LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Gonzalo Peillat: córner corto, futuro grande

- por Martín Estévez: 29/07/2015 -

El defensor de la Selección de hockey sobre césped vivió un 2014 inolvidable: goleador del Mundial, donde Los Leones fueron terceros, Olimpia de plata y mejor jugador juvenil del mundo. Este año le sobran objetivos: Juegos Panamericanos, Liga de Holanda y volver a la India.

En 2012, cuando jugaba en Mitre, Gonzalo fue elegido mejor jugador del torneo metropolitano.

No solo vive para el hockey, sino que nació por el hockey. La historia cuenta que Emilio Peillat (jugador de hockey, delantero) era entrenador de Laura Berthold (jugadora de hockey, arquera) en el club Mitre. Con el paso del tiempo, se gustaron, se amaron y generaron el nacimiento, en 1992, de Gonzalo Peillat (jugador de hockey, defensor). Quien, además, es pareja de Florencia Habif (jugadora de hockey, volante), pero esa es otra historia.

Gonzalo es la gran revelación del hockey nacional del último lustro. Saltó del seleccionado juvenil al mayor casi por accidente, y pronto demostró que, además de buen defensor, es un monstruo del córner corto: sus arrastradas le han hecho convertir más de 75 goles en la Selección, y 10 de ellos lo consagraron máximo goleador del Mundial 2014. Ese año ganó el Olimpia de plata, donde una de las ternadas era Luciana Aymar, y fue elegido por la federación internacional como el mejor jugador junior del planeta.

Actualmente, Gonzalo juega en el HGC (se pronuncia “agecé “) de Holanda, pero durante sus vacaciones vuelve a la casa familiar de Villa Lynch, partido de San Martín, donde recibió a El Gráfico con amabilidad y con la permanente compañía de su hermana Paula.

“Empecé a jugar a los 4 años –cuenta Gonzalo–. Cuando mi viejo entrenaba en Mitre, los hijos de sus amigos se ponían a jugar a un costadito, y me empezó a gustar. Enseguida arranqué a practicar con un entrenador y a jugar partidos, siempre en Mitre”.

-¿Por qué sos defensor si tus viejos eran delantero y arquera?
-De chico jugaba de delantero o en el medio, pero cuando llegué a 5ª me fui poniendo más atrás. El técnico me decía que tenía visión de juego y buenos pases, eso le servía al equipo.

-¿Cuándo empezaste a especializarte en el córner corto?
-De chico era el que paraba los corners. Cuando estaba en Quinta División, Marco Riccardi, jugador de la Selección, empezó a ir al club para ayudarnos con los corners y nos enseñó la técnica de la arrastrada. Durante los dos primeros meses, no le presté atención. Y al tercer mes, dije: “Voy a intentar, a ver de qué se trata esto”. Aprender la técnica llevaba cuatro, cinco meses, y yo en dos meses ya sabía hacerla. Después la fui perfeccionando. Primero me entrenaba con el equipo, y después empecé a ir solo al club. En los veranos, iba con 10, 15 bochas y practicaba cada vez más. Cuando pude controlar bien la técnica, le dije a mi papá que me faltaba potencia. Y empezamos a buscar qué podíamos hacer. Lo primero que se nos ocurrió fue hacerle un agujero a la bocha y ponerle arena. Mi papá es herrero, así que la hizo sin problemas. La agujereó, la llenamos de arena, y tapó los agujeros. ¡Quedaba buenísima! Iba al club, hacía un par de tiros con las bochas normales y, después, con las más pesadas. A los tres, cuatro meses, me acostumbré a las bochas pesadas y le dije: “Necesitamos hacer algún cambio, algo un poco mejor”. Fuimos al taller, buscamos, buscamos, buscamos y dijimos: “Pongámosle una planchuela al palo”. Pensábamos cómo se la podíamos poner, y se nos ocurrió ponerla del lado de atrás. Le dimos una vuelta de cinta a cada una de las puntas de la planchuela y la pusimos en un palo viejo. Así que yo tenía un palo normal y uno con la planchuela. El palo pesa 500 gramos, más 400 gramos de la planchuela… Le pegaba a bochas con arena con un palo que pesaba casi un kilo. Ahí fui adquiriendo potencia. Después, ya en la Selección, empecé a practicar con Jorge Lombi, un especialista. Cuando dejó de colaborar con el equipo, Jorge puso una escuela de arrastradores en Muni (Club Ciudad de Buenos Aires), así que seguí entrenando allá con él. Nos dio resultado.

