de Guadalajara 2011. No pudo ser, entre otras cosas porque Colombia lleva más tiempo transitando un camino parecido al que eligió Argentina, además de contar con mayor apoyo de empresas privadas para sus deportistas de elite. Si bien ambos países manejaron cifras similares en el global de medallas, los colombianos tuvieron mejores respuestas en los tramos finales, hecho que se tradujo en una mayor cosecha de doradas, incluso en cruces directos con deportistas argentinos. La simetría fue asombrosa: lo que para ellos fue oro, para Argentina fue plata, y viceversa (15 oros, 24 platas y 30 bronces albicelestes, contra 27, 14 y 31, respectivamente, para Colombia). Pero quedarnos en eso sería remitirnos al árbol que tapa el bosque. Un desliz que Argentina no debería cometer en esta etapa de despegue que seguirá aportando gratificaciones en los torneos previos a Río 2016, los Juegos en los que volveremos a testear los avances de la política global.

Por Elías Perugino / Fotos: AFP

Nota publicada en la edición de agosto de 2015 de El Gráfico

Por Elías Perugino: 11/09/2015

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