LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Gustavo Alfaro, 100x100: “El jugador de hoy se acostumbró a despedir entrenadores, está en una comodidad cómplice”

- por Diego Borinsky: 03/08/2015 -

Dos ascensos a Primera, con Olimpo y Quilmes, y cuatro títulos con Arsenal son el aval de este rafaelino que opina de todo con mucha sabiduría y calle.

En la charla, en el hotel donde concentra Tigre. Fue a comentar la Copa América para la TV colombiana.

1 ¿Quién es Gustavo Alfaro? Un rafaelino soñador que es feliz. Cumplí mis sueños de formar una familia y de realizarme como profesional. Mi deseo era conseguir como entrenador lo que no había logrado como jugador: ser de Primera. Y lo alcancé desde el interior del interior, porque una cosa es Córdoba o Rosario, y otra muy distinta, Rafaela.

2 ¿Quién te puso Lechuga? Ricardo Borgoño, un amigo de la infancia. A los 6 años jugando en el baby de Atlético de Rafaela, un día faltó el arquero y como el técnico me ponía en todos los puestos, me mandó al arco. Anduve bien y al final dijo: “¡Qué grande el arquero Lechuga”, porque tenía la cabeza como una planta de lechuga, llena de rulos, y quedó. De hecho, si hoy vas a Rafaela y preguntás por Gustavo Alfaro, te dicen: “¿Quién? ¿Lechuga?”. Ya está, es una parte de mi documento de identidad.

3 ¿Eras de clase media? Sí. Mi viejo se fue de joven a Junín a trabajar en los ferrocarriles, ahí conoció a mi mamá, se casaron y nacieron mis dos hermanos mayores. Cuando nacionalizan los ferrocarriles, por el año 53 o 54, a mi viejo lo eligieron delegado, le ganó las elecciones internas al candidato del peronismo y por eso lo metieron preso. Y a mi mamá, que era maestra rural, la echaron del colegio. Mi mamá me contaba que a los presos los hacían desfilar por la ciudad, delante de toda la gente, y entre ellos estaba mi viejo. Ahí es cuando mi viejo decidió volverse a Rafaela. Se puso un taller para arreglar instrumental de velocímetros, luego un negocio de cables comandos y en esa época nacimos mi hermana y yo. O sea que hay una parte de la familia que es de Junín y la otra de Rafaela. Por culpa de Perón. Por eso mi viejo terminó siendo un acérrimo antiperonista.

4 ¿Y tu mamá daba clases en el campo? Claro, era en las afueras de Junín. La llevaban en auto por la ruta hasta una pulpería y de ahí iba en carreta unos 8 kilómetros por camino de tierra. Estaban las tolderías y les daba clases a los indios, los tobas creo que eran. A fin de año, cuando yo iba a visitar a mis abuelos y tíos a Junín, nos dábamos unas vueltas por ahí. Sigue estando aún esa escuela.

5 ¿A tus viejos los tenés todavía? No, fallecieron los dos. Mi vieja no llegó a verme de técnico, murió en 1988, en un accidente automovilístico en la ruta 34, yendo a Junín. Iba con mi papá, reventaron un neumático, el auto dio varias vueltas y terminó contra una alcantarilla. Lo curioso es que mi vieja terminó avisando quiénes eran y a quién tenían que llamar. Cuando llegué al hospital, pensé que el que estaba más grave era mi papá, porque mi vieja hablaba normal. Estuvo 17 días en terapia y se murió por un edema pulmonar. Me lo explicaron como el síndrome de la bolsa de papel: iba durmiendo, exhaló de golpe por el susto, se le inflaron de aire los pulmones y el impacto es como que explotó una bolsa de papel, colapsó todo.

6 ¿Infancia con privaciones? No, una clase media normal, estudié en escuela pública, la educación que tuve fue fantástica y me marcó para toda la vida. En corrección, en respeto, en obligaciones y exigencias, en solidaridad, un montón de cosas que se inculcaban en tu casa y se respaldaban en el colegio. Se vivía una adolescencia distinta, más allá de que estábamos marcados por un momento muy duro del país, plena dictadura.

7 ¿Tuviste que trabajar? Mi viejo me hacía laburar en las vacaciones en su negocio. Yo estudiaba en la escuela técnica así que me mandaba a los tornos, a la parte de electricidad... Y me pagaba, sí, para que pudiera salir los fines de semana, un modo de mostrarme que en la vida nada es gratis.

8 ¿Eras muy futbolero de pibe? Mucho, demasiado. Cuando tendría 12 o 14 años los domingos era sagrado escuchar la transmisión de Muñoz y anotar todo. Me iba a la cocina o al patio, ponía la radio fuerte y mientras tanto jugaba a la pelota. Tenía un paraíso y le había puesto un palo para armar el arco y le pegaba contra la pared, y mientras escuchaba los relatos recreaba un poco esas jugadas, con mucha imaginación. Y después, de acuerdo al pip de las conexiones, porque en esa época se jugaban todos los partidos simultáneamente, trataba de adivinar qué equipo había metido un gol. Y al terminar la fecha anotaba los goles, las tablas de posiciones y demás mientras escuchaba los comentarios finales. Eso lo habré hecho entre los 12 y los 17 años ponele. Era un rito supremo. A la noche me iba a dormir con la pelota que me regalaba mi viejo para Navidad, con la camiseta también, y soñaba con los domingos de primera.

Saltando en un duelo de Nacional B ante Colón en la cancha de Rafaela.

9 ¿De quién eras hincha? De Racing, por mi viejo. Recuerdo el Metro 69 cuando Chacarita nos ganó la semifinal con un gol de Neuman: escuchaba el partido en la cama, con fiebre, y mi vieja vino a tomarme la temperatura. Le dije que se fuera. Era medio fanático, después el tiempo te lleva para otro lado y al entrar en esta profesión te hacés hincha de vos mismo y lo demás no te importa. Hoy soy fanático de Tigre y así seré hasta que me vaya, les quiero ganar a todos.