-Actualmente sos vos el que da clínicas y seminarios. ¿Ahí enseñás a ponerle arena y a agujerear las bochas?
-(Risas) Sí, les cuento la historia. La primera clínica fue en el club Arquitectura, en 2014. Al principio estaba nervioso, y llamé a otros jugadores jóvenes para que me ayudaran. A esa clínica fueron 110 personas, un montón.

-El salto desde ser el que practicaba en Mitre al encargado de los corners en la Selección fue muy rápido.
-Sí. A los 14, 15 años, me empezaron a convocar para el seleccionado de Buenos Aires para el Nacional. Entre los que juegan ese torneo, se elige la base de la selección junior. En 2010, mientras me entrenaba con los juniors, me citaron para ser sparring de la Selección Mayor. Yo tenía 17 años, iba cuando tenía tiempo libre por la escuela. Tres días antes del Champions Challenge 2011, se lesionó Matías Paredes. El técnico, Pablo Lombi, llamó a mi casa y me dijo: “¿Tenés pasaporte? Bueno, mañana a las 8 venite al Cenard que nos vamos a Sudáfrica”. Quedé shockeado. Debuté contra Japón, jugué 10 minutos y me pareció que había corrido una hora entera.

-Y a los 19 años estuviste en los Juegos Olímpicos de Londres...
-Fue increíble. Dos meses antes jugué la Sultan Cup, en la que perdimos la final contra Nueva Zelanda. Y antes de los juegos, Pablo decidió que los que estaban en Europa no viajaran a Londres. Por eso, Matías Rey se quedó afuera. Cuando dio la lista, había jugadores con más experiencia, pero me convocó igual. En los juegos conseguimos un empate contra Australia, al que en ese momento lo veíamos muy superior, y le ganamos a Sudáfrica, pero terminó siendo peor de lo que esperábamos y quedamos 11º entre 12 equipos.

-Después de Londres, el equipo dio un salto de calidad importante. ¿Por qué?
-Cuando terminaron los Juegos Olímpicos, renunció Pablo y asumió Franco Nicola. Estuvo solo dos meses, porque hubo cambio de dirigentes y lo desafectaron, pero con él salimos campeones en el Champions Challenge que se jugó en Quilmes. Ahí nos dimos cuenta de que podíamos conseguir buenos resultados contra los mejores. Después asumió el Chapa Retegui, y con él seguimos jugando finales. Aunque de seis sólo ganamos dos, antes ni siquiera las jugábamos: terminábamos 6º, 8º, 10º... Hoy estamos sextos en el ranking mundial, y si ganamos los Juegos Panamericanos, podemos quedar 4º o 5º. Y eso, después, te da ventajas, porque las potencias te invitan a jugar a sus países.

