Notas de la revista

El otro equipo del Zurdo

Al DT de Chile le hizo el aguante un once completo llegado desde Casilda. Tras su debut en la Copa, El Gráfico entrevistó a sus hermanos en Santiago. Aquí la nota, tal como la publicamos en nuestro especial Nº 3.

Tras el debut, rodeado por su madre y sus dos hijos. Completan hermanos y sobrinos.

Son un equipo completo. Sin suplentes, eso sí. Pero once soldados que brindan la contención afectiva y espiritual en un momento bravo, en un escenario bravo.

A Jorge Sampaoli lo tienen apuntado. La prensa, especialmente. Se advierte fácilmente al leer los diarios o ver la TV apenas uno pisa Chile. Cuesta entenderlo, realmente, tras la gesta del DT argentino que enderezó una clasificación complicadísima y logró el objetivo de depositar a la Roja en un Mundial. Y que luego, en ese Mundial, le ganó a España y tuvo al local al borde de un infarto masivo en los penales.

A Sampaoli le cascotean el rancho en todas las conferencias de prensa. Si la tensión prevalecía en cada contacto periodístico antes del accidente de Arturo Vidal, ni hablar después del “perdonazo”, como han bautizado aquí a la decisión de no castigarlo, que tuvo a Sampaoli como principal responsable, como conductor de grupo. Todos los días le cuentan las costillas.

Los 11 que bancan la parada han venido desde Casilda, provincia de Santa Fe, para apoyar al hombre que no escucha y sigue, como marca el título de su biografía (ver recuadro). Están todos en Santiago, invitados por el que aquí juega de local, con la misma bandera roja con letras blancas que llevaron al Mundial. Y aquí seguirán hasta que Chile tenga vida en la Copa. El equipo va con: 1) madre, 2) hijo, 3) hija, 4) hermano, 5) hermana, 6) cuñada, 7 a 10) sobrinos y 11) novia del hijo. Ahí están los once (esposa no hay en este equipo, su actual pareja es chilena).

“Nosotros acá abrimos el estadio. En el debut llegamos a las 4 de la tarde y tuvimos que esperar media hora afuera, porque estaba cerrado. Fuimos los primeros en entrar y nos ubicamos en la platea detrás de los bancos, con la bandera”, resalta Marcelo Sampaoli, 51 años, analista de sistemas, hermano del medio, mientras a su lado asiente María Laura Sampaoli, de 41, dueña de un laverrap, hermana menor (el DT tiene 55 años), en charla con El Gráfico…

-¿Jorge los ve en los partidos?
-Nooo, es imposible que vea algo. Vive las cosas tan a full y es tanta la presión que le podemos pasar por adelante que ni nos va a ver –y con esa primera respuesta de Marcelo vamos esbozando el perfil del personaje en cuestión, que nos ocupa–.

La bandera ya tiene un Mundial encima. “Ibamos para el Mundial  y los hinchas chilenos nos preguntaban: ‘¿Casilda? ¿Qué son de Sampaoli?’. Que reconocieran a nuestra ciudad para nosotros fue… bárbaro”, busca la palabra justa María Laura.

El duelo con Brasil en el Mundial merece un párrafo aparte. Buena parte de la familia se volvió; Marcelo, se quedó. “Cada partido uno lo vive como un parto, así que imaginate lo que fue ese con Brasil. Tener a todos los brasileños callados durante buena parte de la tarde fue impagable. Cuando llegaron los penales, no vi ninguno. Rezaba de espaldas a la cancha. Y cuando finalmente ganaron, el brasileño sacó la mugre. Era cara a cara, yo estaba con un grupo de 200 chilenos y en un momento empezaron a volar un par de cosas, estaba muy muy pesado”.

María Laura lo sufrió en Casilda, tras haber vivido en Brasil la primera fase. “Lo vimos en casa, éramos un millón, hasta unos periodistas chilenos me tocaron el timbre cuando empezaba el partido. Mi marido había hecho choripanes, bien tipo cancha, y el final fue terrible. No, no, ¡no sabés lo que fue eso! Lloraban los chicos, lloraban los grandes, todos”.

De golpe, el relato es cortado por una vocecita de 8 años. “Lloraban todos menos yo, porque ya sabía que Chile iba a perder, porque Brasil tienen un equipo re bueno”. El que habla es Bruno, hijo de María Laura, mientras juega con una pelota de las oficiales de esta Copa, que ha sido obsequiada ayer en Pinto Durán, en el asado al que fueron invitados los familiares del cuerpo técnico. Bruno todavía no cae en la fábula que está viviendo: se sacó fotos con Alexis y todos los cracks.