10 ¿Quién era tu ídolo? Primero, el Chango Cárdenas y todas esas glorias del Racing de Pizzuti, y luego tuve el honor de conocer a Basile, al Panadero Díaz, al Bocha Maschio, Cejas, Martín, gente hermosa. Y después quedé maravillado con Pelé, porque el primer Mundial que vi por la tele fue el de 1970. Hasta que conocí lo que eran los brasileños y empezamos a odiarlos, ja, ja, ja.

11 Tu primera vez en una cancha en Buenos Aires… El primer partido que vi de Racing fue en Santa Fe, en cancha de Unión, por el año 76 o 77. Racing perdió 7-1, ¡un debut tremendo! Y en Buenos Aires fue un clásico en cancha de Independiente, un 1-1 con goles de Sarulyte y Alzamendi. Después, cuando estudiaba Ingeniería Química en la Facultad, en Santa Fe, me hacía escapadas a Buenos Aires para ver a Racing. Me tomaba el colectivo y después me quedaba unos días en la casa de algún amigo. Estuve en la tribuna de la Bombonera, cuando mataron a Basile con una bengala, en 1983.

12 ¿Estabas cerca? En la misma bandeja. Yo estaba del medio para la izquierda y a Basile lo impactaron del medio para la derecha. Recuerdo que empezó el partido y tiraron una primera bengala que cayó antes, en el campo de juego, y le pegó a Cacho Córdoba en la pierna. Después vinieron otras dos que pasaron por arriba de la tribuna, o sea que se veía venir, y la siguiente le impactó a este hincha Basile. Fue el día que más miedo tuve en una cancha: la gente se abrió y quedó el chico tirado, empezaron los cantitos con amenazas de un lado y del otro. Y la salida fue un caos. Estaba todo oscuro, y lo único que me importaba a mí, que había ido solo, era llegar a la Avenida Almirante Brown y subirme a un colectivo para rajar de ahí. Los policías estaban por ahí repartiendo bastonazos, era una locura.

13 De 1 a 10, ¿con cuánto te calificás como jugador? Yo era un buen jugador, técnicamente 6 puntos, pero me daba cuenta de un montón de cosas, era el técnico dentro de la cancha, manejaba la pelota parada, daba las órdenes, empujaba al equipo, hablaba con el árbitro, hablaba con mis compañeros, tenía liderazgo. Jugaba de 5, una especie de Chapu Braña. Lo bueno es que era consciente de mis limitaciones: sabía que mi virtud era robar y punto, entonces la robaba y la pasaba enseguida a dos metros.

14 ¿Eras capitán aunque fueras de los más jóvenes? Atlético siempre fue un equipo grande de Rafaela que trajo jugadores de Colón, Unión y otros clubes y yo, como chico nacido en el club, sufrí esas postergaciones. Un día, con un grupo de pibes, tendríamos 17 o 18 años, encaramos a Aníbal Carlucci, el hombre fuerte de fútbol del club, para decirles que nos dé una oportunidad a los pibes del club, porque al final traían a un montón de jugadores y la cara la terminábamos poniendo siempre nosotros. Nos sacó carpiendo, pero esa experiencia me marcó. Ahí, en la liga rafaelina te hacías guapo en serio, no había opción.

15 ¿Por qué? Porque había ex jugadores y te mataban a trompadas. La jugada iba por una punta y en la otra te daban con todo, incluso había partidos en Reserva con un solo linesman, así que imaginate. Un día nos jugaron con alfileres de gancho y en los corners nos metían terribles chuzazos en la espalda. Le decíamos al árbitro: “Estos tienen agujas y los vamos a cagar a trompadas, será su responsabilidad si no se las saca”. Fue contra Ferrocarril del Estado, el árbitro era Dellacasa hijo y vio cómo uno enterraba una aguja en la tierra, la agarró y suspendió el partido.

16 ¿En qué te marcó esa experiencia que me contabas antes? Ahí, sí, en valorar a los chicos del club, porque sufrí esas postergaciones, entonces ahora, como técnico, ante igualdad de condiciones, defiendo al jugador del club. Siempre el que viene de afuera parece que es el mejor y al pibe del club no se lo valora.

Su primera experiencia como DT en la A, en Belgrano.

17 ¿Nunca estuviste cerca de jugar en la A? Sí, y no llegué por un sorteo, en la época de los Nacionales, en 1982. Tenía 19 años, llegamos a una final con Renato Cesarini: ganamos 1-0 en casa con un gol mío faltando 5 minutos, y en cancha de Central perdimos 1-0. No había alargue ni penales, fuimos a un sorteo en AFA y ganó Renato Cesarini, que fue a la zona de Vélez y Racing, entre otros. Eso fue lo más cerca que estuve de la A. Sí ascendí después al Nacional B: le ganamos la final a Ledesma. El Burrito Ortega fue alcanzapelotas cuando jugamos en Jujuy. Me enteré después.

18 ¿Por qué te retiraste? Debuté a los 18 años en la Primera de Atlético de Rafaela, luego fui a estudiar a Santa Fe y mientras tanto hacía 3 veces por semana los 80 kilómetros hasta Rafaela para entrenarme. Era el capitán del equipo, jugábamos en la Liga Rafaelina y cuando conseguimos el ascenso al Nacional B le dije a mi viejo: “Dejame jugar al fútbol, que ingeniero puedo ser a los 40 años pero jugador de fútbol no, es el sueño de toda mi vida”. Me faltaron 10 materias para recibirme. Bueno, jugué 3 años a nivel profesional en el Nacional B y en un momento, con 28 años, dije: “Basta, hasta acá llegué”, y me retiré.

19 ¿Por qué? Porque ya había cumplido el sueño de mi vida: jugar en la primera de Atlético. Tuvimos que jugar una reválida con 9 de julio, el rival de toda la vida, para mantener nuestro lugar en el Nacional B, la ganamos y ahí dije “basta”. Ya era grande, me había pasado el tiempo, y aparte en ese momento era muy difícil jugar en la A. La diferencia que había entre Primera y Nacional B era muy grande, todo lo contrario de hoy, que ves que planteles completos del Nacional B juegan tranquilamente en la A.

20 ¿Te retiraste y retomaste el estudio? Lo intenté. Rendí 5 materias, pero me di cuenta de que había perdido la pasión por el estudio, porque había nacido en mí una nueva pasión, la del entrenador. Y me propuse lograr como entrenador lo que no había logrado como jugador: llegar a Primera.