-Hace diez años, el hockey femenino había eclipsado al masculino. Ahora, parece que vuelven a acercarse: en el Mundial 2014 los dos fueron terceros. ¿Ustedes lo notan o desde adentro es difícil de ver?
-Las mujeres, desde el 2000 hasta el 2014, tuvieron un seleccionado muy fuerte. Por eso, muchas chicas empezaron a jugar al hockey. Por ahí es lo que está pasando ahora con los varones, después de nuestro tercer puesto. Aunque somos un país futbolero, hay más chicos que empiezan a jugar. En la Argentina estamos al revés de todo el mundo, porque afuera es más importante el hockey de hombres; y acá, el de mujeres. No digo que ya estamos a la par, pero estamos cada vez más cerca. El Mundial 2014 fue muy importante. Ese tercer puesto cambió la mirada de los demás equipos hacia Argentina. Antes nos veían como un rival más ganable, ahora no. El año pasado también volvimos a jugar el Champions Trophy; hace cuatro años no lo jugábamos. Les ganamos a Alemania y a Inglaterra, son cosas que te suman. Y sirven para aprender porque, en ese torneo, Alemania terminó último en su grupo y después fue campeón. Y nosotros, en la desesperación por ganar siempre, quemamos todo en la fase de grupos.

Peillat arrastra un córner corto en el patio de su casa de Villa Lynch, Buenos Aires.

-Ahora llegan los Juegos Panamericanos. ¿Qué importancia le dan Los Leones?
-Si lo pensamos como un torneo menor, sería no tener los pies sobre la tierra, perder la humildad. Es un torneo que clasifica para los Juegos Olímpicos. Y, más allá de que nosotros nos clasificamos en la World League, da muchos puntos para el ranking, puntos que nosotros necesitamos. Es el único torneo que no jugué con la Selección y, hablando con compañeros, me dijeron que es como un mini Juego Olímpico. Entonces, ir a los Panamericanos y no tomarlos en serio no sería de un equipo maduro. Posiblemente, la final sea Argentina-Canadá. Nosotros les ganamos dos veces en la World League, entonces tenemos que seguir estando arriba de ellos. Los otros dos equipos fuertes son Estados Unidos y Triunidad y Tobago. El resto está en un nivel muy bajo. No llegar a la final sería un fracaso.

Hay que volver a mirar la fecha de nacimiento a cada rato para no olvidarse de que tiene 22 años. Jugó Sudamericano, Champions Trophy, Mundial y Juegos Olímpicos. Ahora vive en Holanda, pero también tuvo un paso por la India. Y aun así, claro, existen otras cosas además del hockey.

-Gonzalo, explicale a los lectores qué significa para vos la palabra “maquetar”.
-Uf... (Risas) De chico estudié en un colegio técnico, el Emilio Mitre de Villa Lynch. En 7º grado tenías que especializarte y elegí construcción, que te daba un título de maestro mayor de obras. Empecé a tener diseño, estructuras... Cuando terminé el secundario, empecé arquitectura en la UBA. Hice el CBC y un año de la carrera, pero ahora estoy en un stop. Me gusta mucho, y mi hermana me ayudaba bastante. A veces me quedaba hasta las 3, 4 de la mañana maquetando, y decía: “La puta madre, mañana me levanto a las 8 para ir a entrenar, quiero terminar esto ya”. Y soy medio impaciente, así que a veces rompía la maqueta porque no llegaba.

-¿Qué recuerdo tenés del Sub 18 que jugaste en Salta, en 2010?
-… (piensa y pone cara de no entender).
-¿No fue cuando la conociste a Flor? -lo salva su hermana Paula.
-Aaaaah, sí… Soy muy malo con las fechas. Dio la casualidad de que las selecciones de Buenos Aires de damas y caballeros viajamos al mismo tiempo a la misma ciudad. Ya sabía quién era Flor Habif, nos veíamos cuando íbamos a entrenar. Viajamos en micro, y de Buenos Aires a Salta hay como veinte horas, hablás hasta con el chofer… Y bueno, nos empezamos a conocer en el camino de ida, y allá estuvimos todo el tiempo juntos. Después nos empezamos a ver, a salir… Y algunos meses después nos pusimos de novios.

-¿Qué es lo peor y lo mejor de estar en pareja con alguien que comparte tu oficio?
-Lo malo era que al principio siempre hablábamos de hockey. Ahora, hablamos de cualquier cosa menos de eso. Lo mejor es que los dos viajamos, entonces ella entiende. A alguien que no juega el hockey es muy difícil decirle “me voy dos meses a jugar a la India” o “me voy tres semanas a jugar con Los Leones”.