María Laura y Marcelo, los hermanos menores de Jorge, en las calles de Santiago.

-O sea que lo están viendo a Jorge…
-Yo bajo siempre a camarines a saludarlo al final del partido –se anticipa Marcelo-. Y cuando dan libre, como pasó tras el debut, pudimos compartir un asado y una tarde de juegos con él y los familiares del cuerpo técnico, que tiene a Jorge Desio, Sebastián Beccacece, Nico Diez y Martín Tocalli, también argentinos.

-¿Cómo lo notaste, María Laura, vos que tenés la intuición femenina?
-Está muy metido en su trabajo. Para que te des una idea: el otro día le estaba hablando en el almuerzo y de golpe se levantó y se fue, y me dejó con la frase en la mitad, o sea que nunca me escuchó lo que le decía. Ya estaba con la cabeza en México.

-En la cancha no para de caminar y se olvida del corralito...
-Ah, eso es normal, un clásico, Jorge es ansioso desde muy chico. Todos los días tiene que hacer algo. O sale a correr, o va al gimnasio, o juega al tenis, no para, no puede estar demasiado tiempo en un mismo lugar, debe estar siempre en movimiento –y no termina la frase, que otra vez entra en escena tocando pito la voz finita de Bruno–: “Vas a un restaurante, le preguntás ‘¿qué vas a comer?’ y él te contesta ‘¿Viste cómo la atajó Bravo?’”. Y ante la duda de si exagera, le creemos: los chicos siempre dicen la verdad. La sonrisa de madre y tío lo terminan de confirmar.

-¿Es tan obsesivo como parece?
-Seee –primerea Marcelo-. Mirá: Jorge terminó el colegio y se puso a trabajar en el Banco Provincia de Casilda. Competía con los otros empleados y era lejos el más rápido, el laburo que otros lo hacían en tres horas él lo terminaba en una. Después, el banco se privatizó y fue a trabajar al Registro Civil de Los Molinos hasta que tuvo la chance de dirigir en Perú, pidió licencia por un año, luego por otro, y ya no volvió.

-¿Cuál es el rasgo más distintivo de su personalidad?
-Obsesivo, es muy obsesivo y muy ansioso –lo define la hermana.

-¿Es medio loco tipo Bielsa?
-No lo conozco a Bielsa –prosigue Marcelo–, pero por lo que se dice, sí. El teléfono lo tiene incorporado a su cuerpo, no para un segundo de hablar con los colaboradores. Puede brindar en Navidad y en la cabeza está armando el equipo. Nunca vas a agarrarlo desenchufado del trabajo.

-¿Cómo lo ven cargando con toda esta presión?
-Las revoluciones van a mil en cada competencia –agarra la posta Marcelo-, ahora tiene la mochila porque la Copa se hace en Chile, y todos piensan que Chile tiene que salir campeón, pero la realidad es que deberían estar satisfechos si entran entre los cuatro mejores. Esa es la bronca que me da, pero es inmanejable. Está bien querer más pero hay que ser consciente de una realidad y es que Chile tiene un plantel corto. Son 3 jugadores distintos, es cierto, y el resto, un buen equipo, pero falta recambio.

-Le pegan mucho en los medios…
-Creo que hay un sector amarillista, como en todos los países, al que no le importa el fútbol, y eso influye en el estado de ánimo de la gente, la hace volátil. Jorge tampoco hace diferencia con los medios, y eso no le sirve a cierto sector del periodismo que quiere llegar a donde sea con una nota.

Sampaoli, en la concentración de La Roja, de Pinto Durán, con sus dirigidos, en una práctica. Recibió muchas críticas durante la Copa.

Que Sampaoli no mida conveniencias ni favores se desprende de un hecho pequeño pero ilustrativo. Su autobiografía. No buscó al periodista más popular ni al grupo mediático más fuerte para ganar dinero y comprar elogios. Le dio el ok a Pablo Pavan, un viejo vecino de Casilda, periodista, que no es un líder de opinión en Chile, precisamente.

En su ciudad de origen, Sampaoli es el Zurdo. No lo conocen de otra forma. “Era un 10 muy habilidoso que terminó como un 8 rústico”, lo define Marcelo, quien también se inició como futbolista “pero le gustaba demasiado la joda y el domingo no le daban las piernas”, se anticipa la hermana, convencida, describiendo a Marcelo.