21 ¿Cómo se empieza desde el interior del interior? Me llamó Atlético para que le organizara las divisiones inferiores. Fui ayudante de campo de Roberto Rogel y de Carlos Biasutto, dos grandes tipos. En un momento se fue Biasutto por los resultados y en el interior se estilaba que el profe y el ayudante de campo fueran del club para abaratar costos, entonces me pusieron de interino. Estábamos en el Nacional B, año 1994, le ganamos 2-0 a Unión, 7-1 a Morón de visitante, y nos terminamos salvando del descenso. Me dieron la chance para el siguiente, mantuvimos el plantel, trajimos unos refuerzos y terminamos segundos del Estudiantes de Russo y Manera, que ascendió. Nos eliminó San Martín de Tucumán en el reducido.

22 ¿El paso siguiente? Seguí una temporada más en Rafaela y luego fui a Quilmes, donde no pudimos ascender. Y de ahí a Olimpo a tratar de subir. Duré 22 días. De locos. Discutí con Jorge Ledo, el presidente, en la pretemporada en Mar del Plata y no llegué ni a debutar.

23 ¿Qué pasó? Le había dicho a Ledo que no me iba a meter en el presupuesto, pero que el perfil de los refuerzos lo decidía yo. Si él me decía: “Me ofrecieron a tal jugador, ¿qué te parece?”, todo bien. Quería traer a un par de jugadores que había dirigido en Quilmes, pero Ledo se resistía. “Contraté otros tres jugadores”, me dijo. De esos 3 jugadores, uno había tenido un caso de doping positivo, otro no tenía buenos antecedentes por salidas nocturnas. Se lo planteé y me respondió: “Quedate tranquilo que esto lo manejo, a estos hay que permitirles que vayan al cabaret hasta el miércoles y listo”. Le respondí: “Esto no es serio, ¿cómo les digo yo después a los pibes que se rompan el alma mientras a los otros les permitimos que vayan al cabaret?”. Me planté: “Así no podemos trabajar, págueme los 20 días y tráigase al entrenador que quiera”. Y eso hizo.

24 No era sencillo tomar esa postura: vos recién empezabas… Y encima cuatro años después me vino a buscar de vuelta para ascender al equipo. “No hay ningún problema –arranqué-, ¿pero quién arma el equipo?”. Me contestó: “Usted lo arma”. Listo. Se estaban reformando los campeonatos, era una rueda de 25 equipos y bajaban 7. Olimpo estaba último. Hice cuentas y había que salir sexto para zafar. Y si salía sexto, estaba para pelear el campeonato. Ledo me dijo que tenía plata para pagar 7 meses de sueldo y después no tenía idea. Nos jugamos el tute a ascender con jugadores que había dirigido: Laspada, Clementz, el Chavo Desábato. Salimos campeones, lloramos juntos en el vestuario, nos abrazamos... y al otro día me echó (risas). “En el Nacional B sos el mejor, pero no tenés nivel para dirigir en Primera y para echarte en la sexta fecha, prefiero que te vayas ahora”, me dijo.

La ñata contra el vidrio... o en este caso contra el alambrado. Fue cuando dirigió a Olimpo, equipo con el que consiguió su primer gran logro: el ascenso a Primera. Al otro día lo echaron.

25 ¿Te la esperabas? No, ¡qué me la voy a esperar! Su argumento era que en mi única experiencia en Primera, con Belgrano, me había ido mal. Pero Belgrano era un quilombo, un club en quiebra, con los jugadores de paro, no teníamos lugar para entrenar, nada que ver con lo que es hoy. Me fui, y cuando dirigí a Quilmes por segunda vez, Julio García, el que me llevó, me dijo: “Quedate tranquilo que en el contrato pondremos una cláusula de renovación automática si ascendés a primera para que no te pase lo de Olimpo”. Y tuve la suerte al año siguiente de ascender con Quilmes.

26 Durísimo ascender a Quilmes, me imagino… Sí, sí, durísimo, tuve que hablar mucho con los jugadores. Quilmes llevaba 11 años en el Nacional B, venía de perder 6 chances de ascenso en dos años. Los había visto por TV, antes de jugar esas finales, con remeras que decían: “La bruja no existe”. Y si vos tenés esa remera es porque la bruja existe, le estás dando entidad. No fue fácil luchar contra eso. Hubo un acuerdo para que la gente que manejaba el club no se metiera en el fútbol y viceversa, pero los resultados no se daban y querían meter a su entrenador. Ahí Julio García me dijo algo que ningún otro dirigente me había dicho: “A vos te voy a acompañar siempre y antes de que te corten la cabeza a vos, me la van a tener que cortar a mí”. Por lo general te acompañan hasta la puerta del cementerio, pero no mueren con vos. Y García, luego, me lo demostró con hechos.

27 ¿Cómo manejaste esa maldición de la bruja? Hablando. Cuando llegó la final contra Argentinos les hice un repaso de todo lo que nos había pasado y les dije que ese era el momento para quedar en la historia grande del club, y que cuando uno tiene un corazón noble está por encima de cualquier superstición. Y les escribí en el pizarrón una frase que había leído: “Cuando veas la sombra de un gigante, no te asustes, porque puede ser la sombra que el sol proyecta de un enano”.

28 ¿Quién es tu mayor influencia como entrenador? Yo no tuve un padre espiritual que me marcara un camino, por eso cuando llegué a Quilmes la primera vez, con 34 años, no sabía bien dónde estaba parado. Yo buscaba la verdad revelada del fútbol, que me dijeran cuál era la piedra filosofal, entonces empecé a buscar charlas con entrenadores reconocidos.

29 ¿A quiénes viste? Conocí a Bilardo a través del Bambino Pons. Luego me presenté un día en Estancia Chica y pregunté si podía hablar con Griguol. Ahí fui solito. A partir de ese día se generó una relación muy linda y me decía que fuera más tiempo. A través de Lito Bottaniz conocí al Flaco Menotti y a Daniel Passarella, porque había sido su compañero en la Selección. Y al juntarme con Passarella en la Selección conocí a Gallego y a Sabella. Cuando estaba en Quilmes compartíamos el hotel con Racing y pude charlar con Basile, luego conocí al Bambino y a Bianchi, a través de Daniel Comba. Todo ese tiempo a mí me sirvió para convertirme en un ladrón profesional. Ahí robé todas las ideas buenas que ellos tenían.