-¿Cómo es jugar y vivir en Holanda?
-Antes del Mundial 2014, ya tenía la idea de jugar en Europa, y ahí mismo me hablaron del HGC para contratarme, así que acepté. Ya cuando viajé, me sorprendí, porque en el aeropuerto me esperaban los dirigentes para darme la bienvenida, cosas que acá no van a pasar nunca jamás. ¡Estaba el presidente y brindamos con champagne! Allá vivo con dos kiwis (neozelandeses) y un holandés en una casa muy, muy grande. Durante las primeras semanas, cada uno hacía su vida, pero después me hice muy amigo de los kiwis. El holandés tiene su vida ahí, hace sus cosas.

-¿Cómo es el nivel de la liga de Holanda?
-Más alto de lo que esperaba. En la Argentina estamos muy lejos, allá es todo muy organizado. Al árbitro lo respetan demasiado: si van tres o cuatro a protestarle, enseguida lo echa al capitán. Acá, si le pudiéramos pegar un palazo, se lo pegaríamos. Allá, cada club tiene cinco canchas, es chocante. Es un número de plata… Tengo contrato por un año más, con opción a renovar, así que voy a seguir allá.

-¿Cómo fue jugar la Liga de la India?
-La Hockey India League es un torneo en el que hay seis franquicias. Todos los jugadores internacionales pueden poner su nombre en una subasta, y después, en un salón gigante al que van los dueños de las franquicias, muestran a los jugadores con un precio base y van ofertando, como en una subasta real. Después, cada jugador tiene que ir a la India durante un mes a participar del torneo. Yo me anoté, quedé junto a otros dos argentinos y viajé en diciembre de 2014. Está buenísimo el torneo, porque estás con jugadores con los que no jugarías en tu vida; cada equipo tiene doce indios y diez internacionales. La próxima subasta es en agosto o septiembre de este año, así que volví a anotarme.

-¿Qué fue más importante en 2014: el Olimpia de plata, haber sido goleador del Mundial o ser el mejor junior del mundo?
-Ser goleador del torneo, porque nos ayudó a conseguir el tercer puesto con Los Leones.

-Y el premio a la jugadora junior del año fue para Florencia…
-Sí, éramos los más jóvenes de Argentina y, al haber tenido un buen torneo, nos eligieron un poco como premio a nuestros equipos.

Ganó la Copa Panamericana 2013 con Los Leones: hizo los 4 goles de la final.

-¿Una de tus mayores fans es tu abuela?
-Sí, me sigue adonde juegue. Viajó a Londres, por ejemplo. Era difícil conseguir entradas, pero ella y mi mamá conseguían igual, no sé cómo. Terminaban en la mejor tribuna, arriba del banco. También estuvo en el Mundial, con toda mi familia, e hizo una bandera con mi nombre. Ahora le agrega un corazón a la bandera por cada gol que meto.

-Decís que, pese a los resultados, los Juegos Olímpicos fueron el mejor torneo. ¿Por qué?
-Es un torneo en el que vivís con deportistas de todo el mundo. A Usain Bolt lo tuve a un metro. ¡Y es la persona más rápida del mundo! Yo tenía 18 años, me llamaba la atención todo. Un día, en el comedor, estaban los jugadores de la NBA. Esas cosas no las vivís en ningún lado. Cuando prendieron la llama olímpica, en un estadio inmenso, todos estaban emocionados. Fuimos a ver jugar a Djokovic en la primera fila de Wimbledon, y cuando salió, se sacó una foto con todos. En la villa olímpica, una vez vi a la basquetbolista china más alta del planeta… ¡Es el mejor torneo del mundo!

Por Martín Estévez / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de julio de 2015 de El Gráfico

Por Martín Estévez: 29/07/2015

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