-¿Desde cuándo Jorge es pelado?
-Desde muy joven –retoma Marcelo-, 25 años te diría. La peleó dignamente hasta que pudo y después se rapó.

-¿Vienen de familia muy futbolera?
-Sí, nuestro viejo nos seguía a todos lados. Nos metió a River en la sangre, era muy hincha. Falleció joven, por un cáncer de pulmón. No sé si será por eso, pero ninguno de nosotros tres fuma. Mamá vino ahora también a Chile, pero para en la casa de Jorge, con Coco y Sabrina, los hijos de Jorge, que son grandes, tienen 27 y 29 años. El resto nos distribuimos en el hotel.

-¿Iban a la cancha de chicos?
-Sí, claro, nos llevaba el viejo. Me acuerdo que en el 75 o 76 fuimos al estadio de Newell’s, en colectivo, toda una aventura, con una bolsa de mandarinas. Llegamos tan temprano que no había nadie y nos pusimos a comer las mandarinas. Ganamos 1-0 con gol de Luque, estábamos enloquecidos.
-Debe ser por eso que nos quedó la costumbre de ir tan temprano a la cancha –acota entre sonrisas María Laura.
-Y al Monumental también íbamos. Nos subíamos al colectivo de la filial de Casilda, y hacíamos los 320 kilómetros. Con Jorge hemos estado en la popular del tablero hasta que se puso pesado. Recuerdo un partido de Supercopa con Argentinos, hacía un frío, un frío…  nos vinieron a apretar de la bara pidiéndonos plata y ahí dijimos: “Acá no se puede venir más”.

A Sampaoli también se le complicó para seguir yendo al Monumental cuando empezó a trabajar como entrenador. Una fractura de tibia y peroné a los 19 años, cuando integraba la Cuarta de Newell’s, le cortó abruptamente la carrera. Se inició como DT en Renato Cesarini y en Alumni de Casilda. Un hecho, una foto en realidad, marcó un punto de inflexión: “Fue dirigiendo a Alumni en una final contra 9 de julio de Arequito, en Arequito –relata el hermano-. Lo echaron y se trepó a un árbol para seguir comunicándose con sus jugadores. Había un fotógrafo del diario La Capital de Rosario, la foto se publicó, se enteró Eduardo López, el presidente de Newell’s, que en ese momento gerenciaba Argentino de Rosario, y le dieron la posibilidad allí. Así empezó”.

El otro hecho que marcó su carrera fue un llamado desde Chiclayo, Perú, en 2002. A los hinchas de River el nombre les resultará conocido: Juan Aurich se estaba yendo al descenso y se contactaron con él. “Le mandaron los pasajes y se fue solo, sin ayudantes, con una valija. Lo salvó del descenso, luego hubo un problema político en el club, y renunció en solidaridad con el gerente que lo había llevado. De casualidad se cruzó con el presidente de Sport Boys en el aeropuerto, lo contrató y fue armando su carrera en el exterior”, sintetiza Marcelo.

-Y si se da una final Argentina-Chile, ¿por quién hincharán?
-Por Chile, a mí me tira más el lazo familiar que otra cosa –no duda María Laura.
-Ojalá se dé –no esconde Marcelo-, estoy deseando eso porque ahí no pierdo, gano seguro. Yo también les inculco a mis hijos que no pierdan el espíritu de hinchas por su Selección. Veo a Argentina y reniego y me emociono como cualquier hincha, pero después cambio el chip y me pongo el de Jorge.

Sampaoli Hermanos. Apoyo garantizado o le devolvemos la diferencia.

No escucho y sigo

El título de este recuadro es, a la vez, el de la biografía autorizada de Jorge Sampaoli, escrita por Pablo Pavan, casildense también, y vecino desde la infancia del Zurdo. Parece especialmente preparada para la ocasión, porque al DT de la Roja lo bombardean desde todos lados y poco le importa: agacha la cabeza y le da para adelante. “No escucho y sigo” es parte del estribillo de “Prohibido”, un tema de Callejeros. Sampaoli es fan del grupo, participó de un acto en apoyo realizado en Santiago antes del Mundial y hasta visitó a Patricio Fontanet en la cárcel de Ezeiza. Sampaoli lleva tatuada esa frase en el brazo izquierdo. Al hablar de “inclusión” y de no “castigar por un error” a Arturo Vidal, no hacía más que mostrarse cómo es. En Argentina, el libro fue editado por Librofutbol.

Por Diego Borinsky, enviado especial a Santiago de Chile

Nota publicada en la edición de julio de 2015 de El Gráfico