30 Empezaste joven como DT, ¿te costó darles indicaciones a tipos mayores que vos? Me costó dirigir a ex compañeros. Uno de los momentos más difíciles fue cuando en mi primer campeonato tuve que sacar a Carlos Goyén con toda su gloria. Le dije: “Mirá, Carlos, las trayectorias las respeto, pero cuando los rendimientos personales afectan al equipo y mi estabilidad de trabajo, ahí tengo que ser egoísta y pensar en mí, por eso te saco”. Se decía que se iba a retirar a fin de año y entonces le agregué: “Lo único que te puedo prometer es que antes de retirarte vas a volver a atajar”. Y atajó el último partido, contra el campeón Estudiantes. Les ganamos, fue la figura y la última bola la terminó bajando con una mano, como solía hacer. Todo eso le había dicho que iba a pasar. Al Gallego González también lo tuve que sacar en Quilmes.

31 ¿Alguno se te enojó? No, porque siempre fui respetuoso de las formas, por eso no uso mensajeros. Si tengo que prescindir de un jugador, lo llamo y se lo comunico mirándolo a los ojos. Entonces el jugador podrá no coincidir y dirá: “este hijo de puta me limpió”, pero hará 100 metros y pensará: “por lo menos me vino de frente”. Lo primero que tenemos que aprender los entrenadores es a decir que no, porque si no terminás con planteles de 40 jugadores.

32 ¿En tus comienzos te confundían mucho con Roque Alfaro? Síííííí, todavía me confunden. Hace poco, en una estación de servicio, un tipo me decía: “Yo estaba siempre con usted y con el Gringo Scoponi”. No podía explicarle que no era yo, y el tipo se fue convencido de que era Roque Alfaro. O venía un padre con su hijo y le decía: “Mirá, es Roque Alfaro, este jugó en River”. Y no, ¡yo jugué en Atlético de Rafaela! Y ni un solo partido en la A (risas).

En una nota de hace varios años, en su casa de Rafaela, con su mujer y sus dos hijas.

33 ¿Tuviste que pagar mucho derecho de piso como entrenador? Hay ciertos caminos que se te allanan más fácil cuando tenés un nombre, pero más allá de que la distancia recorrida sea más larga, si hacés las cosas bien, llegás.

34 ¿Fuiste un poco el pionero de los técnicos del ascenso en la A? En mi época era complicado: así como había una diferencia grande entre el jugador del ascenso y el de Primera, también la había entre el técnico del ascenso y el de Primera. Hoy se igualó todo, entre los jugadores y los técnicos y hasta técnicos de Primera que antes no iban al ascenso ahora sí van.

35 ¿Cuándo sentiste que empezaste a ganarte el respeto de tus colegas en Primera? Después del primer año en Quilmes, que terminamos quintos y clasificamos a la Sudamericana. Ahí me empecé a transformar en un técnico de Primera.

36 ¿Cómo apareciste comentando para la TV de Colombia? Javier Hernández, responsable deportivo del canal Caracol, estaba viendo una nota que me hacía Fernando Niembro en Fox cuando armaba el proyecto para cubrir el Mundial de 2006 y dijo: “A ese hombre quiero yo”. Fue una apuesta muy fuerte, porque había una guerra importante con RCN, la otra gran cadena, y ellos tenían a Bolillo Gómez, a Bilardo y otros más. Y del otro lado, Alfaro, ¿y quién lo conoce a ése? Se la jugaron por mí y terminamos haciendo un gran rating. Fui a ese Mundial y luego al 2010 y 2014, a Eliminatorias, Copa América, muy bien…

37 Ahí arriba se está mejor porque no perdés nunca, ¿no? No te creas, ahí perdés también con el rating minuto a minuto, que es peor que el partido (risas). Quieras o no, te ponés la camiseta y tratás de brindar un producto que sea bueno y visto. La lucha del minuto a minuto en la TV es descarnada.

38 ¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de esa función? Lo que más me gusta es poder ver el fútbol desde otro lugar. Es un ejercicio muy bueno para mi profesión porque me tengo que meter en la cabeza de los entrenadores para saber lo que están proyectando y tratar de explicarlo con palabras simples. Y lo que no me gusta es cuando se arman los operativos para tratar de instalar cierto tema, cómo se opera. Es un costado que no me gusta, pero sé que está presente en la profesión.

39 ¿Hay más puterío en el periodismo o en el fútbol? Está parejo, eh (risas). La diferencia es que los problemas en el fútbol se televisan al mundo, pero las diferencias entre periodistas están detrás de cámara.

40 ¿Cuáles son los atributos más importantes de un buen DT? Primero, decir la verdad. Segundo: tener claro que el ámbito más sagrado del plantel es el vestuario y que ahí nace y muere todo. Y fundamentalmente tener la capacidad de convencer. Lo más fácil para los entrenadores es trabajar en el campo, todos lo hacemos de manera similar, lo más importante es el afuera, es cómo lograr la mentalización de un plantel, cómo transformar el yo en nosotros, cómo hacerles entender a los jugadores que son todos necesarios y ninguno es imprescindible.

En Quilmes consiguió romper el hechizo y ascender al equipo luego de 11 años, aunque cuenta que la noche previa a la final con Argentinos dos jugadores se agarraron a piñas y en el plantel había 5 grupos diferentes.

41 ¿Qué técnicos te gustan? Para no caer en el lugar común de Guardiola, te digo que me gustan Ancelotti y Joachim Löw. Su proceso en Alemania fue muy bueno, y ese lo vi desde el 2006 cuando fue ayudante de Klinsmann y observé cómo le cambió la idiosincrasia al fútbol alemán aún con el peso en contra de Beckenbauer y otros históricos. Y terminó con una versión mejorada a la de España 2010. Aparte, lo vi tomar decisiones importantes en un partido.

