Notas de la revista

Demián González, despedida perfecta

El armador le dijo adiós a UPCN luego de ganar el pentacampeonato argentino. En 2015 no sólo jugará la Superliga brasileña, sino que será parte de la Selección en los grandes desafíos del año: la Liga Mundial, los Panamericanos y la clasificación para los Juegos Olímpicos.

Demián posa en una de las canchas del Cenard, donde se entrena junto a la Selección. Será un año de muchas emociones para él.

Corre el año 2002. Los juveniles de Club de Amigos juegan un amistoso contra River. Demián González, armador del equipo, tiene 19 años y siente que está haciendo un partidazo. De pronto, el director técnico lo reemplaza y lo sienta al lado de él, en el banco de suplentes. No le explica por qué, no lo felicita. No le dice una palabra. Demián, confundido, siente que le tocan el hombro. A su lado, Memo Giselli, técnico de la Primera, le pregunta: “¿Te la aguantás si te digo que vas a ser el segundo armador del equipo en la Liga Nacional?”. “¡Estaba recontento! –recuerda, hoy, Demián–. No podía creer que iba a jugar una Liga Nacional. En ese momento me dieron… no sé… 200, 250 pesos, para pagar gastos, viajes. Fue mi primer sueldo”.

Trece años después, Demián González es uno de los mejores armadores argentinos. Referente de UPCN Vóley, equipo con el que ganó cinco ligas argentinas consecutivas, dos Sudamericanos y finalizó 3º en un Mundial de Clubes, decidió dar el salto y aceptar la oferta para jugar la Superliga brasileña con la camiseta del Brasil Kirin.

-Contanos cómo empieza tu historia. Pasaste tu infancia en Morón...
-Sí, vivía con mi papá, mi mamá y mis dos hermanos (Sebastián, el mayor; y Germán, el menor) en Luz y Fuerza, un barrio de 250 casas, todas iguales, que en el medio tiene un campo donde jugábamos a todo. En otra casa vivía mi abuela; en otra, mi otra abuela; en otra, una tía; en otra, un tío... Cuando hacíamos un asado, éramos 40. Espectacular.

-¿Qué es el Colegio Solari?
-El lugar donde hice la primaria y la secundaria, y donde empecé a jugar al vóley, a los 8, 9 años. Tenía una prima y un hermano que jugaban, así que un poco empecé por eso.

-¿Ya la rompías de chiquito?
-Noooo, no. Imaginate: a mi hermano le decían rata; y a mí, ratita. Era muy chiquitito, pegué el estirón recién a los 18, 19 años. Más allá de que soy armador, y bajo de estatura, en ese momento era demasiado chico para el vóley. Cuando estaba en el secundario, el colegio Solari se federó para poder competir y empezamos desde la Liga Metropolitana D. Fuimos campeones todos los años, hasta llegar a la A, donde estaban Boca, River, Club de Amigos… Nos costó un montón, porque el colegio sólo jugaba con alumnos y ex alumnos, así que descendimos. Pero en esa liga me vio Club de Amigos, que fue mi siguiente equipo.

-¿Llegaste a jugar con tu hermano?
-¡Sí! En un momento, él estaba en mayores, y yo en cadetes y juveniles. Pero Sebastián se lesionó, y ahí empecé a jugar yo.

-¡Le robaste el puesto!
-Jaja, sí, le robé el puesto, pero después seguimos jugando los dos juntos.

-Tu mamá murió en 2003. ¿Qué recuerdos tenés de ella?
-Recuerdos muy lindos. Ella y mi viejo querían que estudiara, pero yo desde chiquito decía que quería ser voleibolista. Por ahí ella, por dentro, se cagaba de risa, porque yo no tenía el biotipo del jugador de vóley. Siempre me apoyó en todo. Recuerdo que, cuando terminé el secundario, hice el curso para empezar educación física en la Universidad de La Matanza, pero como me quedaban dos materias previas, no pude entrar. Ese año seguí jugando en el Solari, y al siguiente, me llamaron para ir a Club de Amigos, porque me habían visto en la Liga Metropolitana. Iba a empezar la universidad, pero les pedí por favor a mis viejos que me dieran una oportunidad, un año para probarme como jugador de vóley, porque no podía estudiar y entrenar a la vez. Y aceptaron.