42 ¿Y de los argentinos? Nosotros somos hijos de Menotti y de Bilardo, pero a mí no me gustan las antinomias, para mí es Menotti “y” Bilardo y si tengo que marcar a dos que vienen detrás, me quedo con Bianchi y con el Viejo Griguol. De los jóvenes me parece muy bueno lo de Gallardo y el Mellizo Guillermo.

43 Tu mayor virtud y tu principal defecto. Mi principal virtud termina siendo un defecto. Es mi obsesión por tratar de armar un equipo que sea competitivo y en la misma medida me reprocho cuando esos objetivos no se me cumplen, y entonces siento frustraciones muy grandes.

44 ¿Qué se siente eliminar a River en el Monumental en una Copa? (semifinal Sudamericana 07) Lo digo desde el respeto: ese día escuché por primera vez el silencio. En un instante eran 60.000 personas silbando a Mario Cuenca, que iba a patear su penal en la definición, y de golpe el gol y el silencio total, como cuando se apaga la radio o se le pone mute al televisor. Terrible.

45 Alfaro es un técnico para equipo chico o mediano. ¿Verdadero o falso? Falso. Pasa que este es un país de rótulos. Einstein decía que es mucho más fácil desactivar un átomo que un preconcepto. Uno arma el equipo con lo que puede. Nunca tuve la billetera más gorda, entonces muchas veces la cuestión pasa por saber de qué manera administrás las chirolas para armar un equipo competitivo. Después, por una sola experiencia, la que tuve en San Lorenzo, no se pueden sacar conclusiones definitivas.

46 ¿En qué sentís que te equivocaste en San Lorenzo? ¿Qué cosas no repetirías? En ese momento pensé: “Si no dirijo un equipo grande ahora, no lo dirijo nunca más”. Y no medí las condiciones en que tomaba el club. En San Lorenzo estaban habituados a otro tipo de entrenador, como por ahí también le costó al Viejo Griguol cuando fue a River. Yo agarré una institución que estaba saliendo de una convocatoria de acreedores, con serios problemas económicos, donde había que vender para pagar las cuotas de la convocatoria, no se podían traer refuerzos y entonces no estaban dadas las condiciones para un equipo grande de ese nivel de exigencia. Tampoco estaba Tinelli para que te traiga todos los jugadores, que es lo que pasó después. Hoy, si me tocara agarrar un grande, miraría bien las condiciones en que se encuentra.

47 ¿Te sentiste cerca de Boca alguna vez? Me junté en 2006 con Macri y Pompilio, cuando Basile se fue a la Selección. Yo venía de agarrar Arsenal hacía dos meses por pedido de Don Julio. Porque cuando asumí, yo quería la bendición de Don Julio, y el 25 de mayo, la primera vez que pisé el club, me recibió Don Julio. No podía irme dos meses después. Por eso le avisé a Julito: “Me voy a reunir con la gente de Boca porque quieren conocerme, pero desde ya que voy a decir que no”. Era uno más de los candidatos. Al final arregló La Volpe.

48 ¿Te dio un poquito de cagazo de que Don Julio se enojara? No, no (risas), no, pero viste, yo estaba recién arrancando y no podía cometer errores de ese tipo. Y después tuve otra chance más de ir a Boca. Me enteré hace poco, caminando por el country donde vivo. Me crucé a Amor Ameal: “Tengo que decirle algo, cuando lo tenía a Bianchi de manager, en un momento lo quise traer a usted de técnico, pero Carlos me dijo que no era el momento. Quiero que sepa que yo lo quise llevar”. Se ve que necesitaban una persona identificada con Boca porque el club vivía un momento conflictivo.

En San Lorenzo, su única experiencia en un club grande, que no terminó bien. Dice que no lo desvela dirigir a un grande.

49 ¿Y en Central qué te pasó? Le había dicho que no a Usandizaga porque el club estaba muy mal y se comprobó a los dos años cuando terminó descendiendo, pero Don Julio me pidió por favor que lo agarrara. Hoy, con mi experiencia, me sostendría en el “no”.

50 ¿Grondona se metía en todo? Que me recomendara era un orgullo, pero te generaba, de alguna manera, una obligación implícita. Si le decía que no a Central, era como que le decía que no a él, y uno tiene esos prejuicios adquiridos de decir “si hago eso, no dirijo más”. Y terminé aceptando por eso.

51 ¿Tenés la espina de un grande? No, en absoluto, porque el tiempo me demostró que las cosas se manifiestan de manera misteriosa, no cuando vos querés. Si se tiene que dar, se dará, pero hoy me siento muy bien donde estoy trabajando.

52 ¿Sentís que te va a tocar un grande alguna vez? No sé, pero no me desvela.

53 ¿Cuánto influía Don Julio en la formación de Arsenal? En la lista de los Mundiales siempre metía algún jugador… Ni él ni Julito se metieron jamás para decirme nada y me dieron libertad absoluta para armar el equipo. Yo le pedía que hiciera un esfuerzo por retener a Lisandro López o a Carbonero, por ejemplo, pero él decía que no quería mezclar porque sabía que a él le iban a pegar más por Arsenal que por la AFA. Es una gran paradoja: Arsenal fue el lugar donde me sentí más libre y más apoyado para trabajar y del que peor me fui.

54 ¿Es casualidad que, muerto Grondona, Arsenal entrara en el tobogán? Siempre le decía a Julito: “Ojalá tu viejo viva 100 años, pero vos tenés que concebir a Arsenal sin Julio Grondona presidente de AFA”. Y me dio la sensación de que nunca le interesó. Como siempre les digo a los jugadores: construir un equipo sólido lleva mucho tiempo y destruirlo, lo destruís de la noche a la mañana. Cuando me fui, destruyeron el corazón de ese equipo: se fueron Nervo, Campestrini y el Bicho Aguirre, tuvieron problemas con Marcone, se perdió la esencia. Ojalá Caruso pueda acomodarlo.

55 Pero que no esté Grondona influye mucho… Qué sé yo, hay mucho mito en eso también.

56 ¿No aceptás que hubo ayudín de los árbitros por ser el equipo de Grondona? Para nada, esa te la discuto a morir. Y si querés vemos todos los partidos juntos. Nosotros fuimos campeones ganándole 3-0 a Boca en la Bombonera, 3-1 a Lanús, 3-0 a Independiente, le ganamos a Racing. Siempre la más fácil es caer en eso. A San Lorenzo le ganamos 3-0 en la final de Copa Argentina, ¿y qué tiene que ver Grondona?

En el estadio de Arsenal, en compañía del Marciano Ortíz, Loeschbor, Obolo, Cuenca y el Moncho Ruiz.

57 ¿Te agarrabas muchas broncas cuando leías o escuchabas esos comentarios en los medios? Al principio sí, porque uno es sanguíneo pero luego comprendí que no hay que dar luchas que uno no tiene que dar.

58 Pero una vez mandaste una carta durísima a Olé… Sí, le mandé un mail a Walter Vargas por una columna que había escrito luego de que ganáramos la Sudamericana. Siento un gran respeto y admiración por Walter, es una pluma muy lúcida, pero me sentí obligado a sentar una postura.

59 ¿Te calentaste porque escribió de los favores arbitrales? Claro, es la más fácil. A los dos días de ganar la Sudamericana fui al cumpleaños de la hija de Julito y vi a Don Julio. Me felicitó, me abrazó y me dijo: “Esta Copa no se la van a valorar como usted y Arsenal lo merecen y eso será mi culpa”. En esa Copa nosotros eliminamos al San Lorenzo campeón de Ramón Díaz, al Goiás en Brasil, a las Chivas, a River en el Monumental y al América de México. No era sencillo, eh…

60 Siempre fuiste un tipo calmo, pero un par de veces te sacaste mal en Arsenal, ¿por qué? Porque veía toda la movida que me estaban haciendo, sentía que dormía con el enemigo y lo terminé canalizando y explotando en la cancha.

61 La sensación es que no te bancás perder, que sos mal perdedor… No me gusta perder, quiero ganar a todo lo que juego, pero no soy mal perdedor, para nada. A mis jugadores suelo decirles: “Si quieren ser ganadores, lo primero que tienen que aprender es a perder”.

62 El jugador más inteligente que dirigiste… Tuve planteles inteligentes pero si debo elegir a dos jugadores que tenían todos los conceptos tácticos y los movimientos incorporados fueron Carlos Casteglione y Kalule Meléndez.

63 ¿Sos frío o franelero con el jugador? Soy de hablarle permanentemente, más que nada porque mis hijas tienen la edad que tienen hoy los jugadores, 20 y 23 años, y me pongo en sus zapatos.

64 ¿Ya tuviste que pasar el trago amargo de sentar en la mesa de tu casa a sus novios? En su momento, una de las charlas más difíciles que tuve fue con el novio de Agustina, la más grande. Mi hija tenía 19 años. Había sido su novio dos meses, la dejó y volvía. Y aparte él había tenido un accidente de auto, entonces lo senté un día, senté a mi hija al lado y le hablé: “Yo la vi sufrir mucho a mi hija, y el día de mañana, si Dios te da el privilegio de ser padre, vas a entender. Sólo te digo que te estoy dando un tesoro muy grande y pretendo que la valores. Y otra cosa. No sé qué te habrán dicho tus padres cuando tuviste el accidente, seguro la pasaron muy mal. Lo único que te pido es que si algún día decidís tomar, espero que tengas los huevos suficientes para no subir a mi hija arriba del auto”. Pobre, los primeros meses iban y venían siempre en el colectivo Plaza. Después lo terminé adoptando, pero al final mi hija lo limpió.

Sus dos etapas en Arsenal estuvieron plagadas de éxitos. En 2007 ganó la Copa Sudamericana tras eliminar a River en el Monumental en semifinales y luego de vencer al América de México en la final.

65 Un escritor. Me gusta mucho Ernesto Sábato. También Mario Vargas Llosa, Marcos Aguinis, Borges, Benedetti... Siempre recomiendo La Resistencia, de Sábato, del que me quedó una frase que suelo repetirles a los jugadores: “Los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para la superación. Así lo han demostrado tanto hombres como mujeres que con el único argumento de la tenacidad y el valor lucharon y derrotaron a las dictaduras más aberrantes de nuestro continente, porque el hombre sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos y a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”. Me grabé esa frase para toda la vida.

66 ¿Te ofrecieron ser DT de la Selección de Colombia? En su momento le comentaron a Don Julio y él pidió que no me tocaran, porque estaba en Arsenal. Me contaron eso.

67 ¿Tenés algún esquema táctico ideal? No, el mejor entrenador es el que encuentra la estructura ideal para los jugadores que tiene.

68 ¿Hay mucha sanata con la táctica? No, para mí la táctica es importante, porque es la manera en que vos parás a los jugadores en la cancha, en que recuperás la pelota, en que administrás, en las transiciones intermedias, en cómo generás el hábito dentro de un equipo. Todo eso es parte de la táctica.

69 ¿Y la estrategia? Es más amplio: cómo a través de la táctica establecés un plan para saber por dónde podés llegar a ganar o a perder un partido.

70 ¿Sos cabulero? No, pero respeto a quienes las tienen.

71 ¿Ni una sola tenés? A veces te agarrás momentáneamente de determinadas cosas, pero es como les digo a los jugadores: le rezamos a la virgen, tenemos estampita, rudamacho, diente de ajo y todo lo que quieras, pero me parece que Dios tiene algunas cosas más importantes de las que preocuparse que un partido de fútbol. Sí, soy creyente y pido lucidez para decidir.

72 ¿Tenés noción de cuántos partidos llevás dirigidos? Sé que más de 800, el otro día me lo comentaron.

Ya con canas, en su segundo ciclo en Arsenal, cuando sumó un campeonato local (Clausura 2012), la Copa Argentina y la Supercopa.

73 ¿Hasta cuándo te imaginás dirigiendo? Siento que son mis últimos años dirigiendo, no mucho más, 4 o 5 ponele.

74 ¿Por qué? Sos joven, tenés 52 años… Pero empecé de muy chico. Y así como los jugadores en un momento dicen basta, los entrenadores también. Y cuando sienta que di todo, me iré. Ya dirigí en Primera, cumplí mi sueño, tuve la suerte de salir campeón, no me queda mucho más. Y trataré de irme de la misma manera en que aparecí: silbando bajo y en silencio.