-¿En qué momento te diste cuenta de que tu trabajo iba a ser jugar al vóley?
-Aquel día en que me confirmaron que iba a jugar la Liga Nacional. En el 2002 había jugado el Metro en Club de Amigos. Estaba Sebastián Firpo de titular, y Esteban Símaro era el suplente. En un momento, Firpo se lesionó y quedé como segundo armador. Cuando terminó el torneo, Firpo se fue para Bolívar. Ahí es donde hablo con Giselli.

-En Club de Amigos ganaste tu primera liga, y jugando al lado de Hugo Conte.
-Sí, ese equipo era muy bueno. Jugué la liga 2002/03 y, para la 2003/04, llegó Getzelevich como DT. En 2005, Carlos decide que sea el armador titular; una apuesta fuerte, porque venía jugando poco. Y en esa temporada salimos campeones, con Conte, Marcos Eloe, Christian Lares… Fue un sueño. En esa liga, el equipo se había fusionado con Carmen de Areco, éramos locales ahí; pero a partir de los playoffs, jugamos en Ferro. Para las finales, hablé con Adriana Tedesco, que en Club de Amigos me ayudó un montón, y le pedí entradas para mi familia: ¡había como 50 personas alentándome! Fue un paso muy importante para mi carrera.

-¿Cómo llegaste a jugar en el Tomis Constanta de Rumania?
-Después de esa liga, se sumaron equipos con mucho poderío económico. Y Club de Amigos, que es sólo un club, decidió no competir por falta de presupuesto. Me quedé sin equipo, y me llamaron para jugar en Rumania. ¡Y yo no conocía ni Uruguay! Nunca había salido del país. En ese momento vivía en Morón con uno de mis hermanos. Acepté, pero fue una mala experiencia, no me gustó. Los rumanos son muy cerrados y yo era chico, tenía otra cabeza. Por ahí, si viajara ahora, sería diferente. ¡En el equipo había un quilombo con los idiomas!: teníamos un turco, dos serbios, un polaco, un brasileño... Y yo sólo hablaba un poco de inglés, lo que había aprendido en el colegio. Cuando llegué, hacía calor y estaba en una ciudad con playa. El dueño del equipo tenía un parque acuático, ¡era el paraíso! Pero dos semanas después, empezó el invierno y se acabó todo. Frío, bruma, todo era medio deprimente. Fueron sólo seis meses allá; pasé Navidad arriba de un avión.

Demián, eufórico, levanta el trofeo de la Liga Nacional 2014/15, quinto consecutivo para UPCN.

-Y de Rumania no volviste a un lugar que conocieras: te fuiste a Chubut.
-Sí, me fui a vivir a Trelew. Ya me habían llamado desde Chubut Vóley, y me gustó la propuesta. Se formó un gran equipo para la liga 2007/08: logramos llegar a la final y perdimos contra Bolívar, que era el gran candidato. Pero al año siguiente, Chubut decidió bajar el presupuesto y otra vez me quedé sin equipo. En ese momento me llaman Quique Valle y el DT, Fabián Armoa, para jugar en UPCN de San Juan, y, sin dudarlo, fui para allá.

-¿En ese entonces era imposible imaginar lo que lograrían después?
-Eso es lo que digo muchas veces: sabía que iba a un lugar competitivo, pero jamás, ni en mi mejor sueño, podía pensar que íbamos a lograr todo esto. Un pentacampeonato es muy difícil de conseguir en cualquier deporte, y también dos sudamericanos contra equipos brasileños, y un tercer puesto en el Mundial de Clubes... Fueron años increíbles, inolvidables. Por eso me costó un montón tomar la decisión de dejar UPCN: porque es un lugar donde me siento muy cómodo, donde he crecido mucho a nivel deportivo, personal, económico, donde formé una familia, tuve dos hijos… Los dirigentes cumplieron siempre, el cuerpo técnico también. Ojalá algún día pueda volver. Me encantaría.

-Siempre hablás muy bien de Fabián Armoa. ¿Qué virtudes tiene?
-Cuando no me veía bien, Fabián me decía: “Mañana a las nueve y media, tomamos un café”. Te conocía, se daba cuenta de lo que te pasaba, y te decía la justa. Quizás la veías de otra manera, pero él te decía la justa. Siempre me insistía: “Tenés que tener un hijo, es lo mejor que hay”. Y tenía razón. Me costó, porque lo tuve a la cuarta o quinta liga (risas), pero tenía razón. Nos mirábamos a los ojos y ya entendía qué tenía que hacer en la cancha.

-Hablanos de tus hijos...
-Tengo dos. Valentín, que nació en 2013; y Bastian, que nació este año. Es algo muy fuerte. Difícil, porque a veces cuesta dormir a la noche, pero es lo mejor que hay. Me imaginaba lo que podía ser tener un hijo, pero es un millón de veces más grande. Mi mujer, Sandra, es de fierro, eso ayuda mucho.

-¿Cómo se dio la llegada a la liga brasileña?
-En la mayoría de los años había tenido ofertas. Siempre me quedaba en UPCN, pero esta vez podía jugar una Superliga brasileña con un equipo fuerte. Es difícil cambiar cuando estás tan cómodo, pero me lo planteé como un desafío. Me convencieron la ciudad (Campinas), y que en el equipo estén Wallace, el de Bolívar, y Bogdan Olteanu, que fue compañero mío en Bolívar. Cambiar, después de tantos años en el mismo lugar, es una sensación rara.

-En la Selección, casi siempre te tocó un papel secundario. ¿Creés que este año es el ideal para tener mayor protagonismo?
-Como decís, tuve poco lugar en la Selección. He hablado con Julio Velasco y plantea las cosas bien claras, eso es importante. Compito con Luciano De Cecco y Nicolás Uriarte, que están pasando un gran momento. Me toca ser contemporáneo de ellos, y es difícil, porque juegan en equipos importantes de Europa. Obviamente, me encantaría jugar un poco más, pero respeto las decisiones de los técnicos. Estoy tranquilo.

-Tienen muchos torneos: el Preolímpico, los Juegos Panamericanos, la Liga Mundial... ¿Cuál es la prioridad?
-El objetivo principal son los Juegos Olímpicos de 2016, pero es un año muy importante también, porque hay que lograr la clasificación. La Liga Mundial también es importantísima; estuve varios años, pero he jugado poco, ojalá pueda disfrutarla más esta vez. También es la posibilidad de probar jugadores para que la Selección tenga variantes. Hasta Pep Guardiola dice que aprendió de Velasco, así que él tiene bien claro qué hacer para darle lo mejor al equipo.

-¿Siempre te sentiste reconocido en el ambiente del vóley, o recién ahora?
-No, recién en los últimos dos años siento que se reconoció el trabajo, el sacrificio. Igual, los premios individuales son muy lindos, pero cambio cualquier premio por un título. Además, si ganás un premio individual es porque te ayuda tu equipo. 

Mide 1,93, pero recién pegó el estirón a los 18 años. Hoy, a los 32, jugará la liga brasileña.

 -¿Cuál fue tu mejor partido?
-Por importancia, cuando ganamos la medalla de bronce en el Mundial contra el SADA Cruzeiro. También ante SADA en el último Sudamericano; y contra Minas en 2014.

-¿Y el peor?
-Las finales de este año en Bolívar. Jugué mal, todo el equipo jugó mal. Por eso, antes de la quinta final estaba muy nervioso, me costó dormir en los días anteriores, pero hicimos un gran partido y ganamos el pentacampeonato justo contra el archirrival.

-¿Dónde imaginás vivir después de Brasil: Morón, San Juan, Capital Federal?
-Ojalá que pueda volver a San Juan.

Por Martín Estévez / Fotos: Emiliano Lasalvia

Nota publicada en la edición de junio de 2015 de El Gráfico