75 Pero hay objetivos que no alcanzaste: ganar una Libertadores, dirigir una Selección… Si algo pendiente me queda, es ganar la Libertadores. Me gustaría mucho.

76 Después del piedrazo en la cancha de Central, ¿entrás con miedo? No, no. Ese día me dieron con una piedra, pero cuando dirigía a Atlético, en la cancha de Central Córdoba, me tiraron con media cabeza de ladrillo. Ese día me contaron hasta 1000 y no me podía levantar (risas), pero al final seguí. Ibamos ganando 1-0 y así terminó.

77 ¿Qué sensación te quedó esa noche en el Gigante? Me alarma la animosidad con que la gente va hoy a la cancha. Me aterra cómo está hoy la sociedad. Lamentablemente sentimos que pensar diferente no nos transforma en adversarios, sino en enemigos. Y vestir una camiseta distinta también. Es muy peligroso todo eso…

78 ¿Tenés representante? Tengo un amigo, Daniel Comba, que me arregló algunas cosas, pero la mayoría de los trabajos que tuve llegaron por llamados telefónicos directos a mi casa. Hasta el príncipe de Arabia me llamó por teléfono a casa.

79 ¿Con qué técnico tenés muy buena onda? Con muchísimos. Cada vez que voy a las cenas de la Asociación de Técnicos, la paso bárbaro con todos. No sé: con Bianchi, con Caruso, Gareca, el Bambino Veira, con el Tolo Gallego.

80 ¿Y con cuáles tenés mala onda? ¿Sabés que con ninguno? Tengo muy buena relación con mis pares, más que nada porque me siento un privilegiado de pertenecer a la familia del fútbol. No tuve conflictos con ninguno.

Dando indicaciones al borde del campo de juego. Asegura que no le quedan demasiados años como entrenador, quizás 4 o 5, aunque sea bastante joven.

81 ¿Te agarraste a piñas con un compañero alguna vez? A piñas no, pero sí compartí planteles con compañeros con los que no me hablaba porque no me gustaban las cosas que hacían, cuestiones personales que perjudicaban al grupo, se las decía y punto, hasta ahí llegaba, porque el que los tenía que sacar era el técnico.

82 ¿Cómo técnico te agarraste con un jugador? Fijate en la foto del equipo de Quilmes que ascendió. Fijate en la foto que vas a ver a uno con el labio partido. La noche previa a jugar contra Argentinos por el ascenso dos jugadores se agarraron a trompadas. No te diré quiénes fueron, no viene al caso. Sí que un jugador insultó a un pibe, otro saltó, y le metió una trompada, y se armó un despelote descomunal. Al día siguiente salimos campeones, entonces está el mito del grupo, el grupo, el grupo… y en ese plantel de Quilmes teníamos cinco grupos diferentes y salimos campeones.

83 ¿Qué son los códigos del fútbol? En el fútbol se habla de códigos, y códigos hay en la mafia y en el supermercado, los código de barras. Se los dije siempre a los jugadores. En el fútbol hay lealtades y traiciones, y tarde o temprano uno termina manifestándose de qué lado está. A los jugadores les pido que me paguen con la misma moneda con que yo pago. A mí no me gusta que me insulten, entonces no insulto; trato a todos con respeto y pido lo mismo hacia mí. Ahora, cuando siento que me traicionaste, te pego un tiro en la cabeza. De esa no tenés retorno, esperaré mi momento y tomaré mis decisiones.

84 ¿A qué te referís? Osvaldo Zubeldía decía que hay 364 días en que el equipo es de los jugadores y un día en que es del técnico: cuando decide quién se queda y quién se va del club.

85 ¿Existe la cama del jugador al técnico? No directamente, pero creo que el jugador se ha acostumbrado a despedir entrenadores. El futbolista firma un contrato por 3 o 5 años. Sabe cuándo empieza y cuándo termina y, pase lo que pase, sabe que va a seguir estando, entonces eso es una comodidad cómplice de los problemas. Y como se da por sentado de que es mucho más fácil echar a un técnico que a 30 jugadores, el jugador se terminó acostumbrando a que el entrenador se va. Cuando yo jugaba, no estaba aún la ley Bosman y a fin de año tenías que ganarte el derecho a que te renueven el contrato, entonces te rompías el alma. Hoy, el jugador está en ese umbral confortable y pierde esa sensación de defender un puesto e implícitamente un proyecto, entonces hoy el jugador colabora mientras esté adentro, medianamente si va en el banco y si está afuera, ya te mira de costado.

86 ¿Pero existe mandar al bombo dentro de la cancha? Eso no creo, sí puede sentirse invalidado por la presión o por las críticas.

87 ¿Cuáles son tus caballitos de batalla frente al plantel? Siempre que llego a un club les digo que me preparo para tener el mejor año de mi carrera y para eso trabajo. Y les pido que todos vengan a vivir el mejor año de sus carreras y que tratemos de hacer algo importante, que no nos conformemos con la medianía. Es el mensaje que les bajo permanentemente para armar y mentalizar grupos. Para mí, el entrenador es un inquilino: vos me alquilás tu casa y mi obligación es devolvértela mejor de cómo me la diste. Si te devuelvo la casa con las paredes manchadas y las puertas rotas fui un mal inquilino.

88 Tu día más feliz en el fútbol. Quizás cuando conseguí el primer ascenso, con Olimpo. Fue mi primer campeonato, sentí que me recibía de entrenador.

Una imagen poco frecuente: Alfaro de pantalones cortos. Fue un volante central de temperamento, capitán de Atlético Rafaela.

89 ¿Y el más triste? Cundo me tuve que ir de Arsenal la última vez, porque tanto los jugadores como yo sentíamos que íbamos a jugar la final de la Copa Libertadores. Ese despido lo tomé como un acto de deslealtad.

90 ¿Julito Grondona te echó porque lo habías puenteado yendo a hablar con el padre? Es muy larga la historia, pero el motivo fue otro, y quedó demostrado con el tiempo. Yo hablé con Don Julio porque Don Julio me había pedido hablar con él por una deuda que Arsenal tenía conmigo. En el medio, a Julito empezaron a llenarle la cabeza y tuvo actitudes feas hacia mí. Por ejemplo, de casualidad lo escuché después de un partido diciendo que yo había perdido el partido, justo estaba detrás de esa puerta y le pedí que nos siguiéramos manejando con la honestidad y frontalidad de siempre. Después mandó una carta a la Asociación de Árbitros criticando mi comportamiento sin decirme nada a mí y esas cosas.

91 ¿Cómo se desencadenó todo? A Don Julio también le llegaban versiones cruzadas y después de uno de sus viajes fui a su casa. Fui porque él me lo había pedido. “Quédese tranquilo que no le voy a decir nada a Julito”, me comentó. Estuve un lunes a la tarde casi dos horas en su casa, le conté todas las cosas que habían pasado y hablamos muy franco y muy bien. Me acompañó hasta el ascensor y me dijo: “Quédese tranquilo que lo entiendo y tiene razón, mire que si no fuese así, se lo diría”. Me fui, llegué a casa y uno de mis ayudantes me llamó para decirme que nos habían echado de Arsenal. Prendí el teléfono y tenía un mail de Julito diciéndome que había decidido rescindirme el contrato. Lo llamé y le pregunté por qué.

92 ¿A los gritos? No, tranquilo, le dije que había sido desleal conmigo cuando yo siempre me comporté de frente rechazando varias ofertas cuando estaba en el club, que había sido siempre funcional a la familia Grondona y que no me había pagado con la misma moneda. Al día siguiente, en una nota, declaró que me había echado por haberlo puenteado con el viejo.

93 ¿Se llevaban tan mal? Escuché eso y lo llamé a Julito. “¡Escuchá lo que estás diciendo: no hablé con un dirigente de la oposición, hablé con tu papá!”, le dije. Pero insisto, para mí eso fue la excusa, el verdadero motivo del despido fue que no me quería pagar lo que me debía y punto, buscó por ese lado. El sueño de mi hija era ir a estudiar a la universidad de Duke, en Estados Unidos, y necesitaba esa plata. Una semana antes de que se muriera, me junté con Don Julio y me dijo que me quedara tranquilo, que él me lo iba a pagar, incluso hablamos de que había ayudado a estudiar a la hija de Abel Gnecco y de las satisfacciones por los estudios de sus nietos. De ahí nunca más. A Julito lo llamé y le escribí muchas veces y no me atendió más, no me pagó nada, no tuvimos más contacto.

94 ¿Le hiciste juicio a Arsenal? No, eran acuerdos de palabra. Y el tiempo comprobó que ese fue el motivo. Porque si vos estás trabajando en un club, te ven todos los días y de alguna manera lo tienen que arreglar, pero una vez que te fuiste del club, ya está, ¡andá a reclamar! No me atendió nunca más. A Julito le llenaron la cabeza con que a mí solo me interesaba mi prestigio personal y no Arsenal y me echó. Cuando no me respondió a mis llamados le dije que creía en la justicia divina, que él por ahí se pudo haber quedado con mi esfuerzo, con la plata, con el sueño de mis hijas, pero que Dios de alguna manera me lo iba a devolver: quizás con salud, o con otra satisfacción. Mi hija, al final, terminó su carrera de abogada con medalla de oro, el mejor promedio de la Universidad de Duke. A la larga, el tiempo pone las cosas en su lugar.

95 Me imagino la bronca por no poder terminar una Copa que habías empezado… Sí, porque era un grupo muy compacto, estábamos convencidos de que llegaríamos hasta el final; no había equipos brasileros fuertes, a San Lorenzo, que terminó siendo el campeón, le habíamos ganado hacía unos meses 3-0 en la final de la Copa Argentina…

96 ¿Qué es Tigre? Una institución que atravesaba un momento delicado por el promedio y que, por otro lado, siempre mostró que en los momentos más duros, cuando lo daban por muerto, resurgía, entonces apelé a ese amor propio que siempre tuvo ese club para recuperarlo.

A Tigre lo sacó del fondo y lo puso en la pelea de arriba. Seguirá pese a la oferta tentadora del Puebla de México.

97 ¿Puede ser campeón o es imposible? Los imposibles no existen, pero para los equipos con planteles cortos los campeonatos largos se hacen más complejos. Igual, como lo dije desde que asumí: vine acá a luchar para ponerle una estrella a este escudo.

98 ¿Al Chino Luna lo tenés cortito con la balanza? No. El Chino debe ser uno de los tipos más profesionales que me tocó dirigir en mi vida, porque más allá de lo que aparenta, es muy profesional, nunca te va a faltar a un entrenamiento, deja todo y lidera desde el lado positivo.

99 ¿Estuviste cerca de ir al Puebla de México? Vinieron a hablar conmigo como lo hicieron con otros entrenadores. Le avisé a la dirigencia de Tigre que me querían conocer y que los iba a atender. Nos juntamos y unos días después me llamaron para ofrecerme el cargo. Les contesté que en ese momento no podía tomar una decisión. Tengo un contrato firmado con Tigre hasta fin de año con una especie de cláusula de rescisión de común acuerdo. Pedí unos días para pensar, pusimos todo en la balanza con la familia y al final decidí quedarme, aunque la propuesta era muy seductora desde el punto de vista económico y deportivo, porque el Puebla estaba clasificado para la Libertadores.

100 ¿Por qué te quedaste, entonces? Porque por otro lado sentía que estaba a mitad de camino de mi trabajo en Tigre después de revertir la dinámica de un equipo que estaba caído. Y por otro lado, porque a veces las cuestiones van más allá de la plata o de las cosas que te deslumbraban en un momento. Hay una película, Ana y el Rey, que a mí me gustó mucho y en la que se da una reflexión muy buena del Rey a Ana. Dice que hay cosas que momentáneamente nos deslumbran por el brillo que despliegan, pero que con el paso del tiempo se ponen opacas y las cosas que realmente son válidas e importantes por ahí aparecen muy tenues en el momento, pero con el paso del tiempo toman un brillo y un valor. Esas son las que brillan eternamente.

Por Diego Borinsky / Fotos: Emiliano Lasalvia y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de julio de 2015 de El Gráfico

Por Diego Borinsky: 03/08/2